DAMON LINDELOF NO ES IDIOTA

25 septiembre, 2012

Por David Muñoz

Cerré la entrada de la semana pasada haciendo un comentario sobre Damon Lindelof y su guión sobre “Prometheus”, la “no es una secuela de Alien pero lo parece” de Ridley Scott.

Como suele pasar cada vez que se menciona su nombre, aunque sólo le dediqué tres frases, hubo varios lectores de Bloguionistas que aprovecharon para cargar contra Lindelof. Y todos tenían bastante razón. Después de la jugarreta que nos hicieron él y su amigo Abrams con el final de “Lost”, es comprensible que se le tenga ganas. Yo soy el primero que después de ver aquel infausto capítulo, le hubiera dicho cuatro cosas de habérmelo cruzado por la calle. Pero dado que de todo eso ya hablé aquí hace tiempo, no voy a insistir en el tema.

De lo que quiero hablar hoy es de otra cosa. Como ya he adelantado al titular así esta entrada, estoy convencido de que Damon Lindelof no es idiota. Tampoco creo que sea un guionista inepto que hace lo que hace porque no sabe hacerlo mejor.

Desde luego que hay momentos en “Prometheus” que cuesta creer que hayan salido del ordenador de un guionista un poco curtido, como ese en el que el científico decide acariciar a un bicho del espacio como si fuera un perrillo. Pero no hay que olvidar que esa escena fue aprobada no solo por media docena de productores, sino por el estudio y, sobre todo, por el director de la película. Y a todos les pareció bien. Si no, jamás habría sido rodada. De hecho, es imposible saber si esa escena, u otras igual de bobas, fueron escritas por Lindelof. O si la idea que las originó fue suya o quizá del director. Como sabemos todos los guionistas profesionales, muchas veces te ves obligado a escribir lo que te dictan y acabas sintiéndote más escribiente que guionista.

No, lo que le pasa a Lindelof es otra cosa.

Para mí, Lindelof es un malabarista que, al darse cuenta de que su público está pendiente de cada uno de sus movimientos, no puede evitar la tentación de querer impresionarlos cogiendo más y más bolas, hasta que resultan ser demasiadas y se le caen todas al suelo.

Su estilo consiste en acumular puntos de giros, “cliffhangers”, sorpresas o cómo lo queráis llamar, en un “más difícil todavía” que convierte cada uno de sus guiones en un “tour de forcé” narrativo de una intensidad por la que es difícil no sentirse atraído.

Y eso, en televisión, funciona. O más bien funciona durante mucho más tiempo que en otros medios.

El momento definitivo de “Lost”, y de este tipo de escritura, es la escena de la escotilla. La última de la primera temporada de la serie. Con todos los personajes tensos, expectantes, a punto de descubrir un mundo nuevo. Y nosotros con ellos.  Lo malo es que al final, la escotilla hay que abrirla.

El momento que mejor define “Lost” y este tipo de escritura es la escena de la escotilla, la última de la primera temporada de la serie. Con todos los personajes tensos, expectantes, a punto de descubrir algo que en teoría debía dejarnos boquiabiertos. Lo malo es que al final, la escotilla hay que abrirla. Y si lo que hay debajo no responde a las expectativas…

Para lograr esa intensidad de lo que hablo, Lindelof se ve obligado a sacrificar la lógica de la historia que está contando (si es que alguna vez la tuvo). Nada tiene sentido o resulta coherente. Las bolas se caen al suelo y cada una sale rodando en una dirección distinta.

¿Es eso una señala de incompetencia?

Creo que no. Lindelof sabe lo que hace. Es consciente de lo que arriesga. Pero prefiere eso a escribir una historia mucho más coherente pero menos atractiva.

Esa es su apuesta. Y le ha salido bien. Aquí estamos criticándole mientras él se da un baño en su piscina de su mansión Beverly Hills (es un decir, no tengo ni idea de dónde vive, pero ya me entendéis…).

Decía antes que la apuesta funciona en televisión durante mucho más tiempo que en otros medios. Y así es. Es cierto que el final de “Lost” fue terrible, pero mientras tanto, nos pasamos varios años disfrutando como enanos. Algo nos decía que todo aquello era imposible que fuera a encajar nunca demasiado bien. Pero no nos importaba. Estábamos disfrutando demasiado. Preferimos dejarnos llevar. En ese sentido Lindelof es quizá el guionista de televisión ideal. La zanahoria siempre colocada delante del burro, que es dónde debe de estar.

Pero la cosa se complica cuando escribes una película que “solo” dura dos horas y pico.

Porque con las películas a veces pasa como con las relaciones.

Al principio, todo va bien. Te sientes tan eufórico que te resulta imposible creer que alguna vez te vaya a ir mal. Digamos que es el primer acto.

Después, empiezas a darte cuenta de que las cosas no son exactamente cómo creías. Ella (o él) tiene cosas que no acaban de convencerte y vaya, esas cosas cada vez te molestan más. Segundo acto.

Y por fin, aceptas la realidad. Todo lo que creíste al principio estaba solo en tu imaginación. Las cosas que te enamoraron no existen. Has estado viviendo una mentira. Final.

Entonces llega el despecho, y a veces la rabia.

Ese desengaño es tan duro, que muchos son incapaces de aceptarlo. Para eso existen las terapias de pareja. Y para eso existen también los blogs que explican que en el fondo, “Prometheus” está pero que muy, muy bien. ¡En la edición extendida todo tendrá sentido! ¡O sino en la segunda parte! ¡O en la tercera!

Ahora caigo que con las historias pasa justo al contrario que con las relaciones. Cuanto más duran, más fácil es que te engañen.

La televisión puede ser un eterno primer acto (hasta que bajan las audiencias, claro). En el cine eso es imposible.

No me extrañaría que un día de estos Lindelof se descolgara con un guión a la antigua usanza (o sea, con sentido), para tratar de recuperar la reputación perdida. Un guión en el que por Ej. los personajes se respondan unos a otros cuando llegue la hora de hablar de cosas importantes.

Quizá eso es a mí lo que más me irrita de su estilo.

En “Cowboys & Aliens”, de Jon Favreau (una película que por cierto no está nada mal, o por lo menos no tan mal como parece), hay un momento que para mí resume perfectamente el “tic” más molesto de Lindelof. Como decía antes respecto al guión de “Prometheus”, no puedo saber si esa escena es suya -y menos aún en este caso, ya que comparte crédito con otros cuantos guionistas-, pero como parece salida de “Lost”, tiendo a creer que sí, que él ha tenido algo que ver.

La escena es más o menos así: el protagonista ha perdido la memoria y no sabe quién es. Cosa que lógicamente, le preocupa mucho, sobre todo porque de vez en cuando recuerda cosas extrañísimas que no tienen ningún sentido y porque, bueno, lleva unos cuantos días con un arma lanza rayos pegada a la muñeca. Pues bien, en estas que conoce a una chica que al parecer sabe algo sobre lo que le ha ocurrido. Y ella se acerca a él y se lo dice. “Oye, mira, que si quieres te puedo ayudar a descubrir quién eres y esas cosas”. ¿Y él qué hace? ¡Pasa de ella y se marcha, dejándola con la palabra en la boca!

De nuevo, os aseguro que en televisión eso hubiera molestado menos que en cine. Habríamos pensado: “ya lo explicaran”.

De ser suya, esa escena reforzaría el punto de partida de esta entrada: Damon Lindelof no es tonto. Al revés. Es muy listo. Un guión de una película así lo lee mucha, mucha gente antes de llegar al rodaje. ¿Y seguro que a nadie le “cantó” que tratara de alargar la incertidumbre sobre el origen del protagonista de una forma tan artificial? Seguro que sí. ¿Entonces…? Pues lo que os digo. Que Lindelof es muy listo. O al menos muy persuasivo. Me encantaría estar en algunas de sus reuniones para saber cómo consigue vender semejantes ideas, cómo se las arregla para conseguir que tanta gente acabe comulgando con ruedas de molino.

Aunque después de ver cómo vendió el final de “Lost”, halagando la inteligencia de los espectadores al mismo tiempo que escurría el bulto, no cabe duda de que es un maestro trilero.

Quizá ese sea el mayor superpoder de Lindelof como guionista. Un superpoder que a todos nos vendría bien tener. Sobre todo porque muchas veces es más fácil vender las ideas desde la emoción en vez de desde la lógica (un tema que por cierto me gustaría desarrollar dentro de unas semanas).

Además, lo más importante de esta entrada es que por fin voy a desvelar la verdadera identidad de la mente pensante de “Lost”.

Con esto que vais a ver, ya está todo explicado.

Aquí la tenéis:


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