LAS COSAS QUE HEMOS VISTO (y 4)

2 octubre, 2011

Por Daniel Castro

Acabo el repaso de las cosas que he visto el último verano. Esta vez son cuatro películas.

“La piel que habito“, de Pedro Almodóvar

Me resulta difícil escribir sobre esta película. No sé si me gustó o no. Tampoco sé si me angustió o no. Sé que sentí algo extraño cuando apareció un personaje disfrazado de tigre. Era una mezcla de vergüenza ajena y sorpresa incrédula. Era un personaje parecido al Paul Bazzo de “Kika” o al Ricky encarnado por Banderas en “Átame”: un semental con antecedentes penales.

Se suele hablar de las explícitas referencias que incluye Almodóvar en sus películas: una escena robada a “Opening Night” de Cassavettes, un diálogo de Johnny Guitar, una coreografía de Pina Bausch o unas esculturas de Louise Bourgeois. En algunos casos, esas referencias culturales pueden resultar algo irritantes (creo que el concierto privado de Caetano Veloso en “Hable con ella” es difícilmente soportable por una mente sensible).

Atención, espoilers a partir de aquí.

“La piel que habito”  empieza como una especie de thriller terrorífico, protagonizado por un inverosímil cirujano plástico en una increíble mansión de un improbable Toledo. La película, acaba, sin embargo, como el drama de un hombre literalmente encerrado en el cuerpo de una mujer. Lo mejor de Almodóvar es, en mi opinión cómo, utilizando géneros convencionales, acaba contando historias absolutamente personales. Almodóvar puede ser, según la opinión de cada uno, un buen guionista y director o uno muy malo. Pero, eso no lo discutirá nadie, es, desde luego, diferente. Personalmente, opino que ya hay muchos guionistas y directores que pretenden hacer las cosas de manera académica.

“El hombre de al lado“, de Cohn y Duprat

Es una largometraje argentino que demuestra una verdad muchas veces olvidada: hay películas argentinas en las que no aparece Darín. Y no todas son obligatoriamente malas.

Como sugiere el título, la película va de un problema entre vecinos. Un prestigioso diseñador ve cómo el vecino de al lado va a hacer una fea ventana que dará al salón de su propia casa. El pedante protagonista intentará evitar esa intromisión en su intimidad. Para ello, se verá obligado a tratar con el vecino, un tipo de clase mucho más baja, a veces entrañable, otras inquietante, y siempre rocoso.

Con un tono que varía entre la comedia y el drama, la película explota todas las posibilidades de un conflicto aparentemente tan nimio. Acaba por convertirse en una pequeña metáfora sobre la lucha de clases, la incapacidad de las élites culturales para relacionarse con las clases  populares, el fracaso de la cultura, la incomunicación…

“Historias extraordinarias“, de Mariano Llinás

Es otra PASD (Película Argentina sin Darín). Pero eso es todo lo que comparte con la película anterior.

Si “El Hombre de al lado” es una inteligente película pequeña, casi minúscula, “Historias extraordinarias” es un proyecto monumental y desquiciado. 245 minutos, dividos en tres películas diferentes, narradas por una torrencial voz en off. Historias épicas, misterios, venganzas, tres narraciones principales que se bifurcan y vuelven a bifucarse de nuevo. Lo mejor de “Historias Extraordinarias” es, para mí, la pasión por la ficción, por narrar, que desprende cada uno de sus fotogramas. Lo mejor de “Narraciones Extraodinarias” es que existe. Y lo hace gracias a un tipo llamado Mariano Llinás que invirtió en ella muchísimo trabajo y muy poco dinero; sólo 30.ooo dólares. (No puedo imaginar cómo consiguió rodarla con ese dinero, teniendo en cuenta que es una película de aventuras, con crímenes, escenas de guerra e incluso un viaje a África). Aquí podéis ver una entrevista con Llinás en la que habla con Alan Pauls sobre su epopeya.

La película apenas se ha exhibido comercialmente (se proyectó durante largo tiempo en el museo de arte contemporáneo MALBA de Buenos Aires). Puede verse, eso sí, ilegalmente, aquí. Así la he visto yo. Si alguien quiere detenerme por ello, puede hacerlo. Imagino peores motivos para ir a la cárcel.

Aquí, la primera secuencia de la película, que me dejó pegado al asiento.

“Todo está perdonado” de Mia Hansen – Løve

Como la anterior, “Todo está perdonado” sólo puede verse en España por Internet. Es la ópera prima de Mia Hansen Løve, de la que ya hablé aquí por “Le père de mes enfants”. En este caso, por vía legal, aquí, en Filmin por sólo 1’95 euros.

Aunque me gustó un poco menos que su segunda película, en “Todo está perdonado” ya aparecen todas las mejores cualidades de Mia Hansen Løve. Mientras algunos directores y guionistas se hacen presentes en cada plano, en cada giro de la trama, en cada frase… otros consiguen una mágica invisibilidad. Se disuelven en la historia y logran que al espectador le ocurra lo mismo. Viendo una película de Mia Hansen Løve uno siente que está viendo la vida. Todo es de verdad. Los personajes se desplazan y actúan con fluidez. Cada gesto, cada acto transmite nueva información, sorprendente pero coherente. Todo es narrado sin énfasis, con una inmensa naturalidad. ¿Cómo consigue llegar a esta sabiduría una mujer de menos de treinta años?

Creo que parte de su secreto está en que conoce los asuntos que trata en sus películas. Para “Le père de ses enfants” se basó en un productor al que conoció. Para “Todo está perdonado”, en el caso de su tío heroinómano.

Pienso que para contar historias diferentes y originales, lo mejor es basarse en lo que uno ha vivido de cerca. De esto y algunas otras cosas intentaré hablar en el curso de Bloguionistas, en Hotel Kafka. “El cine y/o la vida. La aventura de la autoproducción”. Allí proyectaré una secuencia de mi pequeña peli “Ilusión”, que está aún en montaje. Me encantaría veros por allá.


FLASHBACK: LA COMEDIA ES EL TRUCO

2 octubre, 2011

Por Guillermo Zapata

Afronto desde hace semanas la escritura de una comedia. La afronto, porque de alguna manera tengo que llamar a eso que hago de abrir el Celtx, releer lo escrito y huir a escribir algo dramático y llorón. A raíz de mi cobarde y patética actitud he empezado a darle vueltas a ese tópico (cierto) de que escribir comedia es lo más difícil del mundo.

Vamos a dejar de lado las consideraciones socio-históricas y los contextos culturales (que por otro lado, tanta importancia tienen para escribir una comedia) y vayamos a la mera técnica. A enfrentarse al trabajo concreto. ¿Por qué es más difícil escribir comedia que escribir drama?

Lo primero que se me ocurre es que la comedia, como casi todo lo que tiene que ver con el goce, no está tan estudiado como el drama. Digamos que el drama se considera “lo normal”, así que los manuales de guión hablan de como hacer eso que es normal y luego, una subsección de ellos, habla de las comedias. O sea, que hay menos escrito, menos talleres (aunque ahora va habiendo más) De entre lo escrito, mi favorito es y será siempre el maestro Vorhaus y su nunca-suficientemente-bien-valorada-teoría de “Dolor+ Verdad”.

El segundo motivo es que, al estar menos teorizada que el drama, se ha entendido que es algo natural, que no necesita preparación y que, si tienes suerte y talento, “sale sola”.

Creo que ésto se debe a que confundimos “ser ingenioso” con “hacer reír”. Me explico, el ingenio es una cualidad que tienen algunas personas y que se desarrolla en contextos sociales. Los grandes bromistas, insultadores y bocazas lo son en relación al resto. Esto muy poco (o nada) tiene que ver con sentarte a solas delante de un teclado o un cuaderno y escribir algo que, a posteriori, tendrá gracia.

De hecho, mucha gente es capaz de ser ingeniosa “en diferido” (O sea, escribir personajes ingeniosos) y eso no quiere decir que sean grandes comediantes. Aaron Sorkin escribe diálogos llenos de ingenio y no por eso es capaz de hacerte reír (Si hay alguien que se haya reído viendo El Ala Oeste de la Casa Blanca o Studio 60- especialmente Studio 60, que debería hacer reír- que levante la mano)

La clave es, creo, que el ingenio suele aplicarse a los diálogos. Y los diálogos no son la comedia. Puede que haya grandes comedias que apoyan parte de su humor en los diálogos, pero no es lo fundamental.

Lo que sí es necesario es la violencia. Sin violencia (Sin dolor, que diría Vorhaus) No hay comedia. La violencia viene de la situación, de la estructura. Escribir comedia es construir situaciones de comedia. Personajes de comedia también, si. Pero sobre todo, situaciones de comedia. ¿Y que es una situación de comedia?

Se me ocurre que una buena definición podría ser: “Una situación de comedia es una situación dramática intervenida, variada”. Esas situaciones se dan en la vida real (pocas veces) o se pueden inventar (la mayoría)

Mi “situación de comedia real” favorita me sucedió hace años. Fuí a casa de mi ex-novia al poco de terminar nuestra relación para coger algo de ropa. Llegué y ella estaba en el salón. La conversación que tuvimos fue fría y dolorosa. Yo quería salir de allí cuanto antes así que fui a por una bolsa de plástico a la cocina (En mis nervios generalizados no había cogido nada para llevarme la ropa) y agarré la primera bolsa que encontré. Empecé a meter ropa en ella y descubrí que era una bolsa de CDs de la Fnac. Una bolsa enana, en la que apenas cabían un par de calzoncillos y unos calcetines. Avergonzado, preferí escabullirme que afrontar la petición de una segunda bolsa.  Dije adiós y me fuí a la calle. Sentado en un banco, con mis calzoncillos rebosando la bolsa y echo polvo por lo sucedido tuve tiempo de pensar “Yo aquí sentado con los calcetines en esta puta bolsa es algo que tiene bastante gracia”.

Si cogemos esta situación y le quitamos los elementos cómicos (o hipotéticamente cómicos) se vuelve una situación dramática. Lo que define su comicidad son los elementos que la “varían” de una situación dramática normal.

Si esta historia no fuera completamente real yo habría tenido que inventarla (o algo diferente que tuviera gracia) colocándole a la situación dramática los elementos necesarios para que tuviera gracia.

Es decir, que el drama es contar las cosas tal y como las vemos y la comedia es intervenir en esas cosas hasta conseguir un efecto.

El drama aparece (y probablemente sea) algo mucho más sencillo de escribir porque se trata de contar algo tal cúal es. En la comedia no funciona así (Como probablemente no suceda así en el terror y, en general, en cualquier género que implique una intervención en una situación para conseguir un efecto concreto. En la comedia eres consciente de que estás haciendo una especie de trampas buscando que suceda algo. Creo que ese efecto de artificialidad es lo que le da su complicación. Porque cuando la comedia aparece en la pantalla no puede aparecer como artificial, tiene que ser tan normal como todo lo demás, pero encima hacer gracia.

Evidentemente, se puede hacer drama artificial, pero simplemente es un drama malo. Y se puede hacer comedia artificial, eso es una mala comedia. Pero yo no hablo de los resultados. Hablo del proceso.

Y en el proceso, sentado uno solo pensando en “hacer gracia”, esos trucos para hacer reír suenan más sucios, más falsos y más grotescos, que cualquier situación autocomplaciente, sobada y llorica de cualquier drama.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 21 de enero de 2011)


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