EL “INCREÍBLE” HOMBRE ARAÑA

17 julio, 2012

Por David Muñoz

AVISO: ENTRADA CON SPOILERS.

La semana pasada vi “The Amazing Spider-Man”, el “reboot” de la franquicia del hombre araña que ha dirigido Marc Webb con guión de James Vanderbilt, Steve Kloves y Alvin Sargent. Y pasé un buen rato. Reconozco que aunque la historia de “una de superhéroes “me parezca una castaña, si los momentos puramente superheroicos están conseguidos suele bastar para que me merezca la pena verlas. Vamos, que yo debo ser de los pocos que debió disfrutar con la segunda película de “Los cuatro fantásticos” (gracias, sobre todo, al Silver Surfer) o con “Daredevil”, por Ej. Después de tantos años leyendo tebeos de superhéroes, el solo hecho de ver ahí en la pantalla, “de verdad”, los momentos más memorables de cómics que he leído decenas de veces, me toca la fibra sensible. De ahí que les perdone cosas que a otras películas jamás les pasaría (la ley de la compensación, ¿recordáis?).

De todas maneras, creo que la película es un entretenimiento más o menos bien llevado. Y en realidad a nivel de guión solo hay una cosa que de verdad me chirrió: todo lo que ocurre con el tío Ben y cómo se utiliza. Me pareció increíble que el momento clave del origen de Spider-Man (no solo en los cómics, sino también en la versión de Sam Raimi), o sea, cuando su tío le explica aquello de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, se haya convertido en una escena en la que Ben le echa la charla a Peter porque… ¡se le olvidó ir a recoger a Tía May al salir del trabajo!  ¡Y la pobre mujer tuvo que coger el metro y caminar unas cuantas manzanas camino de casa! ¡Qué has hecho, Peter! ¡Que has hecho! Quizá conscientes de lo ridículo que resulta, los guionistas hacen que May le quite importancia a lo que ha pasado. Pero el tío Ben (que queda como un cansino de cuidado), no le hace ni caso y sigue a lo suyo, explicándole a su sobrino que debe hacer el bien por encima de todas las cosas. Y, como en ese contexto no pega ni con cola, lo de “el gran poder…” ni siquiera llega a decirse.

Como remate, Peter se obsesiona con vengar la muerte de su tío, y durante una temporada… ¡solo detiene a delincuentes que se parecen al asesino de Ben! Encima, por razones que se me escapan totalmente, nunca llega a encontrarlo.  Demencial.

Y claro, que en esta película no se resuelva el misterio que rodea la muerte de los padres de Peter, teniendo en cuenta la importancia que se le da, resulta muy insatisfactorio, por mucho que quede claro que es algo a lo que se volverá en la secuela*.

No, si al final va a resultar que la película es peor de lo que me había parecido…

La película también tiene cosas que me gustan mucho, como la relación entre Peter y Gwen, todas las escenas de acción, el cameo de Stan Lee o el Lagarto, aunque parezca que se ha escapado de una de Batman de Tim Burton (o quizá por eso) y no haya quién entienda sus motivaciones.

Bueno, vuelvo a lo que quería comentar hoy.

La cuestión es que mientras veía “The Amazing Spider-Man” me pareció que muchos de los recursos que utilizan los guionistas para pillar atajos que permitan avanzar rápidamente la acción son muy representativos de cómo se escriben hoy en día la mayor parte de los guiones del cine más comercial. En general no importa tanto que para pasar de “A” a “C”, “B” tenga que tener sentido; no, lo importante es que no obligue a frenar el ritmo, y, si es posible prescindir de “B”, pues mucho mejor.

Claro que eso choca con la moda post “Batman Begins” de tratar de narrar todas las películas de superhéroes en un tono pomposo en el que básicamente la gravedad se consigue dándole una importancia desmedida al pasado traumático de los personajes, el pasado digamos que “preheroico”. Con lo que llevas a ver a tus hijos a ver “The Amazing Spider-Man” y durante 20 minutos lo que estás viendo sea un drama sobre un pobre chaval al que sus padres han abandonado y al que maltratan en el instituto. Pero en fin…todo esto sería tema para otra entrada.

Voy de una vez a lo que iba.

Estos son algunos de los “atajos” que toman los guionistas de “The Amazing Spider-Man” para contar su historia. “Atajos” que ponen a prueba la credulidad del espectador y que hacen que las aventuras del hombre araña sean más incréibles que nunca:

-Gwen Stacy, la chica de la que está enamorado Peter, es su compañera de clase, trabaja con Curt Connors, el científico que acaba convirtiéndose en el “malo”, y a su vez es la hija del comisario de policía que persigue a Spider-Man. Su papel, además de ser el interés sentimental del héroe, es funcionar como “enlace” entre los tres mundos de la película. ¿Para qué tener dos o tres personajes cuando puedes tener 1 solo que puede hacer todas las cosas que son necesarias para que avance la trama? ¿Qué parece demasiada casualidad? No importa.

-Para conservar el misterio respecto a la trama conspiratoria, los malos hablan entre sí de forma ambigua, elíptica. Pasa muchas veces en la película, pero hay una conversación entre Connors y su jefe, Rajit Ratha, que es especialmente graciosa. Los dos se comportan como si supieran que están siendo observados, como si fueran personajes de una película.

-Ni un solo personaje hace las preguntas que cualquiera se haría ante lo que va ocurriendo. “¿Hija mía, cómo ha entrado Peter Parker en tu habitación si no le hemos visto pasar por la puerta?”. “¿De dónde ha sacado esa agilidad y esa fuerza extraordinaria el flacucho de Peter Parker?” “¿Cuándo va al gimnasio para tener esos brazacos?” ¿¿¿Peter Parker tiene la misma graduación de la vista que tenía su padre y por eso puede usar sus gafas???? Lo importante de nuevo es no pararse, ni siquiera para dar explicaciones que en algún caso parecen muy necesarias.

Peter con las gafas de su padre. Sin pasar antes por la óptica. Menudo mareo debe de tener el pobre.

-Peter se cuela en la Estrella de la Muerte… perdón, en el edificio central de los laboratorios de Oscorp con la ayuda de Gwen. Pero al rato se queda solo y sigue explorando por su cuenta, llegando a acceder a la zona dónde se están llevando a cabo los experimentos más complejos. Sin embargo, nadie le ve. De pronto, se obvia que exista algo como las cámaras de seguridad. Es cierto que la tecnología ha hecho que no resulte nada fácil escribir este tipo de escenas, pero el camino que elige el guionista de cine de ahora no suele ser tirar de ingenio para inventar formas de desafiar los sistemas de seguridad, sino directamente obviar que existe la tecnología que podría ponérselo difícil a los protagonistas. A la hora de la verdad, son muchas las películas que cuando se trata de abordar este tipo de problemas, parecen escritas en (como mucho), 1960. Normalmente a mí no me importan demasiado este tipo de cosas, pero en “The Amazing Spider-Man” hay demasiados momentos en los que la casualidad juega a favor del protagonista (por Ej. cuando consigue la acreditación para entrar en Oscorp). Y si hay algo que haga desconfiar al espectador son esas casualidades. Ya lo he dicho antes aquí, en un guión, si a alguien le cae un piano en la cabeza y lo mata, te lo crees, si encuentra un billete de 500 euros por la calle, no.

-Nada más empezar la película, Peter encuentra un maletín que perteneció a su padre. Dentro, entre otras cosas, hay una foto en la que éste aparece junto al Dr. Curt Connors. Peter no le conoce y pregunta a su tío quién es ese hombre. Y el tío Ben, aunque se resiste un poco, acaba diciéndoselo. Luego, Peter busca información sobre Connors en Internet y una de las primeras fotos que aparecen es la que él ha encontrado.Y si no lo piensas demasiado, todo parece normal, “pasa”, como decimos a veces los guionistas. Pero entonces, vas y lo piensas. Vamos a ver, a Peter se le saltan las lágrimas cada vez que sale el tema de sus padres, es muy bueno en ciencias porque quiere ser científico como su padre… ¿y no sabe quién es Curt Connors, el hombre que estaba trabajando con su padre cuando murió, el hombre con el que además colabora la chica de la que está enamorado? Venga, hombre. Con diecisiete años y una conexión a Internet, Peter sabría de sobra quién es Connors y recordaría perfectamente esa foto, porque se la habría encontrado decenas de veces buscando información sobre su padre. Pero de acuerdo a otra regla no escrita del cine comercial, es mejor que la historia que cuente la película, pese a estar anclada en un hecho del pasado, arranque en presente. Y entonces hay que aceptar que todo esto es nuevo para Peter.

-Algo que se obvia en este tipo de historias es el efecto que tendría en el mundo real el descubrimiento de que hay superhéroes. Sin embargo, en la película se habla de que hay por ahí un justiciero enmascarado… pero se acepta con una sorprendente naturalidad que ese “justiciero” tenga superpoderes. Nada más y nada menos. Eso sin tener en cuenta que además de Spider-Man, en la película también aparece un hombre lagarto gigante con superfuerza. Así, muchas películas de superhéroes pierden cierto sentido de la maravilla (para los que leéis cómics, el efecto “Marvels”, para entendernos). Eso sí, de nuevo, la acción puede seguir avanzando. No hay tiempo para digresiones que no avancen la trama.

¡Ahí va, el maletín de tu padre! ¡Se me había olvidado que lo tenía!

-Esa  celeridad obligada impide detenerse en el dolor que experimentan los personajes cuando les ocurre algo realmente malo. Así, el montaje escaquea que veamos a May con Peter inmediatamente después de la muerte de Tío Ben, y pasa vertiginosamente por el duelo de Gwen Stacy.

Y estas son solo algunas de las cosas que recuerdo ahora que han pasado algunos días desde que vi la película. Pero seguro que hay más.

Lo que me preocupa es, como he dicho al principio, que esto no es algo que ocurra solo en “The Amazing Spider-Man” sino que es una característica del cine comercial moderno. En nombre del ritmo todo puede y debe sacrificarse. Da igual que se pierda coherencia, o que al final las películas parezcan una sucesión de escenas sin demasiada conexión entre sí, una especie de tráiler de dos horas.

Quizá es algo inevitable. Porque al mismo tiempo que desde las productoras se pide celeridad, también estamos en un momento en el que una historia con una estructura sencilla, que no se plantee como la ambiciosa primera parte de una trilogía, parece que no merece la pena. Todo el mundo quiere un “Los juegos del hambre”, o un “Crepúsculo”. Debido a ello, las historias crecen en complejidad, pero al tener que ser encajadas en la duración de una película convencional, el resultado acaba siendo películas frustrantes (y frustradas), víctimas de su propia desmesura. Y al final, de todas maneras acaban aburriendo. Porque por un lado al ir a toda mecha dejan sin explicar cosas importantes, pero por otro, al ser tan densas, obligan a escribir escenas pesadísimas en las que los personajes se ven obligados a recitar datos y más datos sin los cuales ya sí que no se entendería nada de nada.

Por lo que tengo curiosidad es por saber cómo habrán vivido el proceso de desarrollo del guión los tres guionistas que lo firman. Los tres son muy buenos, con créditos que lo demuestran, y se les tienen que haber abierto las carnes al ver la película. Bueno, quizá menos a Alvin Sargent, quien, si no me equivoco es el marido de la productora, la recientemente fallecida Laura Ziskin. En todo caso, supongo que tendrán que pasar unos cuantos años hasta que puedan contar cómo han sido realmente las cosas. Aunque he leído por ahí que ni siquiera han trabajado juntos y que el guión rodado es el resultado de coger trozos de las versiones de uno y de otro.

Visto como se hacen las cosas, habrá que ir pensando en incluir en los másters de guión una asignatura que se llame “Atajos, o cómo escribir una película comercial dejando de lado la lógica o la coherencia”. O más que “Atajos”, me gusta la palabra que usa una amiga guionista: “Jetadas”.

Y no creáis que lo digo tan en broma como parece…

*Tras terminar este texto un amigo me envió este enlace en el que se explica que en montaje se eliminaron varias escenas en las que sí se explicaban más cosas sobre el origen de Peter. Parece ser que después de ver la película, los productores se arrepintieron de algunas de las decisiones que habían tomado y trataron de arreglarlo como pudieron a poco menos de dos meses del estreno. De ahí la sensación de chapuza que transmite a veces. 


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