ADIÓS AL CINE LUCHANA

30 mayo, 2012

Por Daniel Castro (sustituyendo excepcionalmente a Chico Santamano)

Hace unas semanas cerró el Cine Luchana, en la calle del mismo nombre de Madrid.

Este sábado una veintena de personas nos reunimos para despedirlo. Llevamos velas, muñecos de goma y pósters de películas que pasaron por sus pantallas. Alguien colgó también una foto de Lady Di.

Sí, casi todo era extrañamente inapropiado.

Cientos de cines han cerrado en los últimos años en toda España. ¿Cuál es el motivo de que veinte frikis nos congregáramos precisamente ante la persiana cerrada de éste?

El Cine Luchana no era un cine normal.

Era un cine peor.

No hablo sólo de sus goteras, de su anticuada decoración o de sus deficientes proyecciones.

El Cine Luchana era, por decirlo sin énfasis, el apéndice podrido de un cuerpo enfermo, un grano en un sistema moribundo.

Como establecieron varias sanciones del ICAA a Cines Emergentes S.L. (propietaria de las salas), los Cines Luchana se dedicaban a falsificar datos de taquilla para que los productores más miserables pudieran acogerse a la subvención del ICAA. Resumiendo el mecanismo: un productor cobra una ayuda del Ministerio únicamente si su película se estrena y llega a cierto número mínimo de espectadores. Ciertos cines de toda España se ofrecen para proyectar películas y falsear, previo pago, los datos de recaudación. Gracias a este manejo, el productor obtiene la ayuda pública, pero sin gastar apenas nada en promocionarla y distribuirla.

Así, por las salas casi siempre vacías de los Luchana, pasaron películas secretas. Bodrios para algunos, joyas para otros: “Soy un Pelele” de Hernán Migoya, “E.S.O.” de Santiago Lapeira, “El viaje de Penélope” de Merinero, “Spinnin” de Eusebio Pastrana, “Mercado de futuros” de Mercedes Álvarez, “La mosquitera” de Agustí Vila, “Ellos robaron la picha de Hitler” de Pedro Temboury o, entre muchas otras, “Miss Tacuarembó” de Martín Sastre (la provocadora película que me unió a este heterodoxo grupo de humanos y muñecos llamado Club Luchana).

Películas tullidas, como niños enfermos que apenas pueden salir de casa, pequeño cine débil e indefenso que nadie parecía interesado en mostrar. Ni en ver. A veces engendros, otras pequeños milagros injustamente ignorados. En los Luchana unas películas se mezclaban con las otras, sin que apenas nada las diferenciara. Revelando así tal vez lo difusa que es la línea (¿qué línea? ¿dónde está? ¿quién la dibuja?) que separa la basura del arte.

Este sábado, convocado como siempre por Facebook por la guionista y escritora Jimina Sabadú, casi todo el Club Luchana se plantó ante ese viejo cine mugriento cantando mal una versión inapropiada de “Candle in the wind”, mientras la policía municipal nos advertía de que teníamos que limpiar todo aquello cuando nos marcháramos.

Mientras hacíamos un poco el ridículo en esa esquina de la calle, pensé que  pegando carteles de películas olvidadas sobre aquella persiana metálica estábamos reivindicando el derecho de ese cine a existir, a proyectarse en algún sitio, por pequeño y mafioso que éste fuera. Encuentro cierta belleza en que el cine con un criterio de programación más turbio fuera el que, paradójicamente, nos permitiera acceder a las películas más arriesgadas.

También pensé que la muerte del Cine Luchana coincidía con lo que parecen los estertores del sistema de subvenciones al cine español, un sistema que probablemente ha dado unas cuantas obras maestras, bastantes películas dignas, solemnes y/o aburridas y, de vez en cuando, esos extraños engendros que acababan pasando una semana secreta en los Luchana’s.

Por último pensé que las películas que se proyectaban en ese cine eran un poco como nosotros, como esa veintena de tipos que una vez acabado el “acto”, asustados, nos alejamos del cine en grupos poco numerosos para que la policía no nos hiciera despegar los carteles que nos habíamos resistido a quitar. Aquellas películas y nosotros éramos pequeños fracasos bienintencionados, posiblemente adorables si encontrábamos la mirada adecuada, seguramente merecedores de un destino mejor.


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