CÓMPRATE UN PERRO (O MEJOR, ADÓPTALO)

19 abril, 2011

por David Muñoz.

Once razones para que un guionista compre un perro o lo adopte:

1-Es una manera estupenda de hacer ejercicio todos los días. Yo, como tantos otros compañeros de la tecla, me he apuntado a un gimnasio en un par de ocasiones.  Y también como la mayoría de ellos*, después de ir unas cuantas veces y descubrir que lo mío no era sudar la gota gorda, lo dejé tras un par de meses en los que a pesar de seguir pagando mi cuota no conseguía encontrar tiempo ni un solo día para hacer realidad aquello del “corpore sano”. Pero un perro no te permite ser perezoso. Aunque haga frío, llueva o se pueda freír un huevo sobre el asfalto, tiene que salir a la calle al menos dos veces al día. Y, si eres un dueño “césarmillanista” como yo, y estás convencido de que para tu mascota sea equilibrada necesita hacer bastante ejercicio cada día, terminas pasando hora y media en la calle caminando a buen paso de un lado para otro.

Mi perra (una cocker con mucho genio), justo después de que la rapáramos.

2-Los guionistas que trabajamos en casa tendemos a ir un poco a lo loco en cuanto a los horarios. Si no tenemos hijos o un perro es normal que una noche nos acostemos a las cuatro de la mañana escribiendo y que al día siguiente nos levantemos cuando pinte. Vivir así puede ser hasta divertido cuando tienes menos de 40 años, pero a partir de entonces os aseguro que trasnochar ya no resulta tan fácil cómo antes y que llevar una vida más o menos ordenada te ayuda a sentirte mejor e incluso a ser más productivo. Y con un perro ya no te puedes permitir ser tan caótico. Bueno, sí que puedes, si no te importa levantarte por la mañana y descubrir que el animal se ha meado delante de la puerta o dormir con sus aullidos de fondo mientras te pide desesperadamente que le saques a la calle antes de que le reviente la vejiga. Pero como los guionistas no solemos ser mala gente, lo más probable es que prefiramos cambiar nuestros horarios a ver sufrir a un perro.

3-Venga, reconozcámoslo. Muchos de los que nos dedicamos a esto tenemos cierta tendencia a la melancolía, a la introspección, a regodearnos en nuestros sentimientos negativos, a por Ej.  fantasear con la idea de tirar la toalla de vez en cuando (especialmente si acabamos de recibir las notas del productor sobre la última versión del guión que estamos escribiendo). Eso no quiere decir que seamos gente triste. Pero, especialmente si trabajamos solos, el desánimo puede ser un enemigo tan peligroso como la pereza. Te levantas por la mañana, piensas en lo que tienes que hacer ese día y no te apetece, pero nada de nada (a mí me ha pasado hoy por Ej.). Desayunas, todavía con el pijama puesto te sientas delante del ordenador, miras si has recibido e-mails, navegas por las páginas que te interesan, y cada vez estás más de bajón. Todo te afecta, todo te parecen signos de que el mundo no funciona, de que nada merece la pena, y mucho menos tu trabajo. Y al final en vez de escribir acabas tumbado en  el sofá viendo un episodio de alguna serie. El Pepito Grillo  autocompasivo que vive en el lado oscuro de tu cerebro se ha salido con la suya.

Pero, si tienes un perro, resulta más difícil que Pepito venza. Te vistes, sales a la calle, el aire frío te espabila, te cruzas con gente que va medio dormida camino del trabajo y vuelves a recordar porqué un día preferiste este trabajo a muchos otros, caminas, pasan todas esas cosas que los apologetas del ejercicio dicen que pasan cuando pones tus músculos en marcha, y cuando por fin te sientas delante del ordenador, Pepito está durmiendo a pierna suelta, permitiéndote encarar el día con un poco más de optimismo.

4-Conoces gente con la que nunca tratarías normalmente. Tarde o temprano, si quieres que tu perro socialice con otros, lo normal es que acabes integrándote en una de esas “perripandillas” que suelen verse entre las ocho y las diez de la noche en prácticamente cualquier parque. Y en todas suelen darse cita personas que de otra manera nunca habrían cruzado una palabra. En la “mía” hay españoles, argentinos, ecuatorianos, heteros, gays, jóvenes, viejos, profesores de universidad, señoras de la limpieza, empleados de Caja Madrid, etc.  Es una manera estupenda de saber cómo piensa gente que no tiene nada que ver contigo. Así, es difícil que te pase como a algún amigo mío guionista que parece convencido de que “la gente” en realidad disfrutaría más de las series de la HBO que de “El barco” si Antena 3 las emitiera a las 10 de la noche, prefiere ver la tele en Internet a sentarse por la noche delante de la caja tonta como se ha hecho toda la vida, y mira la hora en su móvil (o en su Smart phone, Iphone o el “phone” que sea) y no en su reloj de pulsera. Pero no, en las perripandillas la gente dice cuando se va a casa que “a ver si ponen por la tele algo bueno esta noche”, llama “Torrente” a Santiago Segura, la mayoría no tienen un Iphone ni parecen tener el más mínimo interés en comprarse uno, y claro, están convencidos de que los de la tele y el cine vivimos del cuento y de las subvenciones. Mi amigo se creer que “la gente” son solo sus amigos.

Y por supuesto, las conversaciones que tenemos cada noche son una fuente inagotable de historias que jamás se te pasarían por la cabeza. Además, si tienes suerte y como yo te encuentras con gente maja, encima pasas un buen rato.  Sus perros se convierten en la manada de tu perro, y ellos en la tuya.

5-Tu perro no es una persona, es un animal. Percibe el mundo de una manera totalmente distinta a la tuya. Convivir con él es lo más cerca que vas a estar de saber cómo entiende la realidad y se comporta una criatura de otro planeta. Al humanizar a los animales no les estamos haciendo ningún favor**. Lo interesante de ellos es que precisamente no son como nosotros. Sus prioridades son otras. Buscan afecto, desde luego, pero ante todo quieren liderazgo y sentirse parte de una manada bien organizada; no saben que es lo malo ni lo bueno, no tienen moral, no piensan en el pasado ni en el presente, viven en el momento. Es una gran experiencia para un guionista. Convivir con un marciano, tratar de entenderle sin pasarlo por el filtro de la humanidad, aprender a diferenciar cuánto hay nuestro en la percepción que tenemos de él y cuánto es una expresión de su verdadera personalidad. Exactamente lo mismo que tenemos que hacer cuando creamos un personaje.

6-Paseando a tu perro te das cuenta de que los parques están llenos de mierda por culpa de los impresentables que no recogen las cacas de sus mascotas. Encima, los “damnificados” solemos ser los dueños de otros perros, que somos las que las pisamos cuando vamos a recoger la caca del nuestro. Pero en fin… como algunos a veces escribimos desde la rabia, no viene mal tener un arrebato de misantropía de vez en cuando.

7-Cuando llegas harto de una reunión no hay nada mejor que ver la alegría con la que te recibe tu perro (cosa que no hay confundir con el histerismo; que suele ser más bien o una respuesta condicionada de forma involuntaria por el dueño o la forma que tiene el animal de decirte que necesita hacer ejercicio y gastar toda esa energía que ha acumulado mientras tú estabas consumiendo la tuya en la reunión).

8-Lo mismo te animas y acabas leyendo este libro:

La sonrisa permanente de César Millán da grima, y su “estilo” literario propio de un libro de autoayuda puede producir sarpullidos en el lector hipersensible a la mala escritura, pero aunque al principio cueste creerlo, Millán sabe muy bien de lo que habla. Os lo aseguro. Lo he visto con mis propios ojos. Su método funciona. Y seguro que hay muchos guionistas (que siempre andamos con la autoestima por los suelos) a los que le vendrían bien sus consejos para ser un líder más sereno y firme.  Para aprender a imponer respeto sin perder los papeles pero también para defender lo que es justo sin acobardarse ni resultar agresivo.

Además, leerlo te servirá para saber si debes tener un perro, o más bien, si estás dispuesto a asumir los compromisos que requiere ocuparse de él. Porque ni todo el mundo puede, ni debe.

9-Te ayuda a entender que lo importante no es sólo qué pasa, sino a quién le pasa. Trama y personaje van unidos. Seguramente, otro guionista podría escribir un artículo muy parecido a este, quizá utilizando argumentos muy parecidos a los míos, titulado “10 razones para no tener perro”. Todo es cuestión de punto de vista.

10-Puedes ver esta película…

Increíble pero cierto: es una buena película.

…y terminar llorando desconsoladamente. Si además ya has perdido alguna vez a una mascota, prepara el paquete de kleenex (o dos).

11-Si vives en mi barrio, puedes ver como un bóxer enorme pero buenón llamado Rocco trata de sodomizar un día sí y otro también al perro salchicha de un conocido y majete guionista algo mayor que yo.

*Os parecerá mentira, pero también hay guionistas “cachas”. Uno de ellos escribe en este blog, os lo juro. Pero no suele ser lo normal. Hace tiempo, en un curso que reunía a guionistas con actores, me di cuenta de que si entrara alguien en el aula y quisiera saber quiénes eran los guionistas y quienes los actores, lo único que tendría que hacer era subirnos las camisetas. Tableta de chocolate: actor, lorzas: guionista.

**No hay cosa más triste que uno de esos pobres perrillos enanejos neuróticos a los que sus dueños cogen en brazos si empiezan a ladrar al ver a otro perro, hablándoles como si fueran críos creyendo que están consolándolos cuando en realidad lo que están haciendo es reforzar un comportamiento que le genera angustia a su mascota .


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