DARWINISMO CINEMATOGRÁFICO

27 enero, 2012

por Ángela Armero

Por un lado tenemos “Hollywood Talkies” (2011), un documental dirigido por Óscar Pérez y Mia de Ribot que rescata el desconocido éxodo de actores y guionistas españoles, que en el tránsito del mudo al sonoro se fueron a Estados Unidos para trabajar en las versiones en español de las películas de Hollywood. Esta película, cuya gestación ha durado varios años, ha podido ver la luz gracias al empeño y la perseverancia de sus jóvenes directores y gracias al apoyo de TV 3 y Canal + entre otras instituciones. A pesar de ser la única representación española en el festival de Venecia, y de su pase por el Festival de Gijón, esta película ha pasado prácticamente desapercibida y hasta la primera semana de febrero no se podrá ver en Madrid, en la Cineteca.

Por otro, y por buscar un contraste evidente, tenemos “Torrente 4”, (2011), rodada en 3D y dirigida por Santiago Segura, producida por Amiguetes Entertainment y Antena 3 y distribuida por Warner Brothers. Según la wikipedia, costó 10 millones de euros, recaudó el doble en España y se estrenó en 657 salas después de una generosa campaña publicitaria.

El 14 de Enero se publicó en el Mundo este interesantísimo artículo de Luis Martínez titulado “¿Y si acabamos con el cine español?” en el que el periodista reflexionaba sobre la idoneidad de las medidas que anuncian los nuevos responsables de cine.

“La idea es sustituir la subvención directa por desgravaciones fiscales. De otro modo, donde en la subvención el Estado concede dinero para que se haga o financie algo, ahora lo que otorga el Estado es la posibilidad de pagar menos impuestos por llevar a cabo la actividad de marras.”

A continuación, Martínez hace una serie de reflexiones, todas ellas muy interesantes, sobre la conveniencia de acabar con el sistema gracias al que existe el cine español tal y como lo conocemos.

Siempre he pensado que en España se hacen demasiadas películas y que muchas de ellas son muy malas. Algunas de estas películas son producidas por aquellos que, como denunciaba Tinieblas González, lo hacen exclusivamente para cazar la recompensa, sin siquiera importarles que dichas obras se lleguen a estrenar. Pero en esos cifras también se esconden las apuestas más arriesgadas de nuestro cine.

Como apunta Martínez, “Si el cine va a quedar en manos de los industriales benefactores (caso de que esta especie exista en España), ¿qué pasará con el cine de autor que gana premios en los festivales y que sirve de referencia a eso abstracto e incómodo que se llama Cultura?”

El cine de autor morirá. Películas pequeñas e independientes como “Hollywood Talkies” probablemente jamás verán la luz. Si se trata de invertir en negocios viables, puede que se hagan unas cuarenta películas al año, en las que abundarán las películas de terror adolescente erótico juvenil, las adaptaciones de Federico Moccia (con todo mi respeto para “Tres metros sobre el cielo”, que es mejor que muchos productos americanos de ese estilo), las siguientes de la saga de Torrente, las de Almodóvar, De la Iglesia y algunos cineastas consagrados más.

Otra contrapartida negativa que acarrerarán estas medidas -si finalmente se suprimen las subvenciones- será el tremendísimo palo que se llevará la cantera del cine español: los cortos también nacen, en buena medida, al amparo de las ayudas públicas.

Así, lo más lógico es que queden fuera de la profesión los aspirantes, los neófitos, los desconocidos, los que hacen cine de autor, los que hacen documentales, en definitiva, supondrá el mazazo definitivo para todos aquellos que no sean los peces gordos en esta charca vilipendiada que es el cine español.

Creo que todos los que formamos parte del audiovisual, ya sea los que intentamos crear contenidos, o los que vamos al cine a ver las pelis españolas, queremos que nuestro cine sea mejor. Creo que el gobierno de nuestro país (y de cualquier país) debería desear lo mismo, en tanto en cuanto el cine es cultura, prestigio y proyecta una imagen internacional muy importante de nuestra identidad (no está de más recordar la cantidad de nominaciones a los Óscar que atesoran películas y profesionales de España en los últimos años).

Si queremos que nuestro cine sea mejor, ¿convertirlo en un coto de caza privado es una buena solución? Yo creo que no. Y eso es lo que va a pasar si se suprimen totalmente las subvenciones.

Será la ley del más fuerte, que no tiene por qué ser necesariamente el mejor.


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