OTRO FOLIO Y MEDIO SOBRE LA COMEDIA

11 abril, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Sigo con otras pequeñas notas sobre algunas características de lo cómico (aquí tenéis la primera parte). Como ya os dije, son ideas dispersas y poco organizadas, pero espero que os sean útiles.

La comedia suele tratar temas “pequeños”. Es habitual que un thriller, una peli de terror o aventuras traten sobre un gran peligro que amenaza a una ciudad, un país o el mundo entero. De hecho, como comentaba Ángela en su post, citando a un tal Albert Zuckerman: cuanto más “monumental” es lo que esté en juego, más posible es que ese relato (en su caso hablaba de novelas) interese al público. Nadie se va a tomar muy en serio a un psicópata que amenaza con quemar cada mes un contenedor de basura. Si va a matar una virgen cada mes, el asunto se vuelve más interesante. Si mata a un líder mundial al mes, tal vez sea más impactante aún. Creo que sería un bombazo si el tipo intentara matar cada mes a un líder mundial que además fuera virgen. Bueno, me estoy yendo por las ramas: lo que quiero decir es que esto no ocurre con la comedia. La comedia parece huir de los temas “importantes”. Es cierto que existen parodias cómicas del cine de espías o de las películas de acción, pero no es lo habitual: la mayor parte de las comedias suelen tener temas más cotidianos: relaciones sentimentales, gente que pierde su trabajo, familias disfuncionales…

Con el párrafo anterior no quiero decir, ni mucho menos, que los temas tratados por las comedias sean menores: ¿hay algo más importante en nuestra vida que el amor, el trabajo o la familia? Desde luego, en la vida real seguramente estos asuntos nos afectan más directamente que la posible destrucción de la ciudad de Chicago por un terrorista georgiano.

– Tal vez por algo relacionado con lo anterior, o tal vez no, me da la impresión de que las comedias suelen transcurrir en un tiempo dramático más corto. Repito, es sólo una intuición, pero pienso que, así como es habitual que en el drama se narre una larga saga familiar, la historia completa de la vida de una persona o, una epopeya épica que se extiende incluso a lo largo de varios siglos, en la comedia, el tiempo dramático suele ser más breve: un viaje a un concurso de belleza infantil que no salió del todo bien, las semanas que un grupo de parados dedican a montar un número de striptease con el que recaudar pasta… No recuerdo grandes sagas cómicas. Sólo, en todo caso, parodias de sagas épicas.

Sí, pensándolo un poco, creo que estos dos puntos que llevo escritos tienen relación entre sí: la narración de un periodo largo de tiempo exige el uso de muchas elipsis y, por lo tanto, la selección exigente de las secuencias que son dramáticamente importantes para comprender la historia. En cambio, la comedia suele necesitar precisamente de escenas “poco importantes” dramáticamente para poder hacer gracia. La secuencia entera del dictador Adenoid Hynkley jugando con la bola del mundo, aún siendo un insuperable retrato de los delirios de grandeza de un dictador, no hace avanzar la trama de la película.

Lo mismo puede decirse de casi todos los gags verbales: un personaje puede llegar a cierto sitio y disculparse brevemente por el retraso. En una comedia podría inventar una torpe excusa y explicar que el metro que ha cogido ha sido secuestrado por terroristas novatos que exigían que el tren les llevara a Oviedo. Puede ser gracioso pero, desde luego, no es necesario que lo explique. En un relato de “largo aliento” no hay espacio para digresiones y, la comedia, diría yo, es el reino de las digresiones.

La comedia es crítica. Decía en el anterior post sobre este asunto que uno sólo se ríe sobre aquello que considera malo. Así que quien se ríe sobre algo, lo está criticando o describiendo negativamente. Si le comento a un amigo que es más pesado que la Newsletter del Notodofilmfest, me estoy metiendo con su insistencia (y, de paso, con la del festival de cortos por Internet). Un tipo que hace bromas sobre todo lo que le rodea puede resultar muy agresivo: si te ríes de la excesiva cautela de una amigo, de la temeridad de otro, de la testarudez de un tercero y de la falta de criterio del cuarto amigo, seguramente los cuatro acabarán hartos de ti. Sentirán que, riéndote, te sitúas por encima de ellos, en un punto medio óptimo, desde el que te permites criticar a todos. Es por eso por lo que…

Muchos cómicos se ríen de sí mismos. Las bromas del propio cómico sobre su patética situación (p.ej.: estoy tan solo que hasta me hace ilusión recibir la Newsletter del Notodo. Lo malo es que el cabrón ni me contesta), sus pequeños vicios, sus costumbres… permiten que el público desarrolle cariño hacia una persona que, no sólo tiene muchos defectos, sino que es capaz de contarlos en público de manera patética y graciosa. El público se siente identificado con los defectos que el cómico enumera y, en cierto modo, se siente aliviado de que otras personas compartan sus defectos, aunque, habitualmente, exagerados para resultar divertidos. El cómico, en cierto modo, se pone de rodillas ante su público, esperando ser acariciado por él. Desde ahí, desde esa postura, resultarán mucho más admisibles las bromas del cómico sobre el resto del mundo: los inútiles dependientes del Media Markt, los teleoperadores pesados… incluso el público se reirá cuando, con falsa inocencia, el cómico se ría un poco de él.


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