LA ELEGANCIA

16 enero, 2013

sms

Por Chico Santamano.

Juan José Güemes saltó de nuevo a la palestra la semana pasada y no fue precisamente por ese pelazo suyo que tanto envidio. El tío había fichado por una empresa de análisis clínicos. Curiosamente era la misma empresa que se vio favorecida por su gestión en su época como Consejero de Sanidad en la Comunidad de Madrid.

Escribo este post horas después de que Güemes finalmente haya presentado su dimisión ante sus nuevos jefes. Cuando hace tres años fichó por la productora de Pocoyó no recibió ni una milésima parte de las críticas que ha recibido por este lío de los laboratorios. Toda esta presión social no se ha dado porque lo que hiciera el bueno de Güemes fuera algo ilegal, sino porque tanto ética como estéticamente era bastante reprobable.

Que sí, que soy Chico Santamano, no Pianista en Burdel. TRANQUILOS. No voy a hablar de política. Lo de Güemes no era más que una pequeña introducción a un tema que me inquieta desde hace algún tiempo. Tanto es así que hace unos meses escribí sobre ello en un post titulado “Lo que vales”.

En octubre del año pasado, hablaba sobre esa terrible manía que tenemos muchos de los que nos dedicamos a esto de “lo creativo” de destruirnos de una manera poco elegante. Se critica el trabajo que hacen los compañeros bajo el amparo de la evidentísima libertad de expresión y sobre esa vieja excusa de “la sinceridad”.

Como ya sabrán, soy muy aficionado al reality y cuando un concursante se define como alguien “MUY SINCERO” en su vídeo de presentación… buah… que Dios nos pille confesados porque nos encontramos ante un cabrón redomado que va a fustigar a todo bicho viviente con opiniones que nadie le ha pedido.

Por suerte, este mundillo nuestro no es la casa de Gran Hermano. Quizá si hiciéramos algo más de edredoning nos iría mejor, pero en general tenemos formas y maneras más “elegantes” de comportarnos. O eso parece… Son pocos los casos que se conocen de vasos de agua que vuelan y expulsiones por intento de agresión. Pero aún así la aparición de ese altavoz llamado internet en nuestras vidas nos ha metido en más de un lío a casi todos.

Uno de nuestros Bloguionistas la lió parda hace años con un post sobre cierta serie de Globo. El link de comentarios se convirtió en el pasaporte a un campo de batalla entre guionistas que parecían no poder perdonarse la vida los unos a los otros.

Recientemente otro guionista ha usado su cuenta “anónima” de twitter para criticar con tanta gracia como mala baba la nueva serie creada por un ex de Globo. El cruce de tuits entre “agresor” y “damnificados” ha sido acojonante. De hecho la foto que ilustra este post es una captura real de un sms hecho público por el “guionista crítico”.

Es raro el mes que no hay piques en twitter y facebook entre profesionales del mundillo. Unos se sienten con la ¿necesidad? de gritar a los cuatro vientos que el trabajo de los otros no está a la altura de sus expectativas (como si eso le importara realmente a alguien) y otros se enfrascan en defensas tan lógicas como posiblemente innecesarias de su serie/película/programa/loquesea.

Se da el caso de algunos ”’gurús”’ que se han convertido en una especie de Intereconomía del guión. En cuanto se produce algún estreno o revolución televisiva todos corremos a ver qué opina el tipo en cuestión por esa necesidad irracional de indignarnos ante la osadía ajena.

Evidentemente la crítica entre miembros de un mismo gremio es absolutamente legal. Pero al igual que el caso de Güemes… ¿es ética y estéticamente reprochable? Aquí se abre un debate apasionante que podemos continuar en los comments si os apetece y divierte…

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¿Un guionista que critica en público es un guionista que ofende?

¿Un guionista que no critica el trabajo ajeno es
un cobarde y un comepollas?

¿No defender tu trabajo de la crítica pública de otro guionista es ser un cagao ante alguien que podría conseguirte curro en el futuro?

¿Estás legitimado para criticar si en tu curriculum tienes mierdas soberanas?

¿El silencio público de un guionista es un paso más
en la involución del gremio?

¿Hasta qué punto puedes enfadarte por la opinión de un compañero?

¿Deberíamos dejar de llamarnos compañeros
si en realidad no lo somos?

¿Cuánto de ego resentido hay en el que critica?

¿Cuánto de ego hay en todo esto… EN GENERAL?

¿Realmente hay necesidad de dar tu opinión
cuando nadie te la ha pedido?

¿No es mejor dar tu opinión en privado?

¿Qué ganan los criticadores con la crítica?

¿Si fuerais productores contrataríais a ese tío?

¿Y los productores? ¿Se enteran de estas cosas o están en la parra?

¿Son nuestras series/pelis/programas y las de nuestros amigos
las mejores?

¿Se puede ser elegante al mismo tiempo que se critica el trabajo de los compañeros?

¿Es la ficción nacional un reflejo de nuestra falta de elegancia?

¿¡Qué coño hacía Güemes en la productora de Pocoyó!?


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