ESCUADRÓN CONTRA LA MUERTE

Por Daniel Castro

Este fin de semana se ha celebrado en Madrid (y simultáneamente en cuatro ciudades sudamericanas) un festival llamado 4 + 1. La selección es muy cuidada y permite ver un puñado de buenas películas que, en muchos casos, no se podrán ver nunca en pantalla grande en nuestro país. Son películas que se podrían clasificar en eso que se suele llamar “cine de autor”.

Tranquilos, ya me acerco a lo que quiero contar, esto ha sido un  párrafo de presentación.

Después de ver el jueves la maravillosa “El chico de la bicicleta” de los hermanos Dardenne, que trata sobre un chico abandonado que, después de ser abandonado por su padre, entra en un centro de menores, el sábado pensaba ir a ver otra de las pelis que me habían recomendado: “Meek’s cutoff” de Kelly Reichardt. Me metí en la web de Sensacine para leer algo sobre ella. Copio un párrafo de esa página:

Tres de tres. Kelly Reichardt lleva tres obras maestras consecutivas. La primera fue ‘Old Joy’, crónica de la desintegración de una amistad y el desgarro que deja tras de sí. La segunda fue ‘Wendy y Lucy (Wendy and Lucy)’, un viaje interior hacia la pérdida y la desolación. Y ahora nos llega con la que es, seguramente, la mejor de las tres: ‘Meek’s Cutoff’, auténtico western de áridos pasaje (…)

Cuando leí este párrafo, no pude evitar sonreírme. Sin haber visto ninguna película de Reichardt (y asumiendo que muy posiblemente sean estupendas) me llamó la atención que, según el escritor de esa nota, todas ellas hablaran de asuntos tan tristes (Esos adjetivos, esos sustantivos: desintegración, desgarro, pérdida, desolación, áridos paisajes…)

Un rápido vistazo a la programación del festival nos ofreces más ejemplos: hay películas sobre skaters adictos a la destrucción y la ultraviolencia, varios viajes al interior de las mentes de autores más o menos atormentados por el amor y/o el dolor, historias ambientadas en un correccional noruego de principios del siglo XX, etc.

En resumen, como muchos de vosotros ya habríais pensado sin esta introducción: el cine de prestigio crítico, el que acapara premios en los festivales y estrellas en las revistas especializadas tiende a ser un cine algo pesimista. En los comentarios sobre este tipo de cine suelen abundar frases como: “una crítica sin concesiones”, “el director disecciona como un cirujano”,  “un golpe al sueño americano”, “una mirada lúcida y sin piedad”… Como me pasó a mi leyendo ese párrafo sobre la carrera de Reichardt, leer varias sinopsis de cine alternativo seguidas puede resultar incluso (involuntariamente) gracioso.

Ahora, un poco de entretenimiento

Por oposición a las características del cine alternativo podemos deducir cómo es el otro, el mayoritario. Mientras uno trata de mirar (y dirigir la mirada del espectador) hacia la realidad, haciendo hincapié en lo más oscuro de esto, el cine más comercial trata de ofrecer una versión amable de la realidad o, simplemente, de no mostrarla. Se ofrece una visión amable de la realidad, por ejemplo, escribiendo finales felices. Una película en la que una valiente mujer derrota a una gran empresa química permite que el espectador se reafirme en la bondad del sistema (¿Quién puede negar que nuestra sociedad funciona si una mujer armada sólo de un buen escote es capaz de vencer a una gran multinacional?). Una película en la que un joven bastante vulgar es capaz de detener una invasión extraterrestre distrae al espectador, le entretiene y, a la vez, le transmite una serie de valores positivos sobre su capacidad de superarse y, en algunos casos, también le proporciona una buena dosis de xenofobia o miedo al otro.

Dos de las palabras que más se suelen emplear para hablar del cine más comercial son “distracción” y “entretenimiento”. Me parece bastante curioso que en otros contextos, éstas sean palabras negativas. Se atribuye un accidente de tráfico a que el conductor se distrajo cambiando de emisora de radio y no se fijó en lo importante (ese camión cargado de Toyotas que venía de frente). Se dice que alguien se entretuvo mirando porno en Internet en lugar de entregar su trabajo a tiempo y que esto tuvo algo que ver con su despido.

Sin embargo, en el cine comercial, estas son unas características que suelen verse como positivas: una película “ayuda a pasar el rato”, “no es muy buena pero es entretenida”. En este sentido, el cine cumpliría una función parecida a la de un sudoku (un sudoku que, por cierto, ni siquiera haría falta rellenar. Sería casi como ver a alguien resolver un sudoku). El cine sería algo que permitiría entretener a los espectadores, distraerles con historias que, mientras fueran vistas, parecieran de gran importancia (la destrucción del mundo tal y como lo conocemos suele ser el argumento de muchos bestsellers y películas de entretenimiento) y, cuando acabaran, dejaran al espectador tranquilo, con un estado de ánimo positivo, con la sensación de haber visto algo acabado, de lo que no ha aprendido gran cosa y que no ha cuestionado de ninguna manera sus opiniones previas o, incluso, las ha reafirmado.

Una de mis dudas sobre este concepto del cine como “entretenimiento” es ¿de qué se supone que nos tiene que entretener el cine? ¿Por qué es bueno que una película nos distraiga? ¿Qué es lo que no debemos ver o pensar? ¿Por qué asumimos que es positivo que el espectador, durante un par de horas, aparte la mirada de la realidad o detenga sus pensamientos? ¿No hay detrás de este concepto del cine como entretenimiento una visión pesimista del ser humano, como alguien que necesita ser distraído para no angustiarse? ¿No resulta algo triste que, del poco tiempo que tenemos para estar en el mundo, dediquemos la mejor parte (nuestro “tiempo libre”) a tratar de distraernos pensando en otra cosa?

El cine comercial sería, tal vez, lo que necesitamos para conjurar los miedos que nos angustian cuando no estamos distraídos. Los monstruos que salen de debajo de la cama y nos susurran al oído oscuras palabras. Nos dicen justo lo contrario que las películas comerciales, nos dicen que, para nosotros, hagamos lo que hagamos, todo va a acabar mal. Hagamos lo que hagamos, moriremos. Solos.

Visto así, ¿qué hay de malo en que una película nos permita olvidar esta información durante hora y media, aunque sea a costa de ver tramas previsibles y estúpidas persecuciones de camiones?

PD: Esta es una canción sobre las preocupaciones que se empeñan en seguirnos a todas partes. Escrita por alguien que sabe de lo que habla.

26 respuestas a ESCUADRÓN CONTRA LA MUERTE

  1. Creo que lo importante es separar ambos cines. Si queremos anestesiarnos porque no soportamos la realidad, iremos a un cine-anestesia. Si queremos cambiar la realidad, también porque no la soportamos, iremos al cine-realidad.

    • Diego dice:

      La realidad no se cambia yendo al cine.
      Buena parte de la crítica tiene un pensamiento homogéneo según el cual todo lo que sea mostrar el lado desagradable de la sociedad es hacer crítica social y con esa excusa se justifica hacer mal cine.
      La contradicción entre entretenimiento y crítica social es un invento artificial de este sector. En otros ámbitos no existe. Dickens denunciaba los efectos de la revolución industrial llenando salones de gente que iba a escuchar sus lecturas, Grisham y Robin Cook denuncian el sistema judicial y de salud norteamericanos y sus libros son best sellers

    • Elena Cobos dice:

      Es cierto. Curioso.

    • El osito Teddy dice:

      Krisis, un artista da su visión acerca del mundo no sermonea a los demás sobre lo que es la realidad y lo que no lo es. Eso es adoctrinamiento.

      Por lo menos para mí no es un tema baladí porque en toda obra de arte por el simple hecho de incluir algo (o no) implica que el artista lo considera importante y de un claro valor metafísico en su visión de vida.

      Pensad en los escultores de la Grecia antigua. Representaban a los hombres y mujeres hermosos, llenos de fuerza, inteligencia, decisión, confianza en sí mismos, casi como dioses… Naturalmente, eran conscientes que el hombre puede ser deforme, enfermo o enclenque pero esas circunstancias eran consideradas como circunstanciales o accidentales, sin importancia para la naturaleza humana cuyo estado natural eran los primeros adjetivos que he nombrado.

      Y ahora pensad en la sociedad de la Edad Media. ¿Cómo representaban al ser humano? El hombre es deforme en ensencia. Los escultores desde luego eran conscientes que había hombres hermosos, felices y con confianza en sí mismos pero consideraban esas circunstancias accidentales y sin importancia dando por sentado la naturaleza esencial del hombre, y así lo corporizaron y simbolizaron, era en realidad la fealdad, terror, y dolor como el estado correcto y natural de las cosas.

      No importa el “podría suceder” sino más bien el significado vital que las cosas tienen para uno mismo.

    • Elena Cobos dice:

      Me gusta

  2. Jorgez dice:

    Una crítica sin concesiones, una mirada lúcida y sin piedad… un post genial, enhorabuena!

    Un poco de opiáceo si que tiene el arte de contar historiasl, no sólo el comercial, viendo un drama de autor uno se reconforta al darse cuenta de que su situación no es tan mala. Nos distraen como un bebé como un sonajero, pero y lo bien que nos lo pasamos:

    Viva el cine y viva el escote de Julia “Brokovich” Roberts!

  3. Igor dice:

    Este debate es muy viejuno…

  4. Cris dice:

    Aun a riesgo de que Regla me tilde de suficiente, el debate como dice Igor, no es que sea viejo, es que es poco operativo. Tú coges a Cukor, que es el primero que se me viene a la cabeza y no hay miseria humana que no quede retratada. La distinción entre ‘entretenido’ y vacuo no soporta un mínimo análisis, a no ser que te vayas a los extremos, pero eso es lo fácil.

    • Igor dice:

      Claro, Cris, por ahí iba yo. Es que esto ya se lo planteaban los griegos. Es como si alguien viniera preguntándose: ¿Puede el cine ser arte? Esta es una pregunta de 1895.
      Da para pensar Hitchcok tanto como Bergman? Creo que sí. ¿Es entretenido Bresson? Para mí sí.
      La distinción no soporta el análisis porque lo que hay es distintos espectadores. Habrá quien vea algo extraordinariamente intenso y profundo en Vertigo y quien sólo quiera matar el rato.
      Hay quien (por las circustancias que sean, no se trata de establecer jerarquías) quiere pasar los ratos y quien busca muchísimo más en la creación, el arte.

  5. Miguel dice:

    Ya lo ha dicho Cris poniendo como ejemplo a Cukor. Yo tengo muy fresca “Uno, dos, tres” de Wilder porque la echaron la otra tarde y aunque la pillé comenzada, tuve que verla, no pude remediarlo.
    Además de reírme una barbaridad, otra vez, ese presunto adoctrinamiento vendiendo las bondades del mundo capitalista tiene más mala uva y más trampas que el 99% de las películas supuestamente de denuncia contra el sistema capitalista.
    Wilder era un genio… pero no porque entretuviese o denunciase o tuviese un discurso o escribiese como Dios y dirigiese como Dios… sino porque hacía todo bien a la vez.

    Hay mucha morralla escondida detrás del “arte”.

    Para los futboleros, es como la eterna discusión de preferir jugar bien o ganar. Coño, yo quiero jugar bien y ganar, por qué tengo que renunciar a una de las dos!!!

  6. Jorgez dice:

    El post va más allá que todo lo que estáis hablando.. Para mí la cuestión fundamental es, ¿de qué tenemos que evadirnos?

    Pensarlo, ¿No os resulta extraño que las pocas horas que tenemos libres las pensamos en una sala oscura como sujetos pasivos ante una historia que, a fin de cuentas, ni nos va ni viene?

    ¿Es nuestra realidad tan mísera que tenemos que apartar la vista de ella siempre que podemos?

    No se si este debate es viejuno o no, pero sin duda es interesante…

    Yo tengo mi postura clara, la ficción cumple un papel evasivo fundamental para desarrollo del ser humano, reconocer esto es aceptar una rendición: nuestra vida es anodina, trivial y lo que es peor, caótica, por eso necesitamos la ilusión que nos aporta la ficción de que todo tiene un sentido, de que las cosas tienen causa y efecto, a cambio de eso, nos dejamos engañar.

    Marx decía que la religión es el opio del pueblo, a principios del siglo XXI sería más acertado decir que la ficción (cine, novelas, series, realitys, tele realidad) es el opio del pueblo.

    • Elena Cobos dice:

      Jorgez, 

      Yo no voy al cine porque me evada, bueno, sí, pero hacia dentro de mí misma, es decir, me aporta para mi vida. 
      ¿Es buscar evadirse tener una buena conversación con alguien interesante?
      Me permite ver a otro en situaciones que yo no he vivido y preguntarme qué haría yo en su lugar.
      Me permite conocer formas de ser que a lo mejor jamás me encontraré en mi trayectoria vital, y “decidir” si yo quiero eso para mí, y andar a buscarlo. (En la realidad)
      Me permite conocer cómo otros, muchos otros (miles de personajes distintos, salidos de miles de guionistas distintos), se enfrentan a situaciones con las que yo me he encontrado, y ver miles de respuestas distintas a la que yo di. Encontrar salidas donde yo tuve bloqueo, humor donde yo puse tragedia, giros hacia la amistad donde yo derivé en soledad. 
      ¿Que es para evadirnos? Yo uso el cine para lo mismo que a los amigos, para vivir otras visiones, otras formas de ser, para enriquecer la vida, que, conmigo misma sola, me queda tan pobre. Para obtener ideas que a mí no se me ocurren. Y me alegra la vida, sinceramente. 
      No creo que me evada, creo que me enseña, enriquece y comunica. 
      Que me transmite pensamientos y sensaciones de miles de otras personas, tan distintas a mi, que jamás conoceré.
      Me aporta muchísimo. De hecho, me apasiona por eso. 

    • Kohonera dice:

      Jorgez, ¿sabías que los grandes simios se pasan un tercio (hablo de memoria, igual es más) del tiempo observando a los demás congéneres de su grupo social? Por eso nos gustan las historias, ver actuar a los demás, verles tomar decisiones que, en principio, ni nos van ni nos vienen. ¿Somos una especie curiosa, cotilla? Bueno, podría ser. Algunos investigadores dicen que sólo es un mecanismo de supervivencia: conocer cómo es el otro es tan fundamental para nosotros como respirar y alimentarnos.

    • El osito Teddy dice:

      Kohonera, entonces, ¿por qué tienen tanto éxito las estrambóticas aventuras de Indiana Jones llenas de bolas rodantes, sectas satánicas que destripan corazones y caballeros medievales inmortales? ¿Es vital para nuestra supervivencia?

    • Kohonera dice:

      Si es que no te enteras, querido. Lo que tenemos en los genes es la pulsión de observar a los demás y esa pulsión no es un capricho de la naturaleza. Está ahí puesto como un instrumento para facilitarnos ponernos en el lugar del otro y saber cómo piensa. Si sabemos eso, estaremos más seguros o podremos manipularle.

      Lo que decidamos observar es otra cuestión y el interés que le dediquemos es una cuestión diferente. De hecho, seguro que mucha gente a la que las aventuras de Indi se la traen floja y no ven esas películas. Pero a todos nos gusta ver a los demás, sean reales o ficticios.

      No, no vemos las películas de Indi por un instinto de supervivencia. El instinto de supervivencia está en el fondo de nuestro interés por las historias de los demás. ¿Más claro ahora?

      ¿Más claro ahora?

    • El osito Teddy dice:

      Tranquilo, hombre, esta vez no estaba siendo sarcástico. Preguntaba por curiosidad.

      Y bueno, eso que dices también lo puedes hacer en la vida real y gratis, ¿no? Y sin el aliciente añadido de que a diferencia de un personaje de ficción puedes preguntarle el porqué de lo que hace.

      No sé, me parece muy simple eso de “nah, es por observar a los demás”.

    • Elena Cobos dice:

      En la vida real, cuando preguntas mucho el porqué, cómo y los matices, no por amistad sino por curiosidad, te miran mal.
      En el cine se es indiscreto sin problemas.
      Por supuesto que la vida real es mejor, cuando se puede.

    • Kohonera dice:

      Por eso triunfan los realities, los cotilleos de escalera y las terrazas de los bares.

      Pero no estoy seguro de que la vida real sea mejor que la ficción, Elena. Hay muchas vidas reales sin el mayor interés. La mía, sin ir más lejos.

    • Elena Cobos dice:

      Los realities tienen poco de explicar los mecanismos internos, son todo vociferio.
      Y tu vida tiene más interés que toda la ficción junta, porque es real. Pero no tenemos acceso a ella.
      Para saber de vidas que no sean la nuestra, sólo tenemos nuestros amigos, los libros y el cine.

    • El osito Teddy dice:

      No me ha quedado muy claro.

      Vemos cine básicamente por cotillear ya que viene implícito en nuestra supervivencia, ¿no?

      (XD)

    • Elena Cobos dice:

      Pero mira que haces resúmenes jodidos, cabrón.

    • El osito Teddy dice:

      Me parece respetable tener esa definición de donde surge el arte pero por otro lado no me extraña que la gente escape de ese tipo de cine que proponéis tal y como corroboran las taquillas.

  7. Con todo el cariño, Dani, la programación de este año precisamente trataba (quizás no lo conseguimos) de evitar esa idea del cine de autor. Había una película de Kitano, que no es precisamente un cineasta depresivo, sino más bien un festival de sangre; había una de Ioselani, que tiene mucho sentido del humor (peculiar, pero lo tiene); estaba Color perro que huye, que es la peli más libre rodada en este país en años; estaba Morgen, que tiene buenas dosis de humor surrealista; y estaba Nenétte, que tiene su punto gamberro.

    • Sí, Gonzalo, si la programación del Festival tenía una pinta estupenda. Me apetecía ver muchas de ellas, pero sí me parece que las películas de 4+1, como las de todos los festivales, suelen tender menos a la evasión que las de cine comercial.

      Si he caído en la caricatura lo siento, sólo pretendía dejar clara la diferencia entre maneras de acercarse al cine.

    • E. Martín dice:

      >Kitano, que no es precisamente un cineasta depresivo

      Bufs, eso es conocer profundamente los autores cuya obra proyectais y lo demas son cuentos, ¿eh?

  8. E. Martín dice:

    En realidad todo el cine de ficcion viene a ser evasion. Las peliculas crudas, desgarradoras y realistas distraen a la audiencia con gente que tiene problemas mucho mas gordos que los suyos o, en general, lo pasan mucho peor.

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