CHARLANDO CON ARNAU

28 febrero, 2012

por David Muñoz.

Hace unas semanas, di una charla a mis alumnos del Master de guión de ficción para cine y televisión de la Universidad Pontificia de Salamanca hablando de cómo fue el proceso de escritura del guión de la película “La posesión de Emma Evans”. Al día siguiente, uno de los alumnos, Arnau Margenet, me comentó que la charla le había desanimado. Estuvimos hablando un rato de las razones que le habían llevado a sentirse así y, como me pareció que muchos más guionistas y, sobre todo, aspirantes a guionistas, podían compartir las preocupaciones de Arnau, pensé que sería interesante reproducir y ampliar esa conversación en Bloguionistas.

En mis intervenciones menciono varias veces un discurso del guionista Charlie Kaufman. Si os interesa, podéis verlo aquí, o leer una transcripción aquí. Para los que no sepáis inglés, he traducido en mi blog las partes que más tienen que ver con que hablamos Arnau y yo.

David: Hola Arnau. El otro día, después de mi charla sobre el proceso de escritura de “La posesión de Emma Evans”, me comentaste que escucharme hablar te había desanimado. Y eso que os conté que el proceso fue bastante “indoloro”. Me pagaron bien y me trataron muy bien. Repetiría con Filmax encantado. Además, mi relación con el director, Manuel Carballo, fue muy buena.  Pero eso sí, os expliqué que el guión de la película había sido el resultado de incorporar las sugerencias de los productores, del departamento de marketing de la productora, y de los dos directores que trabajaron en ella durante el desarrollo. Además, no había sido ni mucho menos un guión “de autor”. No lo escribí desde el deseo de contar una historia sino desde el de ganarme la vida. Lo que no quiere decir que no disfrutara escribiéndolo ni que no tratara de hacerlo mío. De hecho, al final está lleno de cosas que a mí me interesan y me parece tan mío como las películas basadas en mis propuestas (incluso más que alguna de ellas). Eso sí, sin olvidarse de que ante todo de lo que se trataba era de fabricar un producto  que cubriera una necesidad de mercado. Filmax creyó que podía vender una película de exorcismos, y fui yo quien la escribió (luego la taquilla les dio la razón. Funcionó muy bien y se ha vendido en muchos países). También os conté que he escrito muchos guiones originales que me parecen más interesantes que el de “La posesión…” que sin embargo nunca se han rodado. Creo que lo que te desanimó fue que tú pensaste que si estás en esto para contar tus historias, y no te dejan hacerlo… ¿para qué ser guionista, no?

Arnau: Sí, algo así. La verdad es que uno se pone a estudiar guión con esa idea en mente, que es bastante inocente y virgen: quiero contar historias sobre aquello que me inquieta y conmueve. Supongo que es natural experimentar ese momento de revelación en el que, siendo un chaval y viendo esa peli que tanto te gusta, decides que a lo mejor tú también puedes hacer cine. Pero en ese momento, cuando estás abstraído y totalmente flipado por toda esa fachada cinematográfica, para nada te planteas cuál es el proceso que encierra una película. Ni cuestiones de guión, ni de producción, ni injerencias malignas de ningún tipo. Sólo tú y la peli. Sientes que eso es puro. Entonces, un día descubres que no es así, que en realidad eres un idealista y has crecido pensando que podías escribir historias libremente, que podías ofrecer al mundo tu particular punto de vista sobre algo y que sólo era una cuestión de esfuerzo y muchas horas. No sé, creo que es normal, que cuando eres un niño vives en el mundo de la piruleta, piensas que el dinero cae del cielo y las pelis se hacen por amor. Para mí es difícil entenderlo de otro modo, y supongo que sólo con los años te vuelves más escéptico y cínico, menos romántico (así dicho, parece que hacerse mayor sea la ostia : ). Después de recibir la visita de guionistas, directores, productores, etc., todos ellos contrastados y con callo, ya no queda lugar para la ingenuidad. Nos queda el consuelo de que al menos no ha sido un productor de esos que dicen que son tan malos y tan malos (¡De los que se comen a los idealistas!) el que nos ha abierto los ojos, con el pescado ya vendido. Por otro lado, hay que ser optimista. Hay tiempo y motivos para levantar cabeza. ¿No?

David: Precisamente he leído hoy la transcripción de una charla del guionista Charlie Kaufman en la que habla de cosas parecidas a las que comentas tú. Y para él está claro que lo que tú llamas “idealismo” no es tal, sino cómo deberían ser las cosas. Básicamente, ataca el cine como producto y lo reivindica como forma de arte, o, por llamarlo de otra manera, vehículo para la expresión personal. Y yo coincido bastante con el punto de vista de Kaufman, y también con el tuyo, por supuesto (teniendo en cuenta que las películas que yo escribiría a mi aire no tendrían nada que ver con las de Kaufman; lo mío es el fantástico). Solo que luego hay que ganarse la vida. Y ahí es dónde se complica el asunto. Kaufman puede pagar sus facturas siendo quien es. Cosa que en España sería imposible.

Arnau: Es decir, ¿Que si Kaufman fuera español, no sería Kaufman, sino un pelele más? (sin querer faltar el respeto, todos somos o -con suerte- seremos peleles). Entonces el problema no debe ser Kaufman.

David: Bueno, a lo mejor Kaufman en España sería Jaime Rosales. Que a pesar de que dicen que es de familia bien, rueda unas películas con unos presupuestos ínfimos que no pueden compararse con los de las de Kaufman (tanto la que ha dirigido él como las de los directores con los que colabora).

Yo creo que he tenido suerte y he firmado muy pocas cosas de las que no me sienta al menos un poquito orgulloso. Pero es cierto que a veces, como dice un buen amigo mío también guionista, sobre todo en televisión sientes que te has alineado del lado del mal, que eres un “soldado del imperio”. La solución sería, creo, poder escribir tus películas y mientras vivir de otra cosa. Pero la dedicación que exige la escritura no suele ser compatible con trabajar ocho horas al día aparte de las que tienes que pasar delante del ordenador. Eso, o ser un rico heredero. En realidad, los únicos que pueden permitirse la “opción Kaufman” son los guionistas directores como Almodóvar (al que cada vez admiro más; el día que decidió producirse sus películas se libró de cualquier posible yugo creativo). Así que al final siempre hay que llegar a un compromiso.

¿Cómo te planteas tú el futuro? Porque por lo que te conozco me da la impresión de que no te planteas convertirte en un guionista de encargo al que le dan igual ocho que ochenta.

Arnau: La verdad es que todo esto no debería sorprenderme demasiado. Yo vengo de la carrera de Periodismo, y por esos lares la cosa no pinta mejor. De hecho, en la carrera se habló mucho de este nuevo escenario que afrontamos en el que se ha producido un replanteamiento de los roles implicados en la producción de un periódico o un telenoticias, y donde la figura del redactor ha dejado de ser activa intelectualmente para convertirse en una pieza funcional más en la cadena de producción de contenidos. Las instrucciones son claras: no pienses, trabaja. Pura mecánica. Mi sensación, desde mi condición de pipiolo en esto, es que ese esquema tiende a perpetrarse del mismo modo en las producciones artísticas y culturales, que la rentabilidad tiene siempre absoluta prioridad a la hora de determinar qué proyectos son dignos de ser producidos y que los guionistas somos herramientas que están para servir ese fin. Cuando es elemental que los guionistas están, porque sino están, no hay película. Eso no parece importar demasiado mientras se permita que sea así. Pero como hay que comer, pues a tragar. Y si yo no lo hago, lo hará otro por mí, porque parece que la diferencia que los productores pueden encontrar entre otro guionista y yo, es poca. Es tanta como grado de predisposición tenga cada uno para acallar el ‘yo creativo’ y ensalzar el ‘yo mano de obra’. ¿Mi futuro? Pues como el de cualquier guionista, jodido. La verdad es que cuando oyes lo que oyes de boca de los mismos profesionales a los que quieres imitar, te planteas el futuro de otro modo. Sin grandes expectativas, desde luego. Personalmente, me gusta un tipo de cine bastante marginal que no parece tener mucha cabida en España, pero no por eso dejaré de escribir, si puedo. Supongo que es cuestión de adaptarse y dejarse joder un poco, de sucumbir pero con sólo una rodilla en el suelo. Si te gusta un cine muy específico, abre tu espectro. Si tienes principios, haz concesiones, pero hasta cierto punto. Como dices, hay que tratar de conferir a todo aquello que escribes tu punto de vista personal y alimentarse mientras llega tu oportunidad. Hay que saber lidiar con tu hábitat de trabajo, no hay otra, pero creo que sobre todo hay que tener algo de orgullo y no dejar de ser uno mismo a cualquier precio.

Del cómic de Mahler "La teoría del arte versus la señora Goldgruber" (Sinsentido, 2012).

David: Ahora que dices lo del cine que te gusta. ¿Qué películas tienes como referentes? Porque el guión que estás escribiendo en el curso tiene bastantes cosas en común con por Ej. This is England, de Shane Meadows, una película que me gusta mucho y que no me parece “cine marginal”. Y he leído otro par de sinopsis tuyas y tampoco me lo han parecido. Están, por llamarlo de alguna manera, en un término medio entre el cine realmente marginal y el comercial. Pertenecen a esa clase media del cine que en España corre peligro de desaparecer. ¿O no estás de acuerdo con ese calificativo que acabo de sacarme de la manga?

Arnau: Bueno, cuando hablo de ‘cine marginal’ no sólo me refiero al ‘cine pequeño’ en cuánto a su magnitud de producción. Creo que una película también se puede considerar marginal cuando los que tienen el poder de financiarla deciden que lo es y la desechan con el pretexto de que es un TEMA que no interesa, basándose en valores de mercado, estudios arbitrarios y demás. Es decir, que el ‘cine marginal’ lo es porque el tema del que trata no tiene (ni puede que lo tenga nunca) un valor de producción claro respecto a la tendencia del mercado (que parece que cada vez fluctúa menos y se consolida en el prototipo de producto rentable). No digo que el cine que me gusta sea aquel que no se puede producir, eso complicaría mis planes de ser guionista y me convertiría en un tío muy raro : ), pero suele coincidir con lo que me gusta y en España no se produce, o se produce poco. Por ejemplo, el cine social británico de Ken Loach o Mike Leigh creo que es marginal en su temática, pero aún así se produce porque hay un mercado abierto, y tampoco son pelis que se hagan a cuatro pesetas. La oferta temática a la que puede acceder el espectador de salas de cine la decide el productor cultural, un productor que cada vez es más conservador y soberano, y más cauto con sus cálculos. Creo que en España hay ciertos temas que no se consideran de interés por parte de los productores, por esa razón, y que sin embargo podrían serlo si quisieran, ¿no?

En nuestro caso, la historia que estamos escribiendo en el curso está ambientada en Barcelona y trata sobre unos punkis. Uno de los productores que nos visitó ya nos avisó que le “faltaba gancho”, algo que atrajera público a las salas, que no era un tema interesante. Si se tuviera que financiar, no sabría decirte qué productora podría acoger el proyecto con más o menos ambición teniendo en cuenta que T5 y A3 van a lo que van, y que TVE ha entrado en barrena. Además, si tuviéramos que confiar en las ayudas catalanas, obtendríamos la reprobación de un gobierno conservador que carga con porras contra los sectores más izquierdistas de su ciudad. Si tu película trata un tema marginal, corres el riesgo de que te marginen. Si tu tema vende, sobrevives y entras en el juego.

¡No sé si he respondido nada de lo que me has preguntado! Tú eres el profe David, explícame que es esto de la ‘clase media del cine’.

David: Con lo de la “clase media” me refería a las películas de entre 2 millones y 3 millones de euros de presupuesto, que es más o menos lo que creo que puede costar tu proyecto de los punkis. Tal como van las cosas, da la impresión de que pronto solo se van a poder hacer películas minúsculas, de gente encerrada hora y media en una sola localización, y rodadas con muy pocos medios, o, si eres Amenábar o alguien así, películas muy grandes (para lo que es el cine español, me refiero) que buscan competir en los multicines con los estrenos norteamericanos. Y por desgracia el cine que a mí más me interesa suele moverse en esa franja intermedia.

Otra cosa… a Charlie Kaufman se lo preguntaban tras su charla: ¿Te has planteado contar tus historias en otro medio a lo mejor más receptivo al tipo de propuestas que te interesan? ¿O ves tus historias como cine únicamente? A mí a veces me lo han preguntado, y a pesar de que por Ej. escribo cómics, hay historias que solo valen para hacer una película con ellas. Son cine. No es tan fácil coger un guión y escribir una novela con él, por Ej. Son dos medios distintos que te dan cosas distintas como espectador y te exigen cosas diferentes también como narrador.

Arnau: Yo creo que el cine, a diferencia de otros medios, tiene la virtud de contener un montón de elementos narrativos: imagen, texto, música, luz… Creo que es eso lo que hace que sea un medio muy atractivo y poderoso. Una peli te sumerge a diversos niveles emocionales al mismo tiempo, y eso se pierde en otros formatos. Algunos de los compañeros de mi curso son lectores de cómics, a otros les va más la novela o el teatro… son otras opciones. Tal vez el cómic es lo que más se parezca al cine porque exige precisar en una viñeta la imagen y la situación que resuma todo lo que quieres explicar. Yo no soy lector de cómics (y sé que por ello, David, no merezco la vida : ), pero nunca se sabe. Personalmente, si tuviera que elegir otro medio sería el de la literatura. Pero si el guionista está ninguneado, no digamos el novelista. Te puedes pasar años escribiendo para que luego te paguen 2 euros por un libro que tal vez no se venda por el bien del progreso (me refiero a los e-book). ¡A los románticos se los están merendando!

David: Creo que de lo que hemos hablado es el dilema más importante al que se enfrenta cualquier guionista. Cómo ganarse la vida sin acabar firmando algo que vaya en contra de todo lo que le impulsó a desear ser guionista. Cómo ser lo que uno quiere ser sin convertirse en lo que odia ni acabar debajo de un puente. Claro que también hay casos en que lo que uno quiere escribir es lo que quiere la industria. Esos deben de ser los guionistas más felices del mundo. Escriben una comedia “gamberra”, hacen taquilla y encima se sienten realizados creativamente. O en el otro extremo, Almodóvar, que hace un cine “marciano” que sin embargo es rentable. ¿Tú cómo ves a tus compañeros en ese sentido? ¿Es algo en lo que piensan? ¿O tienen más asimilado que hay lo que hay y que no merece la pena amargarse por ello? Porque en mis cursos sí que me parece que cada vez hay más guionistas que no se plantean contar sus propias historias sino aprender lo bastante del oficio como para integrarse en una serie donde la batuta creativa la lleven otros.  En ser más artesanos que artistas.

Arnau: Ese es otro tema curioso que aparece en casi todas las ponencias. Muchos nos dicen que ahora las cosas están jodidas, y luego te dicen aquello de que “en los peores momentos uno saca lo mejor de si mismo” y que si somos personas sensatas asumiremos que hay que empezar a escribir teniendo en mente todas esas limitaciones de producción. Es decir, lo ideal es que todo transcurra en una sola localización, con dos personajes (si sacas lo mejor de ti mismo seguro con que con uno bastará), y exprime tu cerebro, que para algo eres el guionista. También se habla arbitrariamente de lo que gusta y no gusta como si el productor fuera un ser omnisciente poseedor de la verdad, o se habla de presupuesto controlado para decir que la peli tiene que valer muy poco para no convertirse en una inversión arriesgada y que, sino lo simplificas todo, tu peli se queda en la estacada, etc. No es extraño que algunos de los que empezamos en esto, cargados de ilusión y expectativas, nos desanimemos al oír ese tipo de cosas ponencia tras ponencia. No dudo de la buena intención de los ponentes y estoy seguro que lo último que quieren es putearnos. Simplemente nos dan constancia de cómo son las cosas ahí afuera para que no nos coja despistados. Nos advierten de cómo es la realidad para amortiguar el golpe llegado el momento y nos transmiten la necesidad de autoimponernos un policía/productor interno, extrañamente constructivo, que aplaque nuestro entusiasmo y nos censure cada vez que tengamos la tentación de expresarnos fuera de esos lindes.

De "This is England" (Shane Meadows, 2006).

Yo no sé qué futuro nos espera. Parece que negro, pero quién sabe, tal vez algo cambie. En clase, sinceramente, creo que impera el espíritu de la adaptación. Ya sea porque son partidarios del sistema o porque no ven otra salida. Nosotros no sabemos de qué va esto, somos inocentes y esponjosos, y absorbemos todo lo que nos cuentan los profesionales como si fueran sagradas revelaciones. No es de extrañar que tras estar expuestos a ese tipo de discurso hiperrealista nos encojamos de hombros y nos hundamos en el asiento… Estamos acojonados. No sé, al final cada uno es libre de hacer lo que quiera con su vida, cada uno decide cuál es su sitio y qué necesita para sentirse realizado. Pero si nosotros somos los futuros guionistas, mejor será que no renunciemos a todo lo que somos por una mera cuestión de supervivencia o de dinero de más. Si lo tuyo es hacer dinero, adelante, pero tal vez estés privando a otros de hacer lo que quieren. Es la historia de siempre. Como decía, creo que lo importante es ser uno mismo, a pesar de todo. Sé que un discurso de soñador, pero joder, hay que serlo un poco si formas parte de una minoría. Probablemente luego las cosas no salgan como tenías pensado. Al final, debe ser complicado ser fiel a ti mismo cuando no te queda otra opción que la de sobrevivir y te plantan un fajo de billetes que puede representar tu salvavidas para llegar a fin de mes. Ya veremos… ¿Tú cómo lo haces David?

David: En mi caso creo que he encontrado la forma de no renunciar del todo al idealismo que me animó a meterme a guionista, y sobre todo, de no quemarme. La manera ha sido tener siempre un proyecto en marcha (aunque no me paguen por él) que me de felicidad, que me motive y me haga sentirme orgulloso de dedicarme a escribir.  Lo que no quita para que mi carrera -como la de cualquier otro “empleado” de la creatividad, se dedique a lo que se dedique-, no haya sido en parte una larga serie de compromisos y renuncias.  Lo interesante, Arnau, sería poder retomar esta conversación dentro de unos años y  ver si has podido labrarte un hueco en la industria sin tener que dedicarte a escribir algo que odias, descubrir cómo has resuelto tú ese dilema. Así que nada… hasta el 2022 (por Ej.). 

Y gracias por mantener este diálogo conmigo. Kaufman dice en su charla que quería que otros se sintieran menos solos al descubrir que alguien estaba pasando por lo mismo que ellos. Y esa era también la intención de esta entrada. Que esos lectores de Bloguionistas que están estudiando para convertirse en guionistas y al ver cómo están las cosas se pregunten si realmente les merece la pena  dedicarse a escribir, sepan que no están solos, que sus dudas las compartimos todos en mayor o menor manera, llevemos en esto poco o mucho. Y que aprender a enfrentarse al dilema “creatividad Vs. Ganarse la vida” es una parte tan importante del proceso de aprendizaje de un guionista como saber escribir una escaleta.


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