HOLA, ¿QUIERES FOLLAR?

29 septiembre, 2011

por Sergio Barrejón.

 

El año pasado escribí dos guiones de largometraje. Sin entrar en muchos detalles, diré que ambos tienen bastantes elementos para ser considerados vendibles, y los dos están razonablemente bien escritos, se leen bien.

No soy un guionista de relumbrón, pero tampoco tengo mal curriculum. No he hecho la carrera diplomática, pero puedo escribir una carta comercial más o menos decente. No habré escrito “Instinto Básico”, pero lo que envío es material profesional y presentable. Pero no he vendido una escoba. Tampoco es que haya bombardeado a las productoras con mis guiones. Se los he presentado a cinco o seis, nada más. Y no es que haya recibido un silencio glacial, la mayor parte han contestado. Pero todas han contestado que no.

Naturalmente, esto puede significar muchas cosas. Por ejemplo, que mi perspectiva es equivocada, y los guiones son un par de mierdas secas. O quizá simplemente no he encontrado mi media naranja y debo seguir buscando. Quizá no es el momento para este tipo de proyectos, y dentro de dos años me los quiten de las manos.

Todo ello es posible. Pero me parece más razonable hacer una reflexión constructiva. Considerando que los guiones son decentes, ¿qué podría hacer yo para venderlos mejor?

Y he llegado a la siguiente conclusión: lo peor que uno puede hacer para vender un guión es enseñar el guión. Creo, desde mi experiencia, que enviar guiones a productoras antes de que te los hayan pedido de manera específica es un error de marketing. Independientemente de tu curriculum, de la calidad del guión, o de la sintonía que pueda haber entre la productora y el tipo de película que intentas venderles.

De hecho, estadísticamente es casi imposible que un guión que has escrito en tu casa, salido de tu cabeza, sin que nadie te lo encargue, vaya a encajar justo con las necesidades de una productora que no te conoce y no está al tanto del proyecto. Las empresas funcionan según planes preestablecidos. Desarrollan proyectos desde el principio. Llegar tú con un guión debajo del brazo y que sea justo lo que buscaban es tan difícil como clavar el dardo en el centro de la diana con los ojos vendados, y sin saber dónde está la diana. Ni el dardo.

Entonces ¿qué hacemos?, me dirá alguno. ¿No escribimos guiones hasta que no nos los encarguen? No exactamente. Muchos guionistas, entre los que me cuento, necesitamos escribir ciertas historias. Es una necesidad personal, casi física. Lo que yo digo es que, una vez escritas, hay que desarrollar una estrategia completamente distinta al “soy Fulanito, tengo un guión. ¿Te lo envío?”.

Antes he dicho que es un error de marketing. En realidad, es un error de protocolo. Voy a poner un ejemplo de mal protocolo: entras en un bar. Te acercas a una chica que te gusta. Le dices: “hola, soy Fulanito, mi pene mide veinte centímetros. Tengo una erección fácil y duradera. Puedo bombear durante tres cuartos de hora antes de eyacular. Y mi período refractario no supera los cinco minutos. Si te quedas con ganas, podemos repetir. ¿Follamos?”

Me explico, ¿no? Los datos en frío puede que sean positivos. Pero nadie quiere datos en frío. El protocolo dicta que el apareamiento tiene un ritual previo. Un tiempo en el que ambas partes tienen la oportunidad de evaluarse mutuamente y calcular si el acoplamiento tiene visos de salir bien.

Creo que con los guiones pasa lo mismo. Para un productor, entrar a desarrollar un guión, no digamos ya producir una película, es como irse a la cama contigo. Durante meses. Si quieres conseguir eso, no entres en su oficina con la polla fuera. Dile que lleva un bonito vestido.

Hemos hablado muchas veces del pitching en este blog. Siempre enfocado como una técnica de venta. Lo es. Y la más importante. Pero por encima de eso, es puro protocolo. Buena educación. Saber estar. Si quieres vender tus guiones, aprende a hablar de ellos tranquilamente. En cualquier circunstancia.

Por encima de nuestras categorías profesionales, tanto guionistas como productores somos personas. Todos disfrutamos de una historia bien contada. Pero no siempre se dispone de tiempo para leer cien páginas de guión. Cien páginas llenas de términos específicos como “exterior noche” y demás. Leer un guión requiere poner la mente en modo “trabajo” durante hora y pico. Y cuando el guión ha llegado de un modo poco protocolario, la lectura se suele hacer de manera muy crítica, buscando razones para decir “no”.

Sin embargo, leer un email breve se hace en un minuto. Si está bien escrito y contiene el germen de una historia interesante en un par de párrafos, es más plausible que el lector quiera saber cómo acaba. Lo mismo ocurre en un cóctel, en una charla antes de un estreno, en el hall de un hotel durante un festival, etc. Todo el mundo necesita guiones, pero a nadie le sobra el tiempo.

Así que trata de contar tus historias con ligereza. Trata de ser capaz de contársela (o al menos presentársela) a alguien en el tiempo del que disponga ese alguien. Y trata de captar su atención con los elementos propios de la historia, no con sus supuestas cualidades comerciales o artísticas. A nadie le interesa cuánto mide tu pene. Y en caso de interesarle, ya te lo preguntaría, descuida.

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Dos cosas más: hoy es el último día para inscribirse en mi masterclass RECURSOS PARA GUIONISTAS EN INTERNET, mañana por la tarde en Santiago de Compostela. Más información en la página de Facebook de la asociación gallega de guionistas.

Y recuerden que los Bloguionistas al completo empezamos la semana que viene un curso sobre EL TRABAJO DE GUIONISTA EN ESPAÑA. Será los miércoles de octubre y noviembre en Hotel Kafka (Madrid). Más información en la página de Hotel Kafka.


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