“HOMELAND”, LA VERDAD Y LA MENTIRA

4 octubre, 2012

por Carlos López

Se acabaron las quinielas: es la serie del año. En la entrega de los Emmy, hace diez días, hizo hincar la rodilla al mismísimo Mad Men, que se fue de vacío después de cuatro años arrasando. ¿Es así de buena, tanto como dicen, se merece tal aluvión de premios? Yo creo que sí. ¿Habrá un antes y un después de Homeland, como ocurrió con Canción Triste de Hill Street, con Twin Peaks, con Los Soprano, con Lost? Y yo qué sé. Aún es pronto para saberlo. Probablemente no, porque Homeland es una narración más convencional, no pretende crear escuela ni polémica, no ha venido a revolucionar la forma de hacer series.

 ¿O sí?

Reconozco que la abordé con desconfianza. Cuando todo el mundo habla de una serie, cuando todos los mensajes que te llegan son el mismo y te imponen la obligación de verla, me siento ante la pantalla afilando el colmillo. Soy un blando: enseguida me desarman. Me pasó con casi todas las que ya he citado, sobre todo con Mad Men, una serie que me da ganas de comprarme un sombrero para quitármelo en cada temporada. No es que estas series me gusten, es que aprendo con ellas, tanto que al final de algún capítulo mastico mi envidia entre dientes: cómo harán para que les entre todo.

El domingo pasado comenzó en Showtime la segunda temporada. El domingo que viene empieza a emitirse en España (FOX). Vale, hablemos de Homeland. 

Aviso: A PARTIR DE AQUÍ, TODO ES UN GRAN SPOILER.
Sólo deberías seguir leyendo si has visto la primera temporada completa.

La pizarra de esta primera temporada les ha salido casi redonda. Pese a lo que parece sugerir su concepto –el héroe de vuelta a casa, el cuartel general del espionaje, los marines, los políticos de Washington–, los guionistas manejan muy pocos elementos y les basta una docena y media de personajes para conseguir la CIA más creíble que he visto en  mucho tiempo y, sobre todo, para mantener siempre alta nuestra expectativa, que de eso se trata. Y además de ese trazo seguro, Claire Danes, Damian Lewis y Mandy Patinkin (tremendo, y eso que me cuesta olvidar a Iñigo Montoya cada vez que lo veo) ayudan a que nos sintamos parte de la trama.

Está basada en una serie israelí, Hatufim, de la que solo he visto su primer episodio. El punto de partida es el mismo, la vuelta a casa de los prisioneros de guerra, pero Homeland marca enseguida las distancias barnizando su trama con la paranoia posterior al 11-S. El ataque a las Torres Gemelas aparece en su cabecera para dejar claro que nada de lo que sigue en cada capítulo podría suceder si no hubiera existido aquella tragedia. Apenas se habla de ello, pero es una serie sobre el miedo que se ha instalado en la sociedad estadounidense desde hace ya once años. El miedo a sentirse atacado, el miedo a que el enemigo esté entre nosotros, el miedo a perder la guerra y sucumbir a su canto de sirena, a que estemos condenados inevitablemente a colarnos por el desagüe. El personaje de Carrie está dibujado a la sombra de esa amenaza: vive con secuelas del ataque, movida por un sentimiento fatalista de la vida, pegando bandazos del amor al odio hacia un enemigo cuya existencia necesita para seguir en pie. Sin enemigo, no es nadie.

No es una serie política. No en el sentido del compromiso con una idea, ni siquiera se plantea generar debate. No va contra el sistema, los malos ocupan un gobierno que bombardea y luego miente a sus ciudadanos (vale, no es exactamente el gobierno, es el vicepresidente, digamos que es una manera fácil de criticar escurriendo el bulto, apuntar al tonto útil, siguiendo una tradición televisiva que en esta entrada de blog nos recuerdan: no te fíes de un vicepresidente)

Es una serie, también, sobre la mentira. Algo que nos recuerdan cada cuatro años, por lo menos: el electorado de Estados Unidos no soporta LA MENTIRA. Al comienzo de la serie, Carrie sostiene que Brody miente y que todo el país está creyendo su mentira. ¿No es para tener miedo? En la segunda mitad de la temporada, nos cuentan la verdad de Brody. Sus razones para cambiar de bando. La principal, que el gobierno miente a sus ciudadanos. Esa es su misión: librarles de las mentiras.

Para acabar de liarnos, resulta que Carrie tiene una enfermedad que necesita tratamiento psiquiátrico. Entonces, ¿todo forma parte de su neurosis?

Hasta el final del capítulo ocho, Brody no muestra sus cartas. Hasta ese momento, se tira siempre del mismo hilo: ¿cuál es LA VERDAD? Y la verdad completa, el plan de ataque, sólo se revela por completo en el último capítulo. Para entonces, sin embargo, nadie cree a Carrie.

¿Me he perdido? Pues aviso: a partir de aquí, TODO ES UN GRAN LÍO.
No estoy seguro de que debieras seguir leyendo.

Convencida de que Brody es un farsante, Carrie lo somete a permanente vigilancia, lo cual nos obliga a los espectadores a vigilar el comportamiento del marine en espera de descubrir algún detalle revelador. Si pasa el día en posición fetal, si la emprende a puñetazos con un periodista, si compra una alfombrilla para rezar a Allah… todo puede ser síntoma de su conversión. O quizá no, quizá todo tenga una explicación más sencilla, al fin y al cabo es un hombre que ha estado preso ocho años.

 Así nos mantiene en vilo, caminando sobre el filo de lo posible y lo probable. Si nos parásemos a pensar (si pensáramos sólo como guionistas), enseguida llegaríamos a la conclusión de que no hay otra opción: sí, claro, Carrie está en lo cierto; sí, claro, él es un converso y tiene un plan de ataque. ¿Cómo no? Cualquier otra posibilidad nos provocaría decepción. Si nos paramos a pensar, digo, sabemos la verdad. Pero queremos que nos lo cuenten, que lleguen a ese final con su punto de lógica y su punto de sorpresa.

Muy resumido, nuestro oficio consiste en contar mentiras. Más propiamente, en contar mentiras para contar la verdad. Suelo practicar con alumnos las herramientas de las que dispone un guionista para contar una mentira. Sólo algunas preguntas que uno se puede hacer: ¿Cómo provocamos que el espectador sospeche que un personaje está mintiendo? ¿Vamos a darle una información que no tienen los demás personajes? ¿Y si después el espectador descubre que esa información era falsa? ¿El personaje que miente lo hace a propósito o se le escapa? ¿Miente como parte de una estrategia, miente para ocultar algo… o quizá no sabe que está mintiendo? ¿Cree que los demás se tragan su mentira y nosotros sabemos que no, que son conscientes de que trata de engañarlos? ¿O al revés, él cree que lo que dice es verdad y su interlocutor sabe que es mentira pero por alguna razón no se lo dice? En fin, el número de capas es casi infinito, dentro de cada personaje, dentro de cada secuencia, en los niveles de relación entre personajes y en las puertas que se le ofrecen al espectador.

(No sé si parece sencillo. No lo es en absoluto: escribid una sola secuencia en la que un personaje miente. A ver qué se entiende)

Así nos atrapan los seis primeros capítulos, en los que seguimos de cerca a Carrie: sus peleas con su compañero y con su hermana (a ambos les miente, por cierto), su ejercicio de voyeurismo, su entrada en la vida de Brody con o sin permiso, a costa de perder amigos o de que naufrague su precaria salud mental. Al final del sexto capítulo, en la que probablemente sea la mejor escena de la temporada, el sargento Brody habla a cámara mientras es sometido al polígrafo para saber si ha sido él quien ha introducido la hoja de afeitar con la que se ha suicidado un detenido. Carrie no cree a Brody, no cree a la máquina, no se cree nada de nada. Y como último cartucho para pillarle ordena una pregunta personal: si ha sido infiel a su mujer. Sólo ella (y nosotros) sabe la respuesta, porque no hace mucho que ambos han follado en el asiento trasero de su coche.

Brody responde que no. La máquina lo registra como verdad, pero nosotros sabemos que MIENTE DESCARADAMENTE. Carrie sabe que miente, pero no puede sincerarse con sus compañeros, no aprobarían su comportamiento… Y además, ahora sabemos que Brody se ha dado cuenta de que Carrie está detrás de esa pregunta. Brody sabe que va a por él. Brody sabe que ella también está mintiendo. Y al final del capítulo, la invita a montar en su coche. Bam.

 

El capitulo seis termina con esa mentira, dicha a cámara.

El capítulo siete es el capítulo de la verdad.

The Weekend, el capítulo siete, funciona como bisagra. Carrie y Brody pasan el fin de semana en una cabaña en el campo. Intimidad absoluta, sexo sin alcohol. Parece que los guionistas se han cansado de jugar y van a echar las cartas sobre la mesa.  A mi juicio, es un capítulo soberbio bajo la apariencia de inofensivo paréntesis. Un torbellino de verdades y mentiras. De medias verdades y de aparentes mentiras. De revelaciones y engaños. Cara a cara. Un pulso.

La espoleta es una metedura de pata de Carrie que deja en evidencia que le ha estado espiando: se le escapa en voz alta cuál es el té favorito de Brody, algo que él nunca ha dicho en su presencia. Eso va a obligar a que se quiten mutuamente la careta (con una trama paralela en la que Saul, el inmenso Patinkin, viaja junto a una detenida intentando sonsacarle la verdad a base de contarle la suya propia).

Dicho de otra manera, Brody es consciente de que Carrie le ha mentido. ¿Ha estado fingiendo en todo momento? ¿Qué sabe de él y de sus intenciones? ¿El polvo ha sido de mentira?

Hemos visto a Carrie borracha, la hemos visto coqueteando con el marine, la vemos ahora follar con él… y no estamos nada seguros de si la mueve un interés personal o profesional. ¿No será todo una estrategia para conseguir que él se sincere? ¿Se está mostrando tan sonriente como parte de su trabajo? ¿Folla con él porque le gusta o quiere hacerle creer que le gusta para follar con él y desarmar sus recelos? ¿O sólo quiere follar con él, punto? La respuesta es fácil: todo a la vez. Carrie no diferencia una cosa de otra. Es obsesiva, adicta al trabajo, está sola. Es una enferma. Todo lo que hace y dice la pone a ella misma en juego, en su totalidad. Todas sus palabras son ambivalentes, la cuentan a ella y a la trama, como espía y como ser humano. Terreno sabiamente abonado para el trabajo de un guionista.

Carrie y Brody se sientan frente a frente, cada uno se deja interrogar por el otro. Ella le cuenta lo que ya sabemos, el soplo de un preso sobre la conversión de un soldado. Él se muestra indignado porque le crean un enviado de Al Qaeda y le cuenta su verdad, cosas que ya sabemos y algunas cosas que son mentira: por ejemplo, que no conoció a Abu Nazir. Y aquí recordamos el final del capítulo anterior: Brody es capaz de mentir sin mover una pestaña. ¿Se está confesando o está representando una confesión? ¿Qué no es verdad de todo lo que cuenta Brody?

Y así, cada uno al extremo de una mesa, como una partida de póker, cambian las reglas del juego. Carrie es pillada en una mentira y él miente para ocupar sobre ella una posición de dominio. El capítulo va a terminar con algo que parecía impensable sólo un par de capítulos antes: Carrie llora y pide perdón, reconoce que ha metido la pata, le cree, quiere se quede a su lado. Llora tan de verdad que nos creemos, ahora sí, que quizá esté enamorada. Que le necesita.

Llegamos hasta esa escena, además, con una verdad recién descubierta por Saul: el otro marine preso también está vivo. Dicho de otra manera: era mentira que hubiese muerto, aunque así lo contó el propio Brody. Así que ese es el soldado converso del soplo. Lo cual es una verdad a medias, porque tanto él como Brody son conversos.

Perdonad si os parece una ida de olla, pero todo eso está en el capítulo. ¿Demasiado lío? Pues sí. Lo bueno es que en el capítulo todo parece fluido e inevitable. Apenas se notan las horas de trabajo que lo sostienen.

A partir de aquí, la serie gira sobre sí misma como si doblásemos un papel por la mitad. Carrie pierde pie, sigue pistas equivocadas, incluso resulta herida en una explosión, su enfermedad entra en barrena. Es Brody quien lleva la iniciativa y pone en marcha su plan después de superar una crisis que sirve para que los flashbacks se encadenen definitivamente y nos enteremos de qué le llevó a cambiar de bando.

¿He dicho un papel doblado por la mitad? En The Weekend queda escondido un diamante más. En el centro del capítulo, ¡en el mismísimo centro de la temporada!, cuando Carrie y Brody pasan su primera noche juntos (la única vez que comparten cama), sucede algo que será la puerta a la segunda temporada. Brody tiene una pesadilla. Se le escapa un nombre: Issa. Sólo sabremos a qué se refiere tres capítulos después. Y justo al final de la temporada, en la última escena, cuando Carrie, ya desahuciada, expulsada de la CIA, a punto de recibir un electroshock, lo recuerda abruptamente: Issa. Acaba de darse cuenta, por fin, de que tenía razón. Vuelve al capítulo seis. Sabe que su verdad es la verdad, sabe que Brody los ha mentido a todos.

Nos queda saber si recordará esa verdad después de la descarga. Cómo hará para que los demás la crean. Y cuándo descubrirá que entre sus compañeros hay un infiltrado. Un mentiroso.


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