CARTA DE UNA AMIGA DELINCUENTE

21 octubre, 2011

Queridos Bloguionistas:

Me llamo S. Soy una joven guionista que estudió en el TAI. Hace unas semanas fui al cine a ver la película de un amigo que también estudió allí. Han pasado varios años desde que ambos nos titulamos y a los dos nos ha costado muchísimo tiempo, sudor y esfuerzos conseguir materializar nuestras aspiraciones. Es por ello que cuando su película se estrenó fui al cine. Ya que era una pantalla enorme y la proyección era estupenda, decidí sacar una foto con mi teléfono para compartirla con mi amigo.  Era una sala enorme, fácilmente podía contar con 500 butacas, y había solo dos espectadores aparte de mi (era la primera sesión de un lunes). Solo pensé en que quizá molestase a esos otros dos solitarios seres, pero la ilusión que deseaba compartir con mi amigo y compañero de batallas era más grande que mi pudor.

Cual no fue mi sorpresa cuando apareció una vigilante de seguridad preguntándome que si estaba haciendo fotos. Yo, que soy de natural honrado, contesté:

-Si. Son para mi amigo, que ha trabajado en la peli.

-Salga conmigo, por favor.

-Si quiere le llamo y se lo paso.

Pero nada, la mujer se hizo a un lado mientras yo recogía mi foulard, mi bolso, mi mochila con el portátil y la botella de agua que estaba bebiendo y la seguí a la salida, donde intuí en la oscuridad el rostro avinagrado de la encargada y un hombre joven al que habían llamado, seguramente por si me resistía.

Salí con ellos de la sala al enorme vestíbulo, donde el rostro de la encargada se hacía aún más amargo y anguloso, como si fuera una peli expresionista alemana y ella fuera una especie de Nosferatu o la doctora Caligari. Tenía las comisuras de los labios apuntando hacia abajo, pero entendí que de una forma siniestra, aquella era su sonrisa.

-Estaba haciendo una foto de la peli en la que ha trabajado mi amigo. Es más, si miran los agradecimientos, me han dicho que estoy.

-Está terminantemente prohibido hacer fotos o grabar. Tenemos que avisar a la policía o antipiratería. ¿Estaba grabando?-dijo la encargada.

-No. Estaba haciendo una foto para enviársela a mi amigo-dije. 

-Está terminantemente prohibido hacer fotos o grabar. Tengo que llamar a la policía o antipiratería.

-Pues llama, hija, llama.-dije.-¿Puedo ir al baño por lo menos?-dije con una chulería inusitada para alguien tan tranquilo como yo.

-Sí, pero que te acompañe la de seguridad. Está terminantemente prohibido…

Así que me fui con todas mis pertenencias al baño, mientras la mujer de seguridad esperaba con los brazos cruzados en el exterior. Pensé en borrar las fotos en el baño, pero entonces me dije que eso sería tanto como admitir que había hecho algo malo, y yo me sentía (y me siento) inocente. Así que salí otra vez al vestíbulo acompañada por la vigilante. Me reuní con la siniestra y el matón que tenía a su lado.

-Hemos llamado a la policía directamente.-dijo Nosferatu.

-No sé si he comentado ya que la peli es de un amigo y…

-¿Me puede enseñar lo que ha grabado?

Le enseñé el par de fotos que había hecho, me ofrecí a borrarlas, le dije que podía inspeccionar el móvil para comprobar que no había nada grabado en su interior, pero rehusó mi ofrecimiento, es más, ni siquiera respondió. Le sonó el teléfono.

-Sí, estaba grabando con un móvil-dijo ese súcubo del infierno.

-No, no estaba grabando, he sacado dos fotos-dije, y eso que no me gusta mucho escuchar conversaciones ajenas.

Nosferatu volvió a alejarse. Yo pensé que tenía una clase de Yoga, y que igual no llegaba, pero que sí llegaba, que me hacía mucha falta. La encargada volvió, su rostro avinagrado contraído en una expresión de estreñimiento feroz.

-Puede marcharse.

-¿Entonces me puedo ir?-dije como una gallina clueca.

-Sí-dijo la encargada, con tanto asco que parecía que las dos letras se le enredaban en los dientes.-Y ahora por favor salga del cine.

Entonces la de seguridad, Nosferatu y el matón me acompañaron a la salida.

-Esto saldrá en los papeles-dije. Bueno, no lo dije, pero lo pensé, y por eso escribo esta carta.

¿Acaso tiene algún sentido apoyar una industria que maltrata así a sus (escasos) espectadores? Yo como parte (aspirante) a formar parte de ella intento ir al cine todo lo que puedo, pero en casos como éste se me quitan las ganas. ¿Un lugar de ocio convertido en un estado policial? Yo desde luego no pienso volver.

¿Qué hariáis vosotros?

Atentamente,

S.

Querida amiga S:

Me decido a contestarte yo porque sé muy bien cómo te sientes. Hace un par de años me ocurrió algo lamentable en los cines Kinépolis. Fui a ver “Ángeles y Demonios”. También había unos cuatro espectadores en la sala, incluyéndome a mí, y como la peli era bastante aburrida me quedé frita, y ahí es cuando empecé a disfrutar de la sala, que realmente era muy cómoda. A mitad de película, o eso calculé yo, alguien me zarandeó en la butaca. Pensé que se trataría de un incendio.

-¡¿Qué?¡-dije, y es que tengo mal despertar.

-¿Me puede enseñar su entrada, por favor?-dijo un vigilante de seguridad en la oscuridad.

Alucinada le tendí el billete.

-No puede estar sentada aquí, tiene que sentarse en su localidad.

Miré a mi alrededor. El océano de asientos vacíos que se extendía a mi alrededor, con dos o tres cabezas escondidas en la oscuridad de una superficie enorme.

-¿Y para eso me despiertas?-le dije.-¡Pero si no hay nadie!

-Siéntese en su localidad.-dijo.

De mala gana obedecí y terminé de ver el infame truño en mi sitio, jurándo en arameo que no volvería a aquella sala, y no he vuelto.

Amiga S., mi consejo es que sigas yendo al cine, porque a pesar de las pantallas diminutas, de la gestapo del cine, de las proyecciones lamentables, de las copias defectuosas, de los retrasos y el precio abusivo de las butacas, las botellas de agua y las palomitas gomosas, sigue siendo maravilloso vivir ese instante de mágica anticipación en el que las luces se apagan y crees que vas a pasar un rato magnífico. Vale, eso cada vez ocurre menos, pero sigue ocurriendo. Y en cuanto a los empleados de seguridad de algunos cines, quizá deberían dedicar sus energías a vigilar los párkings en los que, como en la sala Kinépolis, se roban vehículos con alarmante frecuencia (búsqueda simple en google “robos kinépolis” 74.300 resultados).

Y por supuesto, también deberías ir por tu amigo, porque alguien que no va al cine a ver tu película es lo puto peor.

Atentamente,

Ángela Armero

Por cierto, se me olvidaba comentar que el día 31 de Octubre empieza mi curso para la escritura de guiones de TV. Luego no digáis que no avisé. El que no avisa también es lo puto peor.


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