LA DEFENSA SGAE

7 julio, 2011

por Sergio Barrejón.

Conozco a gente estupenda que trabaja en SGAE y en Fundación Autor. Personas honestas que trabajan duro. Es muy probable que este tipo de gente sea mayoría dentro de la casa. Por respeto y solidaridad hacia ellos, me lo he pensado mucho antes de publicar este artículo. Porque supongo que en estos momentos lo estarán pasando fatal. Pero lamentablemente, no son ellos los que representan públicamente a SGAE. El que representaba a SGAE era Eduardo Bautista. Y los cargos que pesan sobre él son gravísimos. Y atañen directamente al ejercicio de sus funciones.

Eduardo Bautista. (Foto: Esther Casas)

Esto no es una caza de brujas. Esto no es un escándalo sexual prefabricado para desprestigiar a alguien. Aquí alguien ha metido la mano en la caja. Y hasta que no se aclare exactamente el quién, el cómo, el cuándo y el cuánto, existirá una sombra de duda encima de los máximos responsables de la entidad. Lo que el sentido común aconseja en este momento es simple y clarísimo: hay que dimitir. La Junta Directiva que salió de las últimas elecciones había manifestado su apoyo claro a Eduardo Bautista. Pensaban mantenerlo en su cargo, y así lo dijeron públicamente. Sólo por eso, ya deberían dimitir.

No estoy intentando juzgar a nadie antes de tiempo. Estoy hablando de simple dignidad. De la capacidad para poner el interés común por encima del orgullo. De la capacidad para reconocer los propios errores. Si al final de todo este proceso, se demuestra que Bautista y Neri eran inocentes, entonces ya habrá tiempo para volver con la cabeza bien alta. Pero mientras la Audiencia Nacional te investiga (a ti o a tus hombres de confianza) por apropiación indebida, no puedes presentarte cada mañana en la oficina a administrar nada.

En cualquier caso, si la Junta Directiva insiste en enrocarse y encadenarse a sus asientos… por lo menos que lo hagan bien. Que no den ruedas de prensa. Al menos, que no den ruedas de prensa tan lamentables como la del pasado martes. ¿Cómo se les ocurre hacerse las víctimas en un momento así? “La gente no quiere a los artistas”, dijo Víctor Manuel.

Lo que la gente no quiere, hombre de Dios, es a los inspectores de SGAE colándose en los salones de bodas. Lo que la gente no quiere es que se cobren cantidades a tanto alzado totalmente arbitrarias, y que el reparto se haga favoreciendo que los más ricos cobren más. Lo que la gente no quiere es que un artista multimillonario les llore por el dinero que pierde con la piratería. Lo que la gente no quiere es que nadie les eche la culpa de todos los males por bajarse una simple película de internet. Lo que la gente no quiere es pagar 15€ por un DVD y tener que tragarse un anuncio que les trata de chorizos. Lo que la gente no quiere, en definitiva, es que le tomen el pelo.

Estimado Víctor Manuel: es posible que, en verdad, no se quiera a los artistas en este país. Pero ¿no le parece que ha elegido usted el peor momento imaginable para quejarse de eso?

Sólo se dijo una cosa inteligente en toda esa rueda de prensa. Aparte de “adiós, buenas tardes”, quiero decir. Es de justicia reconocer que también la dijo Víctor Manuel: y es que no es el conjunto de SGAE la que está en entredicho. No es el conjunto de SGAE lo que está siendo investigado por la Audiencia Nacional. Cierto. Pero ojo: de la misma manera que el movimiento 15-M no se deslegitima por un grupo de radicales que montan gresca, las críticas a SGAE no se deslegitiman por los cuatro tarados que tiran piedras a Ramoncín ni por los cuatro mangantes que graban screeners en los cines.

Entre los que critican a SGAE hay muchos tipos de gente. Muchos. Algunos son perroflautas del “todo gratis”, algunos son neoliberales que buscan beneficio político desprestigiando a los intelectuales de izquierdas. Pero otros son respetables abogados. (Alguno de los cuales, por cierto, le ha sacado los colores a Eduardo Bautista en público. Y con muy buenas formas, dicho sea de paso.) Y entre uno y otro extremo, hay representantes de muchos sectores de la sociedad y de todos los colores políticos. Mucha gente está hasta las narices de muchas de las prácticas de SGAE. Y entre esa gente, no nos confundamos, hay muchísimos autores. Y muchísimos de ellos son (somos) socios de SGAE.

Y era responsabilidad de SGAE enmendar sus errores y, sobre todo, evitar algunos otros. Ir de bar en bar, siguiendo sabe Dios qué criterios para elegir a cuál ir y a cuál no, utilizar vulgares métodos intimidatorios y regatear como un vendedor de alfombras para que el dueño acepte pagar un tanto alzado… Eso es una chapuza lamentable. Y lo mismo con cualquier establecimiento donde ni se cobra entrada, ni es realista pedir que se haga una declaración de cada obra reproducida. Pero es que además lo que se saca de ahí es el chocolate del loro. Y para colmo, es una medida tremendamente impopular.

Es muy posible que haya intereses económicos muy fuertes que pretenden acabar con SGAE. Es lógico pensar que hay quien busca acabar como sea con la propiedad intelectual. Porque la protección de la propiedad intelectual implica que hay una parte del pastel que no se van a comer las grandes empresas, sino los trabajadores. Pero tener grandes enemigos no te convierte necesariamente en un héroe. Y lo de que el profesor te tiene manía hace mucho que no cuela.

El momento más loco de toda la rueda de prensa fue, sin duda, eso de que “en cien años de honestidad sólo ha habido un caso así”. Como estrategia defensiva, no tiene precio. No sé cómo no se le ocurrió al Dioni: “En cuarenta años de honestidad sólo robé un furgón lleno de pasta”. Tampoco está mal para un crimen machista: “En veinte años de matrimonio sólo la maté una vez“.

Soy socio de SGAE. No tengo ningún reparo en admitir que quiero ganar dinero con la explotación de mis obras. No participo de ese pudor español, tan propio de hijosdalgo, a la hora de hablar de negocios. Todo lo que tengo, lo he ganado trabajando. Por eso, nunca he sentido vergüenza de lo que cobro a través de SGAE.

Hasta este martes.

Por favor, señores de la Junta Directiva, como comunicadores que son: si no tienen nada inteligente que decir, pídanle a un guionista que les escriba unas líneas. Y ya puestos, búsquense un asesor de imagen. Alguien con el mínimo criterio necesario para decirle a Caco Senante que se deje el polo Lacoste en casa.


Mientras tanto, les sugiero que hagan el favor de callarse y se dediquen a hacer su trabajo, que es cuidar de nuestro patrimonio, no lloriquear por lo poco que se nos quiere.


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