CONSULTORIO:¿QUIÉN SE MERECE UN CRÉDITO?

6 diciembre, 2011

por DAVID MUÑOZ

Hace unas semanas, recibimos este mail en “Bloguionistas”:

“Hola,
Tengo una pequeña duda y me gustaría saber si podéis ayudarme.
He leído que muchos guiones los escriben guionistas ayudados de una secretaria que es la que escribe lo que él va dictando. ¿Esa persona al final tiene crédito de algún tipo en el guión?
Y otra pregunta: en muchos guiones hay aportaciones importantes de personas externas, por ejemplo el speech de Robert Shawn en “Tiburón” supuestamente no fue cosa del guionista. O los muchos guiones que son supervisados por otras personas y aportan ideas y cambian cosas pero no tienen crédito como guionistas.
Mi pregunta es: ¿Hasta qué punto una colaboración externa al guionista principal debería llevar crédito como co-guionista?
Gracias, ¡un saludo!
Manuel”

Pues me dejas pasmado, Manuel. Yo nunca he oído hablar de ningún guionista que escriba sus guiones dictándoselos a una secretaria. No digo que no los haya. Sólo que a mí nunca me ha llegado una historia semejante. Aunque sí que he leído alguna vez que algunos escritores ya mayores trabajan así (me parece recordar que me contaron que Camilo José Cela dictaba sus últimas novelas). La verdad es que yo es algo que nunca haría. Para empezar, porque no debe salir nada barato, y no creo que ninguno nos compense dedicar un porcentaje del dinero que ganamos a pagar para que alguien teclee por nosotros, y luego, porque desde que usamos ordenador, probablemente sea más rápido corregir sobre la marcha mientras escribimos que comunicarle a alguien lo que queremos hacer. Por Ej. éste párrafo lo he cambiado siete u ocho veces en menos de dos minutos. Solo explicar los cambios que quería hacer según se me iban ocurriendo me habría llevado por lo menos tres o cuatro, eso suponiendo que la secretaria (o secretario, ¿por qué no?), me entendiera a la primera.

Además, yo creo que no me sentiría nada cómodo teniendo a alguien que no participa en el proceso creativo sentado frente a un teclado esperando que se me ocurran cosas. Me pondría nerviosísimo. Por mucho que por Ej. tengas que reunirte a menudo con tus compañeros cuando escribes una serie de televisión, al final siempre hay una parte del proceso de escritura en el que rindes mejor a solas.

Y decía antes “desde que usamos ordenador” porque las cosas eran muy distintas cuando los guionistas escribíamos a máquina. Bueno, es que de hecho yo empecé escribiendo a máquina. Y era un infierno. Para conseguir un folio sin tachones tenía que “picarlo” dos o tres veces y gastar mucho typex. Dedicaba más tiempo a tener una página presentable que a escribir la primera versión. Entonces sí que me hubiera encantado tener una secretaria que pasara mis borradores a limpio.

Ahora caigo que hace tiempo me contaron que en la época de las máquinas de escribir (o sea, durante el 80% de la historia del cine) las productoras tenían secretarias que precisamente se encargaban de hacer ese trabajo. Es probable que la información te haya llegado de alguien que conoce esas historias.

Pero, contestando por fin tu pregunta, Manuel: no, esa persona no debería tener ningún crédito en el guión. Su trabajo no ha sido creativo. Vamos, de la misma manera que el traductor de una película que se va a rodar en inglés a partir de un guión en español, tampoco firma el guión.

¡El monólogo lo escribí yo! ¡YO!

Luego, tu segunda pregunta no es tan fácil de contestar.

Desgraciadamente, no existe un criterio consensuado a ese respecto. Al menos no en España. Porque los americanos lo tienen mucho más claro.

Como expliqué en esta entrada, esto son los requisitos que exige la WGA (la Writers Guild of America) para conseguir un crédito:

“Cualquier guionista cuyo trabajo represente una contribución de más de un 33% de un guión se merecerá un crédito de guión, excepto cuando el guión sea un guión original. En el caso de un guión original, cualquier guionista posterior o equipo de guionistas debe contribuir al 50 % del guión definitivo para conseguir un crédito”.

Por eso el guionista que escribió el monólogo de Robert Shaw (o guionistas, dicen que participaron John Milius, Howard Sackler y el propio Shaw) no fueron acreditados como tales en “Tiburón”. Su aportación no fue considerada lo suficientemente significativa.

Y a mí me parece justo. Los créditos hay que ganárselos. Levantar un guión, construir su arquitectura, es muy trabajoso, puede llevar meses, sino años. Mientras que escribir un monólogo como el de Shaw, por muy brillante que sea, te puede ocupar como mucho un par de jornadas. Me parece bien que los nombres de sus autores queden relegados a los créditos finales, entre los agradecimientos. Bueno, “relegados” es un decir, su monólogo ha pasado a la historia del cine y  quizá se ha hablado más sobre ellos por este trabajo que por cualquier otra cosa que hayan escrito. Sí, incluso Milius.

De todas maneras hay otra razón para un arbitraje tan estricto. Como he dicho antes, los procesos de escritura se prolongan a veces durante años. Durante ese tiempo, hay mucha gente que opina sobre el guión: productores, lectores, tutores, directores… y todos tratan de aportar todo lo que pueden para mejorarlo (aunque muchas veces consigan precisamente el resultado contrario). Si todos firmaran, la lista de co-autores sería más larga que el resto de los créditos de la película.

Sin embargo, en España se cuelan a veces en los créditos nombres de productores cuya aportación nunca supera el  mínimo que exige la WGA. Y ocurre mucho más a menudo con los directores. Hay quienes no entienden que el trabajo del director es precisamente supervisar y tomar decisiones respecto a todos los procesos que contribuyen a la creación de su película. Y entre ellos se cuenta por supuesto el guión. Pero también opinan sobre la dirección de fotografía, el arte o la música, y jamás he oído hablar de un director que reclame un crédito en esas áreas. Quizá porque sus aspectos técnicos resultan mucho más intimidatorios que los de la escritura. Quizá porque todos piensan que mientras que no podrían construir un decorado, sí que podrían escribir.

Y a falta de la WGA, quienes arbitran los créditos en España son los productores. Lo malo es que con tal de tenerle contento y que llegue feliz al rodaje, los productores son capaces de prometerle lo que sea a su director. Sobre todo si es algo tan “inocuo” (desde su punto de vista, claro), como un crédito como guionista.

Afortunadamente, no  todos los productores son así.

Desde hace unos meses estoy escribiendo un guión para una productora francesa. Y aunque el director se ha limitado hasta ahora a mandarme notas que apenas estoy utilizando, ya ha exigido un crédito como guionista. Cuando ya me estaba agobiando, me ha llegado un mail del productor que me ha hecho recuperar la confianza en los productores.

El mail dice así:

“El director sigue insistiendo en que quiere un crédito como co guionista. Acabo de mandarle un mail dejándole claro que llegados a este punto no queremos que nos mande más notas. Y, hasta que el asunto esté resuelto, te pido que no leas sus notas en el caso de que las envíe”.

¡Vive le France!


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