EL ESQUELETO

por David Muñoz

“Margaret” es la segunda película como director del autor teatral y guionista Kenneth Lonergan. La vi al día siguiente de ver “The Dark Knight Rises”, y, mientras que los 164 minutos de la película de Batman se me hicieron eternos, los 150 de la de Lonergan se me pasaron en un suspiro.

Aunque se rodó hace seis años, “Margaret” se ha estrenado en todo el mundo hace nada, después de que Lonergan y sus productores llegaran por fin a un acuerdo respecto a la duración del montaje que debía verse en los cines. Por lo que parece, existe una versión mucho más larga, pero también una de hora y media.

En todo caso, creo que la espera ha merecido la pena.

Pero no voy a pretender convenceros de que “Margaret” es un peliculón. No creo que algo así se pueda decir objetivamente de ninguna obra de arte. Cada historia es a su manera un test de Rorschach. Vemos en ellas lo que queremos (o podemos ver). A mí “Margaret” me emocionó. Pero navegando un rato por Internet es fácil encontrar comentarios de espectadores que si no se largaron del cine a mitad de la proyección fue de puro milagro. Los que para mí son defectos menores, para otros son escollos insalvables.

“Margaret” cuenta la historia de Lisa Cohen, una adolescente magníficamente interpretada por Anna Paquin. Una mañana, Lisa sale a dar un paseo para comprar un sombrero de vaquero, pero no consigue encontrar ninguna tienda donde los vendan. Al ver que un conductor de autobús lleva uno, trata de llamar su atención. El conductor se despista, se salta un semáforo en rojo y atropella a una mujer que muere desangrada en brazos de Lisa. Como siente que lo ocurrido ha sido culpa suya, Lisa miente a la policía y dice que no vio si el conductor se saltó o no el semáforo. Gracias a eso, el conductor puede seguir adelante con su vida como si nada hubiera pasado. Pero poco después, Lisa se arrepiente y se empeña en llevar a juicio al conductor para conseguir que pague por lo que ha hecho.

Si os estáis preguntando por qué una película protagonizada por una “Lisa” se llama “Margaret”, os aclaro que es el nombre de un poema que lee en clase uno de sus profesores. Es una de las pocas pegas que yo le pondría a la película. El poema explica  el arco dramático de la protagonista, y sobre todo, clarifica el significado de la escena final. Algo que a mí no solo me parece necesario sino que le resta de una cierta ambigüedad que hubiera resultado mucho más interesante. Claro que bastante putas las pasó el pobre Lonergan para que le dejaran estrenar su película, como para pedirle encima que la hubiera hecho más rarita todavía…

Aunque la trama principal de la película es la que os acabo de contar dos párrafos más arriba, en “Margaret” también hay sitio para otras historias. Entre otras cosas, a Lisa le gusta un macarra de su instituto que no parece tener mucho interés en ella; está colada por uno de sus profesores; tontea con otro compañero de clase (un pobre “pagafantas”) y anda peleada con su madre, una actriz divorciada que acaba de empezar a salir con un hombre bastante sensato al que Lisa no quiere ni conocer. Y me dejo varias subtramas fuera para no abrumaros. Subtramas que, además de ayudarnos a conocer mejor a Lisa, abordan temas como el terrorismo islámico, el sionismo, la causa palestina, la justicia como concepto y su traslación a la vida real cuando pasa el filtro de la ley, etc.

Pero si queréis saber más sobre los temas de “Margaret” os recomiendo que leáis este estupendo texto analizando su guión que apareció publicado en Ain´t It Cool News.  Lo que me importa de cara a lo que quiero comentar hoy es que pese a ser tan ambiciosa, “Margaret” es una película que no resulta nada farragosa. Las subtramas -aunque podrían haberse suprimido en montaje, como querían algunos de sus productores, ya que no afectan nada a la trama principal-, en ningún momento te producen la sensación de que la historia se ha detenido y tú mientras, ahí, impaciente esperando que se vuelva a lo que realmente te interesa. Y eso que en una de ellas el punto de vista no es el de Lisa sino el de su madre (algo muy arriesgado, normalmente más propio de la televisión).

Estoy seguro de que desde luego eso se debe no solo a lo bien escrito que está el guión de Lonergan, sino también a que el montaje que se ha estrenado en España, de 159 minutos  (dicen que obra de Thelma Schoonmaker y Martin Scorsese, aunque contando con la aprobación del director) es excelente. Pero a pesar de ese montaje. “Margaret” podría no haber funcionado. Habría sido fácil que hubiera sido un plomo.

Pensé mucho en ello al salir del cine. Y mi conclusión fue que tener un personaje con un objetivo claro, que no para de hacer cosas para conseguirlo, te permite contar con un esqueleto muy sólido, sobre el que es posible colocar todo tipo de “adornos”, porque no va a derrumbarse con su peso, por muy grande que éste sea. Eso facilita también las digresiones (esos breves momentos ajenos a la historia que no constituyen ni siquiera una pequeña subtrama). Porque aunque te “marches” brevemente, siempre “vuelves” a lo que realmente importa.

Un guión en el que esté dibujada claramente la ruta que va a seguir el protagonista para llegar de A a C, se puede permitir muchos desvíos sin que tengamos la sensación de que tanto él como su historia han perdido el rumbo.

Me parece una lección importante. Una de esas que creemos saber pero que luego solemos olvidar cuando nos ponemos a escribir.

Eso sí, para que funcione, no hay que olvidar que la trama principal es la que aporta los puntos de giro más importantes y la que ocupa más páginas del guión. Los espectadores necesitan saber qué historia les están contando, saber por dónde se andan. Si la que tú quieres que sea tu trama principal no es la que le cuenta alguien al salir del cine cuando le preguntan de qué va la película, entonces tienes un problema.

Algo importante es que la trama principal no debe construirse alrededor de un MacGuffin. Tal y como lo explicaba Hitchcock (y la Wikipedia), el MacGuffin “es un elemento de suspense que hace que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene mayor relevancia en la trama en sí”.

Si bien en un thriller puedes utilizar un MacGuffin y realmente, muchas veces no importa, en un drama, sobre todo si tiene esa duración, sería una locura. Puedes ver “Con la muerte en los talones” sin saber qué es lo que buscan los protagonistas, porque lo que importa es otra cosa (de hecho, en un momento muy divertido de la película de Hitchcock, cuando se explica todo, el ruido del motor de un avión nos impide escuchar lo que se dice), pero en el caso de un drama, el objetivo del protagonista, su meta, suele ser el detonante no solo de su conflicto, sino la manera de unificar trama y tema, de forma que una y otra sean casi inseparables. Lisa desea hacer pagar al conductor del autobús por su error porque en el fondo es una manera de hacerse pagar a si misma por su complicidad involuntaria. En todos los pasos que da para conseguirlo se dramatiza su conflicto más poderoso: su incapacidad para encajar la diferencia entre lo justo y la justicia, para que su idealismo (como todo idealismo, despiadado) no se transforme en cinismo en un mundo donde nada es cómo ella cree que debería ser. Lisa no solo busca “algo”, busca algo muy concreto, y sin ese algo no habría película. No es que no tenga relevancia, es que sin él, la película no sería relevante.

Viendo “Margaret” también pensé en lo interesante que era la caracterización de la protagonista. Lisa es un personaje un tanto desagradable. Es cruel con el compañero de clase que está enamorado de ella, no siente ninguna empatía por su pobre madre, y en su afán justiciero no parece muy preocupada del dolor que sienten aquellos cuyas vidas perturba con sus acciones. Y sin embargo, de alguna manera, la queremos. Quizá porque todos hemos estado ahí. Todos hemos sido adolescentes. Pero también porque los conflictos de Lisa no están tan lejos de los nuestros tengamos ya la edad que tengamos. Como decía Lonergan en una entrevista, explicando por qué había decidido escribir este guión, “yo muchos días sigo sintiendo que tengo las cosas  tan poco claras como una adolescente”. Puede que ahí esté la clave del éxito de Lonergan para convencernos de que Lisa es real. No está escrita desde la distancia, o desde la superioridad que en teoría dan los años o la experiencia. El guionista no mira al personaje por encima del hombro. No te dice “mira que somos tontos de chavales”. No, te dice “mira que somos tontos a veces”. Todos.

También me parece interesante que en el arco de Lisa se cumpla una de esas reglas que tantas veces explicamos los profesores en clase tratando de ayudar a nuestros alumnos a construir personajes más interesantes: “al final dale al personaje no lo que quiere, sino lo que necesita, pero no sabe que necesita”.

Lisa busca justicia, pero lo que necesita es… bueno, no os voy a destripar la escena final, pero a mí me pareció conmovedora. El único buen final posible para una película así.

Algo que de tanto repetirlo suena a fórmula sin mayor interés, funciona porque es el principal dilema que todos intentamos resolver en nuestras vidas. ¿Quiénes somos? ¿Qué es lo que realmente queremos? Quizá no haya algo más importante de lo que podamos hablar. Y por eso nos interesan tanto las historias que lo abordan.

“Margaret” es una película que da para mucho más y quizá vuelva a ella en un futuro. Pero de momento lo dejo aquí.

Y por “de momento” me refiero a por lo menos hasta septiembre, porque durante el mes de agosto voy a tomarme vacaciones de Bloguionistas.

Así que nada, disfrutad de lo que queda de verano…

…y nos leemos en septiembre.

10 respuestas a EL ESQUELETO

  1. Ana dice:

    Esto es lo que yo intento explicar siempre, pero no tan bien. Al esqueleto yo lo llamo “la raspa del pescado” y a partir de ahora sólo tendré que pasarles este post.

  2. Eduardo Matres dice:

    “Quizá hay está la clave del éxito de (…)”

    Señor Muñoz, las prisas no son buenas.

    Buen post de todos modos.

    • David Muñoz dice:

      Ahora mismo lo corrijo. ¡Gracias! Aunque en este caso, más que las prisas creo que me pudo la falta de sueño (mundo padre…). Es curioso, porque normalmente cuando estoy cansado cometo otros errores, no ese. Se me estará fundiendo el cerebro con la edad.

    • David Muñoz dice:

      Eduardo, he revisado el texto y he encontrado algún error más. La verdad es que me van a venir bien unas vacaciones de Bloguionistas. Me he empeñado en escribir textos más o menos ambiciosos y al final me veo escribiéndolos a unas horas que tampoco es plan, y sin tiempo para revisarlos en condiciones. Y me fastidia subirlos así. Porque precisamente eso es algo con lo que le meto mucha caña a mis alumnos. Las formas son importantes. Bueno, de todas maneras me alegro de que te haya gustado.

    • Eduardo Matres dice:

      Me di cuenta de otros errores (algunas tildes en ciertos pronombres relativos fugaces, por ejemplo), pero vi excesivo seguir con la caña, habiendo escrito usted un texto tan bueno.
      Por eso intenté decirlo de la manera más suave posible. Espero no haberle ofendido.
      Que disfrute de unas (seguro) merecidas vacaciones.

  3. Rand dice:

    “Pero no voy a pretender convenceros de que “Margaret” es un peliculón. No creo que algo así se pueda decir objetivamente de ninguna obra de arte. Cada historia es a su manera un test de Rorschach.”

    A mí me ha llegado al alma este extracto.

  4. David C. dice:

    Quiero ver la película luego de leer el post.
    Saludos
    David

  5. Antonio dice:

    Buen post. A partir de ahora seguiré este blog. Me interesa aprender más de guiones para mis cortos. Saludos a todo.

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