EN #ACAMPADASOL SE NECESITAN GUIONISTAS

2 junio, 2011

por Sergio Barrejón.

Si yo fuera lector de guiones en una productora, y el Movimiento 15-M fuese un proyecto de serie de televisión, supongo que escribiría su sinopsis más o menos así:

Un grupo heterogéneo de ciudadanos indignados por la situación política nacional decide salir a protestar a calles y plazas de toda España. El movimiento se organiza de manera espontánea en forma de acampadas. El ejemplo pronto cunde en el extranjero, donde se generalizan las protestas frente a embajadas españolas. Incluso se extiende a otros países afectados por crisis económicas más graves, como Grecia.

Y si tuviera que esquematizar su estructura, probablemente la reduciría a estos puntos:

-ANTECEDENTES. La crisis económica y la burbuja inmobiliaria española. Las sentadas por una vivienda digna de 2006, realizadas también a mitad de mayo.

-PUNTO DE PARTIDA: La manifestación del 15-M y su violenta represión policial. La respuesta ciudadana es volver a manifestarse al día siguiente en la Puerta del Sol. Desde entonces, se instala allí un campamento permanente.

-PUNTO DE GIRO: Tras las elecciones del 22-M, los indignados deciden permanecer en la Puerta del Sol al menos una semana más.

-PUNTO DE GIRO: Transcurrida esa semana, los acampados deciden permanecer indefinidamente en la Puerta del Sol.

-FIN: España cambia su ley electoral y se logra una democracia realmente representativa.

Naturalmente, ni el Movimiento 15M es un proyecto de serie de televisión (de momento), ni yo soy lector de guiones en ninguna productora (de momento). Pero muchas veces, viendo las noticias o leyendo el periódico, me ha dado por pensar algo así como “esta gente necesita un guionista”.

Por ejemplo, cuando leo que a la Ministra de Defensa le roban el coche en la puerta de su casa (!) y al día siguiente decide retirar su candidatura en las primarias de su partido, no puedo evitar pensar que los barones del PSOE necesitan un guionista. Más que nada para que una serie de acontecimientos casuales no parezcan síntomas de un sospechosísimo proceso de intimidación para quitar de en medio (otra vez) a un candidato catalán y poner a un viejo calvo proveniente de la zona cantábrica.

Pero no nos desviemos. Hoy voy a tratar de explicar por qué el Movimiento 15M también está necesitando un guionista, y rápido. Voy a intentar glosar los puntos flojos del proyecto de serie. Pero empezaré, como tengo por costumbre cuando hago un análisis de guión, por resumir los aspectos positivos:

El punto de partida es muy llamativo. La serie arranca ciertamente en el límite de la verosimilitud (¿miles de españoles protestando a la vez en multitud de sitios sin un líder que les organice?), pero eso mismo la convierte en material muy original.

El conflicto se plantea como algo potente y perdurable, lo que es fundamental en una buena serie, si quiere mantenerse en antena bastante tiempo.

La ambientación es visualmente interesante: grandes manifestaciones, asambleas multitudinarias, cargas policiales, comparecencias polémicas, elecciones…  Y no sólo eso: además tiene lugar fundamentalmente en exteriores reconocibles (plazas principales de grandes ciudades), lo que aporta una indudable espectacularidad. ¡Y ni siquiera hay que gastar dinero en construir decorados ni en pedir permisos!

Se plantean escenarios novedosos, insólitos. La idea de montar una acampada permanente en el centro de Madrid es sin duda original y, a priori, es un buen elemento para que la audiencia recuerde la serie y quiera seguir viéndola.

Vayamos ahora con los problemas:

Los protagonistas no están bien definidos. “La ciudadanía” contra “el sistema político” no es un conflicto fácilmente representable. Por eso muchos espectadores proyectan imágenes distorsionadas del asunto, que responden más a sus propios miedos que a una imagen concreta. Por ejemplo: las señoras con permanente que toman café con leche en Nebraska están convencidas de que en Sol no hay más que agitadores enviados por el PSOE para contrarrestar el avance del PP. Los del PSOE piensan que sólo son hay jóvenes antisistema enviados por Izquierda Unida para arañar votos ante el retroceso del PSOE. Y los de Izquierda Unida… Bueno, esos ya hace unos cuantos años que no saben qué pensar de nada. Y así.

No me atrevo a decir quién debería ser el protagonista del 15-M. Ni siquiera diré que debería haber un protagonista. Tal vez el éxito de la serie en su arranque se base precisamente en retrasar la aparición de un protagonista. Sería un recurso original. Lo que tengo claro es que el producto no durará mucho en antena si no aparece un líder claro. Sé que es una pena, pero qué quieren: estamos en España. Seguimos teniendo un rey, por el amor de Dios: en este país, la gente quiere líderes.

Algunos personajes hablan demasiado. Es una pena que un decorado tan interesante y particular como la #acampadasol, con sus inolvidables lonas azules y su cartelería ingeniosísima, se malgaste en interminables escenas de bla-bla-bla. Ya saben, estoy hablando de Las Puñeteras Asambleas.

Es un síntoma típico de un problema de guión. Al igual que las personas mediocres nunca manifiestan su mediocridad mediante el silencio, sino mediante la pedantería y la verborrea, cuando en un guión no hay nada interesante que contar, el guionista suele recurrir al bla-bla-bla.

En otras palabras: si esta serie no quiere perder audiencia, hay que quitar las escenas de asamblea. Así de simple. Arrancar las páginas. Borrar. Vaciar la papelera. Adiós para siempre, mediocres de mierda.

Hay que unificar la terminología. A lo largo de esta serie, hay términos que se confunden y adjetivos de los que se abusa hasta desvirtuarlos. Por ejemplo: perroflauta. Hay que reconocer que la palabra es graciosa y es comprensible que a un mediocre le den muchas ganas de usarla cuando alguien le escucha. Pero lo cierto es que la base de su éxito es su enorme precisión. Un perroflauta es un tipo que pide dinero tocando lamentablemente la flauta y acompañado de un perro. Punto. Es cierto que todos los perroflautas van sucios (y sus perros, ni hablemos), pero no por eso tiene sentido llamar perroflauta a cualquiera que vaya sucio. Ni a cualquiera que toque la flauta, claro está. Podemos extender el nombre a cualquiera que vaya muy sucio y ejerza horrendamente una actividad pseudoartística en plena calle. Pero sólo si puede apreciarse que tanto la suciedad como el ataque a la sensibilidad artística son actividades continuadas en el tiempo. Lo cierto es que en Sol hay muy pocos perroflautas. De hecho, incluso se ha conseguido mantener callados a los gilipollas de los bongos, lo que es probablemente uno de los mayores logros de la democracia española.

Si a lo que nos referimos es a un niñato de pseudoizquierdas que acude a Sol en los ratos libres que le dejan sus prácticas infrapagadas en una multinacional petrolífera, por ejemplo, y que se disfraza de sucio por puro síndrome de Cenicienta, entonces no digamos “perroflauta“. Hablemos con propiedad: eso es un pihippie, o pjijpi, como se quiera. Esos son los que el día de mañana llegarán a políticos, y presumirán de haber estado en Sol mientras joden a la gente igual que los políticos de hoy.

Si nos referimos a neo-hippies más auténticos, de los que sí pernoctan en Sol, que colaboran activamente en las comisiones, y que caminan descalzos sobre esos cartones infectos y que indefectiblemente tienen un piercing en nariz, labio o ceja, más un tatuaje tribal en brazo o tobillo, y un corte de pelo indefinible que sólo puede haber perpetrado uno de sus semejantes… eso es un “pie-sucio”.

En cuanto al término magufo/a, convendría erradicarlo cuanto antes. Como la mayoría de los neologismos basados en dos medias palabras, suele ser completamente innecesario. Además, la propia disposición fonética hace que el que pronuncia esa palabra ponga, inevitablemente, cara de idiota. Y escrito también queda muy feo.

El clímax amenaza con llegar demasiado pronto. Todo lo que sé sobre las telenovelas (y después de mil y pico episodios de “Amar en Tiempos Revueltos” voy sabiendo algo) lo he aprendido de Rodolf Sirera, que es un genio en varios sentidos, no sólo como guionista. Y entre las cosas que me ha enseñado destaca ésta: las telenovelas consisten fundamentalmente en un laaaaaaargo, larguísimo segundo acto. El primer acto es importante, pero básicamente en función de su capacidad para plantear un conflicto que pueda mantenerse abierto, pero en desarrollo, durante muchísimo tiempo.

¿Y cómo se hace eso? Pues poniendo en juego pocos elementos, conceptos primarios, y evitando constantemente el clímax. Porque el clímax, amigos, está dentro de la jurisdicción del tercer acto. Y el tercer acto no se puede estirar (ésta es otra de Las Grandes Verdades). Después del clímax, viene el final. Y después del final, se acabó la serie y vuelves al paro.

¿Y cómo aplicamos esto a las acampadas del 15M? Muy sencillo: evitad el enfrentamiento con la policía. Dentro de la estética revolucionaria, está muy bien visto el soportar heroicamente las collejas de esos hijoputas (por usar la terminología de Ferrán Teruel, gloria de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado). Pero en la vida real, es contraproducente, porque al espectador le produce una sensación de clímax, y posteriormente, de fin de la serie. Eso no interesa. Es mucho mejor una estrategia de falso final. Cuando se reciba una orden de desalojo… se desaloja como si no pasara nada.

Y se vuelve al día siguiente o cuando sea. Sin porras. Sin mártires. Sin clímax. Eso es lo que le dará a la audiencia la idea de que a) Éste no es el típico culebrón que acaba cuando muere el bueno o el malo, y b) Que esta serie todavía tiene mucho que contar.

Y recordad: pocos elementos, y conceptos básicos. “No nos representan” y “No nos vamos” son conceptos básicos. La indignación es un concepto estupendo, con el que el 90% de la población empatiza automáticamente. En cuanto empezáis a matizarlo, empezáis a perder audiencia. Mantened la indefinición. O en otras palabras: dejaos de propuestas. La mayor parte de las propuestas que salen de las asambleas son de un infantilismo lamentable, propio de las peores series españolas. Lamento comunicaros que arreglar el mundo no es tan fácil como juntarse en Sol a comentar lo mal que está todo. Si lo fuera, ya lo habríamos arreglado hace mucho tiempo en la barra de muchos bares, ¿no os parece?

En conclusión: 15M es una buena idea, pero conviene reescribirla para que no la quiten de antena al llegar el verano.


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