FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: ELIGIO R. MONTERO

Eligio R. Montero es licenciado en psicología clínica y psicopatología, y titulado en producción y realización audiovisual. Ha trabajado como guionista de series de ficción para la televisión gallega (Mareas Vivas, As Leis de Celavella, O Show dos Tonechos…) y para televisiones generalistas (Al Salir de Clase, Desaparecida, Guante Blanco, Gran Reserva, Hispania). Es autor del blog Psicología y Cine.

TERMOS, BOTIJOS Y FILÓSOFOS AUSTRÍACOS

Al contrario de pensadores como Wittgenstein o Jürguen Habermas, que gozan del fervor de las masas, el filósofo austríaco Karl Ludwig von Bertalanfy no es demasiado conocido. Sin embargo su principal contribución al mundo de las ideas del siglo XX es grande o, al menos, bastante interesante: la Teoría General de Sistemas. Entendamos la palabra «Teoría» no como «hipótesis» sino como «campo o grupo de estudios y explicaciones», al estilo de «Teoría de Conjuntos» o  «Teoría Económica», por poner un par de ejemplos. La Teoría General de Sistemas ha sido aplicada tanto a la filosofía como a otras disciplinas donde ha tenido bastante éxito: biología, sociología, psicología, informática, cibernética, ingeniería, economía, etc.

SISTEMAS ABIERTOS Y CERRADOS

Dentro de sus numerosos contenidos y aplicaciones, hay uno que es capital: la distinción entre sistemas abiertos y cerrados.

Un sistema cerrado es aquel que funciona exclusivamente en base a sus partes y las relaciones entre ellas, sin recibir ninguna influencia del exterior. Por ejemplo, las leyes clásicas de la física y los cálculos que se hacen a partir de ellas se formulan como sistemas cerrados (fuerza igual a masa por aceleración, y cosas así).

Un sistema abierto es aquel cuyo funcionamiento se ve influido por el medio en el que está inmerso. Los seres vivos son un buen ejemplo de ello. E, incluso, si nos ponemos estrictos, podemos considerar que, en el fondo, todos los sistemas reales (no las construcciones abstractas, como las leyes físicas) son abiertos, pues todos reciben algún tipo de influencia exterior. De hecho, y por eso, la Teoría General de Sistemas, se centra especialmente en el estudio de los sistemas abiertos y en cómo no se deben tratar éstos como si fuesen cerrados.

EL TERMO Y EL BOTIJO

Un termo intenta comportarse como  un sistema cerrado (y, de hecho, en física, al no intercambiar materia con su entorno —aunque sí energía y trabajo—, se considera un sistema cerrado): se aísla en todo lo posible de su entorno para mantener estable la temperatura del líquido que contiene.

Un botijo, al contrario, se comporta como un sistema abierto. En los climas secos y calurosos para los que está diseñado (en Galicia, muy húmeda, no funcionaría bien), el agua de su interior, al calentarse, se evapora en muy pequeñas cantidades a través de los poros de la arcilla, haciendo que el agua de su interior se mantenga fresquita.

El problema del termo es que, por muy aislado que esté, por acción de la segunda ley de la termodinámica (que viene a decir que en un sistema aislado aumenta la entropía de forma irreversible), la temperatura irá modificándose hasta alcanzar un equilibrio térmico con su entorno. O sea, que si el líquido estaba caliente irá enfriándose y, al revés, si estaba frío se irá templando, acercándose a la temperatura media exterior.

Sin embargo, el botijo, al ser un sistema abierto e intercambiar materia con su entorno (el agua que se evapora), se mantiene activo y en acción, evitando ese aumento de entropía y manteniendo durante mucho más tiempo el frescor del agua.

Así, vemos que no se puede entender el funcionamiento de un botijo sin tener en cuenta su entorno (que ha de ser caluroso y seco) y que su aparente equilibrio (mantener el agua frío) se basa en una acción continua.

UNA LEY FUNDAMENTAL DE LOS SISTEMAS ABIERTOS

En un sistema abierto, tanto por la complejidad de su funcionamiento interno como por la influencia del entorno, desde un mismo punto de partida podemos llegar a distintos puntos finales y, recíprocamente, desde distintos puntos de partida se puede llegar al mismo punto final.

¿Y qué nos dice esto a nosotros sobre un guión, una película, una serie, un documental o cualquier otro trabajo en el que podamos estar involucrados?

En mi opinión, lo primero que nos dice es que el guión, película, serie o lo que sea, vistos como un todo, son sistemas abiertos y complejos y, por ello, están sujetos a esta y las demás leyes que estudia la Teoría General de Sistemas.

Así que, partiendo de un mismo punto de partida (idea, equipo, sistema de trabajo, casting, etc.), en base a nuestro funcionamiento y a los azares de nuestro entorno, podemos llegar a lugares muy diferentes. Ese mismo punto de partida nos puede llevar a una serie o película de gran calidad o a un verdadero truño, o al éxito o al fracaso, dependiendo de un montón de factores que habrán operado en medio. Igualmente, el éxito y la calidad se pueden alcanzar desde muy diferentes lugares, ideas, metodologías, estilos…

El guión tiene partes (personajes, tramas, giros…) y relaciones entre esas partes, y la teoría nos ayuda a conocerlas mejor, y la experiencia a dominarlas, y ambas son fundamentales, pero nos movemos en un sistema abierto y muy complejo, en el que ese funcionamiento interno puede verse afectado por una cantidad tan alta de factores que los resultados, muchas veces, pueden ser frustrantemente impredecibles.

Incluso, a veces, una norma, puede tener su reverso. Hace poco, en este mismo blog, David Muñoz se preguntaba si sería mejor dar mucha información y explicar la conducta de un personaje, o funcionaría mejor dejarla envuelta en una nube de inexplicable misterio. Dos puntos de partida diferentes que, al pertenecer a un sistema abierto, nos pueden llevar ambos a lo mismo: un buen personaje… o un mal personaje. Explicar a Hannibal Lecter en la precuela fue un error lamentable que le restó fuerza y carisma al personaje, que funcionaba mucho mejor cuando no sabíamos casi nada de él en «El silencio de los corderos». Sin embargo, el proceso de conocer la psicología de los asesinos de «A sangre fría» resulta ser uno de los viajes más escalofriantes y dolorosos que se hayan hecho jamás hacia el interior del alma humana y de la maldad. ¿Es bueno o malo explicar el personaje? Pues, estando en un sistema abierto, depende de cómo hagamos funcionar el resto del sistema y de cómo éste interaccione con su entorno. No hay respuestas definitivas. Hay técnicas, sí, y experiencia, también, pero contar historias es como explorar un continente ignoto… siempre llegaremos a lugares donde nadie ha estado antes y tendremos que tomar la decisión nosotros solos, arriesgándonos a caer por un precipicio o a descubrir algo maravilloso. Y si no llegamos a lugares como esos, posiblemente el viaje no haya merecido la pena.

Seguro que David Muñoz sabe bien esto, pues en «El espinazo del diablo», partiendo de las normas clásicas de un género consigue llevar la historia, con gran éxito, hacia terrenos nuevos y muy originales.

No hay recetas para el éxito y no existen ni «la solución» ni la forma correcta de hacer las cosas. Hay mil cosas que contar y mil maneras de contar cada una de esas cosas, y muchas de ellas pueden ser buenas. Ahí tenemos a Howard Hawks, que con «Río Bravo», «El Dorado» y «Río Lobo» contó la misma historia de tres formas distintas y todas ellas geniales.

Esto tampoco es una invitación al nihilismo o al «todo vale». Es importante conocer las partes del sistema y cómo interactúan, y a que influencias exteriores se ven expuestas, para lo que es importante la teoría y la formación, y con la experiencia y la colaboración con otros profesionales aún aprenderemos muchas más cosas. Pero siempre hemos de estar alerta al inestable y peliagudo funcionamiento de ese sistema abierto que es la narración, sea está un guión, libro, película, serie…

Nuestro trabajo no es como un termo. No hay unas reglas y procedimientos a conocer y dominar que, pase luego lo que pase, nos lleven a tener éxito, artístico o de público. Tratamos más bien con botijos, y la clave de su funcionamiento está en la acción, en el continuo intercambio de materia con nuestro entorno, en el constate aireo del contenido, siempre diferente y en proceso. Intentar que todo siga igual, atarnos a fórmulas o a intentar repetir lo que nos  ha funcionado antes, es invitar a la entropía a que entre y acabe por entibiarlo todo, convirtiendo algo bueno en mediocre o malo.

Así que, si se me permite enmendarle la plana a Bruce Lee, en este asunto de contar historias la clave no estaría en ser agua sino más bien en: «be botijo, my friend».

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 16 de septiembre de 2010)

2 respuestas a FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: ELIGIO R. MONTERO

  1. javier olivares dice:

    Leerlo en su tiempo ya fue un dolor… ¿Era necesario recordarlo?

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