LA INVISIBILIDAD DEL GUIONISTA

20 febrero, 2012

por Javier Olivares.

 

I

Érase una vez dos guionistas de la misma productora que habían creado dos series. Una, de gran y merecido éxito… La otra que lucha en una franja compleja con honor y cumpliendo objetivos.

Como estas dos series eran finalistas de los premios más populares de la televisión, fueron alegres a la entrega de premios.

Primera sorpresa: la invitación era una para los dos. Pareja de hecho, vaya. Actores, directores (incluso gente de la empresa que no trabaja en dichas series: siempre hay clases)… podían llevar, muchos de ellos, un acompañante. Ellos, no.

Cuando abrieron el sobre, descubrieron que, en la invitación, venía un nombre tachado: era el de una actriz que no podía ir al acto. A su lado, a lápiz, dos nombres: los suyos. Los de estos dos guionistas que llevan cientos de capítulos a sus espaldas inventándose una serie, continuándola, creando historias y dando trabajo a actores, técnicos y directores… Y beneficios a la productora que tan bien trata (es un ejemplo: no es la única) a quienes tienen las ideas que les dan de comer.

No sé si decidieron entrar al acto de entrega (yo no lo hubiera hecho, desde luego). Si no lo hicieron, evitaron el mal trago de ver al actor principal de “Águila Roja” recoger el premio haciendo subir a los directores de la serie al escenario. Dijo de ellos que gracias a su trabajo la serie sigue adelante cada día mejor.

La pregunta que me hice al oír esas palabras fue: ¿qué filman esos directores? ¿qué interpreta ese actor? ¿les dan folios en blanco e improvisan? ¿Dónde estaban cuando los creadores de la serie la estaban pariendo? ¿no hay guionistas que inventan historias para que ellos filmen y actúen? Cuando acabe “Águila Roja”, ¿seguirán rodando e interpretando directores y actores? ¿O tendrán que esperar a que esos seres invisibles llamados guionistas inventen una nueva serie?

Pena de industria audiovisual la de este país cuando borra del mapa a quienes crean las series. Ya que la tienen como espejo, que miren la industria USA, donde los creadores son productores ejecutivos de lo que han creado. Donde cuando un actor o productor recibe un premio da las gracias primero a quienes escribieron sus películas o series.

No se nos cita en prensa ni en blogs televisivos que saben el nombre hasta del ayudante de peluquería de las series USA, pero que no saben distinguir si una serie ha cambiado de equipo de guión y luego fracasa (a los guionistas se les acabaron las ideas, dicen). No miran ni los créditos para saber quién está detrás. El esfuerzo no es mucho, desde luego.

Recientemente, el sindicato de guionistas de Catalunya (GAC), al que tengo el orgullo de pertenecer, hizo una nota pública alertando de que la prensa había sido llamada a un día de rodaje de una serie (mini serie sobre las colonias de trabajadores). Allí pudieron hablar con el director, actores, productores… Con los guionistas, no. Ni se les había convocado. Y ellos habían adaptado una novela, creado una serie… ¿No tenían que contar nada a los periodistas?

No hace mucho, el que esto escribe ha pasado por la desaparición de su nombre como creador y director argumental de una serie. En la primera nota de prensa y video de promoción del rodaje hablaba el director, los actores, el de vestuario, el escenógrafo, el de peluquería… Ni rastro de sus guionistas ni de su creador (aunque fuera por encargo). Ni se me citaba siquiera (que ya hubiera sido un detalle). Pedí una corrección. No se hizo.

Obviamente, prensa y páginas web especializadas utilizaron esta información, en la que ningún guionista aparecía, que se repitió una y otra vez durante meses. Ni un gesto de rectificación. E invisibilidad total hasta la rueda de prensa celebrada meses después, en la que sí estuve y se empezó a corregir la situación… Aunque no del todo: después he leído atónito en más de un medio de comunicación que, en realidad, la había creado su director (además en exclusiva: seguía sin citar a nadie que no fuera sí mismo).

Tampoco nadie, hasta ahora, se ha molestado en rectificar este dato (que no era la primera vez que ocurría). Cuando me quejaba (una vez más: al final te conviertes en un coñazo), el problema no era lo que había pasado: era mi queja. Mi ego. No el de los demás: el mío.

Es curioso que todo esto haya ocurrido cuando ese mismo director estaba ya en la productora cuando el proyecto anterior de esta misma serie llevaba dos años sin tener luz verde por parte de la cadena. Entonces, si hubiera sido tan creador, seguro que no se hubiera necesitado de mi presencia para rehacer por completo la serie, cambiando su concepto, replanteándola como una serie histórica y no de folletín y tente tieso… Consiguiendo el ok de la cadena. Justo tras ese ok, pasé a ser invisible. Y el director, resucitó como ave Fénix creadora.

Insisto, ninguna rectificación, ninguna nota pública… Resultado: dejé la serie (y otra más creada por mí de la que hablo a continuación) y la productora. Lo avisé con tiempo para que no entorpeciera la producción de la segunda temporada (siempre he creído que una serie da trabajo a mucha gente y no debemos perjudicar su desarrollo en disputas de ningún tipo: el trabajo es sagrado… sobre todo para los cientos de personas que viven de una serie). Se montó un equipo nuevo. Y luego, fallido el anterior, otro. En todo ese proceso, de meses, volví a ser invisible: la cadena seguía creyendo que yo seguía en la serie. Total, como era invisible, ¿quién iba a notar mi marcha?

En definitiva, si no hubiera sido por la profesionalidad de quienes trabajan en la web de RTVE (que quería información del que había pensado la serie), por Facebook (siempre útil en estos casos) y por el apoyo de guionistasvlc (esencialmente de Paco López Barrio), la serie en cuestión habría parecido que se había escrito sola.

Recientemente, también, una serie de detectives por mí creada con mil discusiones (la productora no creía demasiado en ella, la prueba es que en la misma rueda de prensa se declaró sorprendida por lo bien que ha quedado) ha recibido el premio a la mejor serie del año entregado… ¡¡por la Asociación de Detectives de Catalunya!!!.

La productora, amablemente, me comunicó la noticia. Me decía que felicidades “por lo que me tocaba” y que el premio se daría en un hotel de lujo barcelonés pero que no era necesaria mi presencia (ni la de la otra autora de la serie), porque la Asociación que entrega el premio invitaba solo a los actores protagonistas.

No importa que te inventes una serie. Que defiendas que esos actores la protagonicen (uno, el mejor, era un secundario de toda la vida y había dudas –mías, no- sobre su capacidad como principal protagonista). No importa que te pelees por que el tono de la serie, sus escenarios… Da igual: invisible.

Antes, en esa serie que decidí que se llamara “Kubala, Moreno i Manchón” (para dar originalidad al título de una serie de detectives “especial” y en homenaje a Serrat, gracias a quien decidí aprender catalán a los quince años), el Barça al saber de la misma, llamó a la productora para invitar al palco a un partido (contra el Osasuna) a quienes trabajaban en ella.

La invitación se debía a que el título de la serie citaba a grandes jugadores de la historia del Barça. La productora aceptó la invitación: fueron los actores y el director de la serie… pero no el que se había inventado el título sin el cual jamás les habrían invitado. Me enteré de rebote, al día siguiente. Soy del Atleti, pero hombre, ir al fútbol siempre me apetece. Y el Barça es mi segundo equipo. Creo que por educación y respeto hasta hubiera ido al Bernabéu si la serie se hubiera llamado “Di Stéfano, Kopa y Gento”.

Por cierto, en la rueda de prensa se entregó un estupendo dossier de la serie. En él, los que fueron invisibles fueron los guionistas que habían escrito la serie conmigo: salía hasta el ayudante del ayudante  eléctrico, ellos no. Se corrigió el dato añadiendo de inmediato un folio con sus nombres, pero la sensación de amargura por el olvido a mí todavía no se me ha corregido. Porque hay errores comprensibles, pero cuando son siempre en la misma dirección, no lo son. Ni siquiera son errores. Son otra cosa. Es como en un partido de fútbol. Si el árbitro se equivoca mucho y perjudica a los dos equipos, es malo. Si sólo se equivoca en contra de uno, no es malo. Es otra cosa.

Más casos.

Un compañero me comentaba este verano que había recibido un encargo de una productora: rehacer una biblia hecha por otro. Cuando la acabó, le avisaron de que esta nueva biblia hecha por él, pasaría probablemente a otro. Y que el equipo de guionistas que la escribiera no sabían cuál sería… Probablemente, en él, no estaría ninguno de los tres que habían hecho ninguna de las biblias. Probablemente, en los créditos tampoco aparecerá ninguno.

Hace tiempo, mi hermano (Pablo Olivares) y yo dejamos una serie (de otra productora) porque literalmente se quedaban con nuestros derechos de autor y el de todos los guionistas de la serie. Sobre todo, mi hermano que escribió, redialogó y puso orden y sentido a toda la primera temporada de la serie. Yo sólo escribí dos capítulos… ¡¡¡se olvidaron de poner mi nombre en créditos!!!

Hace mucho menos tiempo, apenas unos meses, que una productora ha hecho un ERE (no comunicado a prensa, por Twitter se enteraron algunos) despachando a guionistas sin los que sus estrellas no hubieran llegado tan lejos. Las estrellas, dueñas de la productora, probablemente seguirán recibiendo encargos… ¿Saben los que los hacen que detrás de esas estrellas no están los que se las inventaron? ¿O que, si están, estarán recontratados cobrando menos por el mismo trabajo?

¿Cuántas veces muchos creadores de las series no han podido ni acceder a la reunión de su presentación o su venta a la cadena? ¿Cuántas ni pueden defender su proyecto ante el principal cliente,  quien la va a emitir? Aún demasiadas.

Se dice que la ficción española no es tan buena como debería ser. Tal vez esto que cuento tenga algo que ver. Buena o mala, creo que se debería saber quien la inventa. Para cargar con méritos o críticas. Para dejar de ser invisibles. No conozco un país occidental con industria audiovisual donde el papel de los guionistas quede tan en el olvido. Ninguneado. Arrasado.

III

Aviso para navegantes: no se trata de ser más que nadie. Sino de no ser menos que nadie. No se trata de ser el visir en vez del visir. Ni de cambiar una dictadura por otra igual de injusta.

No negaré nunca que la idea de una serie puede partir de un productor o de un ejecutivo de una cadena (hay muchos y buenos ejemplos fuera y aquí de ello). O de una necesidad estratégica, de un target… Esto es una industria y el que quiera ser guionista debe tenerlo bien claro. Un guionista no es alguien que siempre acierta (como nadie, por cierto) y se debe tanto a sus ideas como al público al que se dirige y a la empresa que le paga. Siempre y por igual. E ir de “artistas”, lo justo: porque eso es de gilipollas engreídos.

Pero, aún así, quienes hacen que las ideas (aunque sean de otros) crezcan diálogo a diálogo, silencio a silencio, secuencia a secuencia, tienen un nombre: guionistas.

Como tales, debemos saber que un guión es la única obra literaria que se escribe no para ser leída, sino para ser vista. Pero hay también que recordar que no hay nadie que pueda dirigir, interpretar, producir ni fotografiar un folio en blanco.

Para que ese folio tenga texto hay que tener una idea. Y esa idea, si te gusta la compras. Si no, no. Pero si la compras, respétala. Puede que no sea perfecta y necesite correcciones y cambios. Pero no la desvirtúes. Y no te conviertas en su autor sin serlo. No ocultes al que las creó o las escribió. Porque así se genera lo que tenemos: series sin padre ni madre. Sin alma. Superfluas. Prescindibles.

Como de seguir así, seremos nosotros. Los guionistas españoles. Huérfanos, sin alma, superfluos… y prescindibles. Para muchos ya lo somos.

Y a fuerza de ser invisibles, dejaremos de existir. Aunque a lo mejor no hay que ser tan tremendistas y seguiremos existiendo… pero sumisos, sin orgullo, agarrados a lo que nos ofrezcan como el náufrago a un trozo de madera en el vendaval de esta crisis. Y alguien sumiso y sin orgullo… ¿puede ser un creador?

No nos engañemos: sin crisis pasaba lo mismo. Porque la crisis en esta ocasión no es sólo económica (como en tantas otras cosas en este país) sino de inteligencia y estructuras. De I+D y de inversión en ideas. De respeto. De copiar lo peor (en vez de lo mejor) de fórmulas foráneas. Y eso no es nuevo.

Nunca se me habría ocurrido citar a Unamuno como argumento de autoridad de un texto mío. Pero así las cosas, lo haré, porque si la situación en nuestra ficción del papel del creador de series y de los guionistas sigue siendo ésta, es hora de decir…

…QUE INVENTEN ELLOS.

Que nosotros nos haremos productores, novelistas… e incluso taxistas o profesores… O venderemos kleenex en los semáforos. Pero lo haremos con dignidad. La que algunos nos niegan. Poca memoria tienen: no recuerdan que, muy a menudo, viven de nuestras ideas.

Que no se le olvide a nadie. Ni siquiera a nosotros mismos.


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