CRÓNICA – BERLINALE TALENT CAMPUS (I) – PREVIO

por Sergio Barrejón.

Me piden que haga una crónica de mi paso por el Berlinale Talent Campus. Pero es imposible. Al menos en su primera acepción sustantiva: “Historia en que se observa el orden de los tiempos.” Porque está siendo una experiencia tan frenética, apabullante y caótica que me resultaría casi imposible exponerla de manera ordenada. Además, no sería fiel a la realidad. Para reflejar adecuadamente lo que están siendo estos días en Berlín, tendría que contarlos de manera tan atribulada como los estoy viviendo.

Quizá funcionaría mejor la acepción adjetiva de crónica que ofrece el diccionario de la R.A.E.:

Efectivamente, me viene de tiempo atrás este inveterado vicio de meterme en más berenjenales de los humanamente aconsejables. Sólo en las últimas cuatro semanas, he trabajado de argumentista para una tv-movie; de productor para el piloto de una serie nueva; de director de un corto que se rueda el mes que viene; y he dado dos conferencias sobre Recursos para guionistas en Internet. Todo ello repartido entre Madrid, Berlín, Valencia y Salamanca. Y por supuesto, todo eso compaginado con mi trabajo diario de dialoguista para la serie Amar en Tiempos Revueltos. Y encima, tengo que asistir al Berlinale Talent Campus: una semana agotadora de conferencias, talleres, encuentros y handshaking.

Miro hacia atrás, y pienso: “es imposible hacer todo eso a la vez”. Miro hacia delante y descubro que aún me quedan reuniones de la serie diaria en Madrid… y bueno, rodar el corto. También en Madrid. Más viajes, más aviones.

Más aviones como el IB3546 en el que llegué a Berlín el miércoles pasado… y en el que muy probablemente perdí mi iPhone recién comprado. Como vivo a caballo entre Madrid y Berlín, pensé que sería bueno tener un pequeño ordenador de mano, así que me compré un iPhone. Previamente había llegado a la conclusión de que, a la larga, sería más barato y más práctico comprarlo libre, para poder usarlo indistintamente con el número alemán y el español, según donde estuviese. En resumen: 600€ a la basura.

Esto también es parte de una dolencia crónica: a medida que mi cerebro va albergando más proyectos, más citas, más compromisos… va expulsando más parcelas de conciencia práctica. La intendencia diaria se hace cada vez más compleja. Vuelvo de una reunión en Valencia directamente a Berlín. Tengo una hora para hacer escala en la T4. Cuaquier mínimo retraso me haría perder el avión. Eso no sólo me separaría un mínimo de veinticuatro horas más de mi familia, que me espera en Berlín. Además, mi mujer y yo nos perderíamos la gala de inauguración de la Berlinale, a la que muy amablemente nos ha invitado Paz Lázaro, programadora de Panorama y vieja amiga, y a la que asistirán Jeff Brigdes y los hermanos Coen para presentar True Grit.

No soy especialmente mitómano, pero hago algunas excepciones, entre ellas el protagonista y los directores de una de mis películas favoritas: The Big Lebowsky.

La cosa fue así. Miércoles 9 de Febrero. 16.30 horas. Estoy en el aeropuerto de Manises, esperando el avión de Iberia que me llevará a Madrid para tomar allí el último avión de la tarde a Berlín. La reunión, la de la tv-movie, ha ido bien. Hemos terminado a tiempo. Hemos comido buenos arroces. Todo va sobre ruedas. Hasta que una voz avisa por megafonía de que mi vuelo saldrá con un retraso indeterminado: “en media hora les daremos más información”. Adiós mi escala.

Noto cómo los Coen se alejan. Me siento como The Dude cuando sale al parking de la bolera y descubre que le han robado el coche… y el maletín lleno de dinero que llevaba en él. Noto cómo la furia me calienta la sangre. Echo a caminar en busca de un mostrador de Iberia, sabiendo que será inútil, que además no quiero pagarla con el pobre empleado que haya en el mostrador. De pronto, otra voz anuncia, mucho más bajo, la salida de otro vuelo de Iberia distinto a Madrid. “Embarquen urgentemente por la puerta R22.” Miro a mi derecha. Un cartel: R22.

Giro sin pensarlo y me planto en el mostrador. Explico mi problema con mucha calma. Me escuchan. Naturalmente me embarcarán en ese avión. “No hay ningún probl…” De pronto, el gesto de la azafata se crispa. Oigo pasos a mi espalda. Treinta o cuarenta personas caminan apresuradamente hacia mí. Blanden tarjetas de embarque. Están enfadados. Quieren gritarle a alguien. Y lo hacen.

Uno de ellos -traje, corbata, Rolex, maletín de cuero- muestra su indignación y sus prisas demasiado cerca de mi nariz. “No puedo embarcarlos a todos”, explica la azafata. El tipo se abalanza sobre el mostrador, ganando terreno. Le agarro del brazo, le aparto suavemente, le miro a los ojos: “tenga la bondad de esperar su turno, caballero”. Se queda desarmado. Un tipo con mucho peor aspecto que él ha demostrado tener mejores modales.

Diez minutos después, estoy en el avión. Me han puesto en clase ejecutiva. Por la ventanilla, veo a todos los que se han quedado en tierra. Sólo hemos llegado a subir seis personas, y el del Rolex no está entre ellos. Llego a Madrid con quince minutos de adelanto, y por el camino me invitan a un whisky. Tomo el avión a Berlín sin problemas. Puntualmente, llegamos a Tegel. A medianoche estoy en mi piso de Prenzlauer Berg.

Hasta la mañana siguiente no me daré cuenta de que he perdido mi iPhone en algún lugar entre el avión y mi casa.

No voy a perder el tiempo contando detalles de la gala de inauguración. Resumiendo: había alfombra roja, mucho famoseo alemán (del que no sabemos gran cosa porque ni leemos la prensa local ni tenemos televisor en casa), buena comida, bebida gratis, estaban los Coen, Jeff Bridges, Isabella Rossellini, Satanás el alcalde de Berlín, el Ministro de Nosequé… y estrenaron pusieron True Grit en una proyección HD que quitaba el hipo (yo soy de los que la defienden… la película y la proyección en HD). A la salida había fiesta allí mismo, en el Berlinale Palast, pero se había juntado una cantidad absolutamente insana de gente, y encima la prensa tenía acceso, así que duramos poco.

Además, yo tenía que descansar, porque el viernes había una recepción en la Embajada española a la que quería llegar más o menos fresco. Y el sábado empezaba el Talent Campus en sí. Jornadas de 18 horas. Por las mañanas, colas para conseguir tickets desde las 8.30 a.m., desayunos comunitarios a las 9.30, networking despiadado hasta las 12.30, sesiones de speed matching hasta las 13.30, comida apresurada, talleres a las 14.00 y a las 17.00, mil películas que ver por las tardes, y fiesta prácticamente cada noche.

Pero esto ya es demasiado para contarlo en un solo post. Creo que continuaré la semana que viene.

24 Responses to CRÓNICA – BERLINALE TALENT CAMPUS (I) – PREVIO

  1. Panov dice:

    ¿Tenga la bondad de esperar su turno, caballero?… Esto es de Góngora ¿no?

    Sólo espero que todo este frenetismo te sirva para hacerte lo suficientemente rico, como para poder comprarte un Rolex y un maletín de cuero (aunque luego no lo hagas).

    Abrazo.

    • Reznor dice:

      Si tiene 600 euros para gastarse en un Iphone…

      Pero lo que me da a entender con este post es que la gente se queja de vicio, y no es por discutir ni crispar, es solo lo que veo por mi parte.

    • Panov dice:

      Si tiene 600 euros para gastarse en un Iphone… es lógico pensar que se los haya ganado trabajando y se los quiera gastar en ello.

      Mi mensaje era irónico, Reznor.

    • Reznor dice:

      Panov, mi mensaje no iba aludido hacia ti, en serio. En realidad lo que hice fue seguir con la ironia de tu mensaje, aunque creo que no lo redacté bien.

      Veo que a nadie le ha gustado el post (me incluyo), pero es que parece que el autor nos mira por encima dle hombro durante todo el texto. La verdad es que si se ahorra la segunda parte, mucho mejor.

  2. profesorguapito dice:

    Pues qué guay

  3. cansadoyconfuso dice:

    Lamento mucho tus problemas en el aeropuerto… pero como un poco que me dan igual, y no te lo tomes a mal.

    No entiendo muy bien este post en este blog.

  4. ahera9 dice:

    ¿Y si el del rolex te mangó el iphone?

  5. Un troll dice:

    Resumen para aquellos que no tengan tiempo de leer el post entero:

    – Vivo a caballo entre Madrid y Berlín
    – He perdido el iPhone
    – Casi pierdo un vuelo, pero al final bien
    – Puse en su sitio a un chuleras, y
    – La Berlinale: mucho famoso y canapés

  6. Kike dice:

    Muchas gracias, troll. Me has ahorrado un folio aburridísimo.

  7. En lugar de tener puta envidia, deberíamos alegrarnos que le vaya bien a uno de los nuestros, que ademas nos cuenta su aventura alemana como el que se lo cuenta a un amigo.

    • cansadoyconfuso dice:

      ¿Envidia? Ninguna. Es que si me la pelan los problemas aeroportuarios de, no sé, David Bowie, Tim Burton o Fernando Torres, ni te cuento los de Sergio Barrejón.

  8. Diego Gonzalez dice:

    Es que el contraste entre el título y el texto desilusiona. Si lo hubiera llamado “peripecias de un guionista rumbo a un festival” la cosa hubiera cambiado. Pero que el título sea “CRÓNICA – BERLINALE TALENT CAMPUS (I)” y te salga hablando del Iphone que perdió es chocante

  9. Gorka dice:

    Barrejón, ¿no sabes que para escribir este tipo de cosas hay que entretejer miserias, porque sino la peña se pica?

  10. Regla dice:

    Por descongestionar un poco la autopista…no sé porque me viene a la mente aquel post de Alejandro “Cocinando cocineros”. ¿Por qué será? Nada, ni caso, ya estoy mezclando de nuevo churras con merinas.

  11. Cris dice:

    Pues a mi me ha gustado, que tenga o no un iphone no creo que tenga la menor importancia excepto para entender la anécdota. Vaya, por cierto, intolerancia hacia las frivolidades personales.

  12. bubybarton dice:

    He ido esta mañana a trabajar. Llovía. Se me ha olvidado el paraguas y me he mojado. Un coche ha pasado por un charco a toda velocidad y me ha empapado. Pienso: es lo que te puede pasar un día de lluvia.
    Al llegar al trabajo, me he dado cuenta de que había perdido mi rotulador preferido.
    Sí, ha sido un día dramático.
    Ahora, me voy pal facebook a contarle al universo qué he desayunado. Sé que todos esperan expectantes para saberlo.
    PS: siento lo del iphone. Es definitivamente más caro que mi rotulador.

    • Elena Cobos dice:

      Leyendo este comentario entiendo del todo lo que significa la diferencia entre escribir bien o mal.

  13. uno dice:

    yo estoy con el que apunta que el título del post crea un hype después al leer el contenido (aunque también el título avisa de que es un PREVIO). a mí, si algo del texto me ha parecido “mirado-por-encima-del-hombro”, es lo del piso en prenzlauer berg.

    desearía leer algo relacionado con el talent campus; vamos, saber en qué consiste el evento, y qué se puede sacar de asistir allí con un guión, un corto, un proyecto, un poco de humo… lo que sea.

    saludos

  14. dude dice:

    Vaya sarta de pijotadas y tonterías sin interés que nos suelta el amigo Barrejón. Mas q un post es un posh. :)

  15. Igor dice:

    Bueno, ya lo habéis dicho todo y bien dicho.
    El post más tonto e insustancial que se ha escrito nunca en este blog.

  16. Teo dice:

    La próxima vez que pretendas presumir de tantas cosas búscate una excusa algo mejor.

  17. […] Este post continúa la crónica iniciada el jueves pasado (ver primera parte, aquí). Aparentemente, aquel post no gustó a casi nadie. Probablemente, aclararlo sea contraproducente, […]

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