ESOS GRACIOSOS TRISTES

9 diciembre, 2011
Por Guionista Hastiado

Hace un par de años Bárbara Alpuente ya habló del mismo asunto que hoy me gustaría sacar a la palestra: la distinción, más o menos real, entre guionistas “de comedia” y guionistas “dramáticos”.

Como algunos de ustedes saben, yo inicié mi carrera como guionista en “7 Vidas”, donde a lo largo de varios años me introduje en el oficio de la mano de un nutrido grupo de buenos guionistas, muchos de los cuales sigo contando entre mis mejores amigos. A lo largo de la última década los miembros de aquel grupo nos hemos ido distribuyendo por la industria y hemos trabajado en proyectos variopintos, de cine y televisión. Bastantes de mis compañeros se han convertido en productores ejecutivos y/o coordinadores de guión de series de prime time. Algunos hemos escrito otros géneros distintos y otros han seguido haciendo comedia, que es lo que les gusta y saben hacer mejor. En general, no podemos quejarnos de nuestra trayectoria.

Sin embargo, tal y como comentó Bárbara en su día, es cierto que con frecuencia los guiones y guionistas de comedia, en este país, no son tomados muy en serio. Se considera a la comedia (en ficción) un género menor, del vulgo, fácil, superficial, sin la más mínima capacidad de trascendencia o complejidad. He conocido productores que no querían para sus sesudas producciones guionistas que provinieran de la comedia, considerándolo una mancha en su carrera, en lugar de un atributo positivo. Y he conocido guionistas cómicos que ciertamente se sentían menospreciados, niguneados, a los que les costaba cambiar de género, y que lloraban sus complejos por la esquinas, acongojados por la pena.

A mí me gustaría romper una lanza en pro de los guionistas de comedia. De la misma forma que siempre defiendo que los mejores actores cómicos son, simple y llanamente, los mejores actores, creo que la mayoría de los mejores guionistas que he conocido en mi trayectoria profesional han escrito comedia durante cierto tiempo. Ustedes pensarán que tengo mucha jeta, que esto lo digo porque, al incluirme yo en en el lote, en el fondo lo que pretendo es echarme unas flores. Tal vez tengan razón, pero yo les aseguro que dejo una puerta abierta a la salvedad, y que puede haber flagrantes excepciones entre las que perfectamente puedo encontrarme yo mismo, sin ninguna duda.

En general, y en mi opinión, un guionista que se ha entrenado en  la escritura de comedia cuenta con ciertas virtudes que no deben despreciarse, y que se habrá visto obligado a desarrollar por varios motivos:

La comedia exige trabajo: No hay nada más arduo que escribir una comedia. Exige mucho más esfuerzo que la escritura de otros géneros. Es como cavar en una mina buscando oro. Las comedias demandan mucha más revisión y reescritura, especialmente en diálogos. Un buen guionista cómico casi siempre será un profesional acostumbrado a dar el callo y a no enamorarse de lo primero que se le ocurre. Y si se enamora, se jode y lo cambia de todas formas, si no funciona.

La comedia exige ritmo: escribir comedia es una buena manera de aprender a manejar los tempos narrativos. Si corres demasiado la narración se resiente, pero si tus escenas/diálogos no tienen la suficiente velocidad, aburrirán. Hay que ser concreto, específico, ir al grano y condensar la información para que no resulte pesada.

– La comedia se trabaja en equipo: es lo habitual, especialmente en series de televisión. El trabajo en equipo te hace más flexible, te enseña a escuchar, a argumentar, a debatir, a reflexionar, además de brindarte la posibilidad de aprender de otros profesionales que no tienen por qué tener la misma forma de escribir o de narrar que tú.

La comedia exige inteligencia: Ya saben lo que dicen, que el sentido del humor es la máxima expresión de la inteligencia. Supongo que es algo discutible, pero desde luego creo que tener la capacidad de expresar una visión “humorística” de la realidad es una señal de una cabeza bien amueblada. El distanciamiento irónico, la disección jocosa del alma humana, el reconocimiento de las mentiras y las debilidades de nuestros congéneres y de las nuestras propias… son habilidades muy útiles en la escritura no sólo de comedia, sino de cualquier tipo de género (además de ser una actitud muy provechosa en la vida).

La comedia enseña a jugar con los límites del tono: Una de las dificultades de la escritura de ficción de comedia tiene que ver con el equilibrio. Es fundamental encontrar el tono adecuado a cada producción, a cada secuencia, a cada diálogo, y no rebasarlo. Escribir -buena- comedia te enseña a bordear el peligro sin caer en él. “Si te pasas ya no es divertido, pero si te quedas corto, tampoco”.

La comedia te obliga a dominar el lenguaje: Al hilo de lo anterior, es fundamental utilizar los matices y variaciones del lenguaje. A veces la carga cómica de un gag puede estar en una coma, en unas comillas, en el acento en una determinada palabra o una pausa. Los sinónimos están ahí para darnos versiones muy diferentes de un mismo chiste, y es imprescindible tener cierto conocimiento de la expresiones orales en distintos ámbitos. Cada persona tiene una manera diferente de hablar, de argumentar, de mentir, de quejarse, de hacer chistes… Ese dominio será una herramienta fundamental en la escritura de cualquier otro género.

La comedia exige capacidad de encaje: No hay nada más duro que una comedia, o un chiste, que no funcionan. Pregutádselo a los monologuistas, que tienen pesadillas con salas llenas de gente que no ríe. Y cierta cantidad de fracaso es ineludible, nadie empieza a escribir comedia sabiendo, hay que probar, arriesgar, cagarla, aburrir… para ir puliendo, encontrando la ténica y la voz humorística propia. Y ya saben, lo que no te mata, te hace más fuerte.

La comedia, en definitiva, es mucho más difícil… pero habla de lo mismo. Cada género tiene sus “trucos” y técnicas que hay que aprender y dominar, por supuesto. Pero la comedia, el drama, el género fantástico, el thriller o el culebrón hablan de lo mismo y utilizan la misma argamasa: personajes y conflictos.

Lo que pasa es que la comedia es mucho más arriesgada porque, cuando queda mal, queda mucho peor. Por eso en mi opinión es mucho más fácil que un guionista de comedia escriba un buen drama, que viceversa. Porque el drama es más “disimulable”. Yo creo, además, que esa visión humorística del mundo es un ingrediente imprescindible en la escritura, en distintos grados de explicitud. En los mejores dramas existen rastros cómicos, como ya defendí aquí (los videos fueron cancelados hace tiempo, sorry). La falta de cierto sentido del humor es lo único que le achaco, por ejemplo, a esa buena serie que es “Crematorio”, lo que más la distancia, a mi juicio, de comparaciones con las grandes como “Los Soprano”, que es pura comedia con falsa forma de drama.

Sé que algunos estarán pensando que todo esta argumentación es absurda porque en España las comedias que se hacen son muy malas, y que por lo tanto los guionistas que las escriben también lo son y que todo este post es una gran estupidez onanista. Bueno, es una opinión, aunque a poco que hayan seguido las andanzas de este blog durante los últimos años habrán comprendido que la calidad de una producción muy pocas veces tiene que ver, de facto, con el talento de sus guionistas, o con la falta de él. Hay muchos otros factores, y más decisivos, que repercuten en el proceso y que están fuera de nuestro control (aquí podríamos hacer una retahíla de nuestras quejas habituales: la falta de capacidad de decisión sobre las series que se hacen, sobre el público al que van dirigidas, sobre su tono… la falta de tiempos, los castings asesinos, los directores que no entienden de comedia, los actores que no quieren ridiculizarse, los sistemas de trabajo chapuceros, las producciones ejecutivas que no saben de contenidos, las comedias de 80 minutos… etc.)

Evidentemente tampoco pretendo afirmar que quien no haya escrito comedia no puede ser un buen guionista, nada más lejos de mi intención, pero sí que creo interesante mostrar un cierto respeto por uno de los géneros más complicados y, al mismo tiempo, más denostados que existen. No sean tan exigentes, amigos, y admiren a aquellos que les hacen reír, que se lo han ganado.


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