ANÁLISIS DE PELÍCULAS: “MIDNIGHT IN PARIS” (Espoilers)

26 junio, 2011

Por Daniel Castro

Midnight in Paris” (“Medianoche en París”), la última película de Woody Allen, con Owen Wilson, Marion Cotillard y Rachel McAdams entre otros, se ha convertido en una de las sorpresas de la taquilla de esta primavera. Ha conseguido además poner de acuerdo a (gran parte del) público y (una mayor parte aún de la) crítica. Posiblemente desde “Match Point” Allen no conocía un éxito así.

Vamos con el análisis de la película desde el punto de vista del guión. Si lo leéis, no os garantizo que encontréis muchos sentido común pero sí una buena cosecha de spoilers.

Breve resumen

Gil, siguiendo el ejemplo de la Generación Perdida de la que es un gran admirador, quiere ser un novelista bohemio en París. Inez, su prometida, no comparte estos planes. De manera sorprendente, Gil consigue vivir en el París de los años 20. Pero esto le alejará cada vez más de Inez.

Pequeño análisis de la estructura

Detonante de la acción:

Gil y su novia Inez viajan juntos a París poco antes de su boda.

Primer acto:

La visita a la ciudad, las cenas con los padres de Inez y los encuentros con una pareja amiga van mostrando cada vez con mayor claridad las diferencias entre la pareja protagonista.

Mientras él sueña con vivir en París (ciudad que tiene idealizada por su glorioso pasado) y escribir una novela protagonizada por un tipo nostálgico, Inez pretende que se establezcan en Estados Unidos y que Gil siga siendo guionista de películas malas y comerciales.

Primer punto de giro: Gil se pierde de camino al hotel. A medianoche, un vehículo se detiene junto a él. Gil sube y…  es trasladado a los años 20. (Minuto 18)

Segundo acto:

Gil se encuentra en su salsa en los años 20. Hace varios viajes nocturnos a la época y conoce a muchos artistas que le inspiran para su obra (Picasso, Hemingway, Dalí, Fitzgerald, Gertrude Stein…). También encuentra a la adorable Adriana, una musa de este grupo.

Mientras, la relación de Gil e Inez se va enrareciendo: él prefiere vivir en el pasado y ella no tiene interés alguno en sus extrañas excursiones nocturnas. Cada vez pasan más tiempo separados pero ninguno de los dos parece sufrir por ello: Gil escribe a buen ritmo inspirado por sus nuevos amigos mientras Inez dedica el tiempo a salir a bailar con Paul, al que ella, inexplicablemente, no encuentra pedante.

Gracias a unos diarios que compra a un librero de viejo en el tiempo presente, Gil se entera de que la fascinante y algo elusiva Adriana está(ba) enamorada de él.

Gil vuelve al pasado con un regalo para declarar su amor a Adriana. No le confiesa su secreto (que viene del siglo XXI) y parece decidido a quedarse en los años 20 con ella. Adriana se conmueve y besa a Gil. De pronto, llega un coche de caballos.

Segundo punto de giro: El coche lleva a Adriana y Gil a la Belle Époque parisiense. (Min. 74)

Tercer acto: Se ha repetido el fenómeno. Un nuevo salto al pasado. Adriana, fascinada en esa época, decide quedarse en ella, aunque esto le separe de Gil.

Éste vuelve al presente, asumiendo que es su tiempo, que no puede huir de él. Sin embargo, también sabe que existe un amor más auténtico que el que tienen él e Inez. Rompe con ella.  Decide seguir en París y perseguir su sueño de ser escritor.

A medianoche, paseando solo, encuentra a una chica con la que tiene muchos gustos comunes. Se intuye que entre ellos puede surgir el amor.

Protagonista: Gil, guionista de cine con aspiraciones más “artísticas”.

Antagonista: Inez, su novia. Práctica y algo materialista.

Objetivo del protagonista: Vivir una vida de escritor bohemio en un París que ha idealizado. Desarrollar todo su talento.

Aliados: Adriana, Hemingway, Fitzgerald, Gertrude Stein, Dali…

Obstáculos, reveses: Familia de Ines, el pedante Paul, malentendidos, anacronismos, etc.

Mi análisis:

Posiblemente “Midnight in Paris” sea, de las que he analizado aquí, la película de estructura más clara. Aunque hay opiniones para todos los gustos, yo diría que cualquier espectador mínimamente atento coincidiría en que los dos saltos en el tiempo son los dos puntos de giro de la trama, los dos momentos en que todo cambia de manera inesperada.

Evidentemente, que una estructura sea sencilla no quiere decir, ni mucho menos, que la historia sea poco interesante. En este caso pasa, en mi opinión, todo lo contrario.

Tratando de escribir el resumen de esta película me he dado cuenta de que el primer acto es especialmente escaso en hechos dramáticamente importantes. Suele ser un acto de presentación pero… en este caso eso se cumple a rajatabla. Consiste básicamente en una serie de secuencias que nos proporcionan la siguiente información: Gil es un guionista de éxito que sueña con vivir en París e imitar a los  novelistas norteamericanos que se instalaron en esa ciudad en los 20. Ines, su novia, no comparte ninguna de esas ilusiones. Lo mismo ocurre con todos los demás personajes del entorno de la pareja, que parecen ver a Gil como un bicho raro, nostálgico y poco práctico.

Cuando suenan las campanas de la medianoche, como en algunos cuentos, se hace realidad el sueño de Gil: viaja a los años 20 y se codea con los artistas que idolatra.

El segundo acto es, principalmente, el sueño de Gil hecho realidad. Rodeado de artistas que aprecian su trabajo y de una maravillosa mujer que le quiere, Gil parece decidido a huir hacia atrás en el tiempo. Pese a parecer imposible, su objetivo, vivir como un escritor de los años 20 en París está a punto de hacerse realidad. Aún sin romper explícitamente, Gil parece decidirse por abandonar a Inez. Opta por Adriana.

Todo parece positivo para Gil en este instante. Sin embargo, llega un nuevo giro: el salto a la Belle Époque, el periodo histórico preferido por Adriana hace que ésta opte por permanecer en esta época.

En la escena clave del Moulin Rouge, Gil se da cuenta de algo que siempre había preferido ignorar: la vida es siempre insatisfactoria, cualquier periodo de tiempo es triste o aburrido si lo comparamos con los mundos irreales que forja nuestra imaginación. Su tiempo es el siglo XXI, por prosaico que le parezca.

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Abandonado por Adriana, resgresa a su siglo, pero ya no es el mismo Gil. Por primera vez en la película, toma la iniciativa, de manera valiente y adulta: deja a Inez (decisión facilitada por la infidelidad de ella) y decide quedarse en la ciudad. Intentará ser escritor. Seguramente seguirá admirando a los autores del pasado pero ya no deseará ingenuamente vivir en su época.

En cierto modo, la película, como muchas otras, podría verse como la historia de una persona que, finalmente, acaba por tomar las riendas de su vida. Hasta el instante, Gil se ha comportado como un niño soñador y pasivo, arrastrado a una vida que no le gusta por complacer a los demás. En lugar de responder a esas presiones y tratar de establecer su propio espacio de autonomía, Gil se ha refugiado en un mundo nostálgico e ilusivo y, (como casi todos los mundos irreales), perfecto. La realización de su supuesto sueño le hace ser consciente de la falacia de la nostalgia. Al final de la película, Gil tomará decisiones de manera madura, sin engañarse sobre sus consecuencias.

En mi opinión, el guión de “Midnight in Paris” contiene unas cuantas ideas simplemente geniales. El primer giro, siendo divertido, no resulta especialmente original. Todos hemos visto docenas de películas en las que un personaje salta al pasado. Además, el encuentro casual con personajes históricos es siempre fuente de buenos gags.

Los momentos más geniales de la trama, en mi opinión, son otros dos. El primero, cuando, casualmente, entre los libros de un anticuario, el protagonista encuentra una declaración de amor escrita por Adriana. Esa confesión llegada a través de ochenta años de historia surte el efecto de una gran revelación que, además, orienta la acción del protagonista en el presente (hacia el pasado).

El segundo momento, para mí el más genial de la película, es cuando el coche de caballos en el que viajan Adriana y Gil, enamorados, les conduce hasta la Belle Époque. De pronto, con la misma ligereza (y ausencia de justificación dramática, por cierto) con la que se introdujo un giro fantástico que resultaba positivo para el protagonista, se produce uno que le resulta negativo.

Este giro sitúa a Gil ante su propia contradicción. Al tratar de convencer a Adriana para que no se quede en la Belle Époque, el protagonista se da cuenta de lo absurda que era su nostalgia de una época que sólo conoce superficialmente.

Por otra parte, el guión está escrito de una manera muy hábil y aparentemente sencilla. Allen no dedica ni un segundo a explicar la manera en que se realiza el viaje al pasado (nadie dedica una frase al asunto). Basta una simple secuencia muda (la de la tienda de lavadoras o lavandería) para explicar cómo el pasado se desvanece una vez que uno sale de él.

Con la misma sencillez se enuncian los conflictos (las primeras réplicas de la película sirven ya para mostrar el entusiasmo de Gil por París y su pasado y contrastarlo con las reservas de su prometida).

También con sencillez se describe a los personajes. Una réplica sobre un rinoceronte describe a Dalí, un par de explicaciones pedantes, al “amigo” Paul, unos párrafos sobre el valor y la caza, a Hemingway, algunos comentarios nacionalistas, al  padre de Inez… Lo esencial, lo diferente, de cada uno de los personajes queda inmediatamente a la vista.

Siento escribir como un hooligan incondicional, pero me resulta difícil encontrar defectos al guión de esta película. Lo voy a intentar en los dos próximos párrafos.

Mis únicas pegas a la historia tienen que ver con los personajes que se oponen a los deseos de Gil. La difícil relación entre el protagonista y su novia, el conflicto principal de la historia, está enunciada de manera muy expresa desde la primera frase de la película. En mi opinión, las diferencias entre ellos están tan marcadas y repetidas que casi resulta imposible verlos como una pareja que está a punto de casarse. Apenas hay gestos de cariño o complicidad. Algo similar ocurre con los padres de Inez, tan opuestos a Gil que llegan a parecer caricaturas y no siempre muy graciosas.

Por otro lado, también es posible que el segundo acto tenga un desarrollo excesivamente superficial, con una sucesión de imposibles cameos de artistas gloriosos. Además, personalmente, nunca acabé de sentir que la historia entre Adriana y Gil tuviera una gran intensidad ni desarrollo. Por esto mismo, la escena del Moulin Rouge me pareció más conmovedora por lo que revelaba sobre Gil que como desgarradora despedida de amantes separados por décadas de historia y preferencias artísticas.

Pese a estas pequeñas pegas, “Midnight in Paris” me parece una maravillosa película y un maravilloso guión. Un ejemplo de escritura ligera pero, a la vez, muy sabia. Una muestra de que la profundidad no implica aburrimiento, de que el humor no obliga a la superficialidad. De que público y crítica no siempre se llevan la contraria. Un ejemplo de lo que sólo puede conseguir un guionista (y director) con mucho oficio y todavía mucho más genio.

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FLASHBACK – MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LAS REBAJAS, EN EL CORTE INGLÉS

26 junio, 2011

por Pianista en un Burdel.

Uno de los mayores acontecimientos de mi adolescencia fue el momento en el que el primer de mis amigos se saca el carnet. De pronto, el grupo de amigos ya no depende de los autobuses y el Metro para llegar a los sitios. Ya no hay que hacer complicadas economías para tomar un taxi entre cuatro. De pronto, llega LA LIBERTAD.

¿Y qué se hace el primer fin de semana de LA LIBERTAD cuando uno tienen 17 ó 18 años en Madrid? Ir a la Casa de Campo a mirar a las prostitutas, naturalmente. El conductor va un poco más tenso de lo aconsejable para conducir, y los pasajeros van un poco más borrachos de lo aconsejable para llegar a viejo. El ritual suele estar entre lo ridículo y lo abiertamente tétrico, y consiste, básicamente, en dar vueltas y vueltas por la Casa de Campo, hasta que los pasajeros convencen al conductor de parar cerca de una prostituta en concreto y preguntarle, qué si no, cuánto cobra.

Recuerdo el diálogo más o menos así:

El coche se detiene frente a una prostituta.

Ella se acerca a la ventanilla del Conductor.

PROSTITUTA

Hola, guapo. ¿Quieres pasar un buen rato?

El Conductor vacila, mira hacia sus amigos. Por fin, uno de ellos se decide a hablar.

PASAJERO 1

Disculpe, señora puta… ¿Cuánto cobra usted?

PROSTITUTA

Dos mil chupar, tres mil follar.

Los amigos se miran entre ellos. Es evidente que no han ido allí a ser chupados ni mucho menos follados, así que nadie sabe muy bien cómo continuar la conversación.

El Conductor decide seguir con el juego.

CONDUCTOR

¿Y si te follamos todos, nos haces descuento?

La Prostituta resopla. Debe de haber oído esa frase cientos de veces.

PROSTITUTA

No, guapo. Las rebajas, en el Corte Inglés.

Y se aparta del coche, dando la conversación por terminada.

¿Y a qué viene este incorrecto recuerdo? Por un lado, nunca viene mal una buena punchline. Por otro lado, cualquier cosa relacionada con prostitución tiene cabida en un blog de guionistas, ¿no? Especialmente, si lo firma un tal Pianista en un Burdel.

Pero realmente, lo que me ha hecho acordarme de este episodio, concretamente, de la sabia frase final de la prostituta (toda una filosofía de vida que ningún guionista debería dejar de observar) ha sido un comentario al post que publicó Daniel Castro el pasado 20 de septiembre: CONSULTORIO: OPCIÓN DE COMPRA. El comentario, escrito por el lector Tomatóstenes, decía así:

Justo la semana que viene tengo una entrevista con un productor ejecutivo al que le ha gustado el guión de largo que le envié. Si me pide una opción de compra GRATIS, ¿qué debo hacer?

Soy guionista novel y la posibilidad de visitar otras productoras que lean mi trabajo es una utopía. Por otra parte, soy consciente de que si todos negociamos a la baja …

Desde mi ignorancia, que un productor mueva mi guión en busca de finaciación suena muy bien, aunque no pague nada a cambio. Los expertos habláis de que así lo pueden quemar. ¿Qué significa exactamente esto? ¿Acaso cambia la actitud del productor por la módica cantidad de 2000 euros de una opción?

¿Y si me pide una reescritura gratis? Primera versión de guión, opción de compra y reescritura, ¿por cuánto se está firmando?

Como veís, estoy muy desorientado.

Y aunque Daniel Castro le contestó cumplidamente, he pensado que convendría hablar del asunto en la portada del blog, para que más lectores puedan contactar DE UNA PUÑETERA VEZ con esa sabia filosofía de puta vieja. Vamos allá con mi respuesta:

“¿Qué hago si me pide que firme una opción gratis?”

Naturalmente, le dices que no. Que por una opción cobras seis mil. En la anécdota, la prostituta decía “dos mil chupar, tres mil follar”. Nótese el pareado, cuestión de puro marketing. Tú, redondeando al alza los baremos mínimos de ALMA, puedes parear así:

Seis mil opción, cuarenta mil guión.

En todo caso, si le viene mal aflojar la mosca de golpe, dile que te puede aplazar el pago a tres meses, o a seis meses si quiere. Pero que tú eres una puta, y las putas lo único que hacen gratis es enseñarte el género y decirte cuánto cobran. Él ya ha visto el género. Si quiere catarlo, que lo pague. Y las rebajas… pues eso.

A no ser, claro, que te gusta que te la metan a cambio de nada. En ese caso, ya no serías puta, serías sólo un adicto al sexo y muy probablemente un masoquista. Porque hace falta ser rarito para cederle algo gratis a una persona que, manifiestamente, planea ganar dinero con ello. Jamás nunca harías algo parecido en cualquier otro ámbito. ¿Me prestarías tu coche gratis para que yo se lo alquile a un colega?

“Que un productor ejecutivo mueva mi guión para buscar financiación suena muy bien”.

Es cierto. Suena bien en la medida en que suena bien “este Gobierno jamás recortará los derechos sociales”, o “voy a poner todo mi empeño en sacar al país de la crisis” o “tenemos la responsabilidad de llegar a un acuerdo para impedir el antitransfuguismo”. Pero el subtexto, naturalmente, es “chupa, chupa, que yo te aviso”.

Suena mucho mejor de lo que en realidad es.

Piensa una cosa: si el productor NECESITA el guión para obtener la dichosa financiación, ¿no podría decirse que el guión es LA PIEZA FUNDAMENTAL en el proceso de producción? ¿Y no te parece que es MUY POCO PROFESIONAL intentar conseguir la pieza fundamental por el morro y sin soltar un duro?

De nuevo, no existe otro ámbito profesional en el que nos pareciese tolerable una conducta así. Si ese productor ejecutivo realmente tiene probabilidades serias de conseguir financiar este proyecto, asumirá que hay que hacer una mínima inversión en el resorte fundamental que acciona la maquinaria. Que insisto, es eso que tienes en tu disco duro, y que hemos dado en llamar guión.

Dándole la vuelta al razonamiento: un tío que no está dispuesto a soltar unos miles de euros para asegurarse los derechos del guión, muy probablemente no es un verdadero productor ni tiene probabilidades de financiar nada. Muy probablemente es un filibustero con más ilusión que talento, que no se quiere jugar los cuartos porque sabe que, casi seguro, no conseguirá recuperarlos.

“¿Cómo hay que obrar en estos casos?”

Bueno, la manera más destroyer sería decirle al productor ejecutivo que sí, que lo mueva por ahí a ver qué tal… pero sin firmar nada. Y que cuando encuentre la dichosa financiación, que ponga dinero sobre la mesa, y entonces habláis. Mientras tanto, naturalmente, tú serías libre de buscarte otros productores más interesados.

La manera más lógica sería hacerte socio de ALMA inmediatamente, y recabar los servicios de su abogado, Tomás Rosón, que te informará cumplidamente del tipo de contrato que más te conviene, y de los tramos salariales a que puedes aspirar. Y cuando algún productor te diga que estás pidiendo más de “lo que se está pagando por ahí“, no le escuches: ven a este blog a informarte y, sobre todo, escucha a Tomás Rosón. Él es el que lee, revisa y confecciona la mayoría de los contratos de guionista en este país. Él sabe realmente cuánto se cobra por un guión en España. Y está de tu lado, así que te dirá la verdad.

Espero que estos comentarios le sean de utilidad a alguien. Y confío en que tú, Tomatóstenes, sepas disculpar el tono cortante. Sé que, mezclado con el uso de la segunda persona, puede tocar un poco los cojones. Y últimamente, me han criticado bastante por mi tono de superioridad. No era la intención hacerme el superior ni el sabelotodo. Y si a veces soy cortante es porque me hace más gracia que ser falsamente amable. En cualquier caso, si te ha molestado, lo siento.

(Mentira.)

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 30 de septiembre de 2010)


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