EL CONSULTORIO DE LA SEÑORITA TECLA (2)

10 enero, 2012

por la señorita Tecla.

Querida señorita Tecla,

Me llamo J., y soy guionista. La escribo porque tengo un problema con el que espero que usted pueda ayudarme.

Resulta que mi novia es actriz. Llevamos tres años juntos y hasta ahora nos había ido muy bien.

Antes de empezar a salir con ella el adjetivo que mejor definía mis relaciones de pareja era “desastrosas”. Me empeñé en salir con gente “normal” y claro, la gente “normal” no entiende el tipo de vida que llevamos los guionistas. Les cuesta aceptar que vivamos así, sin saber nunca qué vamos a hacer el mes que viene o con qué dinero podemos contar. Por no hablar de nuestros horarios.

Pero bueno, eso ya no importa. Es el pasado. Ya le he dicho que hasta hace nada a mi novia actriz y a mí nos iba muy bien juntos. Éramos muy felices. O bueno, todo lo feliz que puede ser uno en esta vida. Semifelices.

¿Entonces, qué ha pasado?

Pues ha pasado que me han nombrado productor ejecutivo de la serie en la que estoy trabajando. Aunque no hago más que trabajar todo el día (y muchas noches), estoy muy contento. Me gusta ser quién toma las decisiones. Además, me pagan bastante más que antes, cosa que no viene nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que mi novia y yo llevamos tiempo pensando en comprarnos un piso.

Lo malo es que al ser productor ejecutivo, por primera vez desde que empecé a escribir me dejan opinar sobre el casting de la serie. Vamos, que si me pongo muy pesado, puedo conseguir que contraten a un actor u a otro.

Y uso “actor” de forma genérica. Porque eso también incluye a las actrices.

¿Ya sabe por dónde voy, a que sí? Seguro que no soy el primer guionista que le escribe con este problema.

Pues sí, mi novia se ha empeñado en que la enchufe en la serie.

¡Pero es que mi novia es muy mala actriz!

Lleva varios años en paro. Y no es sólo porque haya tenido mala suerte.

Se me cae la cara de vergüenza solo de pensar que si la enchufo, todo el mundo va a saber que está ahí solo porque es mi novia. En una serie en la que trabajé el año pasado, había una actriz malísima que nadie se explicaba cómo la habían contratado. Al mes o así se descubrió que era la amante del director. No se hablaba de otra cosa en el plató. Y yo no quiero que eso me pase a mí.  Imagínese en qué lugar me dejaría. Acabaría convertido en lo que llevo toda la vida criticando.

Pero… aunque mi novia fuera buena tampoco querría contratarla. No me gusta la idea de llegar a casa y que mi pareja empiece a darme la brasa para que consiga que su personaje tenga más papel (¡o a criticar los guiones!). Tengo un amigo guionista al que le ocurre eso. Y es un infierno. 

Era todo mucho más fácil cuando yo solo era guionista y, cuando mi novia me pedía que la enchufara, con decirle que no podía hacerlo se acababa la conversación.    

Fíjese si estoy agobiado que hasta me he planteado dimitir. Claro que según están las cosas, como para dejar un trabajo. Además, llevo años deseando ser productor ejecutivo. No quiero renunciar a mi puesto por algo así.

Le confieso que también he pensado en dejar a mi novia…

Pero es que nunca había sido tan feliz con alguien. Si no fuera por esto, todo sería perfecto.

Menudo lío.

¿Se le ocurre alguna solución? Quiero seguir con mi novia, pero también quiero conservar mi trabajo. Y tengo la impresión de que los dos objetivos son incompatibles.  

Muchas gracias por su tiempo,

J.


Querido J.,

Lo siento por usted, pero su relación está condenada.

Se ha colocado en una posición muy difícil: puede hacer realidad los sueños de su pareja. De usted depende su felicidad. O lo que ella entiende como su felicidad.

Usted mismo lo ha dicho: o la contrata o la deja, no hay alternativa.

Si la deja, se acabó su relación, pero si la contrata, también. Es imposible que su relación no se vea afectada si usted se ve obligado a tomar una decisión que le resulta repugnante. El virus del rencor les destruirá. En el segundo caso, encontrará un hueco en su corazón, en el primero, en el de ella. Y ese virus provoca una enfermedad que no tiene cura. Primero, provoca que uno se odie a si mismo, luego, a su pareja.

Lo único que puede salvarle es un milagro: que a ella  le salga otro trabajo mejor. Pero dado lo que me ha contado sobre su trayectoria reciente, es algo que parece muy improbable.

Eso, o que se deje usted de tonterías moralistas y cambie su punto de vista sobre estos temas.

¿Si a Roberto Benigni o a Roman Polanski no les ha importado que sus mujeres, ambas pésimas actrices, protagonicen sus películas, por qué debería importarle a usted que su novia interprete un papelito en su serie?

¿Seguro que alguien se va a dar cuenta?

¿Es que acaso el resto de las actrices de su serie son maravillosas? ¿Seguro que no hay un par por lo menos que están ahí solo porque le ponen al dueño de la cadena o a otro productor ejecutivo? Y lo mismo vale para ellos. Hace años trabajé en una serie cuyo protagonista fue elegido solo porque una ejecutiva de la cadena quería ligárselo. La pobre no sabía que él era gay.

Venga, sea sincero.

Además, ¿cuántas probabilidades hay de que su serie pase de la primera temporada? Las audiencias solucionarán su problema antes de lo que espera. Y, si le toca la lotería y la serie funciona, siempre puede librarse de su novia diciéndole que la cadena ha pedido que su personaje “salga” de la serie. Ella le estará agradecida y usted habrá salvado su relación.

Créame, es más fácil encontrar trabajo en una serie que una pareja que le quiera y con la que pueda ser feliz. Yo también he sido guionista antes de jubilarme. Sé de lo que hablo.

¿Qué los demás le ponen a parir?

Que hablen.

Ya lo decía Gongora: “Ande yo caliente y ríase la gente”.

Relájese, y disfrute.

Con cariño,

La señorita Tecla.


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