DAME PAN Y LLÁMAME TONTO

6 julio, 2011

Por Chico Santamano.

Cada cierto tiempo los juzgados y, por extensión, la opinión pública se escandaliza por secretos a voces que todos o casi todos conocíamos y casi nadie se atrevía a señalar.

Secretos a voces que no sólo deberían poner la cara colorada a los culpables de esos escándalos, debería ponérnosla a todos. “Secretos” que forman parte de nuestra naturaleza conformista y acomodaticia. “Secretos” que si se recopilaran en un libro podría titularse “Dame pan y llámame tonto”.

En 2008 saltaba a la luz pública un escándalazo en toda regla con epicentro en el madrileño municipio de Coslada. Ginés Jiménez y 15 policías municipales eran arrestados por delitos contra la Administración, la libertad sexual, por tenencia ilícita de armas, asociación ilícita, delitos contra el patrimonio, lesiones y amenazas.

Prácticamente todos y cada uno de los habitantes de la ciudad conocían los tejemanejes de este elemento y su banda. Yo no vivo en Coslada, pero ¡hasta a mí me llegó la historia años antes! Por supuesto, nadie (entre los que me incluyo) hizo nada.

Durante los años en los que Ginés estuvo al frente de la comisaría pasaron gobiernos del PSOE, el PP e IU. Como ya sabrán, ni un solo alcalde movió un dedo. ¿Qué intereses existían para que ninguno pusiera de patitas en la calle a semejante elemento? ¿”Dame pan y llámame tonto”?

En 2007 estalló la operación Malaya. Gracias a la acción judicial, se pudo sacar a una horda de chorizos que saquearon durante años las arcas públicas del Ayuntamiento de Marbella. Un robo non-stop desde aquellos tiempos en los que Gil presentaba programas al ritmo de “Sopa de Caracol” desde su burbujeante jacuzzi. Todos lo sabían. Algunos lo gritaban, pero su voz quedaba enterrada bajo el peso de los votos de un pueblo que una y otra vez volvía a elegir a los mismos ladrones de siempre… Ya saben… Dame pan y llámame tonto.

Hace cinco días, los socios de la SGAE acudimos a votar. Algunos queríamos un cambio, otros muchos… no sé si la mayoría, pero sí los más poderosos (al menos en número de votos) preferían que todo siguiera igual. Y así fue… Nadie votó directamente a Teddy Bautista, pero sus acólitos volvieron a nombrarle jefe del cotarro. Con dos cojones. Como si en la SGAE no pasara nada.

¿Que la entidad tiene casi peor fama que ETA? Dame pan y llámame tonto. ¿Que hasta el más mónguer de la clase se ha enterado de que no se están haciendo bien las cosas? Dame pan y llámame tonto. ¿Que es absurdo reclamar pasta en peluquerías por tener un transistor encendido? Dame pan y llámame tonto. ¿Que se están comprando teatros y palacios sin ton ni son en lugar de repartir esos beneficios entre los autores? Dame pan y llámame tonto. ¿Que los teatros se compran con parte del dinero de los guionistas y directores para que actúen los cantantes ahora que no venden discos? Dame pan y llámame tonto.

La historia de la SGAE, como la de Marbella, la de Ginés y otras tramas de corrupción tienen muchas cosas en común; Todas ellas está protagonizadas por nuevos ricos que hacen un uso ostentoso, casi pornográfico y sobre todo cutre de su poderío económico. ¿Acaso se diferencia en algo el Miró en el baño de Juan Antonio Roca, el jacuzzi de Gil o la afición a recopilar palacios de la SGAE? Todos ellos han campado a sus anchas durante años… Ni izquierda, ni derecha… ni en el gobierno, ni en la oposición… Ninguno se atrevió a ponerle el cascabel al gato. Pero sobre todo, estas tramas son la historia de una vergüenza colectiva.

Hoy por hoy me avergüenza pertenecer a la SGAE (ojo, no me avergüenza defender mis derechos de autor a ultranza, que me los veo venir en los comments). Y me avergüenza porque todos sabíamos que esto iba a pasar tarde o temprano. Con el tiempo nos íbamos dando cuenta de que no era lógico semejante despilfarro. Éramos conscientes de que algo olía a podrido en Fernando VI, nº 4. Sabíamos que se estaban haciendo las cosas mal. Tras mucho discutir nos dimos cuenta de que lo del canon siempre fue una chapuza innecesaria. Los métodos para cobrar a determinados establecimientos absolutamente deplorables. Que nos estaban robando y nos daba igual. ¿En cuántas ocasiones nos han preguntado amigos y familiares “y por derechos de autor cuánto se cobra” y dábamos respuestas vagas para acabar diciendo “en realidad no se sabe muy bien”? ¿”No se sabe muy bien”? ¿No se sabe o no has reclamado tu derecho a saber a cuánto está el minuto de ficción en prime time?

Nos creemos unos listillos y somos tan catetos como esos votantes marbellíes. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo es posible que Gil (o más recientemente Camps) ganara una y otra vez las elecciones? Nuestra desidia nos ha condenado. Somos igual de paletos que los que votan a corruptos oficiales u oficiosos. No hemos sido capaces de mover el culo, cruzar la calle y pirarnos de allí antes de que nos salpicara la mierda.

Ahora es tarde, señora.

No somos culpables, ni ladrones… de hecho los autores somos las víctimas, pero estamos cubiertos de mierda. Mierda por la vergüenza de mirar a otro lado. Vergüenza por pasar horas y horas en foros y blogs defendiendo los derechos de autor para luego nos los robaran por otro lado. Vergüenza por dejar que la SGAE ensucie el nombre de toda una profesión a cambio de un incierto pago en el banco cada seis meses… En fin, ya saben…

Dame pan y llámame tonto.


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