SIGUE EL CAMINO DE BALDOSAS AMARILLAS

8 marzo, 2011

por David Muñoz.

1.

Hablando hace un poco con un médico, éste me decía que pese a lo que puede parecer, sus pacientes “internautas” están tan informados (o tan desinformados) como los que acudían a su consulta hace 20 años, cuando él empezó a ejercer y prácticamente nadie usaba Internet. El problema es que sus pacientes le otorgan la misma credibilidad a una bobada escrita con faltas de ortografía en un foro ignoto que a lo que diga un médico en una página seria. De hecho, suelen fiarse más de los foreros. Quizá porque mientras que los médicos tienden a mostrarse prudentes y lo más habitual es que ninguno se atreva a realizar un diagnóstico “on line” y en su contestación te animen a visitar a tu médico de cabecera, los foreros no tienen ningún problema a la hora de difundir mitos, leyendas urbanas, falsas creencias, etc. acompañadas de sus respectivas curas caseras. Esas cosas que suenan bien pero no te hacen bien. Y el asunto es más grave sobre todo cuando se trata de enfermedades de transmisión sexual. Para este médico, la única diferencia entre la era pre-internet y la actual es que ahora llega a su consulta más gente con problemas por haberse automedicado erróneamente.

Y salvando todas las distancias que haya que salvar, lo mismo ocurre en mi campo.

Las preguntas que me hacen mis alumnos de los talleres de guión siguen siendo las mismas que hace diez años, y también lo que creen (muchas veces erróneamente) sobre cómo  se trabaja en esta industria o cómo se escribe un guión.

Da igual que existan decenas de blogs donde YA se ha escrito todo lo que hace falta saber para escribir un guión y después moverlo (de hecho, creo que en “Bloguionistas” puede encontrarse el 90%  de ese “todo lo que hace falta saber”). Parece que casi nadie se toma la molestia de echar un ratillo navegando por Internet para, por Ej., ver cómo es un tratamiento secuenciado o la manera correcta de presentar un proyecto. Y eso que hay quien se pasa la clase entera con el portátil abierto sobre la mesa, conectado al wi-fi que pone a su disposición la institución donde cursa sus estudios, supuestamente tomando notas de lo que digo, pero en realidad consultando su página de Facebook…

Resulta que el futuro era así. Pero entonces nos daba risa (de "El imperio contraataca").

Por supuesto, estoy exagerando. Todos mis alumnos no andan ni mucho menos tan despistados. Por Ej. ese año en el taller de guión que llevo en este Máster de guión de ficción para cine y TV de la Universidad Pontificia de Salamanca,  he tenido la suerte de contar con nada menos que 24 alumnos trabajadores, espabilados, participativos, y, sobre todo, con sentido del humor (algo muy importante cuando tenemos que pasar juntos 7 horas y media casi del tirón hablando de sus historias).

Aun así, salvo excepciones, al final Internet no es una gran biblioteca de la que rebosa información que por contagio nos hace más listo a todos. No, es un teléfono móvil. No nos interesa aprender, nos interesa reafirmarnos, gritando a voces lo que pensamos. Solo conversamos con nuestros amigos o con quienes comparten nuestro punto de vista. A los demás, o les obviamos, o, si nos llevan la contraria les insultamos. Es Internet como patio de colegio (o más bien de instituto).

No sabemos ni más ni menos. Sabemos lo mismo, pero nos lo repiten más veces*.

Tip y sus amigos, majetes pero aburridos.

2.

Una de esas cosas que no paramos de repetir los profesores de guión, aquí, en nuestros blogs y, claro, en clase, es que si el protagonista de un guión no sabe lo que quiere ni hace nada para conseguirlo, la historia vaga sin rumbo, convertida en una sucesión de escenas que por sí solas pueden tener interés pero que unidas acabarán inevitablemente por resultar aburridas. El motor de una historia son los cambios que experimenta el protagonista al tiempo que vive su peripecia.

Pero lo dices, lo repites, insistes en ello, utilizas ejemplos de toda la historia del cine, citas a guionistas de reconocido prestigio y… aún así, hay quien opta por no creerte. Por Ej., este año en Salamanca las historias que no han funcionado tienen ese problema.

Aunque también tengo que decir que la mayoría sí que han funcionado. Entre los ocho proyectos que hemos desarrollado este año en el taller, creo que seis han terminado convertidos en primeras versiones de guiones bastante decentes. Incluso hay por lo menos dos de ellos: una comedia enloquecida en forma de road movie titulada “Vestir santos”, y un drama de bajísimo presupuesto de título aún provisional, que me parece que tienen mucho potencial comercial.  Así que todos esos productores que andan buscando proyectos y no leen nunca nada que les interese… bueno, con mandarme un mail ya habréis dado el primer paso necesario para conseguir vuestro proyecto soñado.

Sigo con el asunto de los objetivos del protagonista.

Me apetecía escribir sobre ello porque precisamente esta semana he encontrado un buen Ej. de lo que pasa cuando tu protagonista se ve envuelto en una de esas historias de “voy pa’ca, voy pa’ ya, y no sé pa’ qué”.

Hace unos meses hablé aquí de la adaptación al cómic que editó Marvel de la novela de L.Frank Baum “El maravilloso mago de Oz”. La historia, conocida de sobra por todos (supongo) funciona a la perfección -o sea, interesa-, entre otras cosas porque desde el principio queda muy claro que Dorothy, la niña de Kansas que ha llegado al mundo de Oz tras ser arrastrada por un tornado, lo que desea es volver a casa. Para conseguirlo, tiene que llegar a Ciudad Esmeralda y hablar con el Mago de Oz. Posteriormente se unen a ella otros personajes (el león cobarde, el hombre de hojalata, etc.). Y todos tienen su momento de gloria. Pero en ningún momento “El maravilloso mago de Oz” deja de ser la historia de Dorothy. Gracias a ella y su objetivo (y su conflicto), la tensión dramática no se pierde en ningún momento.

Y esta semana he leído la segunda adaptación al cómic de las novelas de Oz (Baum escribió 14): “La maravillosa tierra de Oz”.

Me he aburrido como una ostra. Los personajes secundarios son igual de interesantes que en la primera novela, los diálogos son incluso más divertidos, pero…

…el protagonista es Anakin Skywalker.  O, más bien, su tatarabuelo (la novela de Baum es de 1904).

Me explico: en “La amenaza fantasma”, Anakin es un chaval cuyas aspiraciones no tienen nada que ver con la trama que cuenta la película, se dedica a ir de allá para acá siguiendo las confusas instrucciones de los personajes adultos, y termina venciendo a los malos gracias a una improbable sucesión de casualidades que siempre juegan a su favor.

Lo mismo que le ocurre a Tip en “La maravillosa tierra de Oz”.

Tip es “sirviente”de la bruja Mombi. Un día, consigue dotar de vida a un muñeco que ha construido con una calabaza y un tronco. Y nada, los dos se van por ahí de paseo (por el camino de baldosas amarillas, claro) y les pasan cosas… que dan igual. Porque como Tip no tiene un objetivo, como no busca nada con la suficiente intensidad, nada de lo que le ocurre le importa demasiado, y tampoco nos importa a nosotros.

Dado que Lucas ha dicho varias veces que “El mago de Oz” (la película) fue una de las influencias que manejó al escribir “La guerra de las galaxias”… quién sabe. Quizá al escribir la “precuela” decidió fijarse en el segundo libro de Baum. Y así le salió.

Siempre me llama la atención que gente como Baum o George Lucas, creadores de “máquinas narrativas” de una eficacia indiscutible -tanto que han acabado convertidos en patrones de tanto como se han imitado-, también de vez en cuando hayan sido incapaces de ver que su historia no funcionaba por una razón tan sencilla.

Quizá es que por mucho que racionalicemos el proceso (y por muchas clases que demos o muchos guiones que analicemos) a veces nos dejamos llevar por instintos equivocados y somos incapaces de ver lo que tenemos delante de las narices.

A lo mejor mañana yo mismo, nada más terminar de redactar este post, me pongo a escribir, me atasco, y dos años más tarde me doy cuenta de lo que ocurría:“¡Sí lo que pasaba era que mi protagonista no tenía un objetivo claro! ¡Cómo no lo vi antes!”.

*Resulta muy fácil comportarse así. Ocurre casi sin que te des cuenta. Tanto entre alumnos como entre profesores.  “Reciclarse” es algo necesario. Sino, puedes acabar como esos profesores que se ganan la vida recitando la misma clase una y otra vez hasta que mueren de aburrimiento, o como esos otros que solo utilizan como ejemplos las películas que vieron antes de que el cine pasara ser de su pasión a su trabajo. En alguna ocasión un alumno me ha mirado extrañado cuando ha visto que llevaba en la mochila un libro de guión. Como si por leerlo estuviera demostrando que no sé lo suficiente. Pero aunque como he dicho aquí hace poco, la mayor parte de las veces no me interesa demasiado lo que leo, los pocos momentos en los que me encuentro con una idea nueva que me hace ver las cosas de otra manera hace que el esfuerzo merezca la pena.


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