CUATRO TUITEROS, CUATRO GANAPANES Y UN PAR DE GILIPOLLAS

8 diciembre, 2011

por Sergio Barrejón.

El pasado viernes, el Consejo de Ministros decidió in extremis no aprobar el reglamento de la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible. Lo que viene siendo la ley Sinde, vaya. Ha habido reacciones para todos los gustos. También ha habido dos reacciones de pésimo gusto:

El sociólogo Joan Navarro sugirió en su Eskup que la oposición a la Ley Sinde se reducía a “cuatro twiteros (sic) con el apoyo de unos pasmados medios de comunicación”.

Joan Navarro Martinez

Joan Navarro

Poco después, el cantautor Jaume Sisa afirmaba en El País que la no aprobación del reglamento “es el triunfo de unos lobbies de poder y de cuatro ganapanes“.

Jaume Sisa

Jaume Sisa

Yo trato de respetar todas las opiniones, salvo que estén fundamentadas en intereses espurios o en falsedades palmarias. Y a ser posible, prefiero que se expresen con un mínimo respeto.

En resumen: que me parece muy respetable estar a favor de la ley Sinde. Es más, me parece que en concreto la ministra ha impulsado la disposición final segunda convencida de que sería una herramienta útil y legítima para proteger la propiedad intelectual. También tengo colegas que están a favor de ley, supongo que porque piensan que es la única vía que tienen, hoy por hoy, de proteger su trabajo de la piratería. Y respeto su opinión, aunque no la comparta.

Pero cuesta mucho respetar opiniones como las de Navarro o Sisa. Minusvalorar de esa manera a quien se opone a la ley Sinde no es de recibo. Y no hablo de faltar al respeto. A mí, como titiritero subvencionado, socio de SGAE y guionista de telenovelas que soy, ya me han llamado de todo. No se me saltan las lágrimas porque me llamen ganapán. Hablo de minusvalorar numéricamente. Seremos ganapanes, pero somos más de cuatro.

Yo estoy en contra de la ley Sinde, y voy a intentar explicar por qué, sin insultar ni minusvalorar. A ver si me sale.

Prólogo: Considero que los derechos de autor son fundamentales, y muy progresistas. No estoy de acuerdo con que algunos se lucren con la explotación no autorizada de obras creadas por otras personas. Me jode especialmente si las obras son mías, claro. Vamos, que soy parte interesada. O sea, que estoy a favor de alguna medida para proteger la propiedad intelectual de los abusos ajenos. Pero no estoy a favor de esta medida en concreto.

Primer Acto: Creo que la ley Sinde no sirve para proteger la propiedad intelectual. Cerrar una web de enlaces, por mucho que se agilice el proceso, siempre llevará muchísimo más tiempo que trasladar los enlaces a una nueva web. Ya lo demostraron, en el pasado Festival de Donostia, los abogados David Bravo y Javier de la Cueva. Les llevó poco menos de una hora, con la ayuda de cuatro(mil) tuiteros. Llamaron al experimento Tabla Sinde.

Segundo Acto: Creo que a la industria audiovisual le habrían ayudado mucho más otro tipo de medidas. No soy un experto en producción ni distribución, así que hablo de oídas. Pero creo que, por ejemplo, sería muy de agradecer la eliminación de las ventanas de explotación. Que yo pueda, si me parece ventajoso, estrenar mi película en DVD y en la web al mismo tiempo que en salas. O antes. Que como productor y distribuidor, yo pueda diseñar mi propia estrategia sin perder por eso las ayudas ministeriales. Tampoco habría estado mal una buena ley antitrust que impida las prácticas abusivas de las distribuidoras norteamericanas.

A los autores, creo que nos habría ayudado mucho más el reconocimiento de nuestros derechos de explotación en web y DVD. A día de hoy tenemos una ley que nos reconoce los derechos en la explotación de VHS, pero no en la de DVD y web. Como guionista de Amar en Tiempos Revueltos, TVE me paga por la emisión de mis capítulos en televisión, pero no veo un duro por su edición en DVD ni por su difusión en rtve.es, donde es la serie más vista.

Vamos, que se agradece el intento, pero creo que han errado el tiro. La ley Sinde responde a unos modelos económicos que están siendo superados, y ha vampirizado un impulso político que podría haberse aprovechado para objetivos más realistas.

Tercer Acto: la ley Sinde permite que la autoridad para cerrar webs recaiga en partes interesadas, y abre la puerta a usos espurios y peligrosos de ese poder. Antes, para cerrar una web de enlaces hacía falta una instrucción y una resolución judicial. Y hay numerosas resoluciones judiciales que demuestran que publicar enlaces (incluso con publicidad) no va contra ninguna ley. Lógico: los enlaces sólo son direcciones. ¿Se me puede acusar de traficar con droga sólo por darle a alguien la dirección de un camello?

La ley Sinde pretende dejar la investigación y dictamen sobre la ilegalidad en manos de una comisión. Al juez sólo le quedaría ratificar el cierre, sin posibilidad de investigar. A mí eso me parece peligrosísimo. En primer lugar, porque la independencia de la comisión me resulta más que dudosa, dado su origen político, y dado que estaría administrando los intereses de agentes industriales muy poderosos. Véanse, si no, los esfuerzos diplomáticos norteamericanos por impulsar una ley de este tipo.

En segundo lugar, me parece peligroso por la propia definición de lo que se considera web de enlaces. Este blog podría ser cerrado por la comisión. Google mismo, como demostraba el experimento Tabla Sinde, podría ser cerrado por la comisión, aplicando estrictamente el reglamento de la ley. Sí, ya sé que no es eso lo que se pretende con la Ley Sinde, pero el mero hecho de que una comisión nombrada a dedo pueda decidir sobre el cierre de una web me parece un flirting with disaster muy tocho.

Epílogo y extras: ayer, desde mi cuenta de Twitter, le lancé a CUATRO TUITEROS una pregunta: ¿Por qué rechazas la ley Sinde? Esto es lo que me contestaron:

Juan Gómez Jurado (Escritor. Más de 100.000 seguidores en Twitter. Autor del ebook más vendido en Amazon España):

Porque es una ley instrumental, un horror legislativo y será inútil. Hay que construir un mercado viable, no sacar leyes al dictado. Urge más hacer una nueva LPI que contemple las realidades del s. XXI. La que tenemos es decimonónica.”

El Teleoperador (Bloguero. Más de 6.000 seguidores en Twitter. Premio Mejor Blog Personal 2007 del diario 20 minutos.)

Porque a pesar de lo que nos parezca éticamente, la actividad de las webs de descargas -con o sin publicidad- es legal, como así han indicado más de 20 resoluciones judiciales firmes. La ley Sinde es el truco miserable para sortear a una ley que no dice lo que queremos y aplicar administrativamente un cierre “preventivo”; truco chapucero porque lo que castiga no es la difusión no autorizada (ya dicen los jueces que no hay tal) sino el enlace a dicha obra, lo que abre la puerta a perseguir, por ejemplo, los enlaces de este blog a fragmentos de películas en YouTube; y truco inútil porque no va a servir para evitar la difusión no-industrial, bastará con alojar la web en otro país, convertirla en red social, publicar los enlaces como texto, pasarlos a docs públicos (como hizo David Bravo en una charla) o crear listas de correo privadas para distribuirlos. Y ni siquiera entro a calificar el infame origen de la ley con las presiones de EE.UU. de las que tuvimos que enterarnos por WikiLeaks y no por nuestro Gobierno.

José A. Perez (Director y guionista. Bloguero. Más de 90.000 seguidores en Twitter.)

Las industrias culturales pasan por un mal momento debido a la agonía del paradigma estructural. Paradigma que, como tantos otros a lo largo de la historia, se ha considerado eterno e inmutable. Pero no lo es. Ninguno lo es. Cuando un paradigma tontea con su extinción –la Historia está llena de ejemplos- empieza una lucha descarnada donde la supervivencia se convierte en su único fin. Como creador de contenidos, estoy convencido de que se necesita un marco jurídico que regule los derechos de los creadores. Y también estoy convencido de que la llamada ley Sinde, lejos de plantear un marco legal adaptado a nuestro tiempo, simboliza la última dentellada de un tiburón agonizante.

Javier de la Cueva (Abogado, experto en propiedad intelectual. Más de 9.000 seguidores en Twitter.)

Rechazo la ley Sinde porque los fines no justifican los medios. La Ley Sinde no es una ley antidescargas, como se nos intenta hacer creer, sino una ley que sirve para bloquear cualquier servicio de la sociedad de la información (traducido: cualquier conexión), según se manifiesta literalmente en su texto.

Es sintomático que esta posibilidad de bloquear cualquier servicio de la sociedad de la información, esto es, cualquier conexión vía Internet o smartphone, sea algo que los instigadores de la ley silencien, manifestándose únicamente como si la ley fuese dirigida contra las  webs de enlaces. No debemos olvidar que quien tendría que prohibir estas webs es la Ley de Propiedad Intelectual, que es la que define las infracciones, siendo así que la Ley de Propiedad Intelectual no se toca en la reforma.

El poder tiene miedo a Internet y es por ello que quiere tener la posibilidad de que el gobierno bloqueé cualquier conexión. Lo que la Ley Sinde hace es poner en manos de una comisión integrada por políticos nombrados por el gobierno la posibilidad de censura.

Por esto es por lo que afirmo que los fines no justifican los medios. Todo lo legítimo que pueden tener los intereses de los derechos de los titulares no justifica la implantación de sistemas de censura en manos del gobierno de turno. Este mecanismo censor responde a sistemas totalitarios. La solución a los problemas de la propiedad intelectual no puede venir de instituir sistemas totalitarios de control de las conexiones.

Recomiendo también leer el artículo La piratería no existe, de Juan Gómez Jurado, y el demoledor post del Teleoperador en respuesta al “cuatro tuiteros” de Joan Navarro, donde nos recuerda que el “amplio consenso” que invoca Navarro a favor de la Ley Sinde se reduce a 323 personas: los diputados que votaron a favor. Esa ley no se incluía en el programa electoral de ningún partido, así que malamente se puede decir que represente la voluntad de los votantes.

En definitiva: estemos a favor o en contra, tratemos de explicar nuestra postura civilizadamente. Porque puestos en plan macarra, donde unos dicen que la ley Sinde sólo la rechazan cuatro tuiteros y cuatro ganapanes, otros podrían contestar que la ley Sinde sólo la apoyan 323 diputados y un par de gilipollas. Y tampoco es eso.


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