FLASHBACK: DE ALTAMIRA A FRANKENSTEIN, PASANDO POR DANI ÉCIJA

por Pianista en un Burdel

Leo en el siempre interesante Focoforo un hilo que abre así el muy ilustre Fanshawe:

Hoy me he desayunado con un artículo doble sobre la ficción en España publicado en El País. Uno es un texto sobre las quejas de los guionistas y creadores acerca de las exigencias de productoras y televisiones a la hora de hacer series:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/corse/aprieta/guionistas/elpepisoc/20100612elpepisoc_1/Tes

Ya sé que son cosas ultrasabidas por todos aquí y en otros mentideros (me encanta decir mentideros) de Internet, a saber: putas series de 70 minutos donde tiene que haber una familia, un desayuno grupal, un niño, un abuelo, un perro, dos adolescentes, etc; para todos los públicos que interese al abuelo y al nieto. Sí, todo eso lo sabemos pero a mí me resulta muy interesante y significativo que eso “que ya sabemos” ahora salga publicado en un periódico de tirada nacional, es decir, que pueda ser leído por un grueso de la población a la que los foros de internet les traiga al fresco.

Más interesante aún me resulta el artículo que escribe Daniel Écija, gran jefe indio de Globomedia, defendiendo el modelo de ficción nacional:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/patio/butacas/irrenunciable/elpepisoc/20100612elpepisoc_2/Tes

La retórica de Écija es la clásica “institucional”, con un punto paternalista y otro de “no tenemos más remedio, la gente demanda esto”: que si el público español es el que es, que si tenemos que intentar llegar a todos porque si no no hay rentabilidad y no se puede hacer ficción, que si la estructura de la TV de pago nacional no permite otro tipo de apuestas más arriesgadas…

Independientemente de filias y fobias, ¿cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes? Me gustaría escuchar la opinión del foro con un punto de seriedad sobre este tema, que ha salpicado otros hilos pero que creo que aquí queda muy resumidito, con el punto ese además de que El País decide colocarlo sobre una mesa más amplia que el debate de la red.

¿Se puede cambiar o ampliar el modelo de la ficción de series en España, señoras?

El hilo continúa como es habitual en un foro, incluso en un foro de cierto nivel como éste: yéndose por los cerros de Úbeda. Reconozco que lo he leído en diagonal y a toda velocidad, pero creo que nadie contestaba a la pregunta crucial del mensaje de Fanshawe:

¿Cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes?

Voy a aportar mi reducida experiencia y mi dilatada arrogancia para intentar contestar a esta pregunta con el punto de seriedad que demanda (y merece) Fanshawe.

Como la mayor parte de ustedes sabrán, hay muy poco margen de creatividad en el mercado televisivo de ficción español. Ése es el problema central. Como un día me dijo un amigo director, “yo no tengo ningún problema con el público. Mi problema es con los intermediarios que se empeñan en impedir que mi obra llegue al público tal y como yo la diseño”. El arrollador éxito que había tenido en sus proyectos independientes le daba la razón.

Pero no quiero perderme en digresiones pro-indie. ¿Por qué hay tan poco margen de creatividad en la ficción televisiva nacional? Porque 8 de cada 10 series se diseñan tratando de encajar en las demandas previas de una cadena. Y las demandas de las cadenas son increíblemente conservadoras.

El funcionamiento normal de una productora en contacto con una cadena incluye por un lado la propuesta de proyectos propios, vamos a llamarlos “originales”; y por otro, la propuesta de proyectos que responden a las demandas antes citadas.

“Antena 3 está buscando comedias juveniles.”

“Telecinco quiere hacer una serie con José Coronado.”

“Cuatro está buscando un formato… increíblemente barato.”

Cosas así.

La posibilidad de que un periodista con talento para la ficción se invente una serie policíaca increíblemente verosímil sobre los tejemanejes de la mafia que reina en el puerto de Barcelona o en los supermercados de la droga en Madrid y acabe colocándola en una cadena con gran éxito es absolutamente ínfima.

Y estoy tratando de ser optimista. Siendo realista, diría que ES IMPOSIBLE.

Y es imposible porque, sencillamente, las cadenas no quieren productos así. Las cadenas quieren productos que cumplan al menos dos de estas condiciones:

a)    Contener elementos clave de éxitos anteriores. Entre los cuales se valorará especialmente el estar protagonizados por actores de mucha fama (o por actores de medio pelo que la cadena ha decidido proteger, sabe Dios por qué).

b)   Presentar un contenido que no ofenda a determinados grupos de presión, ya que eso que podría comprometer la imagen pública de los patrocinadores que pagan la serie mediante la publicidad.

c)    Responder a las supuestas demandas del público, según estudios de mercado elaborados sabe Dios con qué criterio pseudocientífico (léase esotérico).

Esos son los tres pilares sobre los que se sustenta el sistema de valores de la ficción televisiva española. Y muy, muy pocas veces se verán en pantalla series que no responden a esos cánones.

Y por supuesto, no necesariamente saltarse esos cánones hace que las series sean buenas. (Sé que los trolls de turno van a fingir no haber leído esta frase, pero yo la dejo escrita: que cite algunas series como ejemplo de las que cumplen o no esos cánones, no quiere decir que me gusten, ni que me disgusten.)

La mayor parte de las series de Globomedia cumplen esos cánones. Es cierto que suelen contener algunas pasadas verbales, pero el habitual enfoque sainetero de su humor casi siempre evita que se sientan realmente ofendidos los lobbies más coñazo: ultracatólicos, ultrafeministas, ultrahomosexuales, ultra-andaluces/catalanes/vascos/gallegos/etc.

Algunas series que se han saltado parte de esos cánones con un éxito arrollador han sido, por ejemplo, las series de época de Televisión Española: Cuéntame, La Señora y Amar en Tiempos Revueltos. (Águila Roja no la cuento como serie de época básicamente porque la época se la inventan. Lo cual no juzgo ni como defecto ni como virtud.) Estas series de época han demostrado, por ejemplo, que el punto C de los mandamientos de la cadena es tremendamente peligroso. Cuéntame anduvo 7 añazos dando vueltas por las cadenas sin que nadie se decidiese a comprarla. “Porque la historia reciente de España no interesa a la gente.”

Pero hay otro supuesto, además de “series que no cumplen los cánones” y “series que las cadenas deciden comprar tras siete años considerando que no es el momento. Son las series que un productor con labia consigue venderles a pesar de sus reticencias.

Ésas son las peores. No quiero dar nombres propios, pero últimamente ha habido algunos castañazos sonados con series que partían de presupuestos completamente contrarios a los que configuran las series estándar. Series que trataban de desafiar el establishment en todos los ámbitos: entorno, personajes, formato, estética visual…

Y se estrellaron. ¿Acaso no se pueden rebatir los argumentos de Écija? ¿Acaso hay sólo una manera de hacer series en España? No lo sé. Pero tengo una cosa clarísima con respecto a los mandamases: si no les vendes la moto a la primera, no insistas. Casi nunca conseguirás vendérsela a la segunda. O también puede que tengas mucha labia y acabes convenciéndoles de hacer tu serie, sólo que… para entonces ya no será tu serie, y recordarás el viejo adagio de santa Teresa.

Será un Frankenstein. Una mezcla de elementos originales con injertos de clásica ranciedad españolaza.

La cadena aceptará ese entorno original, pero insistirá en meter con calzador a un actor rancio. Y creerás merece la pena ceder, porque un manchurrón no estropea Las Meninas.

La cadena aceptará esos personajes chocantes y controvertidos, pero insistirá en que haya un niño, o un abuelo, o un genio de la informática con ataques de verborrea, o cualquier otra imposición arbitraria camuflada de estrategia para enganchar a determinado sector de la audiencia. Y cederás, porque un mal suplente no estropea un buen equipo.

La cadena aceptará esa historia que no se parece a nada, y esa narrativa tan seca y exenta de melodrama… a condición de que estires los capítulos hasta 70 minutos y metas un par de subtramas: una que se parezca a determinado éxito, y otra que tenga algo de melodrama. Y cederás, porque una pequeña vía de agua no hunde un barco, si se achica agua a tiempo.

La cadena, en fin… aceptará que ruedes con estética cinematográfica y estará encantada con que tengas muchos exteriores, pero te dará un presupuesto que lo hará casi imposible. Y cederás, porque tu naturaleza aventurera hace que te estimulen los desafíos.

Y al final del proceso te verás con una serie que dura lo que las de siempre, que tiene a los actores rancios de las de siempre, con personajes y tramas rancios como las de siempre… y encima se ha hecho con menos dinero que las de siempre.

A mí me parece que el artículo de Dani Écija es muy muy muy interesado. Cita algunos datos para a continuación convertirlos en dogma. Una tesis tan sólida como “rellene la quiniela con los resultados de ayer.” Pero, ¿qué va a decir este señor? Él no es un creador, sólo es un mercader. Un mercader de muchísimo éxito, ojo. Un tipo que ha identificado UNA manera de hacer las cosas que tiene mucha aceptación en las cadenas. Y que ahora intenta, a través de las páginas de un diario amigo, decirnos tácitamente que la suya es LA ÚNICA manera de hacer las cosas. Esto, que sería absolutamente deprimente para cualquier creador, es estupendo para un vendedor. No hay que cambiar de medios de producción, no hay que pensar… sólo hay que darle al rodillo de imprimir billetes.

Personalmente, creo que Écija es un maestro en lo suyo. Un tipo astuto que sabe vender su producto con maestría. Pero igual que no me convencen algunas de sus técnicas para convencer a la gente de que no se vaya de Globo (“ahí fuera hace mucho frío”), tampoco me convence su artículo. No creo que el estilo Globomedia sea la única forma sensata de hacer televisión. Cierto que las cadenas viven una hipnosis colectiva según la cual Dani Écija conoce y administra la fórmula del éxito, con pocas excepciones (Bambú, Diagonal TV…)

Cierto que Globomedia también ha tenido pinchazos. Cierto que las cadenas no aprenden de sus errores, sino que tratan de repetir sus éxitos de una manera casi mágica. Su estrategia de supervivencia se asemeja a la de los pobladores de Altamira: pinta mamut, cazarás mamut.

Pero como en este negocio nada es una ciencia exacta, por definición, TIENE QUE HABER más maneras de hacer las cosas. Es sólo cuestión de tiempo. Cuando cambie la gente que maneja el cotarro hoy en día en las televisiones -cuya edad promedio también se asemeja a la de los pobladores de Altamira- cambiarán los prejuicios absurdos sobre “lo que interesa a la gente”. Tengamos en cuenta que los últimos años de éxitos continuos en TVE coinciden en parte con la llegada de gente joven a los puestos de responsabilidad en ficción, que ha apostado por maneras distintas de entender la ficción.

Cuando más gente joven, formada en ámbitos distintos al franquismo y el nacionalcatolicismo, ocupe los puestos de responsabilidad, es de esperar que equilibren un poco mejor la balanza entre creatividad y mercadotecnia. No hace falta que le den un vuelco, basta con poner cada cosa en su sitio: la gente con talento crea el producto, la gente con corbata lo vende.

Ése es uno de los secretos del éxito de Globomedia: su marchamo de calidad es tan apabullante, que la mayoría de las cadenas confían casi ciegamente en el producto, sin necesidad de intervenir significativamente en los guiones. Más o menos lo mismo que ocurre en las series de éxito de TVE. Si las cadenas se limitasen a contratar a buenos profesionales y les diesen un margen de creatividad razonable, minimizando sus intervenciones en texto y casting, y metiéndose sus estudios de mercado por donde buenamente les cupiesen, todos seríamos más felices.

Que es de lo que se trata. ¿No?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 17 de junio de 2011)

5 Responses to FLASHBACK: DE ALTAMIRA A FRANKENSTEIN, PASANDO POR DANI ÉCIJA

  1. yabadabadooh dice:

    Si las cadenas fueran más solidarias, si los ejecutivos se hicieran valer del mismo compromiso y empeño con el que consiguen engrosar sus arcas, si el hombre volara sólo con pensarlo y viviera en el mundo de la piruleta… tal vez luego creadores y destructores nos fundiríamos en un abrazo. Pero esta enemistad se erige des de su esencia: calidad vs rentabilidad, ambición artística vs ambición mercantil sin reservas, gasolina vs diesel etc… Dígase como se quiera, pero hay una oposición inmanente a la realidad, el choque de polos existe, en ese grado de síntesis, así de ilustrativo.

    En un post reciente cuestioné por qué no se producen y emiten capítulos de 30-40 minutos a pares (y de 20-25 en sitcoms) en este país. Aún no lo sé, debe ser complejo. Pero quiero incidir en esa idea: ¿Puede ser la extensión de los capítulos la panacea a todo este tinglado? Capítulos cortos y a pares. De ese modo la tiranía audiovisual obtendría su cupo de minutos (esos famosos 70) para alimentar a sus anunciantes y cubrir la codiciada franja del prime time. Tal vez luego, la jefatura de turno vería con buenos ojos que se diera cancha al riesgo narrativo (y a la supuesta calidad subsecuente). Creo que producir capítulos más cortos puede ser el margen de acción necesario para empezar a escarbar, el punto de partida.

    Al fin y al cabo, ellos sólo se preocupan de que llegue el dinero estimado a previo estudio. El vehículo en el que llegue no es de su interés, mientras el combustible sea rentable. La calidad no es un valor añadido, es algo trivial cuando se trata de ganar dinero, una irrelevancia en el proceso de producir rosquillas. Tal vez sería el momento de demostrar que las fórmulas para alcanzar el éxito no pasan por rellenar moldes, por perpetuar el convencionalismo, por ser políticamente correctos o por satisfacer a un público con gustos previamente procesados en los laboratorios de roble y moqueta, gustos también perpetuados y cuya validez como prueba de lo que ‘realmente le gusta a la gente’ empieza a oler a rancio.

    Convencer a los hombres de corbata de que un cambio de fórmula (episodios a pares, más cortos e igual de rentables) puede ser igual de viable económicamente, podría convertirse en una pequeña ventana hacia el cambio. Una pequeña parcela de libertad creativa donde la extensión de los capítulos fuera la coartada idónea para justificar las decisiones arriesgadas (montaje, escenas menos verbalizadas, dinamismo, etc..) y, luego, confiar en el talento, el trabajo duro y bien hecho, y (no está de más) rezar para que el éxito de los seriales de peso no se convierta en un nuestro sempiterno agravio comparativo…

  2. Malcom in the Middle of Nowhere dice:

    “Cuando más gente joven, formada en ámbitos distintos al franquismo y el nacionalcatolicismo, ocupe los puestos de responsabilidad…”

    Acabáramos: ¡la culpa de esto también la tiene Franco!
    Francamente, sorprende en usted un análisis tan simplón. Le recuerdo/informo de que en la época en que el asesino o sus acólitos posteriores imponían su dictadura sobre la televisión nacional se produjeron casi todas las series de las que cabe estar orgulloso en la historia de nuestra televisión, años en los que la tele no era solamente un medio de ganar dinero, y que, entre atrocidades casposo-idiotizantes (de mucho menor toxicidad que las actuales, todo hay que decirlo) se colaban maravillosas adaptaciones rodadas en cine, “Estudios 1” que incluían, al lado de Arniches o los Quintero, a Becket, Pinter, Gógol o Ibsen, y formatos televisivos donde cabía gente como Drove, Miró o Iván Zulueta, por decir tres nombres al tuntún. La prostitución del medio televisivo con la fuerza represiva del estado en aras exclusivamente de la cuenta de resultados de empresas extranjeras con ánimo de lucro es algo muy de nuestros días, nada que ver con ese pasado, tan deleznable por tantos motivos.
    Pero siempre es más fácil recurrir al “Qué grande es ser joven” (en el Corte Inglés), aunque no es difícil intuir qué esconde detrás. Con todo, le aseguro que en mi experiencia en un departamento de desarrollo de una cadena, si alguna vez llegó algún proyecto realmente loco, audaz, y al que desde nuestro humilde criterio podamos atribuir genialidad, vino de la mano de alguno de esos directores de cine y televisión que fueron grandes en aquellos días (y se la jugaban de verdad) y aunque figuran en las historias de nuestro cine, hoy se ven marginados tanto por la osadía de sus propuestas como por los privilegios que la bobaliconería o la mala intencion del “qué grande es ser joven” otorgan a eso que se llama “nuevos realizadores” o “jóvenes creadores”, cuya creatividad se les supone sin mucho fundamento, y cuya originalidad casi siempre se limita a malcopiar alguna serie americana de las nuevas que, por algún extraño motivo creen que sólo ellos han llegado a conocer.

    • Ya. O sea que a mi presunto “qué grande es ser joven” usted opone un ” cualquier tiempo pasado fue mejor”. Y me llama a mí simplón.

      Esas series de las que cabe estar orgulloso… ¿Las ha repasado últimamente? Porque yo, que tampoco soy exactamente un pimpollo, sí lo he hecho. Y oiga, qué cantidad de mitos caídos: qué realización de mierda, qué fotografía tercermundista, qué doblajes de a peseta…

      Y queda muy bonito citar Estudio 1, pero se olvida usted de un pequeño detalle: en aquella época, sólo existía TVE. Con un presupuesto prácticamente infinito, y sin competencia… ASÍ CUALQUIERA.

  3. Malcom in the Middle of Nowhere dice:

    Releyendo mi propio mensaje me doy cuenta de que quizás el tono peca de beligerante, espoleado por el recuerdo de una injusticia en alguien que uno admiraba, y eso justifica que su respuesta lo sea también. Eso no nos lleva a nada, solo quería
    reaccionar contra las generalizaciones que dan por resultado discriminaciones nada posiivas, cuando un ojo tras una cámara o una cabeza frente a un ordenador no tienen edad, ni sexo, ni religión, ni nada (que lo tenga luego su resultado ya es otra cosa). Me produce tanto rechazo que se margine a los mayores, a veces hasta maestros, igual que por ejemplo a los guionistas varones, que en las ayudas a guionistas del ministerio compiten por la mitad de las concesiones aunque son más del 80 por ciento de solicitantes, y que en caso de “empate” (curioso que se crean capaces de medir tan al detalle los méritos) encima llevan las de perder, y que eso se ponga por escrito y nadie diga nada…
    Por otro lado, comparar productos separados por varias décadas es juego sucio: su valor por encima del tiempo no puede juzgarse en función de logros técnicos (según eso, “Armaggedon” sería mucho mejor que “Stars Wars”), sino por lo que supusieron en el momento y en la sociedad de la que surgieron. Y en ese sentido, creo que ninguna serie actual tiene la fuerza que tuvo en su día “Los gozos y las sombras”, el abordaje de temas de radical actualidad de “Anillos de oro” o “Turno de oficio”, y por qué no, la sinceridad de la mismísima “Verano Azul”. (Por no mencionar que muchas de estas series sí que pasan la prueba del tiempo. “Fortunata y Jacinta” se repone en Cuba regularmente, por ejemplo).

    De todas formas, en su respuesta no responde a la pregunta: ¿de la mierda de televisión que tenemos, también tiene la culpa Franco? Es muy fácil luchar contra fantasmas mientras se mira a otro lado cuando los verdaderos ladrones de cuerpos (y almas) campan a sus anchas.

    • Regla dice:

      No sé si va a responderle Sergio, Malcom, pero ya le digo yo seguro que el tío Paco no puede tener la culpa de la televisión que se hace ahora. Ni de la buena, ni de la mala. Si no recuerdo mal murió en el 75, cuando yo era una niña. Si es que al final, van acabar echándole la culpa de todo al perro de Torrente. Como si lo viera.

A %d blogueros les gusta esto: