FLASHBACK: RECAPITULANDO

Frank Serpico, antes de dejarse greñas.

David Muñoz

Seguro que ya lo he comentado aquí: una de las cosas que más me gustan de dar clase es lo mucho que aprendo mientras las doy.

Al verme obligado a explicar en voz alta las cosas que muchas veces sé de una forma instintiva, acabo entendiéndolas (y aplicándolas después en mi propio trabajo), mucho mejor que antes. Pero lo que creo que no he comentado aquí es que de vez en cuando creo que a todos nos viene bien dejar de escribir unos días y “estudiar” un poco el trabajo de otros guionistas. Como cuando das clase, siempre acabas aprendiendo cosas que a poco que las pongas en práctica acaban formando parte de tu “caja de herramientas” guionística.

Pero estudiar no es solo ver películas. Hay que verlas, desde luego, pero no sé muy bien porqué (y lo mismo me pasa solo a mí) aunque cuando me tumbo en el sofá para ver una película es inevitable que piense alguna vez en por Ej. la construcción de su guión, la mayor parte del tiempo me limito a verla como espectador. Disfruto o me desespero con la historia y punto. Para mí, la única manera de entender cómo funciona un guión a nivel digamos que “profundo” (estructuralmente) es sentarme en el sofá, sí, pero con una libreta al lado, anotando los puntos de giro de la historia e incluso, en alguna ocasión, escribiéndome la escaleta completa de la película al mismo tiempo que la veo. Y casi siempre, aunque ya haya visto el largo en cuestión varias veces, acabo dándome cuenta de cosas que no había percibido hasta entonces.

Además, si de lo que se trata es únicamente de comprender cómo funciona una escena, me resulta útil verla aislada de su contexto. Sola, sin ver el resto de la película.  De esa manera, no me despisto pensando en la función que cumple como pieza de un mecanismo mucho más complejo, y consigo concentrarme mejor en las motivaciones de los personajes y las estrategias que utilizan para tratar de conseguir sus objetivos.

No estoy seguro de si fue él realmente quién lo dijo, pero me parece recordar que Martin Scorsese contó en una entrevista que veía escenas de las películas de Hitchcock sin sonido para entender mejor cómo estaban montadas, cuál era la relación entre unos planos y otros, sin despistarse con los efectos de sonido y la música. Pues para lo que busca un guionista, el equivalente de quitar el sonido es darle al botón de “pause” cada vez que termina una escena y tomar nota.

Mientras he estado preparando este taller de guión de thriller, he cogido mucho la libreta antes de empezar a ver películas. Como siempre, he aprendido muchas cosas que no sabía y a explicar mejor las que ya tenía más o menos claras.

Entendiendo "La caja 507".

Pero lo malo de tener que preparar un curso es que cuando te pones a rellenar lagunas y a ver películas que te sientes con la obligación de haber visto (y de conocer bien) antes del primer día de clase, siempre acabas viendo alguna de la que podrías haber prescindido y dejando fuera otras que te hubieran venido mucho mejor. Eso me ha pasado varias veces durante las últimas semanas. Afortunadamente, entre esas películas “inútiles” también ha habido varias buenas películas que me he alegrado de ver.

Una de ellas es Serpico (Sidney Lumet, 1973). Tengo el DVD por casa desde hace no sé cuántos años, pero nunca me había animado a verla. No me ha servido para el curso porque no es un thriller sino un drama policial, pero aún así, mientras la veía con la libreta en la mano, reparé en una cosa que me parece interesante comentar aquí:  si alguna vez queréis estudiar estrategias de guión para hacer “pasar” grandes elipsis sin que chirríen lógicamente y sin que hagan incomprensible la acción, Serpico es una de las películas en las que se usan más y de forma más clara. El guión de Waldo Salt y Norman Wexler es prácticamente un catálogo de maneras de cómo contar más con menos.

Serpico es la historia de Frank Serpico, un policía honrado (y un tanto hippie) al que interpreta Al Pacino, empeñado en luchar contra la corrupción del cuerpo de policía de Nueva York. La película abarca muchos años en la vida de Serpico, es bastante “espesa” narrativamente y aún así, dura solamente poco más de dos horas que incluyen varias escenas bastante largas de esas que los americanos llaman “set pieces”, mostrando a Serpico haciendo su trabajo, persiguiendo malos y lidiando como puede con sus corruptos compañeros.

Como necesitaría dedicar mucho más tiempo del que he tenido para desgranar todas esas estrategias para justificar las elipsis, de momento me voy a conformar con señalar dos que me han llamado especialmente la atención, sobre todo porque en ambos casos se trata de “trucos” que yo me pensaría dos veces antes de utilizar en un guión mío (acabo de caer en que tienen bastante que ver con el arranque de la película 100 feet que comenté aquí hace unas semanas).

La primera escena :

Y la otra:

¿Qué tienen en común? Pues que en ambas escenas (que pillamos “empezadas”) se recapitula de forma muy sintética información que si bien no se ha visto en pantalla, resulta imprescindible para que el espectador comprenda lo que viene a continuación. En una, mediante una discusión descubrimos que Pacino es visto como un “raro” y que no le gusta a sus mucho más clásicos compañeros, y en la otra, gracias a un relajadísimo diálogo, lo que averiguamos es que la chica de Pacino mantiene una relación con otro al mismo tiempo que está con él.

Y esto no ocurre en una sola escena. Pasa decenas de veces en la película.

Por eso decía antes que no sé si me atrevería a hacer algo así en un guión mío. Una de esas reglas que aprendes al empezar a escribir es que los personajes no deben hablar de cosas que ya saben. Resulta muy artificioso y suele “cantar” que lo están haciendo para el espectador.

Pero aquí eso ocurre en tantas ocasiones que se convierte en parte del estilo narrativo de la película. Sin las recapitulaciones, Serpico no podría haber sido contada en menos de cuatro horas. Tendría que haberse rodado una serie de televisión. Sin embargo, el recurso funciona. Encima, es un peliculón. Y dudo que a un espectador normal le resulte artificioso tanto “repaso”. Seguramente ni lo notará.

Como veis, no se trata de una observación muy trascendental. Pero sin embargo, a mí me resulta útil. Me ayuda a pensar. Y espero que también me ayude a escribir y que cuando me encuentre con la necesidad de resolver elipsis “gordas” me atreva a aplicar las lecciones de Serpico.

La mayor parte del tiempo esas son las cosas que apuntas en tu libreta tras pausar el DVD. Cosas pequeñas, sin importancia, que normalmente no merecen ni dos líneas en un manual de guión. Pero esas cosas son las que acabas necesitando para escribir tus guiones. Y la única manera de entender (entender de verdad, interiorizándolas) cómo se usan es ver cómo las han utilizado antes los demás.

Así por lo menos, cuando un productor te diga que tus personajes nunca deben “recapitular” lo que el espectador no ha visto pero sin embargo ellos ya conocen, podrás tirarte el rollo y poner de ejemplo Serpico y recitarle la ristra de premios que recibió el año de su estreno, recordándole de paso su categoría de clásico policiaco indiscutible.  Seguramente no te servirá de mucho. Pero lo mismo a lo mejor le impresionas un poco.

Eso si no te contesta: “¿Serpi… qué???”.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 16 de noviembre de 2010)

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