FLASHBACK – CONSULTORIO: ¿CUÁNTO QUEDA DEL GUIÓN EN EL GUIÓN DE LA PELÍCULA?

por David Muñoz.

Te sigo habitualmente en Bloguionistas, pero he descubierto que tienes el tuyo propio, que espero visitar también.
Quería hacerte dos preguntas, aunque si estás muy liado creando nuevos universos y perfilando nuevas almas entenderé que no tengas tiempo, no te preocupes. La primera es, ¿hasta qué punto lo que vemos en “La posesión de Emma Evans” y en “El espinazo del diablo” es totalmente de tu invención, o el director ha cambiado cosas sustanciales de la historia?  ¿llegáis más o menos a un acuerdo de cómo mejorar, o te plantas con tu guión y punto?, aunque “El Espinazo…” fue co-escrito, por lo que supongo que sería muy distinto.

Alberto.

Hola Alberto,

El cine siempre es un trabajo en equipo. Y ese trabajo “comunal” afecta a todos los aspectos del proceso de producción de una película. Entre los que por supuesto se cuenta el guión. O, como diría algún compañero, especialmente se cuenta el guión.

Firmen o no otros, siempre se “coescribe” (me refiero a que otros participan del proceso de  toma de decisiones, no a que escriban realmente), o más bien, se “escribe para”. Generalmente para un productor, pero también para un director, y las más de las veces para ambos.

Puede que los directores que además de dirigir sus películas las escriben tenga más capacidad para decirle a su productor “este es el guión que quiero rodar y punto”, pero quienes somos solo guionistas aprendemos muy rápidamente -prácticamente en cuanto vendemos nuestro primer guión y tenemos un par de reuniones de desarrollo-, que la mayor parte de las veces una cosa es lo que hemos escrito o lo que queremos escribir (en el caso de que hayamos vendido una sinopsis o un tratamiento), y otra muy diferente lo que terminará siendo rodado.

Lo cual no quiere decir que la versión definitiva del guión vaya a ser necesariamente peor que esa versión ideal que tú tenías en la cabeza la primera vez que pensaste en la historia. De hecho, si trabajas con gente inteligente y capaz, pueden hacer que parezcas mejor guionista de lo que eres (aunque también puede suceder lo contrario).

Simplificando mucho, desde el punto de vista de los guionistas, en el cine se ruedan dos tipos de películas:

-Las que se basan en historias nuestras.

-Los encargos (adaptaciones, reescrituras, desarrollos de conceptos ajenos, etc.)

“El espinazo…” es un  buen ejemplo del primer caso, y “La posesión…” del segundo.

Del proceso de escritura de “El espinazo del diablo” ya he escrito varias veces. Así que perdona si no te lo cuento en detalle otra vez aquí y te remito a esta entrada de mi blog.

Pero por si no quieres leerlo, te lo resumo brevemente: “El espinazo…” parte de un tratamiento de guión titulado “La bomba” que escribí junto a Antonio Trashorras para presentarlo a una de las subvenciones del Ministerio de Cultura. Y no nos la dieron. Meses después, surgió la oportunidad de pasárselo a Guillermo del Toro para que lo leyera, éste decidió comprarlo y tras un proceso de desarrollo no demasiado largo (que, como yo estaba muy verde por entonces y no tenía ni idea de cómo eran realmente las cosas, sin embargo se me hizo eterno), acabó convertido en una primera versión del guión escrito entre los tres, pero de acuerdo a la visión que Guillermo tenía de la historia que, aún conservando muchos elementos de nuestro tratamiento original, también se diferenciaba del mismo en muchos aspectos importantes. Por ponerte un solo Ej., en nuestro tratamiento los adultos apenas tenían peso en el desarrollo de la trama, mientras que en la película los personajes de Federico Luppi o Marisa Paredes son casi tan importantes como los críos. Luego, a partir de esa versión (que pudo ser la tercera o la cuarta, ya no lo recuerdo, han pasado bastantes años), Guillermo escribió solo la versión de rodaje. Algo que suele ser muy común cuando trabajas con directores que también son guionistas.

Así que, tratando de responder tu pregunta de forma un poco más concreta, en “El espinazo del diablo” hay mucho de Antonio Trashorras y mío y también mucho de Guillermo del Toro. Es curioso como en las críticas de la época nos adjudicaron muchas decisiones que fueron responsabilidad de Guillermo y viceversa (por Ej. algunas de las ideas más “visuales”, como la bomba del patio, fueron nuestras; mientras que Guillermo fue el responsable de la trama de los lingotes de oro, que “huele” más a guionista de toda la vida).

En cuanto a las otras películas que se han rodado a partir de guiones míos, te cuento muy brevemente:

Lena (Gonzalo Tapia, 2001), es una reescritura mía y de Antonio Trashorras del guión de su director. Lo reescribimos totalmente y aportamos muchas cosas a la historia, especialmente a partir del segundo acto, pero todo lo más importante ya estaba en el guión de Gonzalo.

Los Totenwackers (Ibon Cormenzana, 2007). Antonio Trashorras y yo escribimos un guión para Canal + guiones que posteriormente fue comprado por un productor que terminó dirigiendo la película. Después de trabajar en varias versiones para él, al visitar un día el rodaje descubrí que el guión que se estaba rodando no era el nuestro, sino otro, escrito por el propio director sin decirnos nada. En su versión, desaparecieron muchos personajes importantes, nacieron otros nuevos, subtramas de peso fueron eliminadas, etc. En la película rodada creo que quedan dos o tres escenas que más o menos se parecen a las de nuestro guión. En realidad, Antonio y yo deberíamos haber sido acreditados únicamente como autores de la historia original, pero por varias razones, no pudo ser.

-Intrusos en Manasés (Juan Carlos Claver, 2008). En este caso el guión que se rodó fue una reescritura mía de un guión original de Daniel García. El director, que también era el productor, tenía muy claro qué película quería rodar y qué elementos quería que incluyera (los investigadores, los nazis, la trama sobrenatural, la historia de amor), y mi trabajo fue darle vueltas a la trama hasta conseguir escribir la versión que él quería rodar. Mis  aportaciones más importantes a la historia fueron el prólogo y el epílogo y el personaje que acabó interpretando Miguel Ángel Muñoz, al que por cierto yo imaginé como un pobre “friki” feote que se enamoraba de una de las chicas del equipo de investigación, con la que por supuesto no tenía ninguna posibilidad. Pero claro, metes a Miguel Ángel Muñoz (que de todos modos resolvió la papeleta dignamente) y todo cambia. Cosas que pasan. También el papel que en “El espinazo…” acabó interpretando Eduardo Noriega se pensó para un actor de 50 años.

Y, como me preguntabas también sobre ella y la tengo más reciente, me voy a extender algo más sobre “La posesión de Emma Evans”.

Como he dicho al principio, es una película del “segundo tipo”. Si en “El espinazo…” nuestro único interlocutor fue Guillermo del Toro, en “La posesión…” hubo que tener en cuenta muchas más opiniones. Fue un proceso supervisado muy de cerca por el jefe de desarrollo de Filmax, Beto Marini, y después por su sustituta, Amelia Mora. Pero también tuve que tener en cuenta la opinión de otra gente de la casa, como los responsables del departamento de ventas internacionales, y por supuesto el primer director (que abandonó el proyecto por razones personales pocos meses antes del rodaje), su sustituto, Manuel Carballo y la productora de la película, Sandra Fernández.

Con todos tuve una relación excelente, así que no puedo contarte historias tremebundas de esas que nos gusta intercambiar a los guionistas cuando quedamos a cenar. Aunque como siempre, el proceso de desarrollo acabó dando como resultado un guión muy diferente al que cabía esperar a partir de mi primera propuesta.

Te cuento resumidamente cómo fueron las cosas.

Filmax quería producir una película de exorcismos porque pensaba que podría venderla bien en los mercados internacionales, y les pidió ideas a varios guionistas, entre ellos a mí. Y afortunadamente, mi idea fue la elegida. Una idea que, por cierto, había desarrollado meses antes para un director que finalmente decidió no seguir adelante con ella. En realidad, a pesar de que suelen interesarme las películas de exorcismos, hasta que hablé con este director nunca se me había pasado por la cabeza escribir una. Y justo cuando pensaba que mi idea jamás iba a rodarse, surgió la oportunidad de que terminará convertida en una película.

Ah, comencé a escribir el guión creo que hace ya 3 años, de manera que quizá recuerde algo de forma equivocada o me haya olvidado ya de algún detalle importante. Si es así, espero que si leen esto algunos de los implicados en el proceso, me corrijan en los comentarios.

Mi idea inicial estaba protagonizada también por una adolescente, pero transcurría en España y el instituto en el que estudiaba era la localización más utilizada (con lo que la relación de la chica poseída con sus amigas y profesores tenía mucha importancia), y la motivación del “malo” era totalmente distinta.

Por necesidades de producción, rápidamente, quizá en la primera reunión con el que por entonces iba a ser el director de la película, se decidió que se iba a rodar en inglés, con lo cual quedaba totalmente descartado que el guión se ubicara en España, y también se descartó el instituto porque de lo que se trataba era de a ser posible rodar la mayor parte de la película en una sola localización lo más sencilla posible. Aquel día surgieron dos ideas: ambientarla en una clínica psiquiátrica o convertir a la protagonista en una de esos niños y adolescentes que en el mundo anglosajón estudian en sus propias casas, de manera que la localización principal fuera el chalet en el que vive. Finalmente, elegimos la segunda opción porque pensamos que era un poco más original y que podía dar más juego dramáticamente (la protagonista se siente prisionera de su propia vida y sueña con ser una chica normal e ir al instituto).

Durante los no sé cuántos meses que pasé reescribiendo el guión, hubo muchos más cambios importantes. La estructura fue alterada sustancialmente entre la primera y segunda versión, y entre la segunda y la tercera el primer director decidió que la motivación del malo, alrededor de la que giraba toda la trama, no le convencía, de manera que hubo que replantear casi totalmente la película.

Y cuando el primer director dejó el proyecto y se incorporó Manu, el guión fue reescrito de nuevo para incluir entre otras cosas más escenas de “sustos”. Creo que también por entonces escribimos un nuevo final y rehicimos totalmente la trama sentimental.

Por supuesto, también hubo también infinitos cambios menores. Varias escenas se “cayeron” a poco de rodar porque resultaban demasiado caras, por Ej. (el guión perdió cerca de 20 páginas en menos de dos meses), el personaje del padre pasó a ser el de la madre y viceversa, y hasta el último momento estuvimos retocando diálogos para aclarar detalles que temíamos quizá no habían quedado tan claros como queríamos.

Yo estoy contento con la película. Sobre todo con los actores y el trabajo del director, pero tras tantos meses y tantos cambios, me resulta imposible juzgar con un mínimo de objetividad mi trabajo. Creo que la historia funciona, que es una digna película de exorcismos para adolescentes (aquí explico un poco más este tema), pero no tengo ni idea de qué pensaría respecto a ella si la pillara un día en la tele y no hubiera escrito su guión.

Como ves, la respuesta a tu pregunta no es nada sencilla.

¿Cuánto hay de mí en las películas que he escrito?

Pues mucho, pero un mucho que es parte de un todo mayor en el que conviven aportaciones de muchas personas.

Como me dijo hace muchos años un guionista veterano: “si quieres contar tus historias exactamente como tú quieres, no te hagas guionista, dirige. O mejor, hazte novelista”.

Por eso yo por Ej. escribo cómics. Además de porque me encanta el medio, es la única manera que tengo ahora mismo de contar una historia de vez en cuando exactamente tal y cómo yo la veo.

Me gusta el trabajo en equipo, pero de vez en cuando también apetece escribir un folio tras otro sin tener que esperar a que nadie te de el visto bueno.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 18 de enero de 2011)

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