EL PRINCIPIO DE ALGO (O NO)

13 diciembre, 2011

por DAVID MUÑOZ

En el escritorio de mi ordenador tengo un documento de Word llamado “Bloguionistas” en el que voy apuntando ideas con las que escribir futuras entradas en este blog. Pero cuando tengo que ponerme a escribir, casi siempre me da pereza hablar de algo que se me ocurrió ya hace semanas, así que muchas veces esas ideas nunca pasan de apuntes sin desarrollar. Sin embargo, aprovechando que esta semana la falta de tiempo me va a impedir redactar un texto más largo, he pensado que podía ser interesante “repescar” cuatro de esas ideas que puede que algún día me sirvan de base para escribir un texto más extenso (o no).

1.Otra de ideología.   

Las historias que muestran de forma más nítida su contenido ideológico/aleccionador/didáctico, son las dirigidas a un público infantil.   

Hace unos días, mientras le daba el desayuno a mi hija, puse la tele para que viera unos “dibus”, y resultó que (me parece que era en Clan) estaban poniendo la serie de animación en 3D “Chuggington”, protagonizada por unos trenecitos antropomorfizados que se pasan todos los capítulos trabajando felices de la vida mientras recorren una y otra vez el mismo circuito de vías de tren. A mí la serie me parece feísima*, y además, aburrida, pero algo deben tener esos trenecitos que parecen los primos dopados de los coches de “Cars” para tener tanto éxito entre los críos.

Pues bien, en el episodio que vi con mi hija, a los trenecitos (uno de ellos era Wilson, el protagonista) les da por perder el tiempo observando a los humanos que trabajan –o más bien para los que trabajan-, en Chuggington. Tanto se están divirtiendo, que se les olvida hacer un par de entregas. Entonces, aparece la señal que ejerce de supervisora/jefe y les dice (cito lo más textualmente que puedo): “Los hobbies están muy bien, pero son para vuestro tiempo libre. Durante el día tenéis que dedicaros a practicar y a trabajar”. Nada más escucharla, los trenecitos asienten, vuelven al tajo encantados… ¡y el episodio se acaba ahí! ¡Ya está bien de perder el tiempo, hombre, en vez de hacer cosas productivas!

El mensaje del capítulo me parece tremendo. Vale que la vida muchas veces es así: trabajo y más trabajo, en ocasiones no se sabe  muy bien para qué. Y que la existencia de la mayoría de nosotros, pese a que no nos demos cuenta, transcurre en un circuito invisible no mucho mayor que Chuggington… ¡pero tampoco hace falta que los niños de 1 año se den cuenta ya!

Casi prefiero el mensaje de rebeldía prefabricada de la mayor parte de las series infantiles  norteamericanas. Ese “siendo verdaderamente tú puedes conseguir todo lo que quieras”.

La versión realista de Chuggington sería casi una película de terror. “Brasil” para críos.

Repite conmigo, niño: “nunca cuestionaré las órdenes de mis mayores, nunca…”.

*Sobre todo comparándola con otras series con las que comparte público de entre 1 y 3 o 4 años  como Pocoyo, Jelly Jamm, o la estupenda (aunque esta no es 3D, sino plastilina) Timmy Time.

2.Cambios.

La mayor parte de las historias del cine cuentan como un personaje cambia, se transforma, casi siempre a mejor. Pero narrar el cambio necesita tiempo, muchas veces bastante más tiempo del que puede dedicarle una película comercial, sobre todo si dicho cambio ocurre dentro de un contexto narrativo más ambicioso.

Y a falta de ese tiempo, de esas escenas que muestren de forma escalonada y creíble cómo el personaje cambia y porqué, da la  impresión de que la transformación (a menudo moral) ocurre porque sí, porque hace falta para que el protagonista llegue a punto de caramelo al tercer acto, dónde su objetivo suele ser ya solo librarse de su antagonista en una confrontación final cuanto más espectacular mejor.

Por tu amor, lo dejo todo

Un buen Ej. de este problema es “Thor”. Cuando comienza la película, Thor es un gañán egoísta y egocéntrico al que su padre, el todopoderoso Odín, destierra a la Tierra para bajarle los humos. Una vez entre nosotros, Thor conoce a Natalie Portman, se enamora… ¡y se convierte en un solo día o dos en un dechado de empatía y ternura! El Dios del Trueno, que a esas alturas de su periplo inmortal suponemos que ya habrá “conocido” mujeres unas cuantas veces (en ambos sentidos de la palabra “conocer”), pasa de lobo a cordero en minutos. Y no hay quien se lo crea. Pero la película no puede dedicar tiempo a contar lo que probablemente es su núcleo dramático, el conflicto alrededor del que se articula el arco del protagonista. Esos minutos hacen falta para las escenas de acción que vienen a continuación y para contar el enfrentamiento final entre Thor y su hermanastro el malvado (pero patético), Loki.

Aún así yo disfruté con “Thor” (tantos años leyendo cómic de la Marvel no han sido en balde), pero unos minutos más dedicados a explicar algo tan crucial como ese cambio podían haber supuesto la diferencia entre una película entretenida y una buena película.

3.Más tiempo.

“In Time” es una castaña. Con cada película que estrena, más me resulta más difícil entender cómo Andrew Niccol pudo escribir “El show de Truman” o escribir y dirigir “Gattaca”. Pese a eso, merece la pena verla si te gusta pensar en los porqués de los guiones, en cómo funcionan (o más bien, en cómo no funcionan). No sólo porque a menudo se aprende más de una mala película que de una buena, sino porque, sobre todo si las ves en el cine (¡gran error!, estaba un poco bloqueado con un guión y no se me ocurrió otra cosa que hacer un descanso para verla), mientras que las buenas películas te atrapan emocionalmente y no te dejan pensar, las malas te permiten reflexionar sobre lo que estás viendo incluso mientras estás todavía sentado en tu butaca. Y si además son tan aburridas como “In Time”, hasta puede ocurrírsete una entrada para “Bloguionistas”.

El difícil arte de pensar en nada

A falta de tiempo para escribir esa entrada, hoy me voy a conformar con hablar de algo en lo que pensé mucho mientras veía la película: lo aburrida que era. Porque vale que lo que ocurre no tenga ningún sentido, que todos los puntos de giro sean forzadísimos, que los personajes se comporten como tontos del culo… pero eso no quiere decir que necesariamente tenga que ser aburrida. Hay muchas películas estúpidas entretenidas. ¿Qué es entonces, lo que falla en “In Time”? Me refiero en cuanto al aburrimiento, porque bien pensado, fallar falla todo.

Me parece que el sopor que induce su visionado se debe sobre todo a que pese a que el protagonista tiene un objetivo (poner patas abajo el mundo en el que vive), en ningún momento cuenta con un plan que uno crea que puede ayudarle a conseguirlo. Bueno, si por plan no aceptas “voy para allá y ya veremos lo que pasa” o “regreso a dónde vine y ya veremos lo que pasa”. Así, los paseos del protagonista se convierten en recorridos turísticos sin interés ninguno*.

La pregunta básica cuando escribes un guión es “¿Qué quiere el protagonista?”. Pero siempre debe ir acompañada de otra: “¿Cómo va a intentar conseguirlo?”. Luego, ese plan puede funcionar o no, ser descartado, o sustituirse por otro nuevo. Pero debe de estar. Sobre todo en una película con vocación tan convencional como esta.

A Andrew Niccol le habría venido muy bien releer alguno de esos manuales de los que hablaba aquí hace poco.

*Los problemas de “In Time” son muy similares a los de otro high concept fantástico  que  ya comenté: “Daybreakers”.  

4.¿Inclasificables?

Por no acabar de bajón, voy a cerrar recomendándoos una película magnífica: la francesa “El padre de mis hijos”, de Mia Hansen-Love. Se ha editado recientemente en DVD y me parece que también puede descargarse en Filmin. Para no destripárosla, sólo os diré que cuenta la historia (inspirada en hechos reales) de un productor de cine independiente cuya pequeña empresa está a punto de quebrar.

¡Sí, el protagonista es un productor! Y un productor que se parece a muchos productores de verdad a los que conozco. Además, por una vez en una película de cine sobre el cine, la realidad que describe es totalmente creíble. Así es cómo se hacen realmente las cosas.

Ah, un aviso para los que seguro que ya  estáis afilando los cuchillos: la mirada de la directora y también guionista es muy empática. La historia está contada desde el cariño, incluso si me apuráis, desde la admiración, lo que no quiere decir que se maquillen los aspectos más desagradables de la forma de ser (y de trabajar) del personaje.

A mí me ha resultado muy conmovedora.

Después de verla anoté en mi documento de Word varias cosas:

“La estructura de la película es muy interesante. El punto de vista cambia dos veces… quizá hasta tres más a menos a la mitad. Está dividida en dos partes claramente diferenciadas. Pero la historia funciona muy bien. Cuando en otras películas ocurre lo mismo, la sensación no suele ser estar ante una historia compacta sino ante un conjunto de viñetas o casi sketches con una tenue relación entre sí.

¿Esa solidez tendrá que ver con que el impacto emocional de lo que ocurre a mitad de la película es tan grande que impide esa dispersión? ¿Es un agujero negro narrativo, atrapando con la fuerza de su gravedad los hilos de la narración, impidiendo que se dispersen?

¿Hay una manera de sistematizar, de entender y explicar este tipo de estructuras, al igual que sistematizamos las de películas más convencionales tantas veces desmenuzadas en los manuales?

Si puede analizarse… ¿no puede también decodificarse?”.

Y de esto sí que quiero hablar en el futuro.


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