TODA LA VERDAD Y NADA MÁS QUE…

1 marzo, 2011

por David Muñoz

Banksy

1. Hace unos días cayó en mis manos el guión de un programa de telerealidad. Y… ¿cuál era la frase que se repetía más? Pues: “Simulamos que…”.

2. Un amigo me comentaba hace unos días lo paradójico que resultaba que el colectivo Anonymous lleven máscaras de V, el protagonista del largometraje “V de Vendetta” (unas máscaras que no tienen pinta de ser imitaciones baratas sino las originales, licenciadas por Warner Brothers). Además, “V de Vendetta” es una adaptación al cine de un cómic escrito por el guionista británico Alan Moore, cuyo nombre no aparece en los créditos de la película porque este le prohibió a la productora que lo usara para no apoyar un producto según él creado para beneficiar a una multinacional desalmada cuya forma de tratar a los creadores le parecía directamente “malvada” (y que además desvirtuaba el mensaje político que pretendía transmitir). Pero en este “nuevo mundo” en el que vivimos, un colectivo supuestamente de izquierdas termina apoyando los intereses no de los trabajadores/creadores sino de aquellos que los explotan. Por otra parte, trabajadores y empresarios acaban haciendo piña al sentirse amenazados por un enemigo común y los trabajadores se olvidan de que hasta hace dos días su prioridad era conseguir un mayor porcentaje de los beneficios que genera su obra. Siguiendo con Alan Moore, podríamos decir que se produce un “efecto Watchmen”.

3. “(…) como dice Vargas Llosa, escribir novelas consiste esencialmente en mentir -en mentir con la verdad, claro está, en contar una mentira factual para decir una verdad moral-, exigirle a un novelista que no mienta viene a ser como exigirle a un delantero centro que no meta goles”.

Javier Cercas, en este artículo.

Albert Speer y Hitler

4. El libro “Conversaciones con Albert Speer. Preguntas sin respuesta” (Ediciones Destino, 2008), reúne las notas que tomó el historiador Joachim Fest (“El hundimiento”) de sus conversaciones con Albert Speer, el arquitecto preferido de Adolf Hitler y posteriormente Ministro de Armamento y Munición y del Tercer Reich, mientras le ayudó a redactar sus “Memorias” y “Los diarios de Spandau”, el libro en el que habló de su estancia en prisión tras ser condenado a veinte años de cárcel en el juicio de Nuremberg. Speer se libró de la pena de muerte al reconocer su responsabilidad en los crímenes del nazismo, pero también porque logró convencer al jurado de que nunca llegó a saber más que rumores sobre los campos de exterminio o las matanzas de judíos, gitanos, homosexuales, etc. La “gran pregunta sin respuesta” que aún hoy debaten los historiadores es si Speer mintió o no.

El libro es una lectura fascinante por muchas razones, especialmente porque demuestra de nuevo lo difícil que es saber lo que pasó realmente en algunos de los momentos más importantes de nuestra historia más o menos reciente. Por Ej. nunca ha estado muy claro cuál fue la relación entre Hitler y Eva Braun. Para Speer, Hitler “mantuvo a la señora Braun (…) para satisfacer ciertas necesidades naturales que ni siquiera él podía ignorar; digamos para “regular su economía hormonal”. Sin embargo, Ernst Putzi Hanfstaengl, el jefe de prensa extranjera de Hitler, siempre sostuvo que Hitler “era tan egocéntrico que ni siquiera era capaz de realizar la “mínima donación” a otra persona que exige el acto sexual.(…) era un onanista nato (…) Hitler jamás mantuvo el menor contacto sexual con Eva Braun”. Para Fest, “este pequeño episodio constituye un indicio sobre el valor y la credibilidad de los contemporáneos o de los “testigos de primera línea”.

5. Esto es algo en lo que me ha hecho pensar también todo lo que he visto y leído durante estos últimos días sobre el 23F. En este caso, los protagonistas del golpe, no hablan, y, cuando lo hacen, es inevitable tener la sensación de que muchos de ellos (como Alfonso Armada o José Luis Cortina) ocultan información. Además, sus testimonios no encajan entre sí. No parecen formar parte de la misma realidad.

6. El cómic “Mid-Life” de Joe Ollman es una mezcla de autobiografía y ficción protagonizada por un alter ego del artista llamado John. La historia cuenta la crisis de mediana edad que sufre “John”. Acaba de tener un hijo a los cuarenta años y se siente extenuado. Encima, tiene problemas en el trabajo, desde que fueron padres se siente cada vez más lejos de su pareja, y sus dos hijas adolescentes, fruto de un matrimonio anterior, necesitan que les dedique un tiempo del que no dispone. Para terminar de arreglarlo, John se enamora de una presentadora de programas de televisión para niños y se empeña en conocerla. A mí “Mid-Life” me ha gustado mucho. El dibujo de Ollman es tosco y desastrado y la rotulación es una chapuza, pero la historia es bastante divertida y también muy emotiva cuando debe serlo, y yo, como padre cuarentón, me he sentido muy identificado con él. No todo lo que cuenta me ha ocurrido, pero podría haberlo hecho. En varias entrevistas, Joe Ollman ha explicado que ha podido ser más veraz gracias a que no cuenta la historia de Joe sino la de “John”. Mintiendo, ha podido acercarse más a la verdad.

Si tenéis curiosidad por saber más sobre John y Joe, aquí podéis leer un capítulo de Mid-Life gratuitamente.

7. Con fiebre (no sé si por una faringitis, una gripe o qué) veo “Exit Through The Gift Shop”, el documental dirigido por el artista callejero Banksy. El protagonista del documental es Thierry Guetta, un documentalista francés residente en Los Ángeles que decide rodar una película sobre el arte urbano. Animado por Banksy, Guetta decide convertirse también en artista urbano usando el nombre artístico Mr.Brainwash y para debutar prepara una exposición que gigantesca que reúne cientos de obras realizadas en un tiempo récord. A mí el documental me ha decepcionado un poco. Quizá porque esperaba demasiado tras haber leído algunas de las críticas que se publicaron sobre él cuando se estrenó en cines. Quizá es más divertido y menos incisivo de lo que a mí me habría gustado. Aunque eso no quita para que merezca la pena verlo si te interesan todos estos temas. Y claro, las preguntas que te haces mientras lo ves son parte importante del disfrute del documental. ¿Es real o no Thierry Guetta? ¿Quizá Guetta es el propio Banksy, cuyo rostro no llegamos a ver ninguna vez cuando aparece hablando en el documental? ¿Las obras de Mr. Brainwash son en realidad de Banksy y otros artistas como Shephard Fairy y Space Invader? ¿Es Mr. Brainwash su seudónimo colectivo? ¿Es todo una broma y “Exit Through the Gift Shop” el mejor falso documental que he visto desde el “Forgotten Silver” de Peter Jackson? Probablemente. Y supongo que podría descubrirlo rápidamente echando un ratillo avegando por Internet. Pero… no voy a hacerlo. Por una vez prefiero no saber. A lo mejor es la fiebre.

8. La página web humorística “El Garrofer” colgó esta noticia (obviamente) falsa sobre la nueva película de Alex de la Iglesia. Y muchos se la creyeron. Precisamente quienes presumen conocer las “tripas” de nuestra industria cinematográfica y por tanto la critican con más vehemencia fueron los más dispuestos a tragarse el camelo. Ni siquiera les extrañó que la misma noticia no apareciera publicada a la vez en las webs de otros “periódicos” (y eso que ya me resulta difícil creer que alguien piense que “El Garrofer” es otro “El Mundo” o “El País”).  Parece que hay para quien si algo se cuelga en Internet (o se “twittea”) entonces es que en cierto. Recuerdo que cuando empezó todo esto hubo teóricos que aseguraron que la avalancha de información que supondría Internet nos aturdiría durante unos años pero a la larga nos enseñaría a ser más desconfiados y a analizar la información que nos llega con un criterio más exigente. Pues bien, esos años han pasado, y aquí seguimos, aturdidos. Los expertos no tuvieron en cuenta el factor humano. Me parece que con estos asuntos se produce un efecto que podríamos llamar “el nuevo rumor del barrio”.  Un vecino va por la calle, se encuentra con otro y este le cuenta un rumor descabellado (pero escandaloso) sobre un tercero. ¿Qué hace el primero? ¿Desconfiar? Puede que sí, o no. En realidad no importa, porque lo que sí hará será contárselo al próximo vecino que se cruce en su camino. Y lo hará de una forma distorsionada, probablemente exagerada. ¿Para qué? Para darse importancia, para sentirse parte de la cadena de transmisión de información, para ser protagonista, parte de la conspiración. Y encima ahora luego puedes linchar al vecino “malvado” desde la tranquilidad de tu casa. Ya ni siquiera tienes que ir a pasar frío con una pancarta a la puerta de unos juzgados.

9. Hace mucho tiempo, cuando aún ni se me había pasado por la cabeza que algún día podría ser guionista, leí una entrevista con un escritor cuyo nombre ya no recuerdo en la que este decía algo así como que la ficción era “la única manera de contar la verdad”. Entonces pensé que era una tontería. Ahora, pienso que tenía razón. Dramatizar una historia real suele ser un infierno para casi cualquier guionista. Por un lado, como se ha dicho aquí muchas veces, la realidad no suele darte los elementos que necesitas para escribir un guión, y por otro, es habitual que lo más interesante, o bien no se ha demostrado que ocurrió así y es solo un rumor, con lo que puedes meterte en un lío legal si lo utilizas, o puedes acabar haciendo daño a alguien que no lo merece. Si encima los protagonistas de la historia están vivos, suelen tratar de presionar a los productores para que cuenten la historia que a ellos más les interesa contar, y el resultado suele ser un “ni pa’ mí, ni pa’ ti ni pa’ nadie” blandito y carente de interés por carecer precisamente de ese impulso dramático que los conflictos intensos otorgan a las buenas historias. No solo mientes, sino que aburres.


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