LÉELO EN VOZ ALTA

24 enero, 2013

por Sergio Barrejón

El año pasado por estas fechas impartí una masterclass sobre cortometraje en el Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, acompañado por el cineasta uruguayo Carlos Morelli (conté la experiencia en un post titulado Retrato del guionista adolescente).

Este año me ha tocado impartir un taller de escritura de cortometrajes en tres intensas sesiones de ocho horas cada una. Mañana es la última. A la primera clase, los alumnos tenían que acudir con una sinopsis ya escrita. A la segunda tenían que traer un outline. Para esta tercera, ya tenían que venir con el guión debajo del brazo.

El pasado día 17 recibí sus guiones. Teniendo en cuenta que tienen varias horas de clase diarias, y que participan en otros talleres, como el de escenas con Pablo Remón o el de largometraje con David Muñoz, y considerando además que han tenido por medio las navidades, en las que lógicamente tienen más difícil reunirse para trabajar, hay que reconocer que se lo han currado. Hoy les he enviado este mensaje:

“Hola a todos,

En primer lugar, enhorabuena por haber completado vuestros guiones a pesar del parón navideño y de todas las otras tareas que tenéis. Habéis hecho un gran esfuerzo y el resultado es muy satisfactorio.

Pero aún quiero haceros sufrir un poco más: el viernes leeremos vuestros guiones en el aula. Enteros. En voz alta. Y cuando digo “leeremos”, obviamente quiero decir “leeréis”.

Es el momento de ir simulando estornudos, o de dejar caer como quien no quiere la cosa que vuestro compañero de piso anda con gripe y que ojalá no os contagie. Más os vale tener una buena excusa para no aparecer el viernes, porque cualquier ausencia va a ser muy sospechosa.

Bromas aparte, el ejercicio seguirá estas simples directrices:

1. QUÉ: Cada guión se lee de una sentada. Acotaciones y diálogos. Todo. Sin interrupciones ni comentarios.

2. QUIÉN: Cada grupo deberá elegir UN lector para salir a la pizarra y leer su guión ante la clase, de un tirón.

3. PARA QUÉ: El objetivo es descubrir las debilidades de cada guión. Oír cómo suenan los diálogos. Descubrir pasajes donde la redacción es mejorable. Notar dónde el público se interesa y dónde se aburre o se dispersa.

4. CÓMO:
-Los que presentan deben esforzarse por hacer una lectura clara y expresiva. Deben atender a las reacciones de la clase, que tras la lectura comentará sus impresiones. Y deben escuchar los comentarios con mente abierta.
-Los que escuchan deben seguir la lectura sin interrumpir, pero tomando notas para comentarlas al final de cada lectura: qué les gusta y qué no; qué les interesa y qué no; qué ven mejorable: qué pasaje ha captado su atención, etc. Tanto desde el punto de vista narrativo, como de redacción, como de estilo. Cualquier detalle que se nos ocurra. No se trata de hacer un brainstorming para cambiar el guión, sino de comunicar qué sensaciones nos ha producido.

5. POR QUÉ: Este ejercicio es probablemente el más difícil que os puedo plantear, y sólo os lo planteo porque he visto muy buen nivel en los guiones, y sobre todo, mucha dedicación y esfuerzo, por lo que confío en que será productivo.

El grupo que le ponga fe y pasión a la lectura y lo haga tremendamente MAL, tartamudeando, trabándose y sintiéndose muy ridículo, obtendrá una muy buena calificación. Porque no se trata de que seáis grandes oradores, sino de que os esforcéis por comunicar, y por descubrir dónde está fallando esa comunicación.

El grupo que no le ponga fe ni ganas, o que aborde este ejercicio desde la ironía, estará haciendo exactamente lo que hacen las películas que fracasan: dar la espalda al público.

El grupo que le ponga fe y ganas, y haga una lectura clara, confiada y con coraje, lógicamente se llevará la mejor calificación posible. Pero sobre todo se llevará un aprendizaje muy valioso. Porque si os tomáis en serio este ejercicio (y no es fácil tomárselo en serio), podéis aprender más que con cualquier análisis de guión.

Sufrir, vais a sufrir de todos modos. Así que, ya puestos, intentad sacarle algún rendimiento.

Nos vemos el viernes… siempre que esa tos que os acaba de entrar no se convierta en una bronquitis con fiebre alta y afonía severa.

Sergio.”

Si todo el mundo tuviese una check-list en la puerta de casa, nadie saldría nunca sin llaves. Pero viendo cómo viven los cerrajeros, es evidente que muy poca gente se toma ese tipo de molestias. Lo mismo pasa con lo de leer los guiones en voz alta: todo el mundo sabe que es una idea estupenda. Pero casi nadie la pone en práctica.

No digamos ya leer el guión en voz alta en público. Eso, además de pereza, produce vergüenza. Pero es una de las mejores lecciones que un estudiante de guión puede recibir. ¿Por qué?

-Porque los guiones no están escritos sólo para ser leídos. Están hechos para ser oídos. Ciertas cosas que sobre el papel aparentemente funcionan, al decirlas de viva voz resultan flojas o risibles. Y viceversa, leyendo para un público un pasaje aparentemente anodino, podemos descubrir un filón que no estábamos explotando.

-Porque juntar a cuatro amigos (o a veinte compañeros) y leerles el guión en voz alta de un tirón nos permite reproducir en condiciones de laboratorio la experiencia de presentar la película en público. Podemos empezar a prever qué funciona y qué no, dónde nos estamos enrollando y dónde estamos siendo demasiado parcos, si los chistes dan risa y si los cliffhangers dejan bocas abiertas.

No todo el mundo está preparado para ello. Habrá gente que lo pase muy mal. Seguramente lo pasarán peor aquellos que han escrito los mejores guiones. Porque ellos no sabrán hacerlo con la ceja levantada, no sabrán marcar una distancia irónica. Cada pasaje que no funciona les dolerá en el orgullo y les resonará en la cabeza durante días. Pero habrán presentado su película ante el público. Y descubrirán una sensación que normalmente no se tiene en las escuelas, y que es absolutamente fundamental para entender esta profesión: que estamos en manos del público. Trabajamos para el público, no para el productor, el distribuidor ni el crítico. Nuestro cliente es el público que paga la entrada.

Y el público es implacable. Si no le gusta la película, se larga. No hay justificaciones ni explicaciones que valgan. No hay subterfugios ni trucos que cambien eso. En algún momento hay que salir de la escuela, hay que hacer películas y hay que someterlas al criterio del público. Y cuanto antes lo hagamos, mejor.


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