MITOS

1 noviembre, 2011

Por David Muñoz

Hace unos días, Chico Santamano escribió aquí un texto titulado “EL GRAN DRAMA DEL CINE ESPAÑOL: LOS DIRECTORES DE ENCARGO”, quejándose de lo habitual que resulta que los directores españoles reescriban los guiones con los que van a trabajar, en vez de limitarse a rodar lo escrito por los guionistas. Entre otras cosas, decía: “¿Dónde están esos cineastas que entienden el oficio como lo que es… un OFICIO? Un oficio en el que si te interesa la historia, aceptas, la ruedas lo mejor que puedes, cobras y a otra cosa mariposa. Si centenares de guionistas pueden poner día a día su talento al servicio de unas pautas externas… ¿Por qué no tenemos directores libres de esos ramalazos de autor? ¿Dónde se esconden esos tipos versátiles capaces de aceptar una historia ajena y hacerla suya sin necesidad de colarse a toda costa en los créditos del guionista? ¿Quién es, por poner un ejemplo, el Gore Verbinski español? ¿Quién puede rodar en este país guiones ajenos de terror, de aventuras, dramas o dibujos animados y salir con cierta dignidad del aprieto?”.

Nada más leer la entrada, dejé un comentario solidarizándome con Santamano. He pasado muchas veces por la situación que él describe en su texto, y sé muy bien lo desesperante que puede llegar a ser que un director que apenas sabe redactar una frase sin cometer diez faltas de ortografía, decida reescribir en unas semanas para “hacerlo suyo” un guión elaborado durante meses por un profesional. Un guión que además ha sido el que se ha utilizado para conseguir la financiación de la película, contratar a los actores, etc.

El momento más desagradable que he vivido como guionista fue visitar el rodaje de un largo que había escrito con Antonio Trashorras y darme cuenta entonces de que el guión que se estaba utilizando  no era el nuestro sino otro (desastroso), que al parecer el director había reescrito en secreto en las semanas anteriores al inicio del rodaje. Así que entiendo perfectamente cómo se siente Santamano, y creo que los guionistas tenemos derecho a cabrearnos (aunque no sirva para nada) cuando ocurren estas cosas.

Pero sin embargo, creo que la premisa de la entrada de Santamano es equivocada.

Porque no es ni mucho menos cierto que eso sólo ocurra en España.

Como siempre, en los comentarios de la entrada, fueron muchos los que aprovecharon para dejar comentarios del tipo “lo que le pasa al cine español es que faltan artesanos y sobran autores”, etc., comparando esa tendencia supuestamente nefasta a la autoría de nuestros cineastas con la humildad artesanal de los directores norteamericanos, como el del Ej. que usa Santamano, Gore Verbinski.

Una “humildad artesanal” que por lo que yo sé, no existe en ninguna parte. Es un mito como tantos que tendemos a creernos (o a desear creer) cuando hablamos de cine norteamericano y lo hacemos desde el acomplejamiento y la idealización.

Durante años, yo también quise creer que los guionistas eran más respetados en otros países, y que si quería sentirme realmente satisfecho escribiendo, lo que tenía que hacer era trabajar “para afuera”. Pero después de escribir guiones de largo para productoras inglesas, norteamericanas, y, ahora, francesas, lo único que puedo decir es que en todos lados cuecen habas y que ser guionista aquí o “allí” (sea dónde sea “allí”) es una experiencia muy similar. Con el tiempo también he ido conociendo a guionistas de otros países y os aseguro que lo que cuentan en sus blogs es muy parecido a lo que contamos aquí nosotros.

El guionista es el último mono de la producción y si el director quiere “darle una vuelta” al guión para hacerlo más “suyo”, nadie se lo va a impedir. De hecho, es algo con lo que los productores siempre cuentan. Luego, que esa “vuelta” sea más o menos grande depende sólo de hasta que punto el productor esté dispuesto a dejar al director campar a sus anchas. Nunca depende de los deseos del guionista o los guionistas que a esas alturas probablemente han estado años trabajando en el desarrollo del guión.

En esas semanas o meses previos al rodaje de la película, de pronto te encuentras compartiendo créditos con un individuo que la mayor parte de las veces lo que ha hecho es cargarse el guión, introduciendo cambios caprichosos que a menudo solo obedecen a cuestiones estéticas y no narrativas.

Eso en cuanto a las producciones independientes.

Hollywood es otra cosa.

Allí, los directores también reescriben los guiones, pero…

…no nos enteramos. Sobre todo porque su nombre no suele aparecer en los títulos de crédito.

Como yo no he trabajado para ningún estudio hollywoodense, tengo que remitirme a las palabras de otros guionistas.

Robert Ben Garant y Thomas Lennon son una pareja de guionistas que, entre otros muchos, han escrito los guiones de películas como “Noche en el museo” o “Pelotas en juego”. Vamos, que no son nada sospechosos de tener vocación autoral. Escriben comedias de encargo para los estudios. Productos comerciales sin ningún tipo de pretensión que caen en manos de directores a los que aquí percibimos como “humildes directores de encargo” como Shawn Levy, de esos que al parecer deberíamos tener veinte o treinta en España para tener una industria en condiciones*.

Y Garant y Lennon han escrito este libro:

“Escribiendo películas por diversión y dinero”.

Lo habéis leído bien. “Diversión” está tachado. Si algo tienen claro la pareja de guionistas, es que para ser guionista en Hollywood hay que tener muchas tragaderas. Pero eso sí, de conseguir que se ruede una película con tu guión, ganas tanto dinero que los meses (o años) de reescrituras absurdas te acaban mereciendo la pena.

El libro está escrito en tono cómico (sólo hay que ver la portada), pero contiene mucha más información y más datos concretos sobre cómo funciona la industria norteamericana que textos en apariencia más serios.

Y respecto al tema de esta entrada, las reescrituras de los directores, Garant y Lennon explican que prácticamente todos los directores le dan una pasada al guión antes del rodaje. Una pasada que en la mayor parte de los casos lo deja hecho un desastre. Además, muchas veces las estrellas también piden que un guionista de su confianza le de otra pasada (algo que aquí no suele ocurrir, que yo sepa).

Estamos hablando de un guión por el que, especialmente en las comedias, es probable que ya hayan pasado… ¡diez o doce guionistas!

Entonces, si esto es así… ¿por qué no aparece su nombre en los créditos?

Pues porque gracias a la WGA (la Writers Guild of America) todos los créditos pasan por un proceso de arbitraje en el que se decide quién tiene derecho o no a aparecer en ellos.

Para conseguir un crédito, esto es lo que tienes que demostrar:

“Cualquier guionista cuyo trabajo represente una contribución de más de un 33% de un guión se merecerá un crédito de guión, excepto cuando el guión sea un guión original. En el caso de un guión original, cualquier guionista posterior o equipo de guionistas debe contribuir al 50 % del guión definitivo para conseguir un crédito”.

No es que los directores, los ejecutivos, otros guionistas, la estrella, su “machaca”, etc. no le metan mano al guión en Norteamérica, sino que la WGA no les deja firmarlos. Mientras, aquí, a la mínima que un director te de unas cuantas indicaciones para “mejorar” el guión ya se siente con derecho a firmar. Y si el productor le deja, no podemos hacer nada para impedirlo.

Lo de Hollywood no es una cuestión de respeto, ni de humildad, no. Ocurre porque los guionistas tienen un sindicato muy fuerte que lo evita.

Clint Eastwood es una excepción. Y por eso sabemos que respeta los guiones.

Pero el resto…

…va a ser que no.

La pena es que mientras que un guionista norteamericano tiene derecho a unos beneficios justos por la explotación de su guión, nosotros todavía estamos por Ej. esperando a ver algo por la venta de los DVD de nuestras películas.  Si el libro de Garant y Lennon fuera de un guionista español, se llamaría: “Escribiendo películas por diversión y poco dinero”.

Por lo demás, todo se parece mucho.

Santamano, lo siento, pero a lo mejor Gore Verbinski tiene más en común de lo que te imaginas con ese director al que tu guionista y tú estáis padeciendo ahora.

*Obviando el hecho de que en España suelen ser rentables las películas de autor. Son los nombres de los directores (Amenábar, Almodóvar, Médem, Balagueró, etc.) los que llevan a la gente al cine, y no los actores.


A %d blogueros les gusta esto: