DOS IDEAS ANTES DEL VERANO

11 julio, 2011

Por Daniel Castro

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Los avatares de la producción independiente pueden llevarle a uno a situaciones insólitas. Hace un par de días yo me encontraba en la estación de metro Sol, cargado con una mochila con unos cuantos objetivos y una cámara de fotos y, en el otro hombro, una bolsa con sesenta metros de cuerda de escalada. Un amigo que me había ayudado en mi pequeña película autoproducida me pidió que yo, a mi vez, le llevara esa extraña carga que necesitaba para rodar otro corto igualmente precario.

Me llamó la atención que casi todo el mundo se agolpaba en una parte del andén de la línea 1, dejando mucho espacio libre en otras zonas. Miraban al frente, en silencio.

Lo que había al otro lado, a unos treinta metros, era un chico joven bailando claqué sobre un metro cuadrado de tarima negra que había colocado en un pasillo de la estación. El chico bailaba bien, aunque no espectacularmente. Pero bastaba. Bastaba para que casi todos los viajeros de la línea 1 se agolparan en la estrecha zona del andén desde la que podían verle bailar.

Esto me hizo pensar algo bastante obvio y nada profundo. Simplemente, que la gente está deseando que la entretengan. Tal vez sea porque las vidas de muchas personas están vacías, tal vez quieren distraerse de sus problemas, tal vez se aburren, tal vez tienen un encomiable interés cultural o, simplemente, curiosidad. Sea por lo que sea, siempre habrá espectadores, personas que, aunque sea durante un breve periodo, nos concederán su atención, al menos durante unos minutos. Nuestro reto es conservarla durante un minuto más. Y luego, otro. Y otro más después.

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A veces tengo la impresión de que uno abraza las creencias que mejor defienden su situación, las que le proporcionan mayor seguridad. Si nace en un entorno privilegiado, lo habitual es que la ideología que adopte sea la que favorezca que las cosas sigan igual. Personas desfavorecidas, en cambio, tienden a defender revoluciones.

Tal vez por eso en estos últimos tiempos me estoy acordando mucho de Hermógenes de Corinto. No se sabe mucho sobre este filósofo griego pero sí parece probado que fue un discípulo de la Academia de Atenas de la que fue expulsado cuando agredió a su fundador, Platón, después de una disputa. Algunos historiadores sostienen que llegó a romper la nariz a su maestro.

El motivo de la pelea fue la discusión que ambos mantenían desde hacía tiempo: mientras Platón consideraba que el mundo en el que vivimos es una mera sombra del mundo de las Ideas, superior e inaccesible para nuestros limitados sentidos, Hermógenes opinaba todo lo contrario. El filósofo de Corinto defendía la superioridad de lo que existe sobre todo aquello que no es: “Un cántaro de barro cocido es superior a la idea de un cántaro. Por óptima que fuera ésta y vulgar que fuera aquél”.

Como ya he contado en varios posts, me encuentro ahora intentando llevar a cabo una película basada en un guión que escribí. Por lo que llevo visto, hacer una película es encadenar una sucesión de renuncias. Es imposible tener a ese actor, ese movimiento de cámara es complicado, se debería de hacer con una maquinaria carísima y se llevaría, sólo él, casi un día de rodaje. La casa en la que querías rodar acaba de ser demolida, aquella maravillosa maquilladora se ha puesto enferma y sólo está disponible su hermana, la daltónica. Los planes iniciales quedan convertidos en una caricatura de lo que fueron. Y esa caricatura es lo que estás rodando.

Así que, por mera supervivencia, para justificar lo que estoy haciendo, para dar sentido a los meses que he dedicado a esta pequeña producción, he abrazado las ideas de Hermógenes de Corinto. Así, sostengo que una película acabada será superior a una película sin acabar. Una película rodada será superior a un guión sin producir, por estupendo que este sea. Un guión acabado será superior a un estupendo tratamiento. Un tratamiento será superior a una sinopsis. Y ésta será superior a un pitch, por prometedor que sea.

Las cosas hechas existen, se pueden compartir, discutir y modificar. Las ideas nos parecen muchas veces perfectas porque… no existen, no han bajado al barro en el que se enfrentan a las opiniones ajenas, al mundo real.

Así, me digo que, por vulgar que sea la película que estoy rodando, siempre será superior a su guión. Esas sesenta y pocas páginas serían un proyecto absurdo si no se hubieran llevado a cabo, como el plano de un puente jamás construido.

Ahora que el verano se extiende ante nosotros como una toalla sobre la arena, prometedor y vacío, os animo a que aprovechéis las horas libres para hacer. Sí, para hacer. Rodar ese corto, escribir ese guión, pasar a limpio ese tratamiento o plasmar por primera vez sobre papel aquella idea. Evidentemente, nada de lo que hagáis será perfecto. Pero… será.

Os debo confesar una última cosa antes de marcharme de vacaciones: Hermógenes de Corinto no golpeó a Platón, más que nada porque nunca existió. Me he inventado a ese atormentado filósofo para dotar de cierta autoridad a mis (posiblemente peregrinas) ideas recientes… y para entreteneros durante unas líneas más.

Dándoos las gracias por leerle durante estos meses, el autor se retira, deseándoos el mejor verano posible.

(En los próximas semanas, recuperaré algunos posts antiguos. Desde septiembre, nuevos contenidos.)


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