INDIGNACIÓN

28 octubre, 2011

Por Guionista Hastiado

El 15 de Mayo del 2011 la sociedad española se manifestó en más de 50 ciudades con el propósito de demandar una democracia más participativa. Algunos de los manifestantes que decidieron acampar esa noche en la Puerta del Sol de Madrid fueron desalojados a hostias durante la madrugada, con el resultado de 17 detenciones. Al día siguiente, el 17 de Mayo, más de 10.0000 personas volvieron a concentrarse en la Puerta del Sol en señal de protesta, iniciando así uno de los movimientos más llamativos, espontáneos y polémicos de la historia reciente de nuestro país: el 15M.

Yo estuve allí aquel día y muchos de los siguientes en los que empezó a fraguarse la #Acampadasol. Fueron jornadas emocionantes, intensas, en los que mi afición por la fotografía me impelía a salir de casa a encontrarme con esas miles de personas que clamaban por un cambio de mentalidad, de sistema y de políticos. Este último año hemos tenido en Madrid multitud de manifestaciones e iniciativas de distinta intensidad e índole. Acampadas, protestas por los dispendios de la visita del papa, paralizaciones de deshaucios y grandes macromanifestaciones coordinadas con plataformas de todo el mundo.

Evidentemente, el 15M no es un movimiento perfecto. Muchos son los que lo critican. Por un lado políticos de la derecha, quienes, en uno de los errores ideológicos más divertidos que he visto en mucho tiempo, intentaron en un principio identificarse con el movimiento, hasta que cayeron en la cuenta de que el 15M defiende casi todo aquello que ellos se quieren cargar.

Por otro lado, están las críticas de quienes acusan al movimiento de descoordinación y falta de concreción en ideas, propuestas, objetivos y medios para conseguirlos.

Sí, es cierto: dan palos de ciego. Discuten en asambleas interminables y desorganizadas. A veces son un poco guarretes. No tienen financiación, ni acceso a las instituciones, ni experiencia, ni representatividad, ni ideales claros, ni propuestas concretas, ni asesores de imagen…

¿Y a mí qué coño me importa?

¿Por qué? ¿Por qué un movimiento tan desorganizado y falto de ideas claras ha calado tanto entre tanta gente?

Porque el 15M es un movimiento EMOCIONAL, no intelectual.

Nadie se juntó un día en un despacho a decidir una estrategia (por mucho que en la cabeza de PJ o Esperanza todo esto sea una maniobra del pérfido Rubalcaba, igual que el 11M). Nadie engaña a cientos de miles de personas para que salgan a la calle si no tienen una buena razón para ello. Sencillamente, a los ciudadanos se nos hincharon los huevos y salimos fuera a gritar nuestra indignación.

Estamos hartos de pagar la crisis entre todos mientras se financian los dislates financieros. Hartos de que la fiscalidad grave el salario en lugar del capital. Hartos de escuchar esa falacia constante de que abaratar el despido es la mejor manera de bajar el paro (WTF?), o esa otra que asegura que si se suben los impuestos de los ricos, éstos huirán del país con todo su dinero y la economía se hundirá (todavía más) para siempre.

Estamos hasta los mismísimos del aumento de la desigualdad y del desmantelamiento del sector público, de la refinanciación de bancos expoliados por directivos facinerosos, de la deslegitimación sistemática de la política como instrumento al servicio del pueblo. De escuchar que los impuestos son malos, contraproducentes, sobre todo los que graban las grandes fortunas. De las SICAV y las triquiñuelas para que las plusvalías no tributen, de la falta de una estrategia europea contra la crisis, de los paraísos fiscales, de la política de guardería, de la adopción de las tesis neoliberales en la lucha contra la crisis de la deuda; recortar, recortar, recortar…

¿Qué por qué coño hablo de todo esto en un blog de guión? Pues, primero, porque me sale de los huevos, y segundo, porque creo que del 15M podemos extraer un paralelismo y una buena enseñanza a la hora de construir historias y personajes: escribir ficción, también, significa sobre todo escribir sobre emociones.

Podemos construir personajes muy inteligente  que elaboren milimétricas estrategias para lograr sus objetivos, intelectuales meditabundos, aviesos políticos, militares tácticos, implacables investigadoras del crimen perfecto… Pero, en última instancia, lo que les moverá siempre serán sus sentimientos, las pasiones, no los argumentos.

Actuamos porque sentimos, nuestras emociones son nuestro motor: la codicia, el impulso sexual, el amor al prójimo, la envidida, la solidaridad, la pereza, el deseo de la maternidad, la curiosidad, el odio, la caridad, la amistad, el miedo…

No hay argumento más poderoso que un sentimiento. Si un personaje pregunta a otro “¿Por qué haces esto?”, y el otro contesta “Porque es lo más conveniente”, seguramente a continuación se podrán enzarzar en un sesudo intercambio de argumentos acerca de esa supuesta conveniencia. Pero si la respuesta a la pregunta es “Porque te quiero”… ahí ya no hay más que hablar. Puede que me guste o no recibir ese amor, pero desde luego no es algo que pueda discutir.

Nuestras pasiones se convierten a menudo también en obstáculos, en enemigos. Quiero casarme con el perfecto fulanito, pero es que quiero follarme a menganito. Quiero ser un cantante de éxito, pero es que tengo miedo de fracasar y no me atrevo. Quiero dejar de sufrir, quiero dejar de ser yo, quiero dejar de desear aquello (o a aquellos) que no puedo tener…

Por poner un ejemplo práctico y sencillo sobre el asunto: cuando llegué al proyecto de “Hispania”, que estaba recién vendido, existía ya un tratamiento del primer capítulo en el que Viriato escapaba de la matanza de Galba y, acto seguido, se aliaba con un grupo de hispanos para luchar contra Roma. En cuanto lo leí me di cuenta de que ahí faltaba algo importante: emociones. Un tío no sale de una matanza y forma un conciliábulo para vengarse con un plan organizado. No, la venganza es un acto emocional. Lo primero que hace ese tío es sufrir, llorar la muerte de sus seres queridos… y entonces SE CABREA MUCHO.

Y eso hicimos. Hicimos que Viriato se CABREARA, y lo tradujimos en esta escena en la que Viriato asesina de manera salvaje (una escena que se recortó bastante en montaje por la poca fortuna en la elección del actor que interpretaba al romano).

EXT. POBLADO HISPANO – DAY

Entre las casas del poblado, en medio de un silencio sepulcral, un emisario de Galba lee en voz alta un pergamino romano. Los hispanos, atemorizados, cierran las puertas de sus hogares.

EMISARIO (CONT)

El pretor Servio Sulpicio Galba, en nombre del senado de Roma, comunica que, a partir del día de hoy, Caura, Aeminium, Norba y sus tierras anexas pertenecen a la República de Roma. Sus ciudadanos deberán obedecer los dictámenes del Senado. Deberán acatar las leyes romanas. Deberán pagar impuestos. Deberán respetar las fiestas romanas. Deberán obedecer el toque de queda; todo ciudadano que esté en la calle tras el atardecer o desobedezca los mandatos de Servio Sulpicio Galba pagará la desobediencia con su vida en la cruz. Cualquier hombre en posesión de un arma, será…

De repente el romano se queda inmóvil. Una rústica lanza hecha con un largo palo afilado acaba de atravesarlo de delante atrás. El asesino es Viriato. Está furioso. Grita.

Su cara está manchada con tierra. Sus brazos están cubiertos con dos torques, símbolo de guerra. La sangre del emisario se desliza sobre ellos.

El romano cae muerto. Viriato mira a su alrededor; el pueblo está vacío… Sólo una persona, a lo lejos, le ha visto. Es Paulo, recuperado de sus heridas.

Sus miradas se cruzan por un instante. Viriato coge su caballo y huye al galope.

Era un momento brutal, en el sentido de “bruto”, de poco meditado. Viriato ve a un romano y se lo carga a lo loco, sin pensar. Y así, sin ser consciente de ello, daba comienzo a una guerra cruenta que dudaría años (hasta ese momento sólo había sido un exterminio unilateral). El detonante de su lucha era puramente emocional, aunque luego la guerra evolucionara y Viriato se convirtiera en un líder que necesitara cabeza y templanza para liderar a su ejército.

Esto no significa que cuanto más emocionales y extrovertidos sean vuestros personajes, mejores serán vuestros guiones. Una cosa es conocer los sentimientos que modelan la actitud de los personajes, y otra cosa es que viertan esos sentimientos sin filtro. Eso es melodrama, culebrón, géneros muy válidos también pero personalmente, no mis preferidos. Puede que El Jinete Pálido no exteriorice muchas emociones, pero eso no significa que no las tenga.

Con esto no estoy tampoco contradiciéndome respecto a lo que dije en este otro post. Estoy hablando de que tenemos que hacer a nuestros personajes emocionales y construirlos desde las pasiones, no digo que nosotros debamos ser puramente emocionales escribiendo. He conocido guionistas que aseguraban escribir impulsiva y naturalmente y que, sin embargo, tenían tendencia a parir escenas frías, intercambios argumentativos sin emoción ni chicha dramática.

Las emociones, narradas con templanza y cabeza, son las que hacen grandes a las historias. Lo importante no es cómo Espartaco luchó contra Roma. Sino por qué lucho, cuál fue su proceso, qué sintió en el éxito y en la derrota. Puede que “The Wire” funcione como un tratado sociológico sobre la ciudad de Baltimore, pero ninguno de sus personajes actúa con la intención de hacer un tratado sociológico. Actúan porque están hasta los huevos, o porque son avariciosos, orgullosos, cobardes o irreverentes. Por eso “The Wire” es una gran historia y, de paso, un tratado sociológico.

Y por eso el 15M ha funcionado, y por eso es inmune a las críticas “razonadas”. La indignación, el deseo de cambio, la firmeza moral en la búsqueda de la justicia no pueden derrotarse con argumentos, sólo con violencia (policial, judicial, económica). Pero incluso la violencia es incapaz de detener la fuerza de un gran sentimiento colectivo. Enorgullezcámonos, pues, de emocionarnos, y de luchar por lo que sentimos, y pongámoslo en práctica en nuestros personajes, aunque todavía no encontremos los argumentos precisos para explicarnos. La emoción es, casi siempre, el mejor argumento.

Recuerda que Bloguionistas te ofrece un 10% de descuento en la inscripción al II Encuentro de Guionistas, que tendrá lugar en Madrid los días 4, 5 y 6 de noviembre. Sólo tienes que introducir el código promocional 2EG-BLG2011 durante el proceso de inscripción.


A %d blogueros les gusta esto: