LO MEJOR DE 2012, PARA MÍ (PUEDE CONTENER SPOILERS)

31 diciembre, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Un lugar donde quedarse

Un viejo rockero, con el cerebro frito pero con un extraño sentido del humor, arrastra una maleta con ruedas. Cruza el océano en un trasatlántico para volver a Estados Unidos, ahora que su padre ha fallecido. Una vez allá, se entera de que éste dedicó los últimos años de su vida a intentar vengarse de una humillación menor que había sufrido en el campo de concentración nazi en el que fue internado. El protagonista decide continuar la misión de su padre. Busca por los Estados Unidos al viejo nazi. Por el camino encuentra juega partidas de ping pong, asiste a un memorable concierto de David Byrne, conversa con el tipo que decidió poner ruedas a las maletas, asiste a la combustión espontánea de un todoterreno que le prestó un mafioso y tiene memorables encuentros con ocas, bisontes y hombres tatuados.

Posiblemente, la película más libre del año. “Sólo lo raro es bello”, escribió Baudelaire, Pues eso.

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Take Shelter

El protagonista de “Take Shelter” repite una frase para si: “Hay algo que no está bien, algo no está bien” viene a decir. Es casi la misma frase que repite Sean Penn en “Un lugar donde quedarse”, creo que en el interior del coche. Dos presuntos desequilibrados que resultan ser, irónicamente, más cuerdos que quienes les rodean.

Pero así como “Un lugar donde quedarse” es una curiosa road movie protagonizada por un Buster Keaton disfrazado de Robert Smith, “Take Shelter” es una durísima historia sobre la locura, el amor y el miedo. Ésta, en cambio, no es una película libre. Aquí sabes que, escribiendo y dirigiendo, hay un tipo que sabe a donde va. Y conduce muy bien.

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Los descendientes

Un hombre corre en chanclas hacia la casa de unos amigos. Quiere asegurarse. ¿Es posible que sea verdad? Su mujer, ahora en coma, ¿es cierto que ha estado engañándole con otro hombre desde hace meses?

Sí, es cierto. Y Clooney, con sus chanclas y sus bermudas, llega a conocer al amante. Un hombre para el que su esposa significó demasiado poco. La extraña tristeza de Clooney en ese momento. Por lo menos, hubiera deseado que, para su amante, ella hubiera sido alguien extraordinario.

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Declaración de guerra

Otra carrera. Ésta desesperada, por los pasillos de un hospital. Valérie Donzelli se dirige a si misma, cuando, hace unos años, recibió la noticia. Su hijo estaba gravemente enfermo. Ella y su novio se encarnan a si mismos en una película sobre la enfermedad de su hijo y cómo les afectó. Ahora su hijo está mucho mejor. Pero ellos ya no son pareja. Una película dolorosa y, sí, divertida.

(Aquí, en Filmin)

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La cueva de los sueños olvidados.

Herzog entra en la cueva de Chauvet. Graba en 3D las pinturas rupestres. Los salientes de las rocas, los animales retratados. La mano de un artista, repetida en la pared. Tal vez es su firma. Tal vez es su voluntad de sobrevivir a la muerte y vencer al tiempo. Como la película que estamos viendo.

Y ese extraño epílogo del cocodrilo albino…

(Aquí, en Filmin)

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Diamond Flash.

La minúscula película de Carlos Vermut es una de las más desasosegantes y originales del año. Una mezcla de Tarantino, Shyamalan y Bergman. Os lo juro. Que la haya logrado en condiciones tan precarias es el mejor de los estímulos en estos tiempos de negros augurios sobre el futuro del cine.

(Aquí, en Filmin)

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Lo imposible.

Una película de catástrofes que no es una película de catástrofes, es la historia de una familia normal viviendo una experiencia extrema. Una historia de supervivencia contada con todos los recursos del cine más espectacular, pero también con honradez. No parece española. Efectivamente, parece una gran película de Hollywood. En el buen sentido.

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De óxido y hueso.

A algunos no les gusta el título español. No acabo de entender porqué. Pocas cosas más físicas y duras que una película de Audiard. En ellas todo son cuerpos chocando, huesos partiéndose, cristales clavándose y sangre negra manando. De vez en cuando, un tímido rayo de sol. Un paso más cerca del melodrama, pero sin alejarse del género negro, Audiard y Bidegain adaptan libremente relatos de Craig Davidson, trasladándolos de Norteamérica a Francia sin que pierdan ni un gramo de verosimilitud en el camino.

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Un amor de juventud.

Sin llegar a la altura de “El padre de mis hijos”, la siguiente película de Mia Hansen Love es una preciosa historia de amor y nostalgia que parece hablar, sobre todo, sobre el paso del tiempo.

(Aquí, en Filmin)

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Esto no es una película.

Un director iraní, obligado por el régimen de Ahmadinejad a permanecer en su casa, sin poder rodar. Como un león enjaulado, pasea por el salón de su casa, grabado por la cámara de un amigo documentalista, arreglando detalles legales, preocupado por la seguridad de su familia, que queda atrapada en una manifestación contra el gobierno en las calles de Teherán y, sobre todo, leyendo el guión, interpretando los papeles, dibujando en el suelo las paredes de la casa imaginaria de una película que, posiblemente, nunca le permitan rodar. Pronto admite su fracaso. Una película no se puede contar. Si fuera así, no haría falta rodarla. Os recomiendo ver esta pequeña no-película sobre la necesidad de rodar. Cuando, como en el caso de alguien como Panahi, rodar es vivir.

Con escalofriantes títulos de crédito, por cierto.

(Aquí, en Filmin)

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BREVE CATÁLOGO DE PROHIBICIONES PARA DIRECTORES Y GUIONISTAS

27 diciembre, 2012

por Sergio Barrejón

He aprovechado estas fiestas para ver cine español. Me ha impresionado la descomunal “Lo imposible”. Como director, me superó totalmente. Me pasé media película pensando “¿eso cómo se hace?”. No me extraña nada su éxito.

Me fascinó “Una pistola en cada mano”. Como productor, aplaudí la inteligencia con la que aprovecharon un guión escrito a base de episodios breves en una herramienta para armar el casting masculino más impresionante de los últimos años.

Me gustó mucho el empaque visual de “El cuerpo”. No diré aquello de que parece americana. No parece americana. Parece de Óscar Faura. (Un Goya para este señor ya, por favor.) Como guionista, me pasé toda la película intentando desentrañar el misterio del cadáver desaparecido. Sólo lo conseguí a medias.

Con películas como éstas, capaces de reconectar con el público adulto, y títulos tan astutamente dirigidos a reconectar con el público joven, como “Tengo ganas de ti”, no me extraña que éste haya sido el año con mejor recaudación de la historia del cine español.

Pero eso ya lo están comentando todas los blogs de anuncios de cine, así que vamos a lo que vamos. Viendo estas películas y otras, me he encontrado con algunos de mis tabús personales como guionista y como director. Estuve comentándolos el otro día en Twitter, y alguien me preguntó “¿Qué pasa? ¿Que ahora el cine tiene prohibiciones?”

PUES SÍ. Éstas son mis prohibiciones para directores:

– Nunca filmarás a un actor llorando en primer plano de frente a cámara. Es una obscenidad, queda más ridículo que conmovedor y, sobre todo, ¿qué esperas conseguir? ¿Que el público se emocione con las lágrimas del actor? No funciona así. El público se emociona con lo que provoca esas lágrimas. No con las lágrimas. No lo olvides nunca: los mocos no son emocionantes.

– Nunca cambiarás de plano para dar paso a una acción concreta. Si has filmado una conversación entre dos personas en plano/contraplano, digamos en plano medio, y una de ellas se va a levantar, dejarás que empiece a levantarse en el plano medio y después cortarás a un plano más amplio. Pero NUNCA montarás el plano amplio antes de que se levante. La cámara nunca debe anticipar lo que van a hacer los actores. Otro ejemplo: es muy típico pasar de trípode a cámara al hombro cuando en mitad de una escena se produce una pelea. Ningún problema con eso, pero ni se te ocurra pasar a cámara al hombro antes de que empiece la pelea. Como espectador, resultad odioso adivinar que alguien se va a llevar un guantazo sólo porque la cámara ha empezado a temblar un poco.

– Nunca filmarás insertos de un actor vomitando. Más concretamente, nunca filmarás un inserto de váter, con el actor entrando en cuadro en primer plano de perfil y vomitando. Montar un set up exclusivamente para que el público pueda valorar la verosimilitud de ese chorro de vómito falso me parece, además de una obscenidad, una insensatez. Y esto nos lleva al siguiente punto:

– Nunca filmarás un inserto sin entidad narrativa y dramática. Un inserto, en términos sintácticos, es una cochinada. Es como una frase entre guiones -que no digo que haya que prohibirlas, pero ¿a que joden?- y debería usarse con respeto. Si no aporta nada a la historia, ni respeta el punto de vista planteado, no tiene lugar en una buena película.

– Nunca montarás el mismo plano de un actor antes y después de un plano subjetivo. Es decir: si tienes un plano medio de un actor mirando algo, y luego montas su plano subjetivo, después no puedes volver al plano medio del actor. Es feo. Es pobre. Es aburrido. Si filmas un plano subjetivo es porque al personaje le importa lo que está viendo. Y se le importa al personaje, debería importarte a ti. Y si te importa a ti, saca un primer plano, no seas cutre.

— Excepciones a esta norma: si filmas dos planos subjetivos muy seguidos, no hace falta cambiar de plano las dos veces. Sólo la primera:

 

 

Del mismo modo, si inmediatamente después del plano subjetivo va a haber una acción física que cambie drásticamente el encuadre, entonces sí puedes aprovechar el plano anterior sin que quede cutre:

 

Y unas pocas prohibiciones para guionistas:

– Nunca harás caer al suelo a un actor durante una huida desesperada sin que haya una razón convincente para ello. Y sobre todo, nunca harás que continúe la huida arrastrándose si no hay una razón clarísima para ello. Si necesitas ese tipo de chapuzas para darle emoción a una huida, tal vez debas replantearte toda la escena, o incluso todo el acto.

– Nunca harás que un actor llame a otro “hermanito”, a no ser que interprete a un gilipollas profundo. Si no encuentras otra manera mejor de explicar que dos personajes son hermanos, tal vez necesites un coguionista.

– Nunca harás que un personaje le diga a otro cosas que el otro ya sabe, a no ser que haya una buena razón para ello. Y “dar información al espectador” no cuenta como buena razón. Dar información al espectador es algo que, en general, no debería preocupar a un guionista, y mucho menos a un director, no digamos ya a un productor. El espectador, por lo general, ha visto cien mil películas más de las que cualquier director podría hacer en media docena de vidas. Por lo tanto, a no ser que una película explore áreas muy específicas de oficios muy particulares, no hace falta proporcionar mucha información para que el espectador se haga una idea de cómo va la cosa. Por lo demás, el espectador no se pone a ver una película para obtener información. Para eso ya tiene el telediario. Concretando: nunca hagas que un policía le diga a otro cosas como “no podemos entrar sin una orden judicial, sería allanamiento de morada”.

– Nunca harás que a un actor se le caiga una pistola en un momento crucial sólo porque está nervioso. A no ser que el personaje ya haya sido presentado como un redomado torpe. No harás esto, concretamente, con actrices jóvenes y guapas. En la historia del cine ya ha habido suficientes personajes femeninos interpretados por actrices jóvenes y guapas quedando como gilipollas en momentos cruciales. Basta de esta mierda.

– Nunca harás que un personaje pronuncie rematadamente mal una palabra en inglés para hacer gracia, a no ser que sea un verdadero analfabeto. Hoy en día, cualquier español con estudios primarios sabe pronunciar perfectamente palabras como Facebook, smartphone o Hollywood.

– Y nunca nadie jamás debe decir “como en las películas”.

Éstas y otras normas, naturalmente, me las salto con gran alegría cuando escribo y cuando dirijo. Y si quieren comprobarlo, pueden ir hoy a las 17.30 a la Academia de Cine, donde se proyecta en DCP uno de mis últimos cortos, “La media pena”, junto a otros tres preseleccionados al Goya 2013 a mejor corto de ficción. La entrada es libre, pero el aforo limitado. Que lo disfruten.

Y feliz año nuevo.


DECÁLOGO DEL GUIONISTA EN PARO

26 diciembre, 2012

Por Carlos García Miranda.

Soy guionista de series de la tele y durante cinco años me fue bastante bien, aunque ahora soy uno más de los que llevan un tiempo considerable en barbecho. Tampoco es que no haya currado en nada, he ido haciendo cosillas, pero lo que se dice trabajo de continuidad en una serie, de los que te alegran la cuenta bancaria, no he tenido en todo un año. Como yo hay muchos y cada vez seremos más porque esta situación va para largo, a pesar de que nos levantemos cada mañana pensando eso de “hoy me van a llamar”. Hace tiempo que opté por reorganizar mi vida laboral sobre todo para poder sobrevivir psicológicamente. Sí, estando en paro se puede tener vida laboral. ¿Cómo? Pues así:

1. ASUME LA SITUACIÓN. ¿Llevabas años trabajando como guionista y de pronto estás en el paro? ¿Pensabas que iba a ser cosa de una semanas, como mucho un mes, y ya te has pulido la prestación por desempleo que tenías? Bueno, pues aunque suene obvio el primer paso es aceptarlo. No hace falta que hagas una declaración en plan Alcohólicos Anónimos, pero sí estaría bien que tomaras conciencia de cómo están las cosas. Ya no pagan lo mismo, ya no te hacen fijo en ningún lado, ya no hay tickets de comida… Ya no hay trabajo tal y como lo conocíamos. El primer paso para sobrevivir a la situación es aceptar que tus años de abundancia han terminado.

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2. QUÍTATE EL PIJAMA. Vale que no tienes una oficina a la que ir ni te toca pasarte la noche sin dormir para dialogar como loco el capítulo que graban al día siguiente, pero tu inactividad laboral no es excusa para que te quedes todo el día en pijama viendo la tele. Lo mejor es que te pongas una hora para levantarte (a ser posible que aún sea de día) y te metas en la ducha. Si tienes que quedar con alguien, aunque sea para hablar de Gandía Shore, pon la cita a la hora del desayuno y así ya te has despegado de las sábanas. Ah, y aunque no tengas a dónde ir ni nadie que te vea, ponte guapo.

3. BUSCA TRABAJO. Ha llegado el momento de hacerse un buen currículum y enviárselo a todas las productoras. La realidad es que la mayoría de las veces, ni siquiera te contestan, pero al menos lo tienen. Y no salen más que un par de proyectos de tanto en tanto, pero en la mayoría de ellos piden pruebas. Vale que tú ya pensabas que estabas colocadísimo y las ofertas te llegarían en forma de súper contrato y sin tener que pelearte para conseguirlo, pero las cosas han cambiado y, nos guste o no, volvemos a estar en la casilla de salida. Allá cada cual, pero tampoco creo que bajes de categoría por demostrarle a alguien cómo escribes. O igual sí, pero la realidad es que escribir una prueba te activa durante un par de días y te pone en contacto de nuevo con el mundillo.

4. SAL DE CASA. A ver, esto va por gustos, pero yo soy de los que escribe mejor fuera. Eso sí, si te quieres quedar en casa fenomenal, pero que sea currando. Ponte una rutina diaria, aunque sea de un par de horas, pero dale a las teclas; puedes ir al Pepe Botella, un Starbucks o cualquier sitio en el que te sientas cómodo con tu ordenador. Yo soy muy de bibliotecas, la del Reina Sofía o las de las universidades tienen mucha vida y te hacen sentir que no estás solo en esto. En La casa encendida tienen una sala de uso público con ordenadores sin internet, que desconectarse viene muy bien para concentrarse en la escritura. Sea donde sea, la cosa es que sientas que te levantas cada día a trabajar, aunque no tengas una nómina al final del mes que te lo corrobore. Ahora bien, ¿en qué trabajo? Pues en escribir porque eres escritor, que eso no te lo quita nadie.

ESCRIBE TUS COSAS

5. ESCRIBE TUS COSAS. Los que curramos de soldados hace tiempo que no escribimos lo que nos da la gana porque normalmente nos toca trabajar en los proyectos que piden las cadenas o las productoras. A veces tienes la suerte de que esos proyectos te gustan y los escribes como si fueran tuyos, pero aun así es raro que te olvides de tus propias ideas. Son esas que soñabas con escribir cuando estudiabas en la universidad, tu gran historia. Bueno, pues igual resulta que no es tan grande, pero lo que es seguro es que es la tuya y ahora tienes el tiempo para escribirla. Empezarás con muchas ganas, luego te bloquearás, tendrás la sensación de que no vale para nada escribirla si nadie llega a leerla y nunca la llevan a la pantalla… A lo mejor es verdad, pero al menos lo habrás hecho y tendrás algo que mover en el futuro. Hazlo.

6. BUSCA COMPAÑEROS DE BATALLA. Ponerte a currar solo y sin dinero de por medio puede ser muy duro. Todo es más fácil en pareja así que busca un colega con el que te guste trabajar, compraos una pizarra en Carlin y aunad fuerzas. Puede que al final no salga, pero en la mayoría de las cadenas o productoras, si tienes un par de teléfonos y algo de experiencia detrás, te pueden dar una cita para que se los cuentes. Y si escribes pelis pues algunos no te harán ni caso, pero por ejemplo en Filmax se la leen y te mandan un informe con su opinión. Merece la pena intentarlo, aunque sólo sea por tener a alguien con quien trabajar cada día.

7. TRABAJA DE OTRAS COSAS. Los guionistas somos bastante cerraditos; nos mola lo nuestro y punto. Pero en nuestro sector hay otros profesionales que para nada son así. No es tan raro ver a uno de dirección trabajando de script o a uno de arte en vestuario. Pues bueno, igual ha llegado el momento de que aprendamos de ellos y empecemos a ampliar horizontes. A fin de cuentas este es un trabajo de mucha gente y saber cómo preparan un plan de rodaje los de dirección, cómo buscan las localizaciones los de producción o aprender a montar puede ayudarnos a hacer mejor nuestro verdadero trabajo cuando los planetas vuelva a alinearse. Tampoco es cuestión de cambiar de profesión, lo justo es que puedas seguir siendo guionista, pero por formarte o probar no pierdes mucho y amplías las oportunidades. También puedes intentar escribir otro tipo de formatos: programas, series web, cortometrajes… Puedes probar con una novela (yo lo hice y me la van a publicar en abril del año entrante los de Planeta y todo), buscar un hueco en la publicidad (lo intenté pero no me llamaron), proyectos Transmedia (lo he hecho) o escribir guiones para videojuegos (lo quiero hacer).

8. DÉJATE VER. Da la sensación de que en este mundillo si no te muestras no existes. ¡Pues para eso están las redes sociales! Ábrete un twitter y sigue a los jefazos de las productoras, pon tu currículum un LinkedIn (aunque no estoy seguro de que alguien haya conseguido trabajo con eso) o en una cosa que se llama about.me que los americanos consultan mucho. También puedes agregar en Facebook a los guionistas majetes que admiten a todo el mundo, escribirles para preguntarles si saben de algo… No es cuestión de ser pesado ni mucho menos de hacer la pelota (o sí, allá cada cual), pero todos sabemos que estos trabajos no salen en los periódicos y cuantos más contactos tengas, más fácil lo tendrás. Ah, y lo de dejarte ver, también es dejar ver tu cabreo por lo que está pasando. A las manifestaciones hay que ir.

DEPORTE

9. HAZ DEPORTE. Los guionistas somos más de mover los dedos, pero la realidad es que menear el esqueleto viene muy bien cuando estás en paro. Primero para el tema de las rutinas porque así tienes algo más que hacer. Segundo porque los guionistas somos bastante endogámicos y si vas a un gimnasio, a jugar al futbol o a dónde sea que se sude seguramente acabarás hablando con gente que no sabe lo que es el raccord y te ayudará a dejar de pensar por un rato en la mala situación del sector. Y tercero porque te ayuda a descargar. Yo estoy en un equipo de Roller derby que es un deporte que consiste en darse de hostias con otros patinadores, cosa que viene fenomenal porque esta situación en ocasiones te llena de rabia. Por cierto, también me saco unos duros dando clases de patinaje que es de lo que vivía cuando tenía veinte años.

10. ECONOMÍA DE GUERRA. La realidad es que no tener trabajo te afecta en todos los sentidos, pero el que más sangra es tu bolsillo. La realidad también es que a los guionistas nos pagaban bastante bien. Bueno, pues aunque sea un topicazo, toca apretarse el cinturón. Igual es el momento de dar el paso e irte a vivir con tu pareja, o volver a compartir piso y así ser un poco más joven. Y aunque también suene tópico, hay un montón de cosas molonas que hacer con poco pasta: botellón, ver lucha libre en La Tabacalera, ir a un ciclo de cine de terror en el Artistic Metropol. No voy a engañar a nadie, se vive mejor con pasta… Otra opción es pedir becas, que hay pocas pero alguna queda. En unos meses resolverán las de artistas de la Unesco, y en nada volverán a abrir el plazo. En nada también saldrán las becas de la Residencia de estudiantes de Madrid o las del Laboratorio de guión de Sundance (el año pasado participé en el de Oviedo y tuve el placer de hablar del guión por el que me seleccionaron nada más y nada menos que con Zachary Sklar).

Pues básicamente con esto puedes sobrevivir en el paro durante una buena temporada. No os digo que vayáis a estar tan bien como cuando trabajabais, pero puede que os ayude a manteneros en activo, ganar algo de dinero y aprender cosas nuevas. Aunque también hay días en los que estarás hasta las pelotas de la situación, que no es culpa tuya, sino de unos cuantos incompetentes que mueven los hilos del país. En esos días no tendrás ganas de quitarte el pijama ni de escribir una sola línea. Esos días lo único que puedes hacer es ir a ver a tu madre, llorarle las penas, que te de un abrazo y te diga que no hay mal que cien años dure.


CONSULTORIO: EL MEJOR CONSEJO PARA ESTAS NAVIDADES

25 diciembre, 2012

por David Muñoz

“Hola, mi nombre es Dani. No sé a quién dirigir ese mensaje porque he descubierto este blog hace escasos días (enhorabuena por él) y no conozco gran cosa de ustedes como para dirigir esta pregunta a uno u a otro. Allá vamos.

Estoy empezando en el mundo del guionismo de cine y no se mucho más de lo que me están enseñando en un curso de guionismo online que estoy haciendo. Se podría describir como un curso de iniciación y digamos que prácticamente sé poquísimo o nada sobre guiones. Todavía no he escrito un guion (ni media página) ni nada que se le parezca (de momento). Como digo estoy empezando y no soy más que un ignorante que intenta aprender. He estado mirando libros de guionismo para leer e ir cogiendo conceptos, ideas, y todo lo que sea posible. Evidentemente con el tiempo quiero leerme todo lo que pueda sobre guionismo, pero, ¿qué libro o libros me recomendáis que lea para empezar? He visto libros de Syd Field, de Rober McKee, de Blake Synder, etc… De ellos se hablan muy bien pero a mí me interesan los libros de “para empezar”.

Y una segunda pregunta más corta, ¿dónde se pueden conseguir guiones en español? Me gusta leerlos mientras veo la película para ir aprendiendo cosas, pero más allá de dos guiones que se me proporcionan en el curso no encuentro gran cosa.

Un saludo y muchas gracias de antemano”.

Hola Dani,

Que yo sepa no es fácil encontrar guiones en español. En Internet, me refiero. Yo solo conozco esta página de Simply Scripts. Luego, en ABC guionistas hay un link desde el que en teoría pueden descargarse guiones en inglés y también en español, pero como no estoy registrado como usuario, no he podido comprobarlo. Pero editados hay muchos. En la librería Ocho y Medio puedes encontrar un montón de ellos, por Ej. Y Ocho y Medio vende por Internet. Aunque si no quieres comprarlos y estás en Madrid, puedes pasarte por la biblioteca de la Academia de cine. Tienen muchos guiones y servicio de préstamo.

En cuanto a tu segunda pregunta, mi consejo es que empieces a escribir ya, antes de leer ningún libro. Seguro que en el curso del que hablas te han enseñado ya todo lo que necesitas para empezar.

Está muy bien leer libros teóricos (bueno, algunos más que otros), pero a escribir guiones solo se aprende escribiéndolos. Me preocupa un poco que digas que todavía no has escrito ni media página, pero que sin embargo te plantees leer el libro de Robert McKee, por Ej. De verdad, no es necesario.

Aún así, si quieres leer un libro “para empezar”, que te recuerde lo que hace falta tener claro antes de  arrancar, léete Cuéntalo bien, de Ana Sanz-Magallón. Ahí está todo lo que necesitas saber sobre las historias que se narran en el cine y cómo se narran. Después, si quieres saber cómo se estructuran la mayor parte de los guiones de las películas comerciales norteamericanas, lee ¡Salva al gato! de Blake Snyder. Pero para ahí. Estos dos libros son muy buenos y, además, son cortos. Se leen (y releen) rápido. Olvídate por ahora de McKee. No sigas leyendo manuales sin haber tratado de escribir antes tu primer guión. Aunque sea solo en forma de sinopsis, tratamiento o escaleta.

En realidad, ¿qué es lo que tienes que saber antes de ponerte a escribir?

Pues que por regla general las historias tienen un protagonista con un objetivo, y que en el camino del protagonista se interponen todo tipo de obstáculos que le impiden conseguirlo de buenas a primeras. A menudo, esos obstáculos son cosa de su antagonista (que puede no ser solo un individuo, sino, por ejemplo, una circunstancia). De esa lucha del protagonista por conseguir lo que quiere, surge la peripecia. Luego, los guiones de cine suelen dividirse en tres actos, o sea, en un principio, en un medio y en un final. En el primer acto presentas al protagonista y le pones en  marcha, en el segundo -que suele durar el doble que el primero y el tercero-, el protagonista hace lo posible por conseguir su objetivo, y, en el tercero, lo logra o no, dependiendo de si quieres tener un final positivo o negativo.

Y ah, el final de cada acto está marcado por un punto de giro que cambia el rumbo de la historia.

Te prometo que no hay que saber mucho más para arrancar.

Obviamente, escribir una historia no es tan sencillo, pero es que aprender todo lo que se puede llegar a saber sobre este oficio (y más aún cuando uno quiere profundizar en los diferentes géneros), puede llevarte el resto de tu vida. Y sospecho que tú quieres escribir un guion antes de llegar a abuelo.

Como ya he contado aquí antes, a mí me gusta leer manuales de guión, y ensayos sobre narrativa. Pero una cosa es eso y otra muy diferente escribir.

Así que estas navidades, hazte un regalo: comienza a escribir sin pensar en respetar las reglas que crees que hay que conocer leyendo manuales. Cuenta una historia, la que sea. Pon en marcha a un personaje en pos de un objetivo. Y elige esa historia sin darle demasiadas vueltas, casi instintivamente, elige algo que simplemente te apetezca contar, y luego, cuéntalo de la forma en que te parezca.

Es probable que no consigas escribir un buen guion. Pero eso no importa. Habrás dado el primer paso para convertirte en guionista.Tu segundo guion será mejor, estoy seguro. Y además, cuando leas los manuales, entenderás mejor lo que te están sugiriendo y por qué, gracias a que podrás contrastarlo con lo que has escrito. Será un conocimiento práctico, vivo, dado que tendrás como ejemplo los errores que ya has cometido. No es lo mismo que te digan que el detonante de una historia tiene que llegar más o menos en la página 12, que haber escrito un guión con un primer acto que se hace pesadísimo y darse cuenta de que, aunque lo que a ti te sale es retrasar el detonante hasta la página 25, así nunca vas a conseguir escribir un primer acto que realmente atrape y emocione.

Repito: está muy bien leer manuales, y acudir a cursos. Pero si no escribes, no te sirve para nada. Te estás engañando a ti mismo. Encima te estás privando de lo mejor que tiene este oficio: inventar historias y perderte en ellas.

Y con esto me despido de vosotros hasta después de reyes. Como los escolares, yo también necesito tomarme un pequeño descanso.

Felices fiestas a todos…

…y haceros un regalo, de verdad: escribid. Para vosotros, porque sí, para nada, sin miedo.


LO IMPOSIBLE: PLAY IT AGAIN, SAM

21 diciembre, 2012

por Ángela Armero

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Por fin he visto “Lo Imposible”, el éxito descomunal de este 2012. Yo, que me emociono con dos de pipas, a priori me sentía algo reticente a experimentar el sufrimiento de unos padres que luchan por encontrar a sus hijos en el tsunami de Tailandia de 2004. Pensé que si yo tenía esta resistencia sería algo común. Pero no: las cifras demostraron enseguida que, por dura que fuera la premisa, la historia atraía a las masas al cine.

De vez en cuando surge una película que se convierte en un fenómeno del que todo el mundo habla. Sin despreciar la espléndida labor de promoción de Telecinco, “Lo Imposible” ha obrado el milagro de interesar a todos.

Y creo que la fuerza de “Lo Imposible”, aparte de la soberbia producción y del talento visual de Bayona, reside en buena medida en que es una narrativa ritual. Es una de esas historias que se cuentan desde la noche de los tiempos, algo que todos ya sabemos pero que nos encanta escuchar y confirmar así lo que ya sabíamos. Ese tipo de cuentos no sólo nos sirve para afianzar nuestras creencias, sino para sentirnos más cerca de nuestros semejantes.  Apoyan nuestra forma de ver el mundo y nuestros lazos con los demás y con la realidad.

Por supuesto, esta historia “ritual” se apoya en una lección básica: Sólo frente a la adversidad es cuando realmente los seres humanos entendemos por fin qué es lo más importante de la vida: nuestros seres queridos. Lo sabemos, pero queremos que nos lo cuenten. Nos gusta sentir la pérdida, vivir la alegría del encuentro, paladear el luto por la tragedia cercana y sentirnos afortunados por conservar a nuestra familia y nuestra rutina, nuestro presente que con tanta alegría solemos despreciar. Es “Titanic”, y también es “Lo Imposible”.

He hablado con amigos de esta película y varios me han dicho: “No va de nada”, argumentando que quizá su planteamiento sea excesivamente minimalista, a pesar de que hay otros retazos de las tragedias de otras víctimas. Pero yo opino que ante la pureza de una madre buscando a sus hijos casi todo lo demás palidece. Además, creo que hay un interesante ejercicio narrativo que no por sencillo es menos eficaz o emocionante; la emoción, para mí, es el mayor reconocimiento que puede lograr una obra de arte: las rimas de la película.

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“Lo Imposible” tiene dos partes: el antes y el después. Y consigue emocionar mostrando el mismo elemento antes y después de la tragedia, mostrando cómo la tragedia es ese catalizador mágico que nos ayuda a conseguir perspectiva. Pondré algunos ejemplos. (Atención ESPOILER.)

La lata de Coca Cola eeeh refresco rojo. Al llegar al resort, el hijo mayor quiere una lata de Coca Cola pero sus padres no le dejan, le dicen que se tome un zumo. Después del tsunami, cuando su madre, un niño que han encontrado (Daniel) y él, están subidos a un árbol en medio de la riada, abren una que el hijo mayor encuentra por ahí y la comparten. Sensación de vivir.

La pelota roja. Con ella juegan los niños y el padre (Ewan McGregor) justo antes de la ola y vuelve a aparecer, embarrada, como pista de la cercanía de sus hijos.

El avión. Al ir, cada uno va enfrascado en sus cosas, hay turbulencias, es una escena cotidiana que muestra una familia bien avenida pero no demasiado armónica. Al volver, se trata de un avión medicalizado, en el que viajan casi en silencio con la madre entubada, mientras el sol va invadiendo sus caras, llenándoles no solo de felicidad sino también de certeza, de la paz que han buscado en su viaje.

Las estrellas. La noche previa al tsunami, uno de los hijos no puede dormir. Le dice a su madre que vean las estrellas, ella dice que las verá cualquier otro día. Después ese niño se encuentra con una anciana (Geraldine Chaplin) que le habla de la luz de las estrellas, que sigue viajando incluso cuando ya están muertas. Es una escena conmovedora sobre la pérdida, y que al parecer Bayona no quería incluir en la película por no ralentizar la acción, pero que era imprescindible para su guionista Sergio G. Sánchez… y Bayona se dejó convencer y al parecer se alegra de haberlo hecho.

El mensaje de este pareado de escenas es doble. Por un lado habla de algo que todos sabemos: disfruta el presente, bébete esa coca cola, contempla las estrellas, huele las flores. Por otro, nos recuerda algo que tampoco es una novedad: que el amor perdura más que las personas que nos lo inspiran. Y de todo esto consigue hablar en dos escenas, o mejor aún, en una línea de diálogo y una escena posterior. ¡Para que luego digan que no va de nada!

Hay otros ejemplos, y otras metáforas (también me gusta mucho la escena en la que lanzan los farolillos al cielo y los suyos parecen ascender en dirección distina a los demás y no saben si llegarán a subir, la del coma y el ascenso a la superficie de María) pero creo que el mecanismo de emplear la misma imagen o recurso antes y después es sumamente eficaz… porque es como la vida misma. Es como escuchar el mensaje en el contestador de una persona que forma parte de tu vida, y tiempo después escuchar ese mismo mensaje cuando esa persona ya ha fallecido. Es lo mismo, pero es diferente. Ya lo dice McKee: las historias se cuentan a través del cambio.

¿Es previsible “Lo Imposible”? Probablemente, máxime cuando es fácil conocer la historia real que inspiró la película. Pero igual de previsibles son los mensajes rituales que nos gusta oír, como los antiguos alrededor de una hoguera. La anécdota del carnet de conducir, la aventura sentimental de final amargo, el accidente que casi nos cuesta la vida, historias que nuestros familiares y amigos nos cuentan casi en cada reunión, casi en cada Navidad, con el mismo turrón y las mismas uvas; y en ocasiones pedimos que nos lo cuenten otra vez.


CÓMO ESCRIBIR UNA BUENA SINOPSIS (Y PARA QUÉ)

20 diciembre, 2012

por Sergio Barrejón.

Este año imparto un taller de guión de cortometraje en el Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Tres intensas sesiones en las que los alumnos aportan, respectivamente, una sinopsis, una escaleta y un guión… y yo los machaco sin piedad.

La enseñanza académica del guión es cruel y descorazonadora. Lo que uno quiere cuando tiene la edad de estar estudiando en la Universidad no es escribir sinopsis, sino escribir un GUIÓN. Así, con mayúsculas (y con tilde). Pero como no hay manera de quitarle las ganas de escribir a un verdadero escritor, he llegado a la conclusión de que lo más honesto por mi parte es enseñarles a manejar ciertas herramientas.

La sinopsis es una herramienta estupenda para dos personas:

– Al lector, productor o espectador le permite saber de qué va la historia.
– Al propio guionista le sirve para orientar su trabajo en una dirección, y no irse por las ramas al redactar el guión. Uno de los errores más comunes en los jóvenes guionistas es intentar calzar dos o tres películas distintas en un solo guión. La sinopsis les ayuda a evitar eso, y por eso decidí empezar el taller obligándoles a escribir una sinopsis de un guión que aún no habían escrito.

Para eso escribimos sinopsis: para contarnos a nosotros mismos qué tipo de película queremos escribir. Porque es muy, pero que muy frecuente, olvidarnos de lo que queríamos contar cuando estamos a mitad del segundo acto y los caminos se bifurcan y las posibilidades se multiplican, y nos sentimos como un jugador de ajedrez intentando anticipar demasiadas jugadas.

¿Y cómo se escribe una buena sinopsis? Pues como un buen guión: empezando por el principio y ciñéndote a la historia. Simple, pero nada fácil.

Desde mi punto de vista, y salvo excepciones (el cine es arte, y en el arte se tienen herramientas, pero no fórmulas), hay dos maneras de arrancar una sinopsis:

A) Con un párrafo que empiece con el nombre del protagonista y su situación al arrancar la película, seguido de un segundo párrafo donde se presenta el conflicto principal de la historia.

B) Con un breve párrafo que describa el universo en que se desarrolla la acción, y seguidamente un párrafo de tipo A).

La opción B) yo la reservaría para películas de época, fantásticas y, en general, todas aquellas historias que se desarrollen en un entorno muy distinto al “aquí y ahora”.

Norte de África. Durante la Segunda Guerra Mundial. En Casablanca, capital de la Francia Libre, se dan cita refugiados de toda Europa en su búsqueda desesperada de un pasaje para América.

Rick Blaine (40), un norteamericano renegado y solitario, veterano de la lucha antifascista, regenta el café más popular de Casablanca. Una ruleta, el aplaudido piano de Sam y la presencia habitual de autoridades y personalidades hacen de Rick’s el epicentro de la vida nocturna de la ciudad.

Una noche, Rick tiene un encuentro inesperado: Ilsa, la mujer de la que estuvo enamorado años atrás en París, y que desapareció repentinamente de su vida sin dar explicaciones, se presenta por sorpresa en el café. Ahora está casada con uno de los líderes de la resistencia antinazi: alguien a quien Rick admira desde hace años. Los dos necesitan un pasaje para América antes de que los nazis los arresten, y sólo Rick podrá conseguírselo… si es que está dispuesto a separarse por segunda vez de la mujer que amó.

Es sólo un ejemplo. A partir de ahí, la cosa consiste en algo tan simple y tan condenadamente difícil como SINTETIZAR. Ir a la esencia de la historia. Contar sólo los hitos fundamentales para entender la película. Para conseguir esto en tan sólo una o dos páginas, podemos observar las siguientes indicaciones:

– Un buen método para identificar lo esencial es mantener el punto de vista del protagonista. Procurar no escribir demasiadas frases sin su nombre.

– Usar el pasado, el futuro, el condicional o el subjuntivo si es necesario. La sinopsis no es esclava del presente de indicativo. Es pura literatura.

– No es buena idea “hacer zoom” en una determinada escena y contarla como si fuera un guión. A no ser que sea una escena de arranque muy significativa, que siembre un montón de información esencial, y que cumpla el cometido de los párrafos A) + B).

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– Olvidemos los diálogos. No hay nada más aburrido que un diálogo largo contado en estilo indirecto.

– La sinopsis no es un mapa. Sólo es una brújula. Si necesitamos un mapa, ya haremos una escaleta.

– No hace falta explicar las causas de todo, si eso nos va a obligar a un farragoso párrafo sin interés dramático. Por ejemplo: en la sinopsis de Casablanca quizá no haga falta explicar cómo le llegan a Rick los salvoconductos. No es esencial: el personaje de Ugarte no vuelve a aparecer. Su muerte es espectacular, y el detalle de los salvoconductos escondidos en el piano tiene su gracia, pero todo ello no influye en acontecimientos posteriores de la trama. Lo único que interesa a la trama es que Rick tiene en su mano la posibilidad de salvar a Ilsa y su marido… o de marcharse él con ella.

– Sí: la sinopsis debe incluir el final. No estamos escribiendo la contraportada del DVD. Estamos trazando un plan de trabajo, y estableciendo el tono de la historia. Si te gusta escribir sin conocer el final, me parece bien. Pero entonces este post no es para ti. Es muy posible que el final no quede brillante ni gracioso en la sinopsis. No importa. Imaginad el final de El Tercer Hombre o Con Faldas y a lo Loco en versión sinopsis: un truño. No pasa nada. Y para demostrarlo, voy a terminar este post aquí, sin chimpún final.


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CONSULTORIO: DEL CINE AL CÓMIC

18 diciembre, 2012

“Hola tocayo,

Soy de Málaga (…). Verás, la cuestión es: recientemente escribí una novela que es la repanocha, pero que he movido por agencias y editoriales sin obtener respuesta aún, y he pensado que una opción era exportarla al formato cómic, ya que por su género, tema, target y etc. la veo como una historia muy adecuada para este formato. Entonces, mis preguntas son: ¿qué libros (o cosas) me recomiendas para formarme como guionista de cómic; y si existe algún espacio web que sirva para poner en contacto a guionistas y sus proyectos con dibujantes de cómics (ya que me imagino que lo que le presentas a la editorial es el cómic o novela gráfica ya terminado, y no sólo el guión)?

Gracias de antemano por la ayuda y un abrazo. Sois geniales y el blog ayuda un montón a la gente que soñamos un día con dedicarnos a esto.

¡Hasta siempre!

David!”

Hola David,

Trataré de contestar tus preguntas lo mejor que sepa.

-Me sorprende que creas tener una historia que por su “género, tema, target, etc.” es especialmente adecuada para un cómic. Quizá me tendrías que dar más detalles para que te entendiera mejor, pero ahora mismo una de las cosas buenas que tiene el cómic es que la palabra “cómic” define solamente un medio, no un tipo de historia. Hay cómics de superhéroes, costumbristas, de humor, autobiográficos, periodísticos, históricos, de autor, etc. Y todos tienen su hueco en el mercado. Con esto quiero decir que, al menos en cuanto a su contenido, en teoría cualquier historia puede ser contada en forma de cómic. Me cuesta hacerme una idea de por qué crees que tu historia puede ser más “de cómic” que otras.

Si estuviéramos en Estados Unidos o en Francia, donde sí existe una industria del cómic con unas ventas más sólidas, y por tanto con sus best sellers y sus tendencias, quizá ese planteamiento tendría más sentido. En Francia tiene mucho tirón lo histórico y en Estados Unidos los reyes del mambo siguen siendo los superhéroes (aunque en ambos casos la novela gráfica -el cómic para adultos sin limitación temática o de género-, les está comiendo terreno poco a poco).

Con esto quiero decir que no dudo que con tu historia se pueda hacer un cómic, solo que me extraña que tenga algo que la haga especialmente adecuada para ese medio (entiendo más ese razonamiento para el trasvase cine/cómic; la ausencia de límites presupuestarios puede ser un factor importante sí lo que has escrito es una especie de “El señor de los anillos”, por Ej. que jamás podría ser rodado en España).

Te lo comento para que tengas unas expectativas realistas respecto al interés que pueda despertar tu proyecto. En ese sentido también deberías saber que el mercado del cómic puede llegar a ser tan inaccesible como el literario. No es nada fácil publicar, y mucho menos en unas condiciones dignas o en industrias que merezcan ese nombre, como la francesa.

-En cuanto a lo que te recomiendo para formarte como guionista de cómic, mi opinión es que en principio un guionista de cómic tiene que saber exactamente lo mismo que un guionista de cine o de televisión. La base es la misma. O sea, tiene que aprender a contar una historia. Y eso puede lograrse de muchas maneras. Después, una vez tengas claro qué es una historia y cómo se cuenta, necesitarás un manual de escritura de cómic que te explique las peculiaridades formales del medio. O sea, que te cuente cómo se escribe realmente un guion de cómic y te ayude a aprender a pensar como un guionista de cómic. Yo el libro del que aprendí todo esto fue “Para hacer historietas” de Juan Acevedo. Me lo regalaron mis padres de niño y me cambió la vida.  Gracias a él descubrí lo que era un plano general, la colocación correcta de los globos de diálogo, etc. Lo malo es que tengo claro si ahora mismo se puede encontrar en las librerías. Y no sé si hay alguno más que merezca la pena.

Para.Hacer.Historietas.-.Juan.Acevedo.ED.Popular

También creo que es recomendable leer guiones de cómic. Pero sobre todo, es imprescindible escribir guiones de cómic y abocetarlos tú mismo (da igual que dibujes muy mal, con palotes vale),  para aprender a distribuir la información en la página, a “pensar en viñetas”, etc. A lo mejor te parece un poco pesado, pero hacerlo me parece necesario para hacer la transición de guionista de cine o televisión, que trabaja con el tiempo, a guionista de cómic, que trabaja con el espacio. Porque es ahí donde se la suelen pegar los guionistas de cine cuando empiezan a escribir tebeos. Se olvidan de que todo está sujeto a las limitaciones de espacio de la página (y luego se ven cosas como los primeros tebeos de Kevin Smith, con los personajes sepultados por montañas de texto).

-Y no tengo ni idea de si existe alguna página que permita ponerse en contacto a guionistas y dibujantes. Pero si existiera me encantaría conocerla. En principio, lo mejor para encontrar un colaborador es ir a algún salón del cómic y acercarse a cualquiera de los dibujantes que están esperando cola para hablar con los editores, charlar con ellos, contarles lo que quieres y ver si estarían interesados en que por lo menos le mandaras tu material. Parece descabellado, pero puede funcionar. Otra opción es echarle paciencia y pasarse horas mirando blogs de dibujantes por Internet, escribir a los que te interesen y esperar respuesta. Ya sé que todo parece complicadísimo, pero es que encontrar un dibujante es probablemente la tarea más difícil a la que se enfrenta cualquier guionista de cómic.

Ah, normalmente lo que se presenta a las editoriales son varias páginas de muestra y una sinopsis detallada. Eso suele ser suficiente para saber si les interesa o no el proyecto. Un dibujante puede tardar un año en terminar un álbum o una novela gráfica. Y eso si trabajan diez horas al día. No puede pedírseles que inviertan todo ese tiempo en algo por lo que no saben si alguna vez van a ver un solo euro.

Espero haberte sido de ayuda, y me alegro de que te guste nuestro blog.

¡Suerte!


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