CONTAR BIEN PARA SER ESCUCHADO

Por Daniel Castro

El otro día leí un artículo de la ministra de Cultura sobre la muerte de Jorge Semprún. Me llamó la atención el título, que no parecía tener demasiado que ver con el contenido. Era: “Contar bien para ser escuchado”. Más allá del texto sobre Semprún, me pareció que se trataba de una frase interesante.

Evidentemente, el problema está en definir ese adverbio (bien). ¿Qué es contar algo bien? ¿Cuándo sabemos que algo está bien contado?

Yo diría que la respuesta está en la propia frase. Algo está bien contado cuando… es escuchado.

Para mí la escritura es un acto de comunicación. Con mayores pretensiones artísticas que la llamada a un colega para preguntarle si se encarga él de parar en la gasolinera a comprar hielo antes de la fiesta, pero, al igual que esta llamada, un acto de comunicación al fin.

Te voy a contar una historia. Vas a escucharla. Y cuando acabe, te sentirás un poco mejor que antes de haberla escuchado. Porque sabrás algo más, porque habrás asistido a una pequeña representación del mundo en hora y media. Porque te habrás emocionado, reído y/o asustado sin levantarte del sofá.

Como parece bastante obvio, una comunicación fracasa cuando… se rompe. Cuando alguien nos cuelga el teléfono en medio de una diatriba, cuando nuestro interlocutor empieza a mirar a los lados en mitad de nuestro relato, mirando chicas escotadas, buscando al camarero, pensando que tal vez pedir huevos rotos con chorizo para cenar puede ser demasiado contundente.

Uno habla para ser escuchado. Escribe para ser leído.

Hay trucos para lograrlo.

Las películas de más éxito suelen conseguir que uno no aparte los ojos de la pantalla. Siempre hay algo impactante en ella: un plano cenital espectacular, un tipo muy fuerte saltando desde un vehículo en marcha, un sorprendente giro de guión, una chica guapa mirándote directamente a los ojos…

Ayer vi “Casino Royale” y creo que apenas había en toda la película un solo plano estático. Todo se movía en la pantalla, para conseguir que fuera el espectador el que no se moviera de su asiento.

Los manuales de guión nos enseñan unas cuantas reglas para conseguir que esa comunicación no se rompa: empatía con el protagonista, enunciación clara de su conflicto, puntos de giro sorprendentes pero no gratuitos, resoluciones positivas pero no artificiales…

Sin embargo, que algo sea fluido o fácil de asimilar por el espectador no siempre es lo que desea el director o guionista. ¿Por qué? Por que de esta manera el espectador no reflexiona realmente sobre lo que está viendo. De hecho, a veces ni siquiera lo llega a ver.

Hace unos años, en un taller de documental, Mercedes Álvarez, la directora de “El cielo gira” nos dijo una frase que se me quedó grabada (aunque no lo suficiente como para citarla literalmente). Vino a decir que ella intentaba mantener (en el montaje) los planos durante un poquito más de tiempo del necesario. Decía que durante los primeros instantes sólo extraemos la información del plano: el chico dice esta frase, la rueda está a punto de salirse de su eje. Sin embargo, según Álvarez, sólo cuando hemos extraído esa información, comenzamos realmente a ver. Esos instantes (tal vez segundos) en los que el plano se mantiene sin una razón evidente son los que llevan al espectador a mirar la imagen con otros ojos. Habiendo extraído ya la información esencial: lo que el chico ha dicho, nos fijamos en su aspecto, en su gesto. Habiendo visto la rueda a punto de salirse del eje, nos fijamos en la carretera, en el dibujo del neumático… empezamos a ver, a pasear la mirada con atención sobre la imagen, buscando tal vez la información que justifique, a nuestro entender, que el director haya decidido mantenerla más tiempo del estrictamente necesario.

Evidentemente, Mercedes Álvarez, con esa intención desafía directamente lo que el espectador espera.

Gran parte del cine de autor tiene intenciones parecidas: romper las expectativas del espectador. En muchos casos, se le pide a éste que sea más paciente y/o activo: es él quien debe buscar una razón para un giro sorprendente (como en “Copia certificada”), para el extraño comportamiento de esa familia griega (“Canino”), es el espectador quien debe asistir a docenas de desplazamientos aparentemente intrascendentes para ir comprendiendo poco a poco como es la vida de la protagonista (“Rosetta”), quien debe asistir a las desventuras de un personaje llamativamente antipático (“Greenberg”).

Y es cierto, desafiar las expectativas del público, obligarle a esperar más tiempo del previsto para obtener una respuesta satisfactoria o… no darle respuesta satisfactoria alguna (los finales abiertos son, por ejemplo, típicos del cine de autor y escasean en el más comercial) es una manera de exigirle, de implicarle en tu película. Es una manera de hacer al espectador consciente de lo dura que es la vida de tu protagonista (“Rosetta”), de lo absurdo que puede ser un relato, de su falsedad, del pacto de lectura que establece con la película en cuanto esta comienza (“Copia certificada”).

Sin embargo, además de ser exigente con el público, es conveniente que el narrador lo sea consigo mismo. Sea lo que sea lo que desea contar, debe hacerlo bien si quiere ser escuchado. Porque cada bostezo, cada espectador que lanza una mirada furtiva al reloj es un fracaso.

19 Responses to CONTAR BIEN PARA SER ESCUCHADO

  1. David Muñoz dice:

    ¡Eh, que a Mercedes Álvarez la llamas Nieves en el siguiente párrafo!

  2. David Muñoz dice:

    Y muy interesante el texto, y eso que no tengo tan claro que la tesis de M.A. sea realmente cierta.

    • Kohonera dice:

      No sé si será cierta pero a mi me ha pasado alguna vez ponerme a buscar algo en el plano pensando que dura tanto porque quieren que descubramos algo que han escondido ahí.

  3. chindasvinto iv dice:

    “que algo sea fluido o fácil de asimilar por el espectador no siempre es lo que desea el director o guionista. ¿Por qué? Por que de esta manera el espectador no reflexiona realmente sobre lo que está viendo”

    Y exactamente…¿ sobre qué quiere esa señorita que reflexionemos?

    “Habiendo visto la rueda a punto de salirse del eje, nos fijamos en la carretera, en el dibujo del neumático… empezamos a ver, a pasear la mirada con atención sobre la imagen, buscando tal vez la información que justifique, a nuestro entender, que el director haya decidido mantenerla más tiempo del estrictamente necesario”

    ¿para qué quiero fijarme en la carretera o en el dibujo del neumático? ¿te das cuenta de que estás definiendo exactamente el aburrimiento? ¿qué es lo que hace uno cuando una película le aburre? desentenderse de la rueda que se sale y dedicarse a mirar la carretera… o el cogote del de delante.

    ¿Cómo puede alguien vanagloriarse de destrozar el ritmo de la película en la sala de montaje sólo para “obligar” al público a “reflexionar” para combatir el aburrimiento? Perdón por la expresión, pero ¿se puede ser más petulante?

    Habla con la gente de la calle (no los “gafapastas” de festival) y el 90% te utilizarán las expresiones “aburrido”, “lento”, “presuntuoso” y “snob” para referirse al cine de autor. Y es que la rrogancia es uno de los defectos que se perciben más claramente

    Al público no se le “obliga” a reflexionar, se le “seduce” para que reflexione. Es la diferencia entre los buenos directores y los malos. Claro que para seducir en vez de obligar hacen falta dos cosas: humildad y talento

    Un saludo

  4. Igor dice:

    También los hay que dejan que el plano dure no unos segundos más de lo necesario, sino minutos y minutos…

  5. El osito Teddy dice:

    Ya puestos, se podría parar la proyección cada 20 minutos así obligarías al espectador a pensar y a intercambiar opiniones con el de la butaca de al lado. Nunca entendí esa manía con alargar las cosas ridículamente para que el espectador reflexione y tal, la verdad. Eso ya lo hará cuando salga del cine no durante.

    No, amigos subvenciioanados, si una película no funciona la culpa no la tiene Casino Royale o los malvados norteamericanos, sino el talento de quién cuenta la historia.

  6. Quique dice:

    Pues sin que sirva de precedente, estoy bastante de acuerdo con lo que se dice por aquí. Eso de hacerte pensar, o se hace muy bien o acaba pareciendo que te toman por gilipollas. Y más vale que la conclusión a la que te hagan llegar sea la reputa hostia. Si ese dibujo de neumático es una pista fundamental para algo, bienvenido sea. Pero si se trata de alargar el plano por alargarlo, caca, caca, caca.
    Por otro lado, una vez me enseñaron que la responsabilidad de la comunicación la tiene el emisor. Si la cosa acaba mal, la culpa es suya. Y punto.

    • El osito Teddy dice:

      Yo estoy por conseguir el correo electrónico de la subvencionada Mercedes Alvárez y junto a su tesis de mantener el plano para que la información sea más clara y contundente, adjuntarle el corto del notodofilmfest “Sí o no”. A ver si lo pilla a la primera jajajajaj….

  7. Regla dice:

    “Contar bien, para ser escuchado”, no necesariamente, Daniel. Contar bien las cosas no es garantía de que a uno le escuchen. Y contarlas mal, a veces, es garantía de que a uno le van a escuchar con amplificadores. Seguramente influirá más lo qué se cuente.
    Desde luego, por muy bien que lo cuente en el post no espere seducir a los que aborrecen el cine de autor, los finales abiertos o la mirada insistente de una chica guapa. Para escuchar realmente, basta con que nos cuenten aquello que queremos oir. Incluso, aceptamos y perdonamos que lo cuenten mal.

    Aunque los medios de comunicación son el mejor ejemplo, mencionaré el caso concreto de la ministra, a propósito de su artículo. Por muy bien que le cuenten y le argumenten lo inútil de la ley Sinde, no creo que esté dispuesta a escuchar nada. Y a mí, por cierto, lo que dice ella en su artículo por una oreja me entra y por la otra me sale. No por hablar de la figura muy respetable de Semprún y de su obra “la escritura o la vida”, más bien por utilizarlo para justificar “el acierto” de la ley de memoria histórica. Otros estarán encantados de escucharla, claro, pero no me negaran que está muy mal contado. Poner en el mismo saco de la “memoria” la verdad de una obra literaria y de una ley política me parece de una ligereza insoportable.

  8. el inquilino dice:

    Jean Claude Carrière, supongo que muchos lo sabrán, decía que hay que escribir un guión como si le CONTARAS la historia a un ciego.

  9. chindasvinto iv dice:

    Regla:

    ¿Existe alguna forma de discutir un tema sin entrar en el “mi bando/tu bando”?
    ¿De dónde sacas que el problema sean los finales abiertos, o las miradas?

    ¿Has oído hablar del ritmo?¿¡sabes lo que es el ritmo? ¿sabes la diferencia que hay entre un ritmo pausado y la ausencia de ritmo?

    Una de las reglas del cine es que tenga ritmo. Como todas las reglas, se puede romper, pero para hacerlo hay que tener muy en cuenta las consecuencias y diseñar la película con ellas en mente. Y ser condenadamente listo para salir con bien

    Otra de las reglas es que se cuenta un historia, no lo divino que es el director contando una historia. También se puede romper, pero también tiene consecuencias: la más evidente es que el público te ve el plumero al cuarto plano.

    Eres tú quien no “escuchas”. yo he “escuchado” perfectamente lo que ha escrito Daniel y por eso puedo no sólo señalarle que lo que dice es incompatible con el cine -con cualquier cine-, sino decirle por qué.

    ¿puede tú decirme en qué piensas cuando los planos duran más de lo necesario? ¿puedes siquiera defender que eso no machaca el ritmo? A ver si alguien contesta con argumentos en vez de descalificaciones de una puñetera vez.

    • Regla dice:

      No se mosquee, Chindasvinto, ya sabe que en ocasiones hemos estado en el mismo bando, pero de un tiempo a esta parte me cuesta seguirle…tanto o más que a usted el cine de autor. En principio, como espectadora no sabría decirle si en una peli los planos duran más de lo necesario. Al no ser guionista, ni ditrectora de cine, ni tener información privilegiada, salvo la que comparte el autor del post, no hay manera de saber si un plano es más largo a propósito o son imaginaciones mias. Cuando clavan a un presentador de telediario más rato de lo necesario después de anunciar unas imágenes, canta bastante por la incomodidad que trasmite el propio presentador, pero en una peli es más difícil identificarlo . Y el hecho de identificarlo siempre será una apreciación subjetiva y relativa. Ya sabe, el plano que a mi se me puede hacer cortito, tratando de imaginar lo que pasa por la cabeza del personaje, a usted, además de romperle el ritmo de la peli, se le puede hacer eterno.
      A veces, es en el segundo visionado de una peli cuando se aprecian detalles e intenciones que nos habían pasado desapercibidos en un principio. De manera, que la teoría del post es interesante y cobra mucho sentido. Bastante más que su intento de objetivizar el tema expuesto. Sinceramente, su intento me parece tan puñeteramente indefendible y criticable, como su sarta de descalificaciones a modo de conclusión sobre lo expuesto en el post: “petulante, aburrido, lento pretencioso, snob, arrogante….” Se arroga con frecuencia el privilegio de “argumentar” que es incompatible en el cine y porqué, como si fueran los únicos argumentos válidos. Craso error.

      Por otro lado, celebro que no tenga ningún problema con los finales abiertos( tan relacionados con el cine de autor), que consiguen o al menos intetan implicar al espectador y hacerle reflexionar. También celebro que no tenga ningún problema con las miradas. En base a otras de sus intervenciones, había pensado, que quizás la mirada insistente de una chica guapa podía ponerle nervioso y distraerle de la história.

    • chindasvinto iv dice:

      Te es difícil seguirme porque estás más preocupada de la intención que crees que tengo que de lo que escribo. ¿Para qué leer? Si opina lo mismo que yo es de mi bando, si opina lo contrario es del otro
      ¿Que está a favor de los desnudos en las películas? es de mi bando. ¿Que no lo está? es igual lo que argumente, es un aspirante a censor y no importa las razones que de porque no son más que cortinas de humo y yo que soy muy listo no me voy a dejar engañar… ese es el razonamiento ¿no?

      En cuanto al resto:

      El post no va de apreciaciones sonbre el ritmo de la película. Que un espectador crea lento el ritmo que el director ha escogido entra dentro de las apreciaciones. Que una directora diga que destroza el ritmo de la película sólo para obligarte a deambular por el plano y que pienses (¿en qué?) no tiene nada que ver con las apreciaciones o la subjetividad. Y eso, amiga mía, no es cine.

      Yo no soy el que dice que es aburrido: lo dice ella misma. perfectamente claro. ¿qué es lo que te obliga a deambular por el plano? El aburrimiento. a menos que tú conozcas otra “fuerza”, en cuyo caso , por favor, compártela conmigo.

      Es lento porque no puede ser rápido cuando los planos están artificialmente alargados

      Es arrogante creer que se está capacitado para saltarse las reglas a la torera, es pretencioso creer que porque te las saltes estás haciendo algo novedoso, es petulante tratar al público como si tu tuvieras que guiarle en vez de entretenerle y es snob creer que por eso eres un artista.

      El cine es contar historias, transmitir emociones. Cuando lo que se quiere es demostrar a lo demás lo guapo que se es, se prostituye el cine. Y eso es anticine.

      un saludo

    • Quique dice:

      Partiendo de la base que soy un mierda y mi opinión, otra, en lo argumental me inclino a favor de Chindasvinto. Además, es hombre. Y ya se sabe que los hombres somos más razonables, inteligentes, educados, etcétera que las mujeres. ¿De qué, si no, nos iban a pagar un 20% más por el mismo trabajo?

    • Regla dice:

      No soy yo quien ha sacado a colación el tema de los bandos. Trate de ser coherente y relea su pataleo inicial. Y claro que leo y respondo a lo que escribe y al efecto que me causa. Yo no pongo palabras en su boca que no haya dicho, así que no me atibuya “intencionalidad”, cuando está más preocupado en criticar destructivamente los argumentos del post, que en analizar la conveniencia y utilidad a la história o al efecto que pueda causar en el espectador. En su caso, la misma propuesta le causa muy mal efecto, ya me ha quedado claro. Pero, si habláramos de una película cocreta, sin haber leído el post ¿Sería capaz de identificar objetivamente cuando el plano se alarga más de lo necesario, intencionadamente ? ¿Tan listo es? ¿De qué estamos hablando?

    • Igor dice:

      Regla, conoces por ejemplo “Armonías de Werckmeister” de Bela Tarr?
      ¿No están sus planos alargados mucho más allá de lo necesario funcional o narrativamente? Yo creo que hay ejemplos muy claros de lo que esto significa. Que sea acertado o no es lo que resulta más opinable.
      Personalmente creo que por ejmplo, en la película que cito, mostrar a dos tíos caminado con una pared de fondo en un plano único durante minutos y minutos y minutos sin decir palabra, apesta.

    • Regla dice:

      No he tenido el gusto de ver la peli, Igor. Pero, por alargar los planos más de lo necesario, leo y entiendo que Mercedes Alvarez se refiere de manera sutil a unos instantes más. Segundos y no minutos. De ahí mi pregunta. En la escena que relata, además de hacer la lista de la compra, a uno le daría tiempo incluso para ir al baño.

  10. Quique dice:

    ¿Habéis leído eso, compañeros ? ¡No conoce “Armonías de Werckmeister” de Bela Tarr! ¿Adónde iremos a parar?

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