MÁS A.O.F. Y ALGUNOS BREVES

11 octubre, 2011

por David Muñoz

1.Y al final… el abrazo de grupo.

Al terminar de escribir mi entrada de la semana pasada, caí en que la serie cómica “Modern Family” es un buen ejemplo de cómo la duración de una historia (y todo a lo que te obliga esa duración), afecta a la percepción que acabamos teniendo de ella.

La estructura de la serie –al menos de los doce o trece episodios que he visto hasta ahora- siempre es muy parecida: hay entre tres o cuatro tramas que discurren en paralelo en las que los diferentes miembros de la familia protagonista (y sus respectivos hijos, parejas, etc.) se meten en un lío en el que normalmente sale a reducir la parte más negativa de su personalidad. Como en tantos otros ejemplos de formatos similares, son los defectos de los personajes los que ponen la comedia en marcha. Por Ej. a menudo el padre, que es un impresentable de cuidado, culpa a alguien de una de sus meteduras de pata y con sus intentos de hacer más verosímil su mentira, lo único que consigue es quedar como un verdadero cretino. Pero al final, haya pasado lo que haya pasado, la familia es capaz de perdonar y se mantiene unida. Al igual que los defectos de los personajes activan la comedia, sus virtudes  la desactivan. El amor puede con todo.

Sin embargo, imaginaros que os ocurrieran a vosotros las cosas que les pasan a los personajes de la serie… ¿estaríais dispuestos a fundiros en un fraternal abrazo final con el tipo que os ha estado amargando la vida hasta hace solo un momento? ¿Quién tiene esa capacidad sobrehumana para perdonar, para olvidarse de lo malo y quedarse solo con lo bueno? Pues me temo que solo los protagonistas de una comedia. A pesar de eso, nos lo tragamos. Además de factores psicológicos como que en el fondo la mayoría queremos creer que el amor puede con todo (da igual que la vida nos demuestre una y otra vez que no es así), creo que por lo menos en mi caso juega un papel muy importante la celeridad con la que ocurre todo. De los 20 minutos que dura un episodio solo cuatro o cinco (como mucho) están dedicados a ese final en positivo. Y creo que es así porque cuando ocurre lo mismo en un largometraje, mi sensación es muy diferente. No puedo evitar sentirme decepcionado e incluso aburrirme. Se estrenan demasiadas comedias  que tras dos primeros actos divertidísimos se olvidan de la comedia (y del gamberrismo) para resolver la historia en clave de drama moralista, revelándose en panfletos reaccionarios disfrazados de irreverencia. Corderos con piel de lobo. Pero pese a que “Modern Family” utiliza la misma estructura, la velocidad a la que pasa, o bien no me deja tiempo a pensar, o bien facilita que todo me moleste menos (también es cierto que en este tipo de series es inevitable que al final de cada capítulo las aguas vuelvan a su cauce para que todo vuelva a empezar de nuevo). En todo caso, estoy convencido de que si las mismas tramas durarán 70 minutos, al estilo español, y ese final que pasa visto y no visto se llevara 20 minutos, hace tiempo que habría dejado de ver la serie.

Me quieren haga lo que haga.

2. Más A.O.F.

Siguiendo con el tema de la semana pasada, “veamos” una escena del primer capítulo de la serie “A Gifted Man”.

Aviso, si queréis ver la serie, no sigáis leyendo. Este apartado de la entrada contiene abundantes “spoilers”.

El protagonista (MICHAEL) es un brillante cirujano. Un amigo suyo al que ha operado al principio del capítulo, acaba de morir por no cuidarse durante el posoperatorio. Michael también ha operado hace poco a un chaval, y en este caso las cosas han salido bien. En la escena habla en un muelle con el fantasma de su ex mujer (ANNA), que de vez en cuando se le aparece. Fue ella quién le pidió que operara al chaval.

La escena comienza con él leyendo en una tableta la noticia que ha aparecido en un periódico digital sobre la muerte de su amigo. Estamos en el minuto 36 del capítulo.

MICHAEL deja de mirar la tableta cuando ANNA se acerca a él. O más bien, se aparece.

MICHAEL

Sí, bueno… he operado al chico. Ependimona benigno. Limpiar y reseccionar totalmente. El chico va a estar bien.

ANNA

Bien, maravilloso. Gracias.

Ella mira la tableta.

ANNA

¿Lo conocías?

MICHAEL

Sí.

ANNA

Lo siento.

MICHAEL

(simulando indiferencia)

Es su culpa. Le salvé la vida y luego va y hace exactamente lo contrario a lo que le dije.

ANNA

Está bien estar triste, Michael.

MICHAEL

(irónico)

En serio, ¿está bien? Bien. No, no, es bueno saberlo.

ANNA

No, sé que estas cosas pueden ser duras para ti.

MICHAEL

Anna, no me has visto en diez años. No tienes ni idea de lo que es duro para mí.

ANNA

Siento que hayas perdido a un paciente.

MICHAEL

No era sólo un paciente. Era un amigo. Y no debería haber muerto. Ahora no.

ANNA

Créeme. Eso es algo que no puedes controlar.

MICHAEL

(derrumbándose)

No, no, hay una lógica, hay reglas, y las sigues. No sales, no te emborrachas, no te sueltas tu parche de un golpe…

(llorando)

No persigues balones por la calle*. Anna… no puedo manejar esto… no puedo.

Y Michael se marcha, dejando sola a Anna.

*Está hablando de la forma en la que murió Anna.

Ha pasado un minuto y 53 segundos desde que comenzó la escena. Y estamos hablando del clímax emocional del episodio, del momento de “quiebre” del protagonista. Aún así, los personajes dicen lo que tienen que decir y nada más. No hay bloques de diálogo largos y es más importante lo que no se dice que lo que se dice. El productor ha confiado en el texto, pero también en el trabajo de los actores y del director. No hacen falta más explicaciones. Y la escena funciona perfectamente.

¿Y por qué he elegido esta escena y no otra de una serie de la HBO por Ej.?

Pues porque “A Gifted Man” es una serie muy comercial con vocación de llegar a todo tipo de público, un melodrama “buenista” que busca continuamente tocar la fibra sensible de sus espectadores al precio que sea (en el segundo episodio, Michael opera un tumor cerebral y hace una cesárea… ¡a la vez!). No es precisamente “Treme”. En cuanto a intenciones, se parece mucho a la mayoría de nuestras series. Pero sin embargo, dudo mucho que si un guionista español escribiera una escena así, el productor no le obligara a reescribirla. Primero, sucede en un muelle que solo aparece una vez en el capítulo. ¿Sacas a los actores a un exterior y solo lo “aprovechas” para grabar minuto y medio? Imposible. O te escribes tres escenas de muelle u olvídate de él. Además… ¿no vas a aprovechar la escena para que conozcamos mejor a los personajes? ¡“Profundiza”, escríbete tres o cuatro folios en los que ambos abren su corazón y verbalicen todo eso que ahora transcurre en segundo plano! ¡No confíes en el director ni en los actores!  ¿Y por qué no de paso metes alguna frase ingeniosa, alguna metáfora rebuscada, alguna historieta que funcione como parábola de lo que sienten los personajes? ¿Por qué no escribes como un adolescente ñoño (o como un aficionado)?

Eso es el A.O.F.

Adultos escribiendo como adolescentes repipís.

Y es nuestro género preferido.

3.El éxito y el fracaso.

Hace un tiempo (creo que fue por Navidad, pero no estoy seguro), escribí una entrada en este blog intentando animar a todos aquellos que a pesar de estar intentándolo con todas sus fuerzas, no habían conseguido hacer realidad su sueño de convertirse en guionistas profesionales, ya sea integrándose en el equipo de una serie de televisión o vendiendo un guión de largometraje. Lo que venía a decir era que en la vida el azar juega un papel muy importante y que si las cosas no salen como uno quiere no hay que sentirse un fracasado ni darse de cabezazos contra la pared. Lo único que puede hacerse era dejar de exigirse tanto. Sobre todo si ese “tanto” corre peligro de acabar con tu salud mental. Y recuerdo que a algunos lectores de Bloguionistas le sentó muy mal mi texto. Según ellos, estaba diciendo que hay que aceptar la derrota sin luchar y estaba fomentando el derrotismo. Yo intenté aclarar en los comentarios que no era ni mucho menos eso lo que pretendía, pero me da que no tuve demasiado éxito. Y hace unos días precisamente un amigo guionista me envió el link a esta estupenda conferencia para TED del filósofo Alain de Botton (subtitulada en español) en la que habla de lo mismo que yo en mi entrada, solo que lo hace mucho mejor (y encima lo hace de forma bastante divertida). Aunque Botton no se refiere específicamente a aquellos que realizamos un trabajo creativo sino a todos los bichos humanos, creo que es inevitable sentirse aludido cuando habla del papel que juega la envidia en nuestras vidas.

También tiene que ver con cosas dichas aquí cuando de Bottom explica:

“Creo que la tradición occidental muestra una gloriosa alternativa (a la idea de que por fracasar eres un perdedor). Y es la tragedia. El arte trágico, como se desarrolló en los teatros de la antigua Grecia en el siglo V a.C, era en esencia una forma de arte dedicada a registrar cómo fracasa la gente, y también a otorgarles un nivel de simpatía que la vida ordinaria no les daría necesariamente”.

4. Una recomendación.

Este libro de David Mamet:

En el que entre otras muchas cosas interesantes, dice (y cito este párrafo y no otro porque está relacionado con el punto anterior):

“Muchos de quienes sueñan con una carrera artística, quizá casi todos, se retirarán no por los muy previsibles y muy encomiados inconvenientes –la crítica, la inseguridad en el empleo, los rigores del oficio, la volubilidad del público, la posible falta de talento-, sino porque no están capacitados para una vida de autodirección. La pregunta terrorífica para ellos no es: “¿Cómo puedo servir a mi oficio?”, ni siquiera, “¿Cómo me voy a ganar la vida?”, sino “¿Qué se supone que voy a hacer hoy?”. (…)”.

A veces el furibundo anti izquierdismo de Mamet resulta un poco cansino, y su pose de machote da un poco de risa (¡tiene amigos en las fuerzas especiales! ¡guau!) pero aún así, “Manifiesto” es un libro magnífico. Sobre todo porque da mucho que pensar. Es uno de los pocos textos sobre estos temas que realmente se merece el adjetivo “provocativo”*. Aunque sería aún mejor si se hubiera hecho una corrección más atenta de la traducción española. Abundan las erratas y algunos párrafos resultan pelín confusos.

*En el sentido que le da la R.A.E., o sea, que estimula y excita


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