FLASHBACK: PUES NO SÉ QUÉ DECIRTE

David Muñoz

En mi última entrada antes del verano me despedí dudando si regresaría o no a Bloguionistas. Y como estáis viendo, he vuelto, pero… vuelvo por los pelos y vuelvo distinto (aunque no sé si mejorado). Como sigo andando fatal de tiempo, intentaré obligarme a redactar textos más cortos. A ver si esta vez lo consigo. Además,  voy a dejar de escribir definitivamente el tipo de entradas que publiqué aquí al principio bajo el título común “A veces olvido que…” –y que algún lector califico acertadamente como “didácticas”- para empezar a hablar no de lo que sé, sino DE LO QUE NO SÉ. O, en todo caso, de lo que no tengo del todo claro.

Supongo que les ocurre a todos los guionistas: hay muchos temas importantes a la hora de escribir historias sobre los que no tengo una opinión rotunda; o sobre los que pienso de una manera diferente dependiendo de en qué momento mental guionístico (y también personal) me encuentre.

En principio tengo la intención de escribir varias entradas así. Ya veremos cuantas. De momento, esta es la primera:

¿Lo explico o no lo explico?

En Agosto empecé a escribir un guión de cine fantástico. No me lo ha encargado ningún  productor y según está el patio no sé si llegaré a venderlo, pero llevaba pensando en la historia varios meses y una mañana me levanté con ganas de hincarle el diente y me puse a escaletarlo. Como he dicho antes, últimamente no ando muy sobrado de tiempo, así que es probable que tarde un poco más de lo que acostumbro en terminar el primer borrador del guión (que, como ya creo que he comentado aquí, suelo intentar escribir casi del tirón;  sea malo o regular me sirve de base para las reescrituras posteriores, que siempre suelen llevarme mucho más tiempo). Pero además, hay otra cosa que me ha frenado un poco. Y es que no tengo muy claro hasta que punto tengo que explicar o no los porqués de la premisa fantástica alrededor de la que gira toda la historia. Afortunadamente, mi premisa no es ni mucho menos tan complicada como la de por Ej. “Origen”, en la que Christopher Nolan no tiene más remedio que dedicar la primera parte de la película a detallar las reglas que rigen el mundo de los “ladrones de sueños”, pero aún así, dado que es una historia que pertenece a un subgénero con el que ya todos los espectadores están muy familiarizados pero que luego resulta no serlo gracias a una última vuelta de tuerca que espero que no se vea venir, me da miedo que de faltar esas explicaciones, algún productor lea la escena final sin entender porqué las cosas están pasando como están pasando. Y si esa escena no se entiende bien estoy jodido. Además, en el caso de que se rodará la película, yo no voy a contar con cientos de millones de presupuesto para que incluso esos espectadores que no se enteran de na’ se entretengan viendo explosiones.

Estaba pensando en todo esto cuando empecé a leer este libro:

Se trata de una recopilación de entrevistas con aproximadamente una veintena de guionistas en las que estos hablan con una franqueza bastante inusual sobre cómo escribieron una de sus películas, pero también sobre sus carreras y sus métodos de trabajo. Las entrevistas están muy bien hechas (da la impresión de que el trabajo previo de documentación que hizo su autor fue exhaustivo; por Ej. cuando se trata de una película basada en una novela, conoce tan bien el guión como el libro original), y como los guionistas elegidos no solo son de diferentes nacionalidades –está Fernando León, por Ej.- sino que tienen maneras de ver la profesión muy diferentes entre sí, resultan aún más interesantes.

Pues bien, uno de los entrevistados es el guionista y director Michel Haneke. Y justo estaba yo pensando en qué contar o no en mi guión, cuando leí su entrevista, en la que, entre otras cosas, cuenta porqué tiende a explicar tan poco (por no decir nada) los porqués de lo que ocurre en sus películas. De acuerdo a Haneke, las explicaciones son “mentiras”. Para él, “Las explicaciones son limitaciones, y cada limitación es una mentira indirecta. Dan la impresión de que en 90 minutos o en 200 páginas de un libro puedes explicarlo todo. (…)” “(…) La televisión y las películas de género tienden a explicarlo todo (…) para que puedas ir y verlo y luego salir otra vez sin  verte afectado por ello al mismo tiempo que piensas que el mundo está bien. Pero el mundo no está bien. El cine es una forma de arte y por tanto no puede hacernos pensar que el mundo está bien”. Según el director austriaco, esa es la forma de pensar “americana”, que busca tranquilizar a la gente, a modo de un reportaje periodístico que explica la motivación de un criminal una vez este es atrapado por la policía.

Y aunque mi guión es un drama fantástico con toques terroríficos (una de esas películas de género que supuestamente lo dan todo mascado), además de parecerme muy interesantes, las palabras de Haneke me hicieron reflexionar un buen rato.

Desde luego, en la vida “real” el horror que nos produce saber que por Ej. se ha producido un crimen sin que haya nada que lo justifique o lo explique es mucho mayor que cuando ese mismo crimen es “explicado”. El criminal que mata al azar, el psicópata, es mucho más aterrador que el sicario que tiene un objetivo. Todos sentimos que  podemos ser víctimas del psicópata, pero no así del sicario (o eso esperamos al menos…). Y también pensé que puede que lo mismo ocurra en la ficción.

Pero según fui pensando más en ello me vinieron a la cabeza más y más ejemplos que no encajaban con su teoría. Porque muchas veces los reportajes periodísticos explican poca cosa (o lo que explican perturba más aún, como en el caso de los crímenes del “asesino de la baraja”; la “explicación” no fue nada tranquilizadora, cualquier madrileño podía haber sido su próxima víctima, y no había un trauma que justificara su locura, una relación obvia de causa y efecto); e incluso en el cine de género moderno –me refiero al de terror, que es al que alude Haneke-, las historias a lo Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) parecen haber pasado un tanto de moda y abundan los ejemplos de largometrajes en los que la explicación del porqué del horror, de su origen (o de la conducta del malo, por decirlo de otra manera) es que no hay explicación. En ese sentido son poco o nada tranquilizadoras. Y tampoco me refiero solo a películas recientes como The Strangers (Byran Bertino, 2008) (sospecho que paradójicamente además muy influida por Funny Games de Haneke). Una de las razones por las que una de mis películas preferidas, The Hitcher (Robert Harmon, 1986) quedó fijada en mi memoria cuando la vi por primera vez siendo adolescente (en una copia malísima en VHS, por cierto) fue precisamente porque no daba ninguna explicación que justificara el comportamiento del aterrador personaje interpretado por Rutger Hauer.

Luego, ¿seguro que dar explicaciones tranquiliza siempre? ¿Saber que ese vecino que parecía tan majete sufrió abusos siendo crío y ahora se dedica a violar mujeres en el parque de su barrio nos deja más tranquilos o nos mete el miedo en el cuerpo? ¿No nos recuerda –una vez más- que cualquiera, aunque parezca “normal” puede llegar a convertirse en depredador de otros seres humanos?

Y, si no se dan, ¿no estamos escribiendo un émulo cinematográfico de la primera noticia que se publica en la página web cualquier periódico sobre un crimen? Justo estaba escribiendo estas líneas cuando he leído esta noticia en la web de El País*. ¿Cómo sería una película de Haneke basada en la historia del francotirador de Bratislava? ¿Comenzaría con su primer asesinato y terminaría con su muerte a manos de la policía? ¿No contaría nada más? Pues me temo que no, porque Haneke también dice que odia los flashbacks que de nuevo se usan para dar explicaciones sobre los “porqués” de un personaje.

¿Por qué es más interesante o más adulta esa mirada “desde fuera”? ¿No es un tanto pueril ese empeño en impactar, o, como lo define Haneke “abrirle los ojos al espectador”? ¿Seguro que los abre o todos esos ojos ya estaban abiertos y lo que está haciendo es predicar al converso?

¿No es precisamente uno de los privilegios de la ficción, y una de las cosas que más nos atrae de ella, la capacidad para profundizar en el horror, para intentar entender, especialmente ahora, cuando vivimos asaltados las 24 horas del día por titulares tremebundos o reportajes de dos minutos que nos cuentan poca cosa (“Llegó y se lió a tiros”) y que casi siempre olvidamos al día siguiente?

No sé, ya os digo que es un tema que no tengo nada claro.

Ni siquiera estoy muy seguro de que sea mejor explicar las cosas o no explicarlas en películas que no buscan horrorizar o impactar a sus espectadores. Recientemente he terminado un artículo para un libro que se publicará dentro de muy poco explicando que creo que una de las razones de la longevidad de Los inmortales (Russell Mulcahy, 1986) es lo poco que se explica en ella sobre el origen de los inmortales (todo lo contrario que en la innecesaria y horrible secuela estrenada cinco años después). Las películas con un cierto halo de misterio siempre fascinan más que las que revelan todos sus mecanismos a las claras.

Pero también sé que muchas veces esa es la excusa de los guionistas perezosos y que una de las tareas más difíciles a las que se enfrenta habitualmente un guionista de cine fantástico es justificar la premisa sobrenatural de su película. Siempre me queda la duda cuando ve una película en la que nada es explicado: ¿no se ha hecho porque no se ha querido… o por qué no se ha podido debido al lío en el que se había metido sin querer el guionista? ¡Que fácil sería no tener que explicar nunca nada y poder lanzarse libremente a desarrollar la trama, preocupándose únicamente de los personajes y su relaciones, obviando las reglas del mundo en el que viven!

En fin… un lío.

Lo malo es que sospecho que o bien eres Haneke (y te has ganado el derecho a ser abstruso), o casi siempre acabas por no tener más remedio que dar más explicaciones de las que querrías. Así que a lo mejor no debería estar dándole tantas vueltas a estos temas. Total, quiera o no quiera al final acabaré explicándolo todo…

*Ha pasado una semana desde que escribí ese párrafo y no he vuelto a encontrarme con ni una sola noticia más al respecto. Al final, sí que ha sido una película de Haneke.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 7 de septiembre de 2010)

6 respuestas a FLASHBACK: PUES NO SÉ QUÉ DECIRTE

  1. Manolo dice:

    Yo creo que sobre todo el género fantástico trata sobre los efectos de una perturbación en nuestra visión de la realidad. Y esa perturbación la puede provocar el ataque de un psicópata o aliens, o enfermedades tremebundas sobre las que podremos dar explicaciones completas o no; pero lo cierto es que resulta mucho más interesante el efecto de dicha perturbación que el origen de la misma.

    Si coges, por ejemplo, El Resplandor o Los Pájaros, resulta muy curioso como Kubrick prácticamente pasa de dar explicaciones para centrarse en contar cómo su protagonista se hunde en la pura maldad (algo que a Stephen King, que si había dado explicaciones, no le gustó); y Hitchcock plantea la perturbación y la desarrolla sin molestarse en explicar nada, e incluso presenta a una científica que, muy científicamente, deja bien claro que todo resulta inexplicable.

    Hitchcock, además, tiene la que yo creo que es, o casi, la teoría fundamental sobre este tema. Casi todos la conocemos, pero aunque le damos la categoría de maestro al tito Alfred, sólo hay que ver a Shiamalan y cómo se empeña en explicarlo todo y, a mi parecer, la caga.

    ¿No os parece que necesitamos más Macguffins?

  2. unoquesoyyoytal dice:

    Yo creo que una cosa es explicarlo y otra distinta es saberlo, si lo sabes empapa todo, lo que se dice y lo que se hace, sin necesidad de explicarlo.

  3. Huérfano dice:

    Antes que nada, la película debe ser INTERESANTE. Pero claro, ¿qué hace a una historia interesante?

    Como espectadores, cuanto menos sepamos, más preguntas nos haremos. Pero necesitamos saber lo suficiente de la historia para que suscite nuestro interés.

    En fin, lo dejo, que me estoy liando y no lo veo claro.

  4. Oujia dice:

    Explicar sin pareccer que lo estás explicando, yo creo que se trata de eso, no? sea lo que sea yo creo que el guionista sí debe saber la explicación otra cosa es que luego decida explicarlo al espectador o no… Ejemplos de ambas posturas hay en el cine a cientos…Y buenas películas, por cierto…. ( y luego dicen que escribir terror es fácil :-(

  5. El osito Teddy dice:

    ¿En qué fecha dijo esas declaraciones? Es lo más interesante, porque ya sabemos que La cinta blanca es una contradicción total a lo que sostiene.

  6. Sugel dice:

    Michael Haneke dice que La cinta blanca no es una explicacion del nazismo…. En una conferencia organizada por La Cinematheque de Paris que inicia un ciclo dedicado al director Haneke destaco que lo que intenta transmitir en la cinta ambientada en un pueblo de Brandeburgo la vispera del estallido de la Primera Guerra Mundial es que cuando no se tiene ninguna salida se agarra la primera opcion que permite a uno salir de esa situacion .

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