BREVES

26 abril, 2011

por David Muñoz.

1-El momento más difícil.

Hace tiempo un alumno me preguntó en clase cuál era el peor momento por el que pasaba un guionista cuando estaba trabajando en un proyecto, y creo que, medio en broma, medio en serio, le contesté algo así como “cuando el productor no te paga”.

Pero en realidad no creo que ese sea la ocasión en la que más sufrimos de verdad los guionistas.

No, creo que el momento en el que más sufrimos es cuando abrimos nuestra cuenta de correo y descubrimos que nos han llegado las notas sobre nuestra última versión del guión del director/productor/editor para el que estamos trabajando.

Y da igual que las notas sean positivas o negativas, que te ayuden a mejorar lo que has escrito o que te metan en un callejón sin salida. Sean como sean, saber que están ahí, esperándote, suele dejarte por los suelos. Sobre todo porque siempre quieren decir que vas a tener que darle “otra vuelta” al guión. Y después de pasarte semanas, quizá meses*, trabajando en él, invirtiendo toda tu energía en rematarlo, tras entregarlo te sentiste… no sólo agotado… sino drenado. Por otra parte, aunque no te importa que cuando escaletas una historia no seas prácticamente capaz de pensar en otra cosa, llega un momento en que tú cerebro te pide a gritos que en vez de estar obsesionado con cómo cerrar en alto el segundo acto, le permitas… yo qué sé… canturrear una canción.

Lo de “darle otra vuelta” es como si a un futbolista le pidieran repetir el partido que acaba de jugar cuando en lo único en lo que puede pensar es en pegarse una ducha y echarse a dormir,

Pero, aunque no sabes de dónde va a salir el remanente de energía que te va a permitir abordar la nueva reescritura**, al final, te “arremangas”, abres el documento y te pones a escribir. Y a veces, hasta consigues entusiasmarte de nuevo. Pero no resulta nada fácil. Para encontrar una nueva permutación de una historia que ya has escrito (sobre todo si la versión anterior te ha resultado satisfactoria) tienes que enfrentarte a ella con una distancia que no suele permitir el poco tiempo del que casi siempre dispones para escribirla.

Tu vida como “el día de la marmota”.

Quizá por eso me gusta tanto dar clase, o hacer de vez en cuando otros tipos de trabajos.

Nadie te llama después de terminar una clase para pedirte que la repitas “dándole una vuelta”.

*Yo llevo desde Diciembre reescribiendo el mismo capítulo de una serie de televisión. Os prometo que ya soy capaz de recitar los diálogos de memoria…

**Y tampoco puedes decir aquello que dijo el guionista William Goldman al abandonar el proceso de escritura de un guión: “Soy demasiado viejo y demasiado rico para tolerar tanta estupidez. Me voy”. Yo me temo que aunque espero llegar a viejo, nunca seré rico.

2-Aprendiendo.

Hace poco escribí aquí una entrada recomendando el libro ¡Salva al gato! de Blake Snyder, y, en los comentarios, hubo varios lectores de este blog a los que les pareció fatal que recomendara un libro escrito por un guionista de películas familiares de Disney que además se “atrevía” a atacar películas como “Memento”.

Pero, como intenté explicar en una respuesta a alguno de dichos comentarios, creo que es un error pensar que solo podemos aprender de aquellos que comparten con nosotros gustos, predilecciones narrativas y/o estéticas, etc.  En mi caso, la vez que más he aprendido sobre la escritura de guiones de cine, estaba trabajando con un tutor cuyos gustos como espectador eran diametralmente opuestos a los míos. Porque lo que uno aprende de otros cuando lee un libro o trabaja en un guión con un tutor no es a valorar más un género u otro, o a preferir un tipo de cine sobre los demás. No, todo eso lo llevas tú ya “puesto” de casa. Lo que aprendes son herramientas narrativas, estrategias, estructuras, que luego tú puedes aplicar cómo te dé la gana para escribir el tipo de película que te apetezca. Y obviamente, puedes aprender muchas cosas de ¡Salva el gato! y luego usarlas para escribir el guión de una película mucho más experimental incluso que “Memento”.

Estaba pensando en todas estas cosas cuando me encontré un artículo en el último número de la revista Classic Rock en el que Vinnie Paul, el batería del grupo del desaparecido grupo de heavy metal Pantera hablaba de sus influencias como compositor. Y no citaba a Metallica (por poner un Ej. de grupo anterior con el que sea fácil relacionarle). No, mencionaba a Kiss, un grupo de rock cuya música aparentemente no tiene nada que ver con la de Pantera.  “Pantera eran una banda tan heavy que nunca lo habrías adivinado, pero Kiss fueron una influencia enorme en la manera en la que eventualmente escribí mis propias canciones”, decía el batería. ¿Y en qué se fijaba Vinnie Paul? Pues en la estructura de la canciones, en las melodías y en los ritmos.

Así que…

…con las mismas “herramientas” puedes escribir una canción así:

O así:

Y, si no eres músico sino guionista, leer a Blake Snyder y aprender de él no quiere decir que solo puedas escribir el tipo de películas que él escribía.


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