INTERNAUTA Y CREADOR

1 febrero, 2011

David Muñoz

1.

Hasta ahora me he resistido a escribir en este blog sobre derechos de autor, la “Ley Sinde“, etc., no porque no tenga un punto de vista al respecto (creo que todos los que trabajamos en esto lo tenemos), sino porque ya otros han expresado mi  opinión al respecto de forma mucho más certera de la que yo sería capaz de hacerlo. Por Ej., Fernando Savater en este artículo. O Javier Marías. ¿Y para qué repetir lo mismo solo que peor?

Pero dado el momento que estamos viviendo, creo que ha llegado la hora de mojarse.

Y como he citado a Savater y a Marías, supongo que la mayoría ya habréis supuesto que estoy a favor de la “Ley Sinde”.

¿Quiere decir eso que creo que la ley va a acabar con la piratería?

Pues no. No soy tan ingenuo. Aún así aprobarla me parece que era un gesto necesario. Aunque solo sirva para tocarles un poco las narices a quienes difunden obras de otros sin su permiso y encima ganan dinero con ello. Vale, para escapar a la ley lo único que tienen que hacer es trasladar sus servidores a otro país, pero más vale eso que nada.

Otra cosa: dado el momento en el que escribo este texto, es inevitable comentar la absurda polémica que ha levantado la innecesaria dimisión (ahora aplazada) de Álex de la Iglesia. Como ya he hablado de mi punto de vista al respecto en mi blog, no voy a explicarlo aquí en detalle otra vez.  Pero por si tenéis curiosidad y pocas ganas de leer la entrada que he linkeado, mi opinión se parece mucho a la de Iciar Bollaín, que ha dicho:  “No considero que sea el papel del presidente de la academia mediar en una ley ni participar en su redacción”, y “Álex de la Iglesia en las últimas semanas ha estado representándose a sí mismo y no al colectivo que le votó”*.

Ah, si algún troll ya está pegado al teclado escribiendo un mensaje cagándose en mis muertos, le agradecería que se abstuviera y pasara a leer otro blog más de su agrado. Aquí estamos para dialogar, no para insultarnos.

Sigamos.

Pero no solo estoy a favor de la ley porque creo que protege mis derechos como creador. También estoy  a favor de la ley como internauta.

No es incompatible.

Una de las cosas que más me dejan pasmado de todo lo que se ha publicado recientemente sobre estos temas en la mayor parte de los medios, es como se ha aceptado como cierta la artificial división entre “internautas” y “creadores”. Cuando la realidad es que ahora mismo casi todos somos internautas. ¡Si hasta mi madre lo es, y tiene 70 años! Lo dice Savater en su artículo, “Dentro de unos años, decir “soy internauta” resultará tan raro como decir hoy “soy telefonista” porque se habla por el móvil”. Y yo más que raro, diría ridículo.

Pese a ello, ahí están todas esas asociaciones de “internautas” cuyos representantes se comportan como miembros de una secta esotérica perseguida, custodios de un conocimiento secreto, sin darse cuenta de que todo con quien se cruzan por la calle es ya un iniciado en su mismo credo.

Pero tampoco quiero caer en el error de meter a todos los “internautas” en el mismo saco. No piensan igual quienes defienden la idea de Internet como “ciudad sin ley”, que quienes justifican las descargas como alternativa a la ausencia de oferta legal en la red. Con los primeros es imposible el diálogo. Se trata de una cuestión ideológica. Son felices viviendo en Dodge City. Tratar de llegar a acuerdos con ellos sería tan absurdo como intentar que Mariano Rajoy y Gaspar Llamazares opinaran lo mismo sobre las privatizaciones de las empresas públicas. Pero con los segundos sí se puede hablar.

Aunque por “hablar” no me refiero a que se deba hablar con los representantes de las asociaciones de “internautas”. O no únicamente.

Porque ese segundo modelo de “internauta” es al que pertenecemos la mayoría.

Y sí, también la mayoría de los creadores.

Yo, como muchos creadores internautas, también descargo series y alguna película (nunca he descargado libros). No voy a ir ahora de santurrón ni a negar la realidad. Tengo mi propio “código descargador”, y solo me bajo cosas que no puedo conseguir de otra manera, como por Ej. la serie “Misfits”, que si bien está editada en DVD en Inglaterra, no lleva subtítulos en castellano. Pero no creáis solo que lo hago por un tema moral (que también). La verdad es que en la época de la alta definición, me toca las narices estar viendo cosas en casposos Divx pixelados casi siempre mal subtitulados. Es como volver al VHS. Me encantaría por descargarme los episodios de “Misfits” en HD y con buenos subtítulos. Y sí, pagaría por hacerlo. Como ya he pagado por Ej. por el primer CD de How to Destroy Angels (por poner el primer Ej. que me ha venido a la cabeza).

Si quiere sobrevivir, la industria debe “dialogar” con los internautas. O sea, con todos sus potenciales clientes. Entre los que por supuesto me incluyo.

Dado que ya puedes encontrar TODO lo que quieres gratis en la red… ¿por qué no ofrecerlo también de pago? La industria del audiovisual ha gastado fortunas en proyectos que no han llegado a ninguna parte (ahí están el Laser Disc, el Beta y el HD DVD para demostrarlo). ¿Por qué no invertirlas también en esto?

En algún momento hay que empezar a ampliar la oferta legal.

De hecho, ya está ocurriendo, y existen páginas como Filmin, que permiten descargar películas a precio razonable. Hasta puede hacerse desde hace poco con iTunes.

Estoy seguro de que dentro de poco tiempo, el segundo modelo de “internauta” ya no tendrá (o tendremos) motivos para la queja. Claro que habrá que ver entonces si realmente todo estamos dispuestos a pagar por lo que ahora se descarga gratuitamente. Bueno, gratuitamente tampoco. Previo pago de una conexión, un ordenador, un disco duro (o dos), etc. Pero ya me entendéis.

Sin embargo, esto solo va a ocurrir si existen leyes que permitan que ocurra.

Porque de momento… ¿qué precio puede superar el cero?

Manel Fontdevila lo explicó muy bien en este chiste de Público.es:

Ahí es donde más discrepamos “internautas” y creadores: en creer o no en la necesidad de la existencia de leyes que castiguen a quienes intenten hacer negocio sin contar con el permiso de los propietarios legales de los derechos de las películas, series, etc. que ofrecen.

Así que sí, estoy a favor de la “ley Sinde” como creador,  pero también lo estoy como internauta, porque quiero poder ver en condiciones las series que me interesan, cómo y cuando me parezca (algo que por cierto, no es un derecho, sino un deseo).

Y de no existir un marco legal que lo permita, eso jamás va a ocurrir.

2.

Para no seguir aburriéndoos repitiendo cosas que ya estaréis hartos de leer en otros lugares, dejo ahí la perorata y voy a contaros una batallita mía que creo que refleja bastante bien lo maniquea y absurda que es la artificial separación entre internautas y creadores.

En 1996, publiqué una miniserie de cómic de tres números junto al dibujante Luis Bustos llamada “Rayos y Centellas”. Desde hace años es imposible encontrarla. Pero hace unos días ha surgido la posibilidad de conseguir que esté disponible para iPad, Phone y Web. Y aunque nos han ofrecido hacerlo cobrando, al final Luis y yo hemos decidido que pueda descargarse gratuitamente. En este caso, preferimos tener más lectores a ganar unos duros. Y eso que yo voy a reescribir los diálogos, eliminando erratas y mejorando algunos detalles que nunca llegaron a convencerme, y Luis va a dibujar una nueva portada y a rotularlo entero de nuevo para que se lea mejor. Vamos, que no se va a tratar solamente de coger los tebeos antiguos, escanearlos y fuera, sino que intentaremos conseguir que realmente merezca la pena descargarlo, incluso aunque seas uno de los 700 compradores de los tebeos originales.

Por otra parte, ahora mismo estoy escribiendo una serie de cómic ilustrada por Tirso Cons que se llama “Le manoir des murmures” para una editorial francesa. De momento se han publicado los dos primeros álbumes y pronto saldrá el tercero y por ahora último. Y la serie no puede descargarse legalmente. Pero, como sospecharéis, puede encontrarse muy fácilmente en formato digital. Incluso, hace poco descubrimos que pese a no haberse editado aún en español (si en España, pero en Gallego), existe una versión rotulada en castellano.

Ante cosas así, es imposible no sentirse halagado. Pero también preocupado. Tengo un amigo, también guionista de cómic, que piensa que ese tipo de “homenajes” no nos restan ventas. Pero yo no estoy de acuerdo. Mi amigo tiene más o menos mi edad (ronda los 40) y pertenece a una generación de lectores de cómic que si bien descargan cómics como cualquiera, si algo les gusta de verdad prefieren tener una copia en papel. Y creo que ya son muchos los “descargadores” de cómic que no piensan ni mucho menos así. Al ser profesor hablo regularmente con mucha gente de entre 20 y 30 años, y la mayoría no tienen el más mínimo interés en tener una copia física de nada. Si lo tienen escaneado, ya lo “tienen”. Entonces, ¿para qué necesitan dos copias, aunque una de ellas en vez de espacio en una estantería ocupe solo memoria en un disco duro?

Lo malo de gustar tanto (y vaya si tienes que gustar para que alguien se tome la molestia de traducir y de rotular un álbum entero) es que te pueden matar de amor.

Probablemente no le ocurrirá a un superventas, pero “Le Manoir…”, aunque ha funcionado bien, se ha movido en unas cifras en las que la diferencia entre ser considerada un éxito o un fracaso pueden ser solo unos cientos de ejemplares.

Y en España, donde se mueven cifras mucho más modestas que en Francia, eso se nota bastante.

Que el editor considere que ha sido un éxito puede ser la diferencia entre que quiera o no que hagamos más cosas para ellos.

Para el que no lo sepa, aunque escribir un cómic puede llevar solo unos cuantos meses, y siempre puedes combinarlo con otros trabajos, si un dibujante quiere terminar un álbum en seis o siete meses (cosa que casi ninguno consigue), tiene que dedicarse a ello de forma exclusiva, empleando unas jornadas maratonianas que muchas veces incluyen fines de semana. Si pueden permitírselo es gracias al adelanto sobre los posibles beneficios que paga el editor según se van entregando las páginas. Un adelanto que normalmente suele ser bastante bajo. Supongo que a muchos les sorprenderá, pero la mayor parte de los dibujantes de cómic son poco más que mileuristas.  Y efectivamente, ese adelanto se hace a cuenta de unos futuros beneficios (como se paga siempre, podéis suponer que muchos proyectos acaban siendo deficitarios; los éxitos permiten los fracasos). Si esos beneficios no existen, se acabó. El dibujante tiene que buscarse otro trabajo. Y, si dibuja un álbum, será cada muchos años, aprovechando sus ratos libres. Eso, o base de vivir del sueldo de su pareja o de la generosidad de sus familiares, si tiene la suerte de contar con su apoyo  y estos son de posibles.

Antes no exageraba: el amor puede matar.

No estamos hablando de la desaparición de una industria, como en el caso de la musical, sino de una actividad (o de al menos varias de sus modalidades**). Si esto sigue así, la creatividad (insisto: me refiero a la que exige mucho tiempo y recursos y solo puede generar beneficios mediante la venta del producto final) será algo exclusivo de mantenidos, ricos herederos y kamikazes a los que no les importe vivir debajo de un puente. O de autores de fin de semana que se lo tomaran como un hobbie. Eso, o que de pronto las compañías de telefonía pasen a ser productores de contenidos. Pero de momento esa posibilidad la veo aún muy lejos.

De manera que, si queremos que nos sigan entreteniendo como hasta ahora -sobre todo teniendo en cuenta que los productos del gusto mayoritario son precisamente los más industriales, como “Le manoir…”, no los de autor-, guste o no, no habrá más remedio que pagar* *  *.

Resumiendo esta segunda parte un poco caótica: se puede ser a la vez un “internauta” que difunde un tebeo de forma gratuitamente a través de Internet, y un “creador” que quiere poder controlar la difusión en la red de su obra (siempre entendiendo “internautas” y “creadores” en el sentido excluyente con lo que lo utilizan la mayor parte de los medios, no en el real).

Otra vez: no es incompatible.

Si en vez de en Madrid viviera en Marinaleda, y la guardería de mi hija costara 15 euros en vez de 400, a lo mejor no me importaría regalar todo mi trabajo. Pero si no lo hace ningún otro trabajador, no sé a cuento de qué tenemos que hacerlo los guionistas, directores, fotógrafos, novelistas, etc.

En todo caso, lo importante es que, elija una cosa u otra, quiero elegirla yo. De acuerdo a mis propias razones. No que la elijan otros por mí.

Porque cuando algo se “regala” por obligación, no se llama regalo…

…se llama robo.

*No tiene nada que ver con esto, pero como ya dije el año pasado respecto a su discurso de los Goya, lo que más me revienta del Alex “presidente” de la Iglesia es ese empeño que tiene en agachar la cabeza y pedir disculpas. ¿Alguien se imagina al equivalente norteamericano de Alex de la Iglesia abriendo la gala de los Oscar diciendo: “ya, ya sé que dijimos que el remake de “Tron” iba a ser el nuevo Avatar, pero nos equivocamos. Y sí, “El Príncipe de Persia” no funcionó tan bien como esperábamos… lo sentimos, de verdad, os hemos fallado”.

**Hace años ya se decía que “la piratería mata la música”. Pero no, mata la industria musical.  Cosa de por sí bastante triste, por muy mejorable que ésta sea. Al fin y al cabo los músicos pueden ganarse la vida con los directos. Los discos, gratis, y luego las entradas de los conciertos a 60 euros. ¡Que pena que los guionistas no podamos ir por los estadios recitando nuestros guiones! ¿Os imagináis? “Ejem…a ver… Interior noche, Comisaría, Pedro está sentado delante de…”.

***Hace poco leí no sé dónde a alguien defendiendo las descargas porque así era como conseguía el cine mudo que le interesaba. Pero seamos sinceros, la mayor parte de la gente no se descarga clásicos inéditos, sino “Avatar”. Y de “Avatar”, además de sus creadores y sus productores, viven distribuidores, exhibidores, etc. ¡Ojalá todo el problema fuera la gente que se descarga cine mudo inédito!


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