A.O.F (Adult Oriented Fiction). Parte 1

4 octubre, 2011

Por David Muñoz

Hace unos días, un amigo que no trabaja en esto me preguntó: “¿Por qué la gente habla tanto en algunas series españolas? ¿Por qué todos los personajes tienen esa facilidad para  abrir su corazón y contar cada dos por tres su vida y milagros?”

“Porque es la manera más fácil de generar minutos sin gastar demasiado dinero”, contesté.

Luego, le expliqué lo siguiente:

Como guionistas, nuestra obligación no es solo saber escribir un buen guión desde el punto de vista dramático, sino escribir un guión que pueda grabarse con el presupuesto del que dispone la serie para la que estamos trabajando.

Y, cuando los actores están en el plató y éste ya ha sido iluminado, atrezado, etc. (vamos, preparado para grabar), si quieres conseguir tres minutos es fácil tener a los personajes haciendo una escena de tres minutos largando en un mismo escenario que grabar una de un minuto, desmontar el chiringuito, volver a montarlo en otra parte y empezar a grabar de nuevo. En televisión, el tiempo es dinero. Y en los pocos días en los que se graban la mayor parte de las series -que recordemos suelen durar unos 70 minutos; casi como una película-, no se puede perder un solo segundo si se quiere cumplir el plan de rodaje.

Así pasa que para lograr conseguir esos 70 minutos lo única solución es escribir escenas largas. MUY largas. Y a falta de poder incluir acción, lo único que podemos hacer  es escribir diálogos de tres folios.

“Pero entonces… ¿por qué las series americanas no son así”?, replicó mi amigo.

Pues para empezar porque los capítulos de las series norteamericanas duran 40 minutos.  Y las nuestras, 70.

Dejando aparte temas de presupuesto (mucho más elevado en las series norteamericanas, por supuesto; allí, si hay un accidente de coche, a veces hasta se ve, no solo se habla de él), es cierto que el tiempo es el mismo para todos, especialmente sobre el papel, y que en muchos casos las series USA se graban en el mismo número de días que las españolas.

Pero 30 minutos más son MUCHOS minutos. Más de lo que dura una sitcom.

Y eso, en la escritura, en la estructura de los guiones, se nota.

Por Ej. el último capítulo que he visto de una serie de televisión norteamericana, el piloto de A Gifted Man, dirigido por Jonathan Demme (que sin ser nada del otro mundo –la historia nos la han contado ya mil veces- se deja ver bastante bien), tiene unas  35 escenas durante los primeros 20 minutos (que es cuando me cansé de contarlas). Así que supongo que en los 22 minutos que quedan por delante tendrá al menos otras 35, sumando un total de 70 y tantas. Y solo dura 42 minutos.

Sin embargo, un capítulo de la serie que estoy escribiendo en este momento tiene alrededor de 70 escenas y dará para 70 minutos de televisión. Vamos, que casi salimos a escena por minuto.

No es lo mismo.

Además, mientras que en el piloto de la serie de Demme hay un gran número de exteriores, en nuestra serie no hay ni uno solo. En ese aspecto, casi, casi, parece una sitcom. También hay más cortes en una escena de A Gifted Man, más posiciones de cámara, etc. Y todo eso contribuye a generar una mayor sensación de dinamismo, a hacer más entretenido el episodio.

Y os juro que el equipo de “mí” serie no da más de sí. Para que trabajaran más tendrían que darles anfetas con el bocadillo de media mañana.

Tampoco quiero que esta explicación suene a excusa para justificar plomos. Al espectador qué más le da todo esto. Pero hay lo que hay. Las dichosas “necesidades de producción” marcan la escritura de los guiones tanto o más que la intención de la gente que los escribe.

Pero hay algo que no le dije a mi amigo: lo malo es que las razones de producción no son solo las únicas que nos llevan a escribir esas escenas interminables de “dos se encierran en una habitación” y se cuentan la vida. Porque esas razones las puedo entender. Preferiría que pudiéramos hacer las cosas de otra manera, pero si no se puede, nada, tratas de escribir esas escenas de tres folios lo mejor que puedes y punto.

No,  lo malo es que últimamente son muchos los compañeros que me han comentado que las cadenas de televisión les piden que sus guiones sean más “adultos” y “maduros” (aunque también cuando quieren decirte que piensan que lo que has escrito no es para su público, te sueltan que tu guión es “como de la HBO”; supongo que es una manera elegante de decirte que les parece una mierda, de rechazarte halagándote).

Así dicho, lo de la adultez debería ser una buena noticia. Pero solo debería. Porque nosotros entendemos por “adulto” esto:

Y en realidad ellos están pensando en esto otro:

Ya veis, verbalizar continuamente los sentimientos y las motivaciones, y por tanto, no parar de hablar, es “adulto” para algunos (visto desde ese punto de vista, Robert Bresson debe ser algo así como el Walt Disney del cine de autor).  Por eso acabamos a menudo escribiendo culebrones que tratan por pasar (casi siempre sin conseguirlo) por ficción seria y adulta.  Culebrones acomplejados, además. Que se sienten avergonzados de serlo y casi nunca reconocen que lo son. Y todo lo esto lo digo sin querer dar a entender que el culebrón es un género a despreciar. Ni mucho menos. Me encantaría escribir uno de 300 capítulos. Debe ser apasionante (y agotador) mantener durante tanto tiempo el interés en una historia que consume material narrativo tan rápido. Pero por favor, que no le llamen amor cuando quieren decir sexo.

Lo más doloroso de todo esto es que los que además de escribir guiones nos dedicamos a dar clases a futuros guionistas, acabamos haciendo justo lo que les decimos a nuestros alumnos que no hagan jamás. Escribimos “mal”, y nos pagan (y aplauden) por ello.

Pero bueno… al fin y al cabo, a esto también le llaman los norteamericanos “Adult Oriented Music” (A.O.R.):

Y que conste que a mí hay grupos de A.O.R. que me gustan (que queréis, todos tenemos nuestra parte hortera…).

La semana que viene, más de lo mismo.

¡A.O.F. power!


A %d blogueros les gusta esto: