POR QUÉ SEGUIR

18 marzo, 2011

por Ángela Armero

El otro día regresaba de mi lugar de trabajo después de un día duro y me encontré a un amigo guionista que trabaja en un programa de éxito. Los dos estábamos algo cansados y él dijo “hay días muy buenos y hay días en los que te preguntas “no sé qué hago aquí”.

Poco después, leí que Steven Soderbergh dice que lo deja. ¿Qué pasa aquí? El cineasta ofrece la siguiente explicación:

“Tengo la sensación de haber estado ya”, afirma Soderbergh. “La creación, el arte, consiste en resolver problemas […]. Cuando empecé a sentir ‘yo ya he hecho esta escena’; ‘yo ya he hecho este plano’… entonces empecé a pensar en dejarlo”.

Es decir, el director de pelis como “Traffic” o “Erin Brokovich” esgrime el aburrimiento como excusa para dejar de contar historias. Puede que si yo tuviera su edad y hubiera rodado tantas pelis como él sintiera algo parecido, pero la verdad es que no me lo creo. No me creo que se haya aburrido de crear películas. Me parece que puede dejarlo durante unos años, pero no toda su vida.

También dice lo siguiente:

“Cuando uno siente que meterse en la furgoneta para rodar es un calvario, es el momento de dejar sitio a alguien nuevo que sienta ilusión por la furgoneta”.

Esto no habla de aburrimiento, sino de desilusión. Y creo que eso sí es un motivo para plantearse mandar la profesión a tomar viento y dedicarse a cultivar calabacines (yo creo mucho en el calabacín.)

"Episodes", una gran serie y estupendo catálogo de frustraciones de un guionista.

La desilusión es un síntoma nefasto para un guionista. ¿Cómo saber cuando te ha alcanzado? Cuando te sientas al ordenador y te enfrentas a la escritura como si fuera un trabajo de verdad. Cuando eso pasa, -y me ha pasado y me pasará-, me doy cuenta de que algo va mal; de que es falso y de que además no puedo permitirmelo.

¿De dónde suele venir la desilusión? ¿Por qué alguien emplearía la expresión “calvario” para definir aquello que ha hecho durante treinta años?

Mi teoría es que lo Steve en realidad quiere decir es: “Estoy harto de que me toquen las narices.” Estoy harto de pelearme, estoy harto de que todo el mundo opine, estoy harto de tener que convencer a gente que no tiene ningún criterio, estoy harto de estar continuamente expuesto al fracaso, a la presión y a los problemas. No puedo más. Paso de todo. Que os den”. (Bueno, igual esa no es su forma de pensar, es una interpretación libre.)

Es decir, no creo que un contador de historias se aburra del oficio en sí, sino del desgaste anímico que acarrea. Y todo guionista tiene que afrontar el desgaste. No es el mismo que el de un director de cine, pero se le parece bastante. Es un trabajo en el que nos implicamos mucho y del que todo el mundo opina. Es un oficio en el que si participas en un fracaso, tu nombre es uno de los primeros en salir; en cambio, si es un éxito, es infrecuente que te recuerden o te lo atribuyan. Es una ocupación a la que es difícil acceder y en la que es complicado mantenerse. En ocasiones sucede que te encargan hacer un trabajo pero no te dejan hacerlo sin interrumpir o manipular tu visión creativa. Estás sometido a algunos criterios que operan con lógica y otros totalmente aleatorios. Tienes que enfrentarte con las audiencias, con la taquilla, con la competitividad, con los egos, con la precariedad laboral, y sí, con algunas puñaladas traperas también. ¿Qué os voy a contar de las desventajas de la profesión? Creo que en este blog ya habremos glosado el 99%.

Como me dijo un director de cine hace poco: “No es la profesión más indicada para tener estabilidad emocional”.

Entonces, ¿por qué seguir?

Yo tengo varias razones. Porque me gano la vida con esto, porque no sé hacer otra cosa, porque me gusta y de vez en cuando conoces a gente maravillosa, que te apoya y te hace ver lo privilegiad@ que eres… y porque cuando estoy harta de la profesión encuentro un remedio infalible para combatir la desilusión: seguir escribiendo.

Cuando lo hago, todo aquello que me molesta se va difuminando hasta casi desaparecer y con cada página se reafirma la certeza de que esto es lo que me hace feliz y que nada ni nadie va a impedir que siga haciéndolo.

 


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