NO PUEDO DAR NOMBRES

12 mayo, 2011

por Sergio Barrejón.

En un spot que rodé el año pasado, le pedí al de director de Arte que me consiguiese una planta grande, un ficus o así, para rellenar cierto rincón del set. El tipo me convenció de que las plantas de interior que se alquilan para rodajes tienden a ser bastante decrépitas, y de que comprar una iba a costar mínimo 300€. Íbamos ya muy justos de presupuesto, y además me aseguró tener una idea mejor. Me propuso emplear en su lugar una escultura que él conseguiría. Rellenaría igual y él estaba convencido de que combinaría mejor con el resto del set. Siempre me gusta dar margen a los jefes de equipo para que aporten su criterio personal, y como le vi muy convencido, acepté su propuesta. El día del rodaje, el tío apareció con una escultura horrenda. Pero ya no había tiempo de cambiarla, así que allí se quedó.

Unos días después, comí con el productor del spot. Le pregunté, entre risas, de dónde habría sacado el de Arte aquel engendro de escultura. “La hizo su madre”, me dijo. “Y el alquiler nos costó 300€”.

En una coproducción que hice con empresas de varias comunidades autónomas, uno de mis socios me estuvo dando la lata desde el ultimo día de rodaje hasta el final del montaje con que quería ver el material. “Quiero ver material, quiero ver material”. Yo le di largas hasta que todo estuvo bien montado y el sonido premezclado, porque según mi experiencia, casi nadie es capaz de ver un premontaje con la actitud mental adecuada (todo el mundo dice “yo sí sé ver premontajes”, pero es mentira). Cuando finalmente convoqué una proyección con todos los coproductores, me dio largas él a mí: “No puedo ir, estoy con fiebre, tengo nódulos en la garganta y una gripe terrible. No sé cuánto tardaré en recuperarme”.

Dos días después, al salir de la proyección, le llamé para preguntarle qué tal estaba y para comentarle que los otros socios estaban muy satisfechos con el material. Pensé que eso le ayudaría a sobrellevar su convalecencia. Pero la conversación apenas duró unos segundos: “Ahora no puedo hablar. Estoy buceando en el Mar Rojo. Te llamo cuando vuelva”.

Hace años trabajé en una gran empresa de marketing audiovisual. Gente encorbatada, secretarias que imprimían los emails, edificio con ventanas que no se abren… Ese mundo. En Nochebuena, la empresa ofrecía un convite a mediodía, en la oficina. Todos los empleados nos congregamos en la sala principal de la oficina. Las secretarias pasaban con bandejas, ofreciendo cava, vinos y aperitivos. Poco después, el personal estaba ya un poco achispado. En un momento dado, la secretaria del director de la empresa (quien, según todo el mundo rumoreaba, también era su amante) pasó con una bandeja de flanes. Cuando llegó frente al director, éste se echó a un lado la corbata, se agachó sobre la bandeja y, sin usar las manos, sorbió ruidosamente uno de los flanes, tragándoselo de una buena vez.

La secretaria arrugó la cara. “Mira que eres guarro”, le dijo. El director general se limpió con el dorso de la mano, se acomodó la corbata y le dijo en voz perfectamente audible: “Cosas más grandes te he visto yo meterte en la boca“.


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