SERIES QUE AQUÍ NO LLEGAN (II)

29 noviembre, 2012

por Javier Olivares.

Continuamos hablando de “series que aquí no llegan”. En esta ocasión nos ceñiremos a algunas de las estrenadas en este mismo año del 2012. Recordar otra vez que pocos lugares mejores para informarse de estos temas como el Tvc 15 Canal de TV  de Pablo Olivares (tan breve como brillante y contundente) y el http://librodenotas.com/elreceptor/ de Jonatan Sark (en este caso abierto a información de programas de no ficción, informativos, industria… un auténtico pozo de sabiduría).

WHITE HEAT (BBC 2)

Si hay una palabra que define a la perfección  White Heat  es “emocionante”. Creada por Paula Milne (una veterana de 65 años con una fuerza que más quisieran muchos jóvenes) narra en 6 capítulos la vida, amores y desencuentros de siete personajes desde los años 60 hasta el nuevo siglo. En realidad, pese al paso del tiempo, la serie tiene el halo y la pasión de una década, la de los 60, que fue especialmente apasionante en el Reino Unido. Por ella pasan Wilson, Thatcher, la cultura de las drogas, el amor libre (o no tanto), el feminismo, la ideología política… como paisaje inigualable que se cruza con las emociones de los personajes.

Como decía en un texto que me envió al ver la serie mi compañera de oficio (y además amiga) Mireia Llinas: Cada vez estoy más convencida que la emoción se activa con el contraste. Sea cual sea la emoción, rabia, odio, alegría, llanto. Un hombre que postula un discurso de camaradería e igualdad abandona a su amigo cuando éste es detenido por haberle ayudado (a pesar de no merecerlo).  Un hombre que siempre ha querido una familia descubre que su mujer no puede tener hijos y se muestra fuerte y positivo para hacerla feliz… Un hombre que siempre ha evitado la violencia provoca una pelea cuando descubre que el hijo que espera su mujer no es suyo. Un padre que siempre está enfrentado con su hijo y viceversa  acaba confesándole, en el momento más duro por el que pasa el hijo, que de niño siempre le esperaba en la puerta de casa y que después fue él quien lo ha esperado toda la vida. Un egoísta infantil, que se pasa cuatro capítulos humillando a la mujer con la que se acuesta y defendiendo una moral que se salta cada dos por tres, acaba dándose cuenta que por culpa de eso ha defraudado y en unos casos perdido a todos los que le han querido…  Hay otro modo de llamarlo, arcos”… Brillante análisis. Sí, son arcos dramáticos. Y son magníficos, como la realización (magnífica fotografía y mezcla de imágenes documentales con grabadas de nuevo cuño) y sus diálogos, justos en sus palabras y exactos en sus silencios. Hablan de una cultura de otra época sin hacerlo didácticamente. Si la conoces, accedes a un doble nivel de información. Si no, la intuyes, te empapas de ella a través de unos personajes conmovedores. Emociones de siempre, pero ficción moderna y sin concesiones. Adulta.

No lloro casi nunca viendo series. Aquí, no pude evitarlo.

White Heat

THE HOLLOW CROWN (BBC 2)

Como bien escribió el maestro Marcos Ordóñez, The Hollow Crown es una lección de cómo hacer televisión. Incluida dentro de la Olimpiada Cultural (porque para los británicos la televisión es eso: cultura… y si no comprobar cómo venden lo que ellos llaman Original British Drama), se le encargó la producción del conjunto de la serie (cuatro capítulos, basados, cómo no en obras de Shakespeare) a Sam Mendes. Y éste, como explica Ordóñez, debió pensar: “Haremos la Henriada: Ricardo II, las dos partes de Enrique IV y Enrique V… Y de paso, que vean los chavales de dónde sale Juego de Tronos”. Y lo hace con la categoría habitual de la BBC cuando trata de estos asuntos. Y lo hace, mezclando directores (un veterano, dos jóvenes), pero unificando un estilo (cosa de la que tenemos que aprender mucho aquí). Y con unos actores de la talla de Ben Wishaw (el apasionado joven periodista de The Hour), Rory Kinnear, Patric Stewart, Jeremy Irons, John Hurt, Geraldine Chaplin, Lambert Wilson…

Una vez más, alto nivel de producción. Pero por encima de eso, un nivel de adaptación del lenguaje perfecto y una dramaturgia impecable. Ya sabíamos que estas cosas los ingleses las hacen de maravilla. Lo que nos admira es que, además, se superan. Lo que me provoca una envidia eterna es el orgullo con que tratan su literatura, su cultura, su televisión. Especialmente recomendable para el ministro Wert, su antecesora González Sinde y el/la que le sustituya. Iba a decir que ojalá sea pronto, pero visto lo visto este es un tema en el que siempre hay tendencia a empeorar.

The Hollow Crown

MOONE BOY (SKY 1)

Sigamos con la envidia cochina. Mientras aquí hacemos sitcoms de 50 y 70 minutos , los ingleses y americanos siguen en su 20 o 25 minutos. Mientras nosotros alargamos a 70 minutos (o más) un capítulo de una serie de primetime, los canales generalistas en los EEUU siguen en sus 40 minutos. Y los ingleses (y los daneses y suecos, no nos olvidemos de ellos) se estiran como mucho hasta los 50/60. HBO y canales de cable USA siguen la senda británica, pero con una diferencia: alargan la duración de sus series en mínimo 10 o 13 capítulos. Los ingleses van más lejos. Pueden hacer, como en Sherlock, 3 capítulos (que, eso sí, ahí alargan a los 90 minutos), de 4, de 5 o de 6 como mucho (no hablo de series de mediodía como Coronation Street, The Street…). La que más capítulos tiene es Doctor Who que puede llegar a más de diez… pero dividiendo la temporada en dos más un especial de navidad. De esta manera, dan prioridad a la historia, a la narración… Olvidando trucos para alargarla en demasía (algo que, me digan lo que me digan, genera segundas temporadas tan desiguales como la de Homeland, excelente en su primera).

Con Moone Boy, Sky va más lejos (como con Miranda): mantienen los 20 minutos… pero con sólo 6 capítulos por temporada. Deliciosos todos ellos. Para definirla, citaré a Jonatan Sark en su artículo Deathmatchizando novedades pilotales septembrinas:  ”Enorme. Grandísima. No sólo la mejor serie del mes, también una de las series del año. Chris O’Dowd crea esta serie, junto a Nick Vincent Murphy, a partir de su participación en el espacio de cortos humorísticos navideños Little Crackers en la que adaptaba un recuerdo de su niñez. En esta nueva serie el componente memorialístico sigue presente, pero aunque haya ecos de Aquellos maravillosos años no será la nostalgia lo que haga funcionar a la serie sino el humor, las aventuras del pequeño Martin Moone, su familia, sus amigos, en la Irlanda de finales de los ochenta, sus aventuras acompañado de su amigo imaginario Sean —efectivamente, este es el personaje interpretado por O’Dowd— van más allá mostrándonos toda la vida del pueblo, y permitiéndose un surrealismo ligero pero contundente. ¡¡¡Por series como esta merece la pena verse todos los pilotos del mundo!!!”. Opino lo mismo.

O´Dowd es el actor de Los informáticos (The IT Crowd), FM  o The Crimson Petal and the White. Y, además de buen actor, un excelente inspirador de series.

Más citas: Pablo Olivares en su Tvc 15 Canal de Tv dice de Moone Boy que “el momento del pub de amigos imaginarios en paro del capítulo 4 es uno de los momentos estelares del año televisivo”. También opino lo mismo.

Moone Boy

LINE OF DUTY (BBC 2)

Uno de los mejores arranques de serie de los últimos años, que sirve de teaser del capítulo 1 y, además, para mostrarnos de dónde viene el protagonista.

Line of Duty narra la investigación del departamento de asuntos internos en torno a un comisario de policía… que acaba de ser nombrado policía del año. Dudan de sus estadísticas, de cómo cierra los casos, de mínimas corrupciones, cuando en realidad ignoran el drama en el que el investigado se está metiendo. Un drama que supera con mucho lo que se imaginan y que lo pone en manos de una mafia organizada.

Tan dura y tan amarga es la historia que se nos narra en estos cinco capítulos que Scotland Yard, siempre tan solícita con la BBC, se negó a prestarles colaboración alguna. Su autor es Jed Mercurio, también novelista de prestigio.

Dos detalles. Uno: es reconfortante ver una serie que no echa mano en absoluto (pudiéndolo hacer) de la vida familiar de sus personajes, salvo en un delicado clip final. Hay una excepción, la vida del policía investigado… Pero porque tiene que ver directamente con la trama principal y con la autodestrucción del personaje.

El segundo detalle trata sobre los actores-niños en las series británicas. Aparte de excelentes (y más que eso si cabe, luego volveremos sobre ello en Hit & Miss), se les somete a unas tramas y a una situaciones que en España impediría la ley de protección del menor. Menos mal que dicha ley no es universal ni retroactiva. Si así fuera, jamás se hubiera podido filmar nada basado en las novelas de  Dickens.

Line of Duty

GOOD COP (BBC 1)

Aquí tengo sentimientos contrapuestos. Porque si bien los primeros capítulos de Good Cop me parecen magníficos, el final (y sobre todo su último y cuarto capítulo) va bajando de nivel por momentos.

A su favor, una interpretación magistral de Stephen Graham y de su principal protagonista, Warren Brown (Luther, Accused, Occupation…), una más que correcta realización y un arranque notable.

Good Cop narra la historia de un policía que ve (sin poder impedirlo), a apenas dos metros de la escena, cómo asesinan de una salvaje paliza a su compañero. A partir de aquí se irá vengando de los asesinos mientras ve cómo se resquebraja su vida privada…. Y sus principios.

Sin duda, el principal alieciente de esta serie es el análisis de la moral, de lo que es ser buen policía o no serlo, del concepto de justicia y de lo fácil que es hoy en día escaparse de ella por parte de quienes cometen los delitos… junto a dejar al espectador la posibilidad de tomar partido por unas actitudes u otras, sin indicarle el camino.

Como anécdota, decir que el último capítulo de esta serie semanal se pospuso casi un mes porque la BBC la retiró de la parrilla tras el asesinato de dos policías en las calles de Londres. ¿Tal vez influyera esto en el fallido montaje del final de la serie? A esto sólo podrá respondernos Stephen Butchard, su creador (autor también de la muy interesante House of Saddam y… Falcón).

Por último, excelentes tramas secundarias (o menos que eso) que realizan un contraste de la dura vida diaria de un policía que patrulla la calle. Su labor de hacer el bien y, a veces (en la trama principal) verse superado por el mal.

Good Cop

HIT & MISS (SKY ATLANTIC)

Una de las series del año. Algo previsible siendo una creación del gran Paul Abbott, guionista de excelentes series como Coronation Street, Cracker… y creador de obras maestras como State of Play, Exile o Shameless (por favor, nunca ver la versión USA antes de la original inglesa).

Ya en Exile ejerció de productor ejecutivo dejando el guión a otros. Aquí (ya con su productora de formatos AbbottVision), hace lo mismo y los guiones son de Sean Conway, pero su estilo y su calidad es tan reconocible como magistral. Reconozco que si me preguntaran cuál es mi guionista preferido, sin duda diría su nombre (del mismo modo que si me preguntaran por un productor ejecutivo, nombraría a Tom Fontana).

¿Cuáles son las características de la “marca Abbott”? Pasión en cada diálogo, inteligencia, implicación, capaz de mezclar drama sin olvidar ternura o ironía… Es capaz de sacar una sonrisa en los momentos más trágicos… O sencillamente hacer que te despeñes con él en ellos… Paul Abbott es alguien que vuelca sus sentimientos y vivencias, sus recuerdos hasta llegar a la carne viva que muestran sus obras. De infancia y juventud difícil (Shameless tiene mucho de autobiográfica, cuando escribía en Coronation Street su vida estaba marcada por el alzheimer de su abuela… como en Exile), plantea temas muy afines a él, como si cada serie fuera un ejercicio de exorcismo privado e íntimo. Entre esos temas: la relación paterno-filial y la familia como búsqueda de unas señas de identidad perdidas, la búsqueda del amor y los sentimientos como salvadores de las circunstancias más difíciles, la lealtad, la sexualidad…

Hit & Miss  cuenta la historia de un transexual que se gana la vida como asesino/a a sueldo que, de repente, recibe la noticia de que es padre (de cuando todavía no se hormonaba para ser definitivamente una mujer) de un hijo de una relación estable que tuvo con una mujer. Y decide volcarse en su nueva familia incluso empleando el dinero que iba a ser destinado a una operación de cambio de sexo. Imagino contando esto a un ejecutivo o productor de nuestra industria audiovisual y me da la risa floja. De hecho, cuando leí, antes de ver la serie, la sinopsis de la misma pensé que a Abbott se le había ido la olla. Y no, no se le ha ido.

Porque ha hecho una serie que es pura poesía. Una serie que muestra cómo el amor, la pasión –ya citada- por definir las propias señas de identidad y por echar raíces en algún sitio pueden ser la mejor medicina para aliviar (aunque sea un poco) la infelicidad, la soledad, la caída por el precipicio. Que  muestra que son esas las batallas por las que hay que luchar. Aún a sabiendas de que la guerra está perdida de antemano.

Varias cosas a destacar, empezando por los fallos, que también los tiene. Como por ejemplo, que la historia avanza poco y se hace reiterativa (y un pelín moñas) en sus capítulos finales (5 y 6). Que acaba la serie con un cliffhanger para no ir a ninguna parte: la serie no ha sido renovada. Y que las escenas de boxeo de su protagonista (la gran Chloe Sevigny Dogville, Boys Don´t Cry…– musa del cine independiente USA) son bastante flojas… lo que no empaña que el resto de su interpretación sea brillante. Como la de los niños que salen en la serie, especialmente Jorden Bennie, su hijo en la ficción, la mejor interpretación infantil que he visto en mi vida). Bueno, la de todos. Porque quitando esos fallos, los aciertos son tan grandes que, en su conjunto, hacen de Hit & Miss, por los riesgos asumidos, una pequeña obra maestra (una más de Abbott).

Porque contar una historia como ésta (y dejar claras sus premisas en unos primeros antológicos cinco minutos) necesita de valor y pasión. Y aquí sobra. Hay momentos de una violencia (física y moral) que estremecen pero nunca son gratuitos. Hay momentos Blue Velvet. Tiene una fotografía que no sólo es la mejor que he visto jamás en una serie (junto con la de Boss y Broen), sino que además es narrativa y no decorativa. Cada imagen simboliza (y lo hace de manera nada pretenciosa) lo que vas a ver o culmina lo ya visto. Como las mejores fotos de la gran época de la Agencia Magnum. Y, además, cuando le viene en gana, Abbott se permite el lujo de entrar en el terreno de los fantástico (su ex compañera muerta y madre de su hijo a la que sólo ven determinados –y curiosos- personajes). Y lo hace con naturalidad. Como si fuera algo cotidiano.

Son tantas las emociones que regala, que pese a los fallos apuntados, Hit & Miss no puede dejarte impasible cuando la contemplas. Porque Abbott convierte (como en tantas de sus series) a personajes cotidianos, normales, de carne y hueso, en protagonistas de historias ante las que Sísifo vería como un consuelo cargar eternamente con su pedrusco. Nos enseña que en un simple cenicero, puede caber una catástrofe… a la que hay que sobrevivir, por supuesto.

Hit & Miss

SECRET STATE (CHANNEL FOUR)

Sólo he visto dos de sus cuatro capítulos, pero por tema y guión, he decidido incluirla en esta selección.

Secret State comienza con un accidente en una planta petrolífera de una compañía norteamericana en Inglaterra. En ella mueren 19 personas. Allí se desplaza el vicepresidente de la nación (magnífico el irlandes Gabriel Byrne –In Treatment entre otras muchísimas cosas-, que muestra sin reparos un excelente acento inglés pese a su amplio periplo por el cine y la tv made in Usa) ya que el presidente está precisamente de viaje en los EEUU negociando con dicha compañía. Las elecciones, en las que su partido tiene todas las de perder están a pocas semanas vista… y el presidente muere al explotar su avión (prestado por la compañía) de vuelta a Londres. La forma de asumir la crisis del vicepresidente (de pasado militar con algún elemento turbio) hace que suba su popularidad en las encuestas y supere a los otros posibles candidatos y que incluso gane las elecciones (cosa que se cuenta con tres secuencias y una elipsis entre el primer y el segundo capítulo… y no echamos de menos más detalles).

Ya como presidente, se dará cuenta de que los poderes de las compañías (en este caso petrolíferas) forman uña y carne con la casta política que le rodea. Que vive en un continuo golpe de estado sin necesidad de intervención militar. Que los “amigos” de entidades económicas y comerciales tienen más peso en las decisiones de gobierno que el voto de los ciudadanos y los programas políticos. Agencias de calificación, multinacionales, guerras provocadas por inventos… ¿Suena conocido, verdad?

Hay dos frases que se me han quedado grabadas. Una, en su primer consejo de ministros, cuando uno de ellos le dice: “¿Qué haremos ahora? Porque una cosa es ganar las elecciones y otra es gobernar”. Otra cuando se enfrenta a uno de los ejecutivos de la petrolífera y éste le responde: “Las empresas como la mía pueden comprar su país y trocearlo”, tras amenazarle de llevar sus fábricas a Polonia. Tras decirle que no importa que haya habido un accidente con muertos, porque éstos (y los que han sobrevivido, intoxicados por las sustancias con las que trabajan) han tenido trabajo y sueldo y no pueden aspirar a más.

La serie está basada en la aclamada novela de Chris Mullin (también diputado laborista), A Very British Coup. Visto lo visto, uno deduce dos cosas: 1) que los diputados ingleses (vista su implicación en series como ésta, Yes, Minister o House of Cards) pueden ser igual de inútiles que los nuestros pero tienen una calidad creativa, crítica y cultural muy superior a los que sufrimos aquí (donde incluso hemos tenido una ministra guionista y tiene obras del calibre –y título premonitorio- de Mentiras y gordas).  2) que se agradece que una televisión apueste por tratar un tema tan candente y grave como éste. Por hablar de una democracia que evidentemente no lo es tanto.

Secret State nos habla de una cuestión (la de la moderna teoría de la conspiración, en la que hay un gobierno que verdaderamente manda y que no tiene que ver con lo que votan los ciudadanos… algo que a los europeos aún nos cuesta más entender) que  ya han tratado series comoHidden o Blackout en la BBC, pero de manera bastante fallida (sobre todo la segunda: horrible).

Por eso guardo esperanzas de que ésta no me falle. Más esperanzas, sin duda, de las que tengo de que alguna vez se traten estos temas en nuestra ficción.

Secret State.


MEDIA DOCENA DE HISTORIAS INCREÍBLES SOBRE MAYO PALÍNDROMO

28 noviembre, 2012

Por Chico Santamano.

No existe cena de guionistas y gentes del mundillo que se precie sin que la mitad de los comensales pongan sobre la mesa un buen arsenal de cotilleos sobre el controvertido director Mayo Palíndromo. Evidentemente Mayo no es su verdadero nombre y por supuesto Palíndromo tampoco es su apellido. Se trata del poco imaginativo seudónimo que le ha dado un servidor al personaje en cuestión.

Palíndromo es uno de nuestros directores estrella. Amado por muchas y odiado por otros, su filmografía ha sido mimada por crítica y público… al menos hasta hace unos años. Sus últimas pelis han contado con un apoyo bastante raquítico, pero eso no ha impedido que su nombre siempre esté relacionado con maravillosas anécdotas que retratan a la ¿perfección? al personaje. Puede que sólo sean bulos, puede que sean nimiedades exageradas hasta el extremo, pero son estupendas y merecen ser compartidas. Estas son seis de ellas.

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¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?

Eso es lo que debió de pensar Pedro Almodóvar cuando un joven Mayo se le acercó durante un evento de la profesión. Este, que ya gozaba de cierto reconocimiento profesional, le declaró a Pedro su admiración. Se presentó como un gran fan, especialmente de una de sus películas: “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”. Era tan fan que se había tomado la confianza de volver a montarla en VHS y según le dijo en toda su cara manchega “le había quedado mejor que la original”. PUM! LOST.

LA SECUELA

Se graba un reportaje sobre la influencia de un desaparecido director de finales de los 70, principios de los 80. Habla lo más granado de la movida madrileña y de repente aparece ÉL. ¿Qué tenía que ver Mayo con aquel director? Explica algo que poca gente sabe. Durante algunos meses estuvo preparando junto al director ¡la secuela! de uno de sus títulos más emblemáticos. Palíndromo había dado con la clave. Él sabía cómo resucitar el espíritu de aquella inolvidable historia. Incluso había conseguido productor y la segunda parte, según contaba, estuvo muy cerca de hacerse realidad. La película nunca llegó a hacerse y, hoy en día, el productor niega haber tenido jamás conocimiento del proyecto. PUM! LOST.

MAYO, NO SE TE MUEVE NI UN PELO

Quedaban pocas semanas para comenzar el rodaje de una de sus películas más relevantes. Mayo recorría en coche la isla que acogería la producción. Junto a él viajaban dos de las actrices: Actriz 1 y Actriz 2. Todo parecía idílico. Jóvenes, guapos, artistas, posiblemente ricos y emocionados con el proyecto. Las ventanillas del coche estaban bajadas. El viento intensificaba esa sensación de libertad. Actriz 1 se fija en su inalterable pelazo y en un tono de lo más risueño le dice “Mayo, ¡no se te mueve ni un pelo!”. Palíndromo le devuelve una mirada letal a través del espejo. Un día después la actriz hace las maletas y vuelve a Madrid. Fue fulminantemente despedida. Con su pelo no se juega. PUM! LOST.

EL PSICÓLOGO

Mayo se reúne con el reparto femenino de la misma peli de la anécdota anterior. Actriz 1 ya ha sido sustituida por Actriz 3. El prestigioso director cree que sería interesantísimo para ellas que fueran a terapia. Mejor dicho… que sus personajes fueran a terapia. Les pide que se vistan como sus roles, que vayan a ver a un psicólogo buenísimo y finjan ser en todo momento las mujeres que han de encarnar en la ficción. Mayo les da la tarjeta del prestigioso especialista. Imaginaos. Actriz 2 y Actriz 3 absolutamente encantadas con la idea. Creen a pies juntillas que Mayo Palíndromo es el mejor director de actores del mundo. Se caracterizan como sus personajes. Se presentan en la dirección acordada. Llaman a la puerta y las actrices se quedan a cuadros. ¿A quién se encuentran al otro lado del umbral…? Mayo Palíndromo ejerciendo el rol de psicólogo. PUM! LOST.

UN GUIÓN EN EL BUZÓN

Mayo se encuentra con un colega. El director está entusiasmado. Le acaban de hacer el mejor regalo que le han hecho nunca. Alguien le ha dejado un guión en el buzón. Lo ha leído y es lo mejor que se ha echado a los ojos en la vida. ¡Está que no se lo cree! Su colega se queda admirado por la historia. Y no puede evitar la tentación de preguntarle si sabe quién ha escrito semejante obra maestra. Mayo dibuja una pequeña sonrisa en su rostro… en la portada sólo aparece un nombre y un apellido… ¿Lo adivináis?… “Mayo Palíndromo”. PUM! LOST.

LA POLLA

Uno de sus personajes ha de tener un buen pene. Vamos, lo que viene siendo un pollón. El actor que lo va a encarnar o no está muy bien dotado o directamente pasa de hacer un frontal. Cuando los miembros de producción preguntan al director cómo van a hacerlo, Mayo lo tiene claro. Existen dos únicas opciones. O usan una prótesis de latex o él se presta a mostrar la suya a cámara. PUM! LOST.

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Y hasta aquí “Media docena de historias increíbles sobre Mayo Palíndromo”. ¿Continuarán? Ojalá que sí.


MÁS CINE “NO REALISTA”.

27 noviembre, 2012

Por David Muñoz

Algunos apuntes que tratan de completar la entrada sobre cine “no realista” que escribí aquí hace un par de semanas:

-La semana pasada vi “Holy Motors”, del director Leos Carax. La película encaja perfectamente en la definición del cine “no realista” de Rogert Ebert que cité en mi entrada. El protagonista, Monsieur Oscar, cambia de personalidad varias veces a lo largo del día en el que transcurre la historia, y vive en un mundo cuyas reglas jamás llegamos a comprender.

-Pero, como explica aquí el propio Carax, lo que cuenta su último largo no es exactamente una “historia”: “No soy un narrador. Algunas veces me gustaría serlo, pero no soy Hitchcock. Mis películas no surgen de las ideas; normalmente surgen de una o dos imágenes o uno o dos sentimientos. Intento editar juntos esos sentimientos y esas imágenes, pero nunca estoy seguro de que ni siquiera vaya a dar como resultado eso que la gente llama “película”. Muchas veces la gente ha dicho que mis películas no son películas. Es solo que en un determinado momento, necesitas hacer algo. El asunto es la necesidad. Y algunas veces necesitas hacer algo que no puedes hacer. Supongo que si eres un narrador, si sientes que tienes una buena historia, haces una película. Yo no trabajo así. No estoy buscando una buena historia”.

-“(…)Para “HolyMotors”, los sentimientos convocados han sido el cansancio de uno mismo y la sensación de renacimiento, de reinventarse o revivir”. Carax en la revista Caimán de noviembre.

-Pero nosotros a lo que estamos acostumbrados como espectadores es a que nos cuenten historias. ¿Y qué entendemos normalmente por una historia? Pues la peripecia protagonizada por un personaje que busca o desea algo (o sea, tiene un objetivo). Personajes además con un arco dramático, a quienes la peripecia modifica, poco o mucho, da igual, lo importante es que cambien.  Además, en las historias comprendemos las motivaciones de los personajes. Conocemos su conflicto, lo que les mueve y les permite llevar a cabo las acciones que les convierten en protagonistas del relato. Depende de quien lo cuente se explica de una manera distinta, pero por usar una terminología que la mayoría conocemos, los personajes del cine tienen objetivos externos (lo que buscan mediante acciones) e internos (lo que consiguen a nivel psicológico). Muchas veces unos y otros son antagónicos. Y por eso decimos que a veces los personajes no consiguen lo que quieren sino lo que necesitan.  Además, los personajes viven en un mundo cuyas reglas entendemos. Sabemos dónde estamos y con quien estamos. Tan acostumbrados estamos a que las historias sean así, que cuando falla alguno de estos elementos es fácil tener la impresión de que o bien el cineasta nos está tomando el pelo (“¡Se hace pajas mentales!”) o de que no sabe lo que hace.

Actores de una vida que no hemos escrito.

-En “Holy Motors”, nunca llegamos a saber quién es realmente Monsieur Oscar,  ni, como he dicho antes, conocemos las reglas que rigen su universo, pero es que tampoco sabemos muy bien lo que quiere, cuál es la finalidad de esos continuos cambios de personalidad. ¿Es realmente un actor? Pero, si es así, ¿quién le ve interpretar (aparte de nosotros, quiero decir)? ¿Y el resto de las personas que se cruzan en su camino? ¿Es que son también actores? ¿Qué significa la aparición de Carax al principio de la película? ¿Es que todo es un sueño del director?

Pero por mucho que nos devanemos los sesos no conseguiremos encontrar las respuestas a todas nuestras preguntas. El guionista no ha escrito una historia, no ha inventado un mundo coherente. Lo que está buscando es otra cosa.

En la introducción de la entrevista que he citado antes de Ain´t It Cool News, el periodista que habla con Carax dice que ha intentado descifrar “Holy Motors” pero no lo ha conseguido. Y no lo conseguirá. Porque no hay nada que descifrar.

Monsieur Oscar tiene objetivos externos, y estos cambian cada vez que adopta una nueva personalidad. No vive historias, vive situaciones, fragmentos de historias que nunca se nos llegan a contar. Lo que importa es el impacto emocional de esas situaciones sobre el personaje. Y, sobre todo, lo que evocan en nosotros si nos abandonamos a la experiencia y nos dejamos llevar por lo que está ocurriendo. Si elegimos ser durante dos horas ese personaje sobre el que no sabemos nada.

-“Holy Motors” cuando nos funciona mejor, no es porque hable de Monsieur Oscar (ni de Leos Carax) sino porque está hablando de nosotros mismos. El lienzo en blanco que interpreta Denis Lavant nos permite “estar” en la película.

-En buena parte del cine “no realista” no hay nada que interpretar. “Holy Motors” no es cine para cinéfilos, ni para críticos (aunque estos la hayan recibido con entusiasmo).  De nuevo, lo explica Carax mucho mejor que yo: “(…) Creo que traté de inventar un mundo de ciencia ficción no muy distinto del nuestro, donde en un día, desde la mañana a la noche, pudiera enseñarte lo que yo siento en qué consiste la experiencia de estar vivo. En el que pudiera mostrarte todo lo que siento respecto a la vida y la muerte, encontrar a alguien, perderlo, morir, enamorarse, etc. Entonces, claro, debido a que la idea era que este personaje viajara de una vida a otra, tuve que inventarme todas esas vidas.  Sí que puedo ver (que pueda entenderse) como una celebración del cine, ya que él pasa de un género a otro. Lo sé. Pero le he mostrado esta película a niños de doce años, y la pillan. No tienes que saber nada sobre el cine, no tienes que saber nada sobre mis películas, no me tienes que conocer a mí para ver la película”.

Que sí, “La bella y la bestia”. ¿Y…?

-El único segmento de “Holy Motors” que no me gustó fue el coprotagonizado por Eva Mendes, en el que Lavant se transforma en el salvaje Monsieur Merde, un personaje que ya había aparecido en un corto de Carax. Me pareció que su tono no encajaba con el del resto de la película. “Holy Motors” es sobre todo triste y melancólica, habla del paso del tiempo, de amores (y afectos) perdidos y del cambio como única constante de la vida. Pero esta parte es muy gamberra, y la tristeza deja paso a una sátira a mi gusto un poco facilona y cercana a la comedia chusca pasada de vueltas que tanto gusta a los franceses (y que casi nunca llega aquí). Y sobre todo, lo que menos me gustó fue que es el único segmento que funciona claramente como una alegoría más o menos fácil de decodificar y de entender. ¿Un hombre desnudo y con una erección que envuelve en un burka a una mujer escultural que se comporta como si aquello no fuera con ella? ¡Y ese fotógrafo americano patilargo que parece un personaje de dibujos animados de la UPA! En fin… su sitio quizá esté en ARCO, pero no en “Holy Motors”.  Luego, leyendo otra entrevista con Carax publicada en la revista Caimán, descubrí que no andaba tan desencaminado. Había escrito este segmento para otra película que no pudo rodar. Lo tenía antes de que le surgieran los sentimientos con los que “construyó” el resto de los momentos que describe el guion.

-“(…) Al contrario de lo que se dice de mí, no soy para nada un cinéfilo”. Carax en Caimán.

-A su manera, el cine “no realista” también tiene sus reglas. Lo que permite que lo que se cuenta parezca parte de un todo es el tono. Gobierna la emoción, no la estructura dramática.

-Todo el cine, todas las historias, son autobiografía. De quien las ha escrito, pero también de quien las consume. También de los críticos a los que se la pone dura el cine que en teoría habla de cine. El relato salpicado de citas cinéfilas que ellos pueden explicar e interpretar. Y que nadie entienda esto como un ataque a los críticos. Leo a algunos, y los disfruto (a los que me irritan hace tiempo que no los leo, con lo que mi relación con la crítica es muy sana, solo hay placer). Muchas veces me ayudan a comprender mejor. Además, esto que hacemos aquí cuando hablamos de películas no deja de ser una forma de crítica.

-Paradójicamente, el segmento de Monsieur Merde incluye mi imagen favorita de la película: la gente vagando con las maletas por las alcantarillas.

-Para mí, los mejores momentos de “Holy Motors” son la grabación con “Motion Capture” para una animación en 3D; la escena con el padre y la hija en el coche; las conversaciones de Lavant con su chofer, y el segmento de Kylie Minogue, que me parece lo mejor que he visto en el cine en lo que va de año. Emociones en estado puro. Sé muy poco sobre los personajes y sus circunstancias, pero estoy con ellos, me importan. Y me remueven sus escenas porque evocan en mí situaciones en las que he experimentado emociones similares.

Encima, canta. No se puede pedir más.

-A veces, la crítica hace más mal que bien a películas así. El espectador, mosqueado porque cree que le están mirando por encima del hombro, que le están menospreciando porque no comparte las claves que le permitirían entender lo que está viendo, experimenta una sensación de rechazo. Cuando en realidad, no hay nada que entender, sino que sentir. Y entender puede entender lo que le da la gana. La película concede esa libertad. Pero el crítico insiste en que estamos ante una película de categoría superior, “culta”, mucho mejor que esas mierdas obvias y facilonas que nos gustan a la gentuza que come palomitas en los multicines. De manera que se genera la sensación de que si no te gusta por Ej. “Holy Motors” eres poco menos que un tonto o un insensible. Ante ese miedo a ser juzgado, a tener que pasar un examen que concluirá con tu interlocutor (ese que te pregunta con tonillo: “¿Ya la has visto?”), metiéndote en una cajita con su etiqueta de “bobo” o “listo”, lo normal es no querer pasar el examen. Si vas a ver “Lo imposible”, que te guste o te repatee no significa nada. Si vas a ver “Holy Motors”, puede que sí. Justo lo que no quiere Carax. Porque él no hace películas para una secta de iniciados.

-Todo depende de quienes seamos y de en qué momento nos pille. Hace 20 años yo habría sido un espectador “enterado” que habría disfrutado explicando las citas de “Holy Motors” y quizá no habría conectado con ella emocionalmente. Estudiaba Bellas Artes, hacía video arte, había perdido menos cosas, era otra persona.

-Al personaje de cine “no realista” no le extraña nada de lo que ocurre en el  mundo en el que vive. Se comporta como nosotros cuando soñamos. Pasa lo que pasa… porque pasa. No hay otra razón. Los acontecimientos no siguen una lógica realista, sino emocional. “Holy Motors” comienza con un director que despierta en mitad de la noche, y, tras abrir una puerta oculta en una pared, entra en un cine. Es la única metáfora que tenemos que intentar comprender de toda la película. A partir de ahí, las reglas ya no importan. Y de que seamos capaces de evocar ese estado mental, a medio camino entre el sueño y la vigilia, donde aceptamos como real lo imposible, depende que disfrutemos durante dos horas o que nos aburramos, e incluso, nos cabreemos.

Yo he disfrutado mucho leyendo “Ardalén”. Prado es un gran dibujante, pero lo más interesante es lo que cuenta y cómo lo cuenta.

-Experimento: Leer “Ardalén”, el último cómic de Miguelanxo Prado y pensar en los códigos del cine “no realista”. En “Ardalén”, Fidel, un anciano que vive en una casa perdida en el campo, intenta descubrir si sus recuerdos son suyos o no. Ya que, por extraño que parezca, todo indica que pertenecen a otras personas. Él nunca vivió lo que cree haber vivido. Pero… ¿cómo es posible que ocurra algo así? Porque los recuerdos de Fidel no son sueños o desvaríos, son reales. Y eso que en su caso “realidad” es un término muy relativo. Atrapado en un estado a medio camino entre la vigilia y el sueño, Fidel por Ej. toma por reales a las ballenas que vuelan entre los árboles de un bosque cercano. Pero en “Ardalén” hay un punto de vista externo a la historia de Fidel, el de Sabela, una mujer que llega al pueblo para descubrir cómo murió su abuelo. Ella somos nosotros. Con ella, entendemos lo que ocurre y por qué, ordenamos la información y le damos sentido. La convertimos en una historia. De no estar Sabela (y las explicaciones que añade Prado sobre el funcionamiento de la memoria y los recuerdos), “Ardalén” podría estar contado desde el punto de vista de Fidel, perplejo, desconcertado, incapaz de entender, y no andaría tan lejos de “Holy Motors”. Todo es una cuestión de punto de vista. Estamos fuera o estamos dentro. Y desde dentro las reglas, el sentido, no se ven con claridad. Como en la vida.


EL PRINCIPIO DEL FINAL

26 noviembre, 2012

Por Daniel Castro.

Hola a todos. Espero que tengáis el suelo sucio.

Porque vengo a venderos una escoba.

Sí, ésta es una de esas entradas que podéis archivar bajo la etiqueta de “Autobombo”.

Podría buscar en el archivo de Bloguionistas, pero no quiero.

Me da miedo.

Y vergüenza.

Prefiero no comprobar cuánto tiempo ha pasado desde que me embarqué en la grabación de un largometraje autoproducido titulado “Ilusión”.

Han pasado tantos meses que podríamos contarlos por años. Por lo menos dos.

En este tiempo, con la ayuda de un montón de gente, he grabado y montado la imagen de una película que odio y aprecio de manera intermitente sin que, a veces, nada justifique esos cambios.

Este viernes, ante la indescifrable mirada de Homer, su perro amarillo, la montadora Cristina Laguna y yo dimos por cerrado, de una maldita vez, el montaje de “Ilusión”.

Para cuando leáis esto, Roberto ya estará trabajando en la posproducción de sonido y la suerte estará echada.

Éste es un avance.

Espero que os guste.


DOS LUGARES SOLITARIOS

23 noviembre, 2012

por Ángela Armero

“En un lugar solitario”, dirigida por Nicholas Ray y escrita por Andrew Solt a partir de una novela de Dorothy B. Hugues, es una de mis películas favoritas. Quizá porque a los guionistas, hartos de nuestra falta de notoriedad, nos encantan las pelis como ésta, “Barton Fink” o “Adaptation” en la que los protagonistas son gente como nosotros.

Es la historia de Dixon Steele, un guionista conflictivo y venido a menos que recibe el encargo de adaptar un best-seller de nula calidad literaria. Steele le pide a una chica que trabaja en el guardarropa del club que frecuenta que le cuente la historia de la novela con sus propias palabras. Pero a la mañana siguiente la policía se presenta en la casa del escritor comunicándole que la joven sido asesinada… y Steele se convierte en el principal sospechoso. En la comisaría conoce a una bella actriz, Laurel Gray, y se enamoran, pero gravita sobre su amor la sospecha de que él sea un asesino.

Pero tan interesante como la película es su intrahistoria. Lo que sucedió antes, durante y después de su filmación.

Durante el rodaje el director Nicholas Ray y su esposa y protagonista de la película (Gloria Grahame) se separaron sin decir ni pío. Temían que la noticia de su ruptura provocara que alguno de los dos fuera despedido. Ray decía que necesitaba quedarse trabajando hasta tarde para poder dormir en el set de rodaje. El truco funcionó y nadie se enteró de lo sucedido. Algo después, Gloria Grahame se casó con el hijo de Nicholas Ray, el que había sido su hijastro.

Bogart quiso que fuera Lauren Bacall, su esposa, quien interpretara a Laurel. Pero el director se empeñó y logró que fuera Grahame la que se llevara el papel. Por el rodaje se dejaba caer Bacall, la mujer del protagonista, que pretendía el papel que la esposa del director se había llevado. Por otro lado, Bogart se sentía más identificado con Dixon que con ningún otro papel que hubiera interpretado; sentía que su personaje se parecía mucho a quien él era en realidad.

Además, el complejo de apartamentos en el que viven en el film Gloria y Dixon es una réplica exacta de la casa en la que en aquel momento vivía el director con su mujer.

En la novela de Dorothy B. Hugues, Steele era un asesino y un violador. Ray explica que quiso cambiarlo porque quería hablar de la violencia cotidiana dentro de todos nosotros. Y yo, que la he visto unas cuantas veces, me atrevo a decir que necesitaba hablar del tormento de su separación, o quizá de cómo el carácter de una persona puede destruir el amor de dos personas que se quieren.

Cada día Ray seguía reescribiendo el guión entre las cajas del rodaje, a veces hasta horas antes de rodar. En el final previsto, ESPOILER Dixon Steele mataba a Laurel Gray en el calor de una discusión, pero Ray rechazó ese final. El desenlace que quedó para la historia fue, según se cuenta, improvisado por Nicholas Ray. Sabiendo todo esto, resulta imposible no pensar que la película se alimentaba de la vida y la vida de la película.

Mucho se podría escribir de “En un Lugar Solitario”, de lo bien definidos y seductores que resultan sus personajes, de lo maravillosos que son sus diálogos y del poso que deja su recuerdo, que perdura a través de los años. Otro tanto se podría decir de las relaciones tortuosas de Nicholas Ray con Gloria Grahame, y del extraño segundo matrimonio de la actriz con el hijo de éste.

Sin ser (afortunadamente) tan tortuosas ni melodramáticas, nuestras vidas también ofrecen historias que permiten que sepamos más de nuestros congéneres y de nosotros mismos.

En las reuniones de guionistas se suelen emplear ejemplos para apuntalar algunas ideas de las que se lanzan en medio del brainstorming. Hay dos tipos de guionistas: los que hablan de lo que vieron una vez en CSI o en Las Chicas de Oro y los que cuentan lo que han visto, lo que han sentido, lo que han experimentado en su propia persona o  que lo saben por alguien muy cercano. Y siempre resultan mucho más interesantes las ideas que vienen de la vida (oportunamente destiladas) que las fotocopias de las ideas de otras series, que pueden ser a su vez copias de otras. La vida es, creo yo, la mejor inspiración.

Hace bastantes años ya, en la primera clase que nos dio Juan Miguel Lamet en la Escuela de Cine, nos puso un ejercicio: “Escribid algo de alguien a quien quisieráis y haya muerto.”

En ocasiones resulta doloroso escribir algo la verdad, pero merece la pena intentarlo. Recrear la vida debería ser la mayor aspiración y el mayor logro de cualquier escritor.


ESO ES UN CORTO

22 noviembre, 2012

por Peris Romano.

Uno de los efectos colaterales de ser guionista, es que cuando sale a relucir tu trabajo entre amigos o gente que acabas de conocer, al final muchos creen tener “la obligación” de contarte una historia que ya sea real o inventada, debería ser una película o al menos un corto.

La mayoría de ellas, por no decir todas, no acaban de pasar de una simple anécdota o un gran batiburrillo de conceptos que, en muchas ocasiones sólo ellos le ven el sentido o la gracia. Pero en  otras pocas ocasiones, esas vivencias personales o esas ideas que tienen los ajenos a esta profesión, son el detonante para que a ti se te encienda la bombilla, tu inspiración comience a trabajar y digas: “Mmmm, detrás de esto hay una historia”.

Fue hace 8 años cuando oí una de esas escasas historias, que de principio a fin, piensas: eso es un corto. Quizás matizando alguna cosa, pero poco más. Todo funcionaba. Y no es la típica anécdota que le pasó al amigo de un amigo. Los hechos los conozco de primera mano. Narrados en primera persona y por boca de su protagonista.

X, llamémosle así, es un amigo mío, muy buena gente. Nadie diría cuando le conoces, que la mayor parte de su vida adulta se la pasó trapicheando. No trabajaba en un sector concreto, controlaba muchos campos de acción. Lo que se conoce como un tío polivalente, que como buen autónomo, se metía en lo que iba saliendo mientras pudiera sacar pasta de ello. Y si querías algo en concreto, solo tenías que pedirlo. Desde cualquier tipo de droga a toda clase de electrodomésticos. Cosas “que se caían de un camión” lo llamaba él.

Cumplidos los 30, cansado, escarmentado o quizás buscando redención, lo dejó todo. Y se propuso ganarse la vida con la interpretación. El siempre tuvo claro que lo suyo era ser actor, pero que se entretuvo por el camino. Dejó su ciudad natal, se traslado a Madrid y buscó un trabajo “de verdad” para pagarse las clases en una escuela. Además se hacía todos los cursos habidos y por haber. Y convencido de que iba a triunfar también fuera, se apunto a clases de inglés.

Se formó durante dos años, no paró y vio como el esfuerzo había merecido la pena al conseguir algunos papeles secundarios en varias series de televisión. Podía vivir de lo que le gustaba. Todo sin ayuda de un representante, sin conocer a nadie. El mismo consiguió en poco tiempo que uno a uno, le conocieran todos   los directores de casting presentándose en sus oficinas. No se iba de allí hasta que le recibían y nadie se atrevía tampoco a ello.

A esas pequeñas apariciones, se sumaron otros papeles como secundario o protagonista en unos cuantos cortometrajes. Yo le dirigí en uno de los míos y a pesar de la brevedad de su papel, rápidamente vi que tenía algo distinto. No tenía mucha técnica, lo suyo era innato. Reconozco que ninguna toma era igual a la anterior, pero me daba igual pues lo hiciera como lo hiciera, funcionaba.

Ese potencial que yo había visto, no había pasado desapercibido para una conocida directora de casting, que le llamo para hacer la prueba para un papel secundario en una importante película. Y le salió muy bien, pues una semana después le llamaron para decirle que le había gustado mucho al director y que querían hacerle una última prueba. Para ello le citan unos días después y le mandan una nueva separata: el monólogo de Forrest Gump cuando éste habla ante la tumba de Jenny.

Era una prueba rara, había que reconocerlo. Pero no quisimos desanimarle y él se lo tomo muy en serio. Era su oportunidad y no la iba a desaprovechar. Pasó tres días ensayando, recuerdo que estuvo por casa repitiéndolo una y otra vez con mi compañero de piso, que también era actor. Incluso lo ensayó con algunos de esos antiguos compañeros de trapicheo que estaban de visita y flipaban con él de lo bien que lo hacía. Parecía sufrir una deficiencia de verdad, sin caricaturas. A lo Leo Dicaprio en ¿Quién ama a Gilbert Grape? Todos estábamos convencidos que el papel era suyo…

La prueba era a media mañana de un viernes de mayo. Según sus palabras, cuando nos lo contó varios días después, allí en la sala estaban la directora de casting, el director y el productor. A su lado un hombre alto, otro actor que le daría réplica.  X no se dio cuenta  en ese momento de que en un monólogo no hay réplica, pero se puso de cara al otro “actor” y comenzó a ser Forrest Gump.

A penas había empezado con el texto cuando el productor dijo en voz alta: “Es él”. En ese momento, el “replicante”, que en realidad era un policía de paisano, sacó unas esposas, le puso contra la pared y comenzó a leerle sus derechos. X seguía improvisando pensando que todo aquello formaba parte de la prueba; actor hasta el final. Así que estuvo en su papel hasta que le aclararon cual era la situación real: Al parecer, el productor, al ver las cintas de los castings había reconocido a X de un robo con intimidación en su casa unos años atrás. Aún guardaba copia de la cinta de las cámaras de seguridad y junto con la policía, organizaron ese falso casting para pillarle.

Durante el juicio la abogada de X llegó a presentar su videobook como prueba de que durante el robo, él estaba trabajando como actor y que era imposible que lo acometiera. Pero no hubo manera de demostrar que no estaba allí. Tenían las suficientes pruebas que dejaban claro que había sido él. Le declararon culpable y se pasó un tiempo como se suele decir, a la sombra…

Durante todo este tiempo transcurrido, cada vez que me planteaba un nuevo guión, está historia venía a mi cabeza. A penas tenía que estructurar toda la información y darle forma a los diálogos, pero a priori siempre era algo que pensaba que se escribía sólo. Tengo al protagonista para consultarle lo que quiera. Tengo la historia, los personajes, un principio, un final, un giro inesperado… Pero no sé muy bien por qué, cada vez que me pongo a ello hay algo que se me atraviesa, veo que son todo complicaciones, que hay mil posibles estructuras y tonos. Eso cuando no me invade el pesimismo y pienso que de verdad esto es una anécdota como otra cualquiera, sin atractivo ni interés  que  no merece ser puesta en imágenes. O quizás peor aún, a lo mejor no debería ser yo quien lo haga. Que lo asumo sin problema, pero como “yo la vi primero”, por lo menos quiero contarla y ahora quien quiera, que la adapte. Quede constancia aquí de ello.

Y la próxima vez os cuento una sobre un famoso futbolista sudamericano, una noche en Valencia, un puticlub, Rumanos y una cuenta sin pagar. Pero esa si que es la historia de un amigo, que conoce a otro, que se lo contó su primo que le paso a él…


FIRMAS INVITADAS: ¿QUÉ HACE UN GUIONISTA EN UN RODAJE?

21 noviembre, 2012

Por Alejo Flah, guionista, entre otras series y películas, de “Vientos de Agua” y “Séptimo”, de cuyo rodaje nos habla en este texto. 

Después de más de once años viviendo entre Madrid y Buenos Aires me pasan principalmente dos cosas. La primera es que soy prácticamente “bilingüe” (escribo en “español” y en “argentino” casi con la misma fluidez) y la segunda es que, acostumbrado a ir caminando a todas partes por el centro de Madrid, los viajes en colectivo (autobús) por los (cien) barrios porteños se me hacen completamente interminables.

Por eso el recorrido desde mi casa hasta el rodaje de Séptimo da para mucho.

Lo primero que pienso es que, como casi todas las cosas que valen la pena, esta película empezó casi como un juego. Después de su primera película como director (la estupenda 25 Kilates) Patxi quería conocer Argentina, pero le parecía un viaje demasiado largo y costoso si era sólo para hacer turismo.

Nos propusimos entonces escribir una película que pueda rodar aquí y pasar unos meses trabajando (y haciendo turismo) en Buenos Aires. Le planteamos un concepto a Andrés Longares, un excelente productor español que vive hace varios años en Argentina, y le gustó. En pocas semanas escribimos la primera versión del guión que, aunque en esencia se ha mantenido prácticamente igual, seguimos retocando dos años después hasta el Domingo pasado: la tarde anterior al inicio del rodaje.

Lo segundo que me da por pensar (mientras el colectivo avanza en una diagonal suicida sobre los coches) es que siempre es mejor escribir con amigos. Sobre todo si tienen talento. Y, mejor aún, si tienen un futbolín (metegol) en su casa.

Con Patxi nos pasamos horas usando el futbolín de su hijo cada vez que no podíamos avanzar con la historia. Desayunamos en sitios absurdos. Paseamos por las calles de Madrid. Nos desesperamos cuando la película no avanzaba. Nos alegramos cuando empezamos a ver que el guión le interesó a Ricardo Darín. Luego a Belén Rueda, a Tele 5, a Fox y a algunos de los productores más interesantes de España y Argentina.

Con amigos siempre va a ser más fácil vivir el proceso de creación. Las horas muertas van a ser horas de diversión. Y eso, supongo, se reflejará de alguna forma en el guión y, por ende, en la película.

Bajo, por fin, del colectivo. Llego al rodaje. Hay grúas. Camiones. Una multitud improvisada con sus móviles atentos para fotografiar a Darín. Adolescentes con carteles escritos a mano: “Ricardo, te amamos”. Hay también más de cincuenta personas corriendo, sosteniendo unos papeles arrugados, manchados de mayonesa, impresos en distintos tamaños y colores: es el guión. Me encanta verlo así.

No logro entender a los guionistas que son celosos con su material. Me recuerdan a los padres que pretenden controlar a sus hijos teniéndolos encerrados en casa hasta los treinta años: lo más probable es que los chicos se estén metiendo crack en el baño antes de la cena. Para ser claros: no existe la menor posibilidad de controlar un guión en un rodaje. Lo mejor que puede pasar es, justamente, esa falta de control. Ver cómo todo un equipo de gente y como toda una serie de accidentes dan forma a una película.

Esto es una perogrullada, pero lo tengo que repetir: el cine nació y será siempre documental. De un momento histórico, de una ciudad, de una hora del día, de un equipo, de un estado de ánimo, de una experiencia vital, de una mirada… Da igual que sea un thriller o una comedia romántica: cualquier película sigue siendo, en esencia, lo mismo que aquellas primeras imágenes de los Hnos. Lumière. Y es a esa aventura a la que tenemos que preparar a nuestro guión, para que crezca (se desarrolle) de la mejor manera. “De la oruga a la mariposa”, que decía Carrière.

Probablemente hay una sola cosa que podemos hacer (en la medida de lo posible) por defender nuestras historias: trabajar siempre con directores que vayan a pelear por conseguir lo mejor. Que nos hagan partícipes del proceso de reescritura hasta el momento del rodaje. Que luchen para que el proyecto salga adelante, que no especulen entre otros varios guiones, que intenten tener la mayor cantidad de semanas para rodarlo, que se rodeen de los mejores productores, del mejor equipo, de los mejores actores… En este caso ha sido así y, ojalá, pueda ser siempre así también en el futuro.

¿Qué hace un guionista en un rodaje? A priori no hace nada: se reencuentra con viejos amigos, observa al personal femenino, come algo del catering, escucha hasta el cansancio los diálogos que escribió en la intimidad de su casa. Pero lo cierto es que sí hay algo que puede hacer: aprender. Reflexionar sobre su trabajo. Ver si en esa experiencia hay alguna herramienta que le sirva para escribir (mejor) el próximo guión.

Algunas ideas: Ver qué frases necesitan cambiar los actores (No, Darín, no es el que se está equivocando. Si le cuesta decir una frase es porque el diálogo tiene algún problema de ritmo). Pensar qué implica cada una de las decisiones que tomamos alegremente en la intimidad de nuestras casas ( y no hablo solamente de un exterior-noche lluviosa). Ver, según la forma en la que escribimos una acción, qué planos se han “sugerido” de esa escritura o intentar entender por qué se han dedicado tres horas a una escena de poco menos de media página. ¿Qué estábamos contando? ¿Por qué parece tan importante para todos ese momento que nosotros imaginamos prácticamente intrascendente? ¿Cuál es el sentido que han entendido los actores de ese momento? ¿De qué forma se los transmite el director?

Acaba el primer día de rodaje. Decidimos ir a tomar unas cervezas para celebrarlo. Discutimos en qué barrio es mejor. Si nos quedamos en Balvanera o nos movemos hacia Palermo. Terminamos en un bar de Congreso, abriendo la primera botella.

Dos años después, estamos finalmente haciendo turismo en Buenos Aires.

Pero, ya que estamos por acá, aprovechando también para hacer una película.


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