FIRMAS INVITADAS: DECÁLOGO DEL ORGULLO GUIONÍSTICO

28 marzo, 2013

Daniel Corpas Hansen (Copenhague, 1976), es guionista de TV (“Yo soy Bea”, “Lo que me contaron los muertos”, “SuperCharly”) y escritor (“El acontecimiento literario del año”). También ha escrito diversas piezas teatrales para Microteatro por dinero, así como branded contents para marcas como Toshiba. Ahora participa en el proyecto de narrativa transmedia ShotWords.

DECÁLOGO DEL ORGULLO GUIONÍSTICO

1. La película, en realidad, la hace el guionista.

2. Al ser por lo general buena gente, el guionista procura que el punto 1 no sea demasiado obvio, con vistas a no herir los egos del director y el productor.

3. El guión es esa cosa sobre la que todo el mundo tiene una opinión y casi nadie una idea.

4. Escribir un guión está “chupao”, cualquiera puede hacerlo. Prueba de ello es que en el gremio tenemos colegas tan ilustres como Paul Auster o Anita Obregón.

5. El guión es la forma de escritura más perfecta jamás inventada por el hombre, pues ha eliminado todo lo que no es estrictamente esencial e indispensable.

6. Dostoievski se hubiese cortado un testículo por poder narrar el arco de transformación de Walter White.

7. Si sales del cine diciendo que la fotografía era preciosa o que el actor estaba estupendo, es que la película era una mierda.

8. David Simon dijo aquello de “Fuck the average spectator” y no sólo no le echan sino que en la HBO le tratan como a un dios.

9. Esto no es una crisis estructural del sector: es que nos obligan a escribir cosas que ya nadie quiere ver.

10. Algún día no muy lejano podremos colocarle una almohada en la cara a la señora de Mota del Cuervo y apretar todos juntos hasta que deje de joder.


EL GRAN DRAMA DEL CINE ESPAÑOL (2): LOS PRODUCTORES VAGOS.

27 marzo, 2013

Por Chico Santamano.

Del creador de “EL GRAN DRAMA DEL CINE ESPAÑOL: LOS DIRECTORES DE ENCARGO” llega una secuela llena de rabia y estupefacción

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Así es, ha llegado el momento de hablar de ese tipo de productor a cuya puerta siempre acabas llamando. Tú eres un guionista de cine que sabe escribir y tiene un guión. Repito. Sabes escribir. Tienes un guión. Pero dirigir no sabes. Dirigir no quieres. ¿Por qué ibas a querer? No eres director. Eres guionista. Dirigir NO. Sólo escribir. Por eso no quieres dirigir. Porque tampoco sabes echar mechas y por lo tanto no quieres ser el peluquero de la peli. Sólo escribir. Dirigir no. Dirigir caca. Crees en la especialización. Crees que ser guionista es un oficio en sí mismo. Respetas los directores escritores, claro… Pero tú, como el 80% de los guionistas, no eres uno de ellos. ¿Ha quedado claro? Eres guionista. No director. Bien, volvamos a la puerta de ese productor. Recuerda. Eres guionista. Llamas… TOC-TOC. Ojo… es posible que también suene… DIN-DON. Eso no importa ahora. Centrémonos, por favor os lo pido.

El productor te recibe. Le cuentas de qué va tu guión. La verdad es que no es porque sea tu peli, pero es que tiene una pinta estupenda. Al productor parece que le gusta también. Quizá no a un 89%, pero sí a un… qué sé yo… un 68%. GUAU. ¿68%? Eso es un montón, ¿eh? Sobre todo si tenemos en cuenta que el 74% de los guiones que llegan a las productoras del mundo entero son una auténtica purria (otro de los grandes dramas del cine español, claro). Bien, el tío parece que ha pasado por el aro y entonces te suelta esa inquietante pregunta:

“¿Lo quieres dirigir tú?”

Tú te lo tomas como un cumplido. Es lógico que el productor quiera saber si eres uno de esos hombres del Renacimiento que escriben, dirigen, interpretan y echan mechas. Tú le respondes que no. Que gracias, pero que tú sólo eres guionista. Escribir es lo mejor que sabes hacer. Posiblemente lo único que sabes hacer. Escribir SÍ. Dirigir NO. El tipo asiente y entonces te dice:

“Me interesa la historia. Vamos a hacer una cosa, vuelve con un director interesado en hacerla y hablamos”.

Y entonces tu cerebro hace CRACK!

Algunos de los miles de guionistas que leéis este blog cada mañana asentiréis porque esto mismo os ha pasado a vosotros. Otros lo habéis oído en boca de compañeros. Otros habéis buscado a un colega director antes de que os lo dijeran y otros no os lo podréis creer. Es lógico… ¿Cómo es posible que un productor pida a un guionista que haga SU trabajo? Por suerte, no es la generalidad, ¿eh? La cosa va cambiando. Pero aún hay señores que desde su despacho te vienen a decir algo así como: “Mira, yo no tengo ni idea de quién puede dirigir esto que me traes porque todos los nombres de directores famosos que se me ocurren dirigen sus propios guiones. Búscate un colega director y hazme el trabajo”.

Claro. Entonces yo, que sólo sé escribir, ¡¡que sólo quiero escribir!!, se supone que tengo que verme los mejores cortometrajes del año para estar pendiente de los nuevos directores que más despuntan, conseguir sus contactos, pedir sus showreels, verlos, valorarlos, entrevistarme con ellos y convencerles de que me dejen unir su nombre a mi proyecto. O eso o conseguir los teléfonos de vacas sagradas. Como tengo que hacer el trabajo del productor me toca llamar a directores de relumbrón para que en cierta forma garanticen así la financiación del proyecto. O lo que es lo mismo… No tendré más remedio que quedar como un puñetero freak rogándoles para que se lean mi historia.

¿Estamos locos, no? ¿No debería ser ESE el trabajo de un productor? Estar al día de los mejores directores del momento, no quitar un ojo de la cantera para descubrir al nuevo Amenábar, y si no lo encuentras en España buscarlo en Francia o en Pekín… No puedo entender hasta qué punto de apoltronamiento puede llegar un señor para querer ser productor y no sentir pasión por construir un proyecto. Joder, en eso consiste su curro, ¿no? En seleccionar y unir los mejores mimbres para que la película sea perfecta. Y eso, amigos, explica muchas cosas de nuestro cine.

Que aún exista este tipo de productores que prefieren que les den el “pack completo” antes que mover el culo genera que buenos guiones sin director se queden por el camino, mientras que historias mediocres (siendo generosos) firmadas por grandes realizadores llegan a ver la luz. ¿Entienden ahora por qué determinadas películas se estrenan en las carteleras patrias? ¿Entienden ahora por qué determinado realizador tan bueno y que rueda guiones tan malos (sus guiones) sigue trabajando año tras año? ¿Entienden ahora por qué determinados guionistas brillantes, convertidos por necesidad en directores, ruedan pelis tan chungas?

El día que tengamos directores que dirijan, escritores que escriban y productores que produzcan… ese día tendremos una industria un poquito mejor.


EL CONSULTORIO DE LA SEÑORITA TECLA

26 marzo, 2013

“Mi novio piensa que mi guion es una mierda”.

Por la Señorita Tecla.

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“Querida Señorita Tecla,

Tengo un problema con el que espero que usted pueda ayudarme. Como puede imaginarse, soy guionista. Hasta ahora, solo de televisión. La cuestión es que hace un año me quedé en paro. La cadena prometió que iba a renovar la serie en la que estaba trabajando, pero en el último momento, cuando ya habíamos empezado a escribir los episodios de la nueva temporada, decidieron cancelarla. Y la productora nos largó a todo el equipo. Afortunadamente, como estaba contratada, me dieron un buen finiquito y tengo paro. Además, siempre he sido muy ahorrativa. Y vivo en un piso muy barato. Encima, tengo pocos gastos. Alguna salida al cine, libros y poco más. A lo que voy es que aunque me habían despedido, no me preocupaba el dinero. Y si le digo la verdad, estaba un poco harta ya de la televisión. Empecé a trabajar como guionistas de serie un poco de casualidad, después de hacer una prueba que me pidió un amigo de la ECAM (yo también estudié allí) que trabajaba en el departamento de desarrollo de una productora, y nunca pensé que me iba a tirar diez años escribiéndolas. Que no es que no me guste el trabajo, eh. En general lo he pasado muy bien y no he tenido malas experiencias. Pero claro, cuando uno se mete a guionista no es para escribir las historias de otros (ni para convertirse en el escriba de los jefes de ficción de las cadenas). Yo lo que quería era escribir mis cosas. Así que eso era lo que tenía ganas de hacer. De manera que me pregunté: “¿Cuánto tiempo puedes vivir sin trabajar?”. Y la respuesta fue: “Dos años”. Pues entonces, un año para escribir un guión de cine y otro para moverlo mientras busco trabajo otra vez en la tele. Pues bien, escribí el guión (por si tiene curiosidad, es un thriller), y antes de darlo por terminado, se lo di a leer a mi pareja para conocer su opinión. Siempre le he pasado mis guiones de televisión y sus comentarios habían solido serme de gran ayuda. Ah, un dato que quizá le convendrá saber: llevamos tres años saliendo y justo ahora estamos planteándonos irnos a vivir juntos. Sigo: la cuestión es que imprimí una copia del guión, se la di y pasaron los días y él no me decía nada. Cosa que me extrañó porque normalmente me dice lo que le parecen los guiones al día siguiente de leerlos. Claro que como en este caso no había ninguna prisa en mandarlo (lo contrario de lo que pasa con los guiones de televisión), tampoco me preocupé demasiado. A lo mejor lo único que pasaba es que todavía no lo había leído. Entonces, siete días después, mientras íbamos en mi coche a comer a casa de mis padres, ya no pude aguantarme más y le pregunté si lo había leído. Él se puso muy serio y me contestó: “Sí”. “Y… ¿qué te ha parecido?”, dije yo, muy nerviosa ya. Los siguientes quince minutos fueron los más duros de mi vida. No estoy exagerando. Sin mirarme ni una sola vez, mi novio empezó a decirme que mi guión era un desastre… bueno, un “desastre” no, una mierda. No funcionaba nada, ni la historia, ni la estructura, ni los personajes, ni nada de nada. Lo mejor que podía hacer era no moverlo por las productoras, porque estaba seguro de que acabaría perjudicándome laboralmente. Según él, estaba claro que tantos años trabajando en televisión me había dejado una serie de tics como guionista de los que no había conseguido librarme al ponerme a escribir cine. Y después, se calló. No volvimos a abrir la boca hasta llegar a casa de mis padres. Yo estaba tan tensa que un poco más y me salgo de la carretera dos veces. Una vez incluso se me pasó por la cabeza dejar que nos estrelláramos para acabar de una vez por todas con aquel mal trago. Durante la comida lo único en lo que podía pensar era en que quería morirme. No podía dejar de darle vueltas a que a lo mejor había sido una mala guionista toda la vida y lo que había pasado era que no me había dado cuenta. ¿De qué me iba a ganar la vida? ¡Si lo único que sabía hacer (o que creía saber hacer) era escribir! Al volver a casa, le di las gracias a mi novio por haber leído el guión, nos despedimos bastante fríamente, y, aunque ya han pasado cuatro días y él me ha llamado varias veces para quedar, le he dicho que estoy con gripe y que no tengo ganas de salir de casa ni de ver a nadie. Pero es mentira, claro. En realidad, lo que me apetece hacer es coger el teléfono y mandarle a la mierda después de llamarle de todo. Pero me siento culpable solo de pensarlo. ¿Porque sea mi pareja no tiene que gustarle todo lo que escribo, no? Es mi novio, no tiene porqué ser mi fan. Tampoco pasa nada si le parece que la primera historia que escribo sintiéndola de verdad mía, en la que he invertido un año de trabajo, le parece una mierda, ¿no? Estoy hecha un lío. Mi parte racional quiere pasar página. La emocional quiere venganza. Me ha hecho mucho daño y me ha producido una crisis de la que no sé si voy a poder salir. Es terrible esto de sentirse mal por sentirse mal.

Muchas gracias por escucharme,

E”.

Querida E,

No te lo pienses más. Coge ahora mismo el teléfono y mándale a la mierda. Eso sí, después de llamarle de todo. Ese tipejo no se merece estar con alguien como tú. Piénsalo un poco… ¿tú le dirías que hace su trabajo como el culo y que sería mejor que se dedicara a otra cosa? ¿A que no? Pues entonces, ¿por qué por el hecho de ser guionista aceptas que te trate con tan poco respeto? Porque aunque no le hubiera gustado tu guion (o aunque realmente sea una mierda), podría habértelo dicho de otra manera. Con un poco más de tacto. Pero no, aprovechó la primera oportunidad que se le presentó para ponerte en tu sitio, para dejarte bien clarito que no eres tan buena como te crees, que pese a todas esas series que has escrito, en realidad eres una mediocre… una mediocre COMO ÉL (adivino que si no me has hablado de su trabajo es porque no es nada del otro mundo). No cometas la locura de irte a vivir con un individuo de semejante calaña. Sería el mayor error de tu vida. Un ser así solo será feliz dejándote claro un día sí y otro tan bien que no eres tan especial como te crees. Además, ¿y el qué sabe de escribir guiones? Seguro que nada. Es un agujero negro. Te chupa energía. Si te quisiera de una manera sana no te habría dicho esas barbaridades. Se hubiera dado cuenta del daño que te estaba haciendo. Dile adiós y no mires atrás.

Espero haberte sido de ayuda.

Voy a tomarme una valeriana. Lo necesito después de leer tu mensaje.

Y gracias por escribir a nuestro consultorio.

La Señorita Tecla.


TALENTO PARA EL FRACASO

22 marzo, 2013

Por Ángela Armero

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“Baila como si nadie te viera; canta como si nadie escuchara; ama como si nunca te hubieran herido.”

A estas frases que suelen decirse para animar a la gente a vivir la vida hasta sus últimas consecuencias, yo, habiendo trabajado de guionista durante varios años en cine y en televisión, añadiría:

“Escribe como si nadie te leyera”. Y además lo pondría así, entre admiraciones y en negrita, para resultar más enfática: “¡Escribe como si nadie te leyera!” e incluso le añadiría el subtítulo “Crea como si nunca hubieras bajado del 20%.”

Al igual que sucede con todas las profesiones creativas, el fracaso está muy unido a todas las variantes del trabajo del guionista. Nada más sencillo que fracasar escribiendo una película que nadie ve o que el crítico de turno lincha sin miramientos, escribiendo la serie destinada a caerse después de tres capítulos emitidos que por fortuna nadie recordará dentro de unas semanas, firmando el último episodio de una serie en dificultades que recibe la última puñalada a manos de Falete arrojándose a una piscina.

No quiero entristecer a nadie. Tampoco quiero faltar a la verdad. El trabajo del guionista es fracasar, fracasar y fracasar, y de vez en cuando encontrar la rara perla del éxito, y entonces ¿qué toca? Todos juntos: más fracaso. Creo que hay dos características (de otras muchas tantas que podría mentar) que delatan al guionista profesional.

-Que compra los folios en tacos de 500.

-Que está habituado al fracaso.

Y así escribimos nuestras carreras, soñando con la niña bonita de nuestro disco duro, con el proyecto que demostrará nuestra valía, hasta que un día ese proyecto se hace… o una vez más se cae. ¿Qué pasa entonces? Hagamos un viaje al pasado. Al dolor que suponía que esas primeras pelis que escribías nunca terminasen de encontrar financiación, de esa primera serie diaria en la que trabajabas como dialoguista y de cuya cancelación te enteraste por vertele, o de la que se enteraron tus colegas antes que tú. ¡Cuánto escocía! Eran pequeños fines del mundo en miniatura, y ahora, sin embargo, te dan igual, porque del mismo modo que el crío cuya madre ha ido señalando su crecimiento con muescas en el quicio de una puerta, tu “niño” ya se ha hecho un hombre.

Es cierto que para ser buen guionista hace falta ser versátil. Y es cierto también que hemos de saber vendernos. Decir, por ejemplo: Soy buena con los diálogos, o controlo bastante la estructura, o se me da muy bien escribir comedias. Pues ahora os diré algo de mi: soy bastante solvente fracasando. Empecé con timidez, pero he ido ganando confianza con los años, y ahora fracaso con los ojos cerrados, las manos atadas a la espalda, fracaso los laborables, los festivos y en Año Nuevo, en mi barrio y en el extranjero, vestida de cóctel y en chándal, sola o acompañada, en inglés, en español, en courier y en Times New Roman.

Vamos, que te has convertido en una ceniza, que ya no pone ilusión en nada, diréis. Y no es eso. Sigo creyendo ciegamente en que este es el mejor oficio del mundo y me considero una afortunada por vivir de ello. Pero ya me cuesta mucho más creer en los futuribles. Igual que una tortuga que va tan tranquila por la playa y cada semana le caen unos cuantos cocos en la cabeza, he aprendido a caminar algo encogida, a dejarme llevar un poco menos y a alegrarme de los triunfos cuando llegan, y ni un minuto antes. Ni siquiera ha sido algo voluntario: es algo que simplemente ha ocurrido, a fuerza de decepciones.

Por supuesto, a nadie le gusta fracasar, y menos de forma habitual. Pero este trabajo lleva implícito una buena cantidad de fracaso, y como ya dije en una ocasión, hasta para fracasar hace falta tener cierta dosis de éxito. Y aquí viene la parte soleada del asunto. Como todos los talentos, el talento para fracasar también tiene sus recompensas y no son pequeñas.

1. Si uno conoce el fracaso y lo encaja con cierta elegancia torera, es mucho más fácil reencontrarse con la página en blanco, y una vez más, intentar dar lo mejor de ti mismo.

2. Los fracasos te hacen humilde y te mantienen alerta. Es lógico pensar: si en mi anterior proyecto hice un trabajo fino y aún así no fue suficiente, tengo que tener a mano todos mis recursos para igualar o superar la calidad de la obra anterior.

3. Los éxitos te debilitan. Cuanto más grande el éxito, mayor es la tentación de relajarse, confiar en exceso en tus  habilidades, e internarte por el camino de la chapuza autocomplaciente. La frase atribuida a Oscar Wilde “Un tonto nunca se recupera de un éxito”, es en mi opinión dolorosamente cierta.

4. Los fracasos te permiten seguir creciendo. Probablemente, si fueras de éxito a éxito, no verías la necesidad de mejorar y pasarías toda tu vida creativa en el mismo sitio.

5. Y por último, es mucho más hipster, como dice el twitter de la policía nacional, que las cosas te salgan mal. Los triunfadores son repelentes. Es mucho más fácil empatizar con alguien que tiene que encajar chascos como quien sortea charcos en un día lluvioso. Es fácil cogerle cariño, como al pequeño Nemo o al perrito Tristón.

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Y si todo esto no te alivia, o si crees que quizá esto no es para ti, te recomiendo un par de cosas.

Mi primera recomendación: que sigas practicando, fracasar es algo muy serio y hay que saber hacerlo con estilo, no de cualquier manera.

Y segunda: que escribas, de verdad, como si nadie te fuera a leer, sin pensar en esa enorme y compleja industria fagocitadora de ilusiones y esfuerzo que respira su aliento helado en nuestra nuca. Si el simple hecho de escribir te gusta, entonces tiene sentido que te prepares para todas las batallas que vas a enfrentar, en los fracasos que forjarán tu carácter y tu experiencia, en los éxitos y momentos épicos que matizarán tus ratos de descreímiento y tristeza. Pero si no te gusta, no te empeñes. Que una cosa es fracasar y otra ser tonto.

Aprovecho para comentaros que desde hace algunas semanas escribo un blog sobre series de televisión en Diario Kafka, el suplemento cultural de Eldiario.es. Si os interesa, podéis leerlo aquí.


FIRMAS INVITADAS: LA PERIPECIA Y EL TEMA

21 marzo, 2013

Manuel Ríos es Director, Productor y Guionista de cine y televisión. Y tuitero.

En la Biblia ya tenían muy claro cómo contar historias

Canal + está haciendo cuatro documentales analizando la ficción española. Es una iniciativa muy interesante, más de ochenta entrevistas a actores, creadores y guionistas de series de televisión. Algo similar a “America en primetime” pero con nuestros éxitos y fracasos. Una de las cuestiones que plantean es qué pensamos los escritores del concepto de autoría. Ven que hay cierta polémica, que es un asunto que nos interesa a todos y que genera mucho debate. Al acabar la entrevista, me dijeron que yo también había respondido de manera vehemente. Voy a tratar de plasmar en papel mi reflexión a raíz de esa conversación.

En BocaBoca recibimos muchos proyectos de series y siempre les preguntamos lo mismo: ¿de qué va? Cuando nos contestan, la mayoría de las veces les replicamos: Eso es lo que sucede, la peripecia, ¿pero de qué va tu historia, qué me quieres contar con todo esto? (¿Cuál es tu posición como autor?).

Llegado este punto, necesito que nos pongamos de acuerdo en: qué significa tema y qué peripecia.

Peripecia: En el diccionario de sinónimos pone “andanza”. Me encanta el término. Es lo que va ocurriendo en la historia, las acciones de los protagonistas, lo que sucede. Lo que habitualmente recoge la sinopsis. Los hechos.

Tema: “el ¿de qué va?”. Lo que el autor quiere transmitir con ese guión. Hay gente que lo llama subtrama, tesis… Gonzalo Toledano y Nuria Verde apuntan en su libro Cómo crear una serie de televisión que Sensación de vivir va de la competitividad, Friends del miedo a madurar o Cheers del final de la familia tradicional y de su sustitución por los amigos y el bar. “El tema de una serie como Los Soprano no es, exclusivamente, contar las peripecias de un grupo de mafiosos…”[1]. Señalan que es el poder. Mujeres desesperadas trata, en realidad, de la verdad y la mentira, de las apariencias y del engaño. Yo añadiría que no basta con que trate del poder o de las apariencias. Además, debe contener una visión personal.

Linda Seger escribe que “la trama principal conduce la acción y las secundarias, al tema. Algunos (autores) dicen que la subtrama es aquello de lo que una historia trata realmente”[2]. Me suena mejor la palabra tema porque subtrama resulta confuso ya que puede haber varias subtramas y no todas tratar el “tema”.

En las series españolas, prima la acción, los hechos, y a veces en difícil encontrar un tema claro. Parte de la culpa es de los “malditos” setenta minutos. Vivimos tan angustiados porque ocurran cosas para mantener entretenido al espectador tanto tiempo que nos despreocupamos de la tesis, de intentar contar algo de fondo. Nos puede el que pasen muchas cosas. No escaletamos desde el personaje ni desde la tesis sino desde la acción. Necesitamos protagonistas “amplios”, que nos permitan una gran variedad de tramas, que un día puedan ser más valientes y otro menos, porque no hay manera de mantener una trama semanal de tantos minutos. Los personajes y el concepto de autoría se resienten.

En la Biblia lo tenían muy claro, y mira que han pasado años. Me refiero a la Biblia, Biblia, la de los evangelios y eso. No a nuestras biblias. Hoy estamos tan alejados del lenguaje simbólico de esa época que ni los cristianos entienden lo que se escribió. Y nosotros no somos capaces de aprender de esos relatos cómo se debe escribir. Si han obtenido tanto éxito, algo tendrán, digo yo. Los evangelistas dominaban la separación entre peripecia (acción) y tema o tesis de fondo (lo que querían transmitir).

Peripecia: Jesús camina sobre las aguas. Está muy bien, mola, es original, llama la atención, es un buen relato, funciona. Me interesa esa trama.

Tema: Jesús domina el mal, representado, en esa época, por las aguas.

Peripecia: La multiplicación de los panes y los peces.

Tema: Si compartimos hay para todos.

Peripecia: en la muerte de Jesús, se rasga el velo del templo. Históricamente está demostrado que la destrucción del templo no sucedió ese año. ¿Y porqué nos lo cuentan así los evangelistas? ¿No sabían Historia? ¿Cuál es el tema?, ¿qué nos quisieron comunicar?: un desafío hacia los sumos sacerdotes de su tiempo. Estos, controlaban la relación con Dios a través de sacrificios que sólo ellos podían llevar a cabo y por los que cobraban sumas cuantiosas (por eso la expulsión de los mercaderes del templo). Ese es el verdadero sentido de la muerte de Jesús. El poder de hablar con Dios lo tenían los sacerdotes y Jesús reivindicaba que también era posible para la gente sencilla, que cualquiera podía rezar al Padre. Y eso se representó con la ruptura del velo del templo, que guardaba una zona sagrada donde estaba Dios, y a la que sólo podían acceder unos pocos privilegiados. Así es mucho más interesante la historia, ¿verdad? Gana profundidad. Perdón por ponerme tan bíblico pero, estos días, con la elección del Papa estamos todos muy influidos. Lo que está claro, es que la historia les funcionaba muy bien en dos niveles:

1. Acción: relato del poder destructor de Dios y la peripecia de los efectos especiales del templo demolido. Impactante.

2. El tema de fondo, la relación personal con Dios sin intermediarios. (Esta es la parte polémica, el verdadero escándalo de su tiempo). Por cierto, una cuestión que sigue siendo tan actual como entonces.

Ser autor no consiste en hacer una serie de romanos, o de judíos y templos que se caen, o de un colegio, o de un barco escuela, o de una cárcel en una plataforma petrolífera, o de un periódico, o de una escalera de vecinos. Consiste en qué cuentas en ese entorno. Aquí no hay quién viva habla de la ruindad del ser humano. Compañeros de segundas oportunidades. ¿Podríamos decir que Con el culo al aire va de “juntos podemos”? Hace unos días, en este mismo blog, Javier Olivares ponía un par de ejemplos que vienen al caso:

“Full Monty, ¿cuenta la historia de unos aprendices de striptease (peripecia) o la  desolación de la crisis económica y la destrucción social y familiar que conlleva dicha crisis?” (tema).

“Call the Midwife parece una serie de época, amable y emocional, sin más. No lo es. Hablar del inicio del servicio de sanidad público y universal inglés en unos momentos en los que todo se privatiza (siguiendo el estilo Thatcher) no me parece nada casual. Se habla de solidaridad entre desfavorecidos. De la lucha por salir de la ignorancia y la pobreza. Pronto, esta serie parecerá que nos habla de nosotros mismos”.

Las cadenas te piden un de qué va atractivo. El tema les suele dar da igual. Si está bien escrito, no les molesta. Ahí es donde tú demuestras que eres autor, que tienes algo que decir, que tienes una opinión sobre la libertad, el trabajo en equipo, el poder, la relación de pareja, una visión de la familia, de las relaciones personales, de la capacidad de sufrimiento, de la realidad de la mujer, de la superación personal, de la crisis… Y la cadena no se va a meter mientras la peripecia sea entretenida y comercial. Si te piden una comedia y entregas Cheers (la original), a los directivos no le va a parecer mal que hables de la desintegración de la familia siempre y cuando los chistes sean brillantes.

Y esa es nuestra labor. Ahí está nuestro concepto de autor, lo que queremos transmitir. Ese es el reto: ¿tenemos de verdad algo que contar? O sólo peripecias.


[1] TOLEDANO Gonzalo y VERDE Nuria. Cómo crear una serie de televisión. Ed T&B Editores. 2007

[2] SEGER, Linda. Cómo convertir un buen guion en un guion excelente. Ed Rialp. 1991


LA TELE EN INTERNET (XI)

20 marzo, 2013

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Por Chico Santamano.

Un post corto para series cortas. Así que AHÍ VA… Novedades, finales y regresos en el universo webseries para la undécima entrega de esta internacionalmente aclamada sección en Bloguionistas.

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QUECO Y COQUE

Sólo hay una cosa que odio más que a los nazis y son las webseries que van de gente que hace webseries. Hay un trillón y todas se han dado un buen golpe. Aún así “Queco y Coque”, creada al alimón por los guionistas de televisión Pablo Tébar, Jorge Valdano, Alberto Manzano y Carlos de Pando, va más allá de ese punto de partida. Humor, música, exquisita producción y estupendas interpretaciones en un piloto a tener en cuenta, señora.

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BLOGUERA EN CONSTRUCCIÓN

Creada por Leticia Dolera y dirigida por Borja González Santaolalla, esta webserie inaugura un nuevo género que yo denomino “webserie gustosita de ver”. Además es de las pocas series interneteras nacidas bajo el amparo de una marca (en este caso la nueva revista de moda GRAZIA) donde el patrón no se ve en exceso, ni estorba con su presencia en el resultado final. ¡MARCAS APRENDED! ¡Cuanto menos se os vea más gustará la serie! ¡Cuanto más guste la serie más atraeréis a la gente a vuestra web/facebook/canal de youtube! ¡Cuanta más gente atraída… MÁS CLIENTES, so pavos!


Chicos… ese thumbnail cambiadlo, coño. Que se vea a la Dolera…

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CON PELOS EN LA LENGUA 3

“Con pelos en la lengua” se ha convertido en la Rocío Durcal de las webseries. Ya lo petan más en Sudamérica que en España. Tras más de diez millones de visionados y una legión de fans la serie más zafia de la red vuelve en su tercera temporada con dos grandes novedades. Por un lado, la producción corre a cargo de Zeppelin Televisión. ¿Qué quiere decir eso? Pues que lo que empezó siendo un proyecto personal de sus creadores ha acabado consiguiendo un buen dinero para levantar una nueva temporada. Eso sí, sin cambiar ni un ápice de la serie, ni pretender adaptarla para televisión… Y ese es el auténtico mérito. Una apuesta clara y contundente por internet en general y este producto en particular. Y otra novedad… como ya saben, “Con pelos” no era UNA serie sino TRES. Para esta nueva temporada han fusionado dos de sus series (Cris y Pablo se van a vivir juntos) y lanzado una tercera… con SARA, una nueva protagonista para una nueva trama.

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CRIS Y PABLO CON PELOS EN LA LENGUA…

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MARCOS CON PELOS EN LA LENGUA…

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SARA CON PELOS EN LA LENGUA…

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CHESSBOXING

Tras diez episodios, la ganadora del concurso de webseries de El Sótano/Antena 3 llegó a su fin hace unos meses. Creada, dirigida, protagonizada, blablablá… por Miguel Campos Galán, “Chessboxing” ha sobrevivido a esa más que cuestionable plataforma de apoyo a la webserie que es El Sótano; los capítulos son imposibles de insertar en blogs, no hay regularidad ni seriedad en el lanzamiento de los episodios y se echa mucho de menos que mimen en fondo y forma a sus series y por extensión a sus creadores. Ojalá que se pongan las pilas porque podrían posicionarse como el canal de referencia en esto y ahora mismo, por incapacidad o desinterés, sólo crean decepción entre muchos de los que les confían sus series. El Sótano aparte, disfruten del último episodio. Ajedrez y boxeo. CHESSBOXING. Un auténtico milagro internetero.

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SCHOOL OF THRONES

Si nosotros exportamos “Con pelos” al continente americano, ellos nos mandan esta parodia de “Juego de Tronos” con un concepto clarísimo. ¿Qué pasaría si todas sus tramas se desarrollaran en un insti? En “School of  Thrones” los Lannister son los guays de la clase y no es el invierno lo que se acerca en forma de gran amenaza… es el PROM NIGHT. Dos millones de reproducciones en tan sólo una semana… y sumando.

Y ya saben, como siempre, tienen los comments de este post para promocionar sus webseries o hacer recomendaciones varias.


CONSULTORIO: CONTROL

19 marzo, 2013

Por David Muñoz.

“Hola, mi consulta va dirigida a cualquiera de los guionistas del blog.

Antes de todo, mi nombre es Álvaro, y os sigo desde que descubrí el blog buscando información sobre el mundo del guión. Mi duda es, y os pido que disculpéis mi ignorancia porque todavía soy bastante joven y se puede decir que solo soy un mero aspirante/soñador a ser guionista algún día, sobre el tema de la ficción televisiva. Respecto a ello, dado el hipotético caso de que seas un guionista al que le han comprado la idea de una serie, quisiera saber, una vez se lleva a cabo el proyecto, el nivel de autonomía y libertad que tendrías para realizar “tu producto” conforme a tus planes e ideas. Es decir, cuando una cadena acepta producir la serie, ¿qué es lo siguiente y qué papel vas a tener tú como creador?

Gracias y enhorabuena por el blog!”.

Hola Álvaro,

Tu pregunta tiene una respuesta muy fácil: ¿nivel de autonomía y libertad? Ninguna.

Desde el momento en que firmes el contrato vendiendo tu proyecto, todas y cada una de las decisiones que se tomen tanto durante el desarrollo de la serie como durante su producción, tendrán que ser consensuadas con los responsables de ficción de la cadena que lo haya comprado. Y “consensuar” es el verbo equivocado. Se trata más bien de acatar y obedecer las instrucciones que te vayan dando. Tendrás que hacer todo lo que te dicen si quieres que llegue a emitirse. Evidentemente, si eres el productor ejecutivo de la serie además de su creador (cosa que tampoco tienes garantizada), podrás plantar cara y pelear por todo lo que te parezca importante, pero aunque puede que ganes alguna batalla, al final siempre perderás la guerra. Quien paga, manda. Es el dinero de las cadenas el que permite que se hagan las series. Y nadie va a invertir en algo que no es exactamente como quiere. Hay productores ejecutivos que se dejan la salud intentando defender sus creaciones. Yo he trabajado con algunos de ellos. Pero por mucho que lucharon, al final siempre tuvieron que acabar cediendo.

Solo te digo que yo fui guionista de “La fuga”, una serie creada por Nacho Faerna, que cuando se vendió sucedía en la Luna y acabó transcurriendo en una plataforma petrolífera.

De todos modos esto es algo que en realidad no debería preocuparte.

Porque siendo únicamente guionista, las posibilidades de que te veas en esa situación son prácticamente nulas. Sería más fácil que fueras andando por la calle y te encontraras un maletín con un millón de euros.

La razón es que resulta casi imposible que un mero guionista coloque un proyecto de serie de televisión en una cadena si éste no viene avalado por una productora de confianza (o sea, con la que ya hayan trabajado con resultados satisfactorios).

Quizá haya quien no lo vea así. Al fin y al cabo solo puedo hablar desde mi experiencia y la de la gente que ha compartido la suya conmigo. Pero en general creo que las cadenas no buscan solo historias, buscan una historia avalada por una productora con experiencia en la producción de series emitidas en “prime time”. Y aunque a los guionistas nos fastidie, tiene sentido. Hacer una serie es mucho más que escribirla. Además de tener buenos guiones, debe ser producida. Lo que requiere no solo una gran inversión de dinero (según amigos productores, en muchos casos las cadenas no pagan los capítulos hasta que estos se emiten), sino la creación de una infraestructura que permita transformar esas palabras en imágenes. Algo que no está al alcance de cualquiera. Sobre todo la parte de la inversión inicial, que puede ser de centenares de miles de euros (además de pagar los guiones hay que alquilar platós, construir decorados, contratar al equipo…)

También creo que además de la cuestión de la confianza pesa otra cosa a la hora de dar luz verde a una serie de una productora “amiga”. Trabajando se generan vínculos, relaciones, y si tienes que elegir entre dos series que te gustan, una producida por alguien con quien has compartido penas y alegrías, y otra por un desconocido, lo normal será que optes por la primera. Y no digamos ya si de producir esa serie depende la supervivencia de una empresa vinculada de alguna manera a tu grupo empresarial. Sé que habrá mal pensados que estén imaginando corruptelas varias (sobres estilo Bárcenas y tal…), pero como a mí nadie me ha hablado nunca de cosas así, entiendo que, de ocurrir, no es algo muy habitual.

De manera que si quieres que alguna vez llegue a grabarse una serie basada en una idea tuya, lo suyo es que se la vendas a una productora que trabaje habitualmente con una cadena de televisión.

Lo malo es que eso es también casi imposible.

Las productoras suelen contar con sus propios departamentos de desarrollo y se espera que sean ellos quienes generen los proyectos que van a ir a las cadenas. También tiene sentido desde el punto de vista económico/empresarial. Si pagas a gente para que invente posibles series o programas, no vas a invertir más dinero en comprar proyectos de gente de fuera, con quienes además tendrás que negociar contratos, etc.

Eso se da tanto en el mundo de la imagen real como en el de la animación. Unos amigos míos están moviendo un proyecto de serie de dibujos animados basado en una serie de novelas infantiles muy populares, pero de momento nadie lo quiere. Casi todas las productoras generan sus propios proyectos. En este caso, la cosa se complica porque donde está el dinero en la animación suele ser en el merchandising, y si te ves obligado a repartirlo es probable que nunca consigas que tu producto sea rentable.

Aún así, los guionistas, que somos unos insensatos, de vez en cuando lo intentamos.

Por ejemplo, el año pasado, yo escribí la biblia de una serie y se la mandé a un productor con el que había trabajado anteriormente. Dicho productor se vio obligado hace un tiempo a desmantelar su departamento de desarrollo, con lo que estaba receptivo a proyectos que vinieran de fuera. Pues bien, al productor le gustó mi idea, llegamos a un acuerdo y empezó a moverla por las cadenas. Pero, aunque interesó bastante en una de ellas (dio la casualidad de que encajaba con el tipo de serie que estaban buscando para sustituir a otra que estaban a punto de cerrar), no tengo nada claro que vaya a llegar a salir. Una de las razones es que mi productor solo ha producido televisión para canales autonómicos, con lo que no genera bastante confianza en la cadena. Ahora mismo, él cree que para que la serie se haga tendrá que asociarse con un productor que ya haya hecho series emitidas por las grandes cadenas.

También el año pasado, se puso en contacto conmigo otra productora de televisión para la que ya había trabajado preguntándome si tenía algo que pudiera interesarles. Les mandé varios proyectos de series, una de ellas les gustó mucho y durante unos meses estuvieron tanteando la posibilidad de pagarme un desarrollo (o sea, por escribir una biblia más elaborada que la que presenté y quizá un capítulo piloto), para presentarlo en una cadena, pero finalmente optaron por llevar uno de sus propios proyectos. No sé exactamente cuál fue la razón -a lo mejor simplemente les gustaba o les parecía más apropiado el suyo-, pero sospecho que la cuestión económica pudo tener bastante que ver.

Y así están las cosas. Repito: siempre desde mi experiencia. Quizá otro guionista te contaría otras cosas.

Visto lo visto, mi impresión es que preparar un proyecto de serie de televisión con la idea de vendérselo a una cadena es casi con total seguridad una pérdida de tiempo. Es tan improbable que ocurra que quizá no merece la pena ni intentarlo. Es más sensato invertir ese tiempo que pasarías delante del ordenador escribiendo una serie en escribir cualquier otra cosa (teniendo en cuenta que una vez firmes el contrato, también estarás renunciando a controlar la dirección que tome el proyecto).

Aunque puede que si consigues que alguien de una productora lea tu material, te sirva como muestra de escritura. A lo mejor alguien lo lee y decide contratarte para otro proyecto que ya esté siendo desarrollado. Cosas más raras han pasado. Pero tampoco es fácil. En casi todas las productoras que conozco se ha despedido a gente durante los dos últimos años y los departamentos de desarrollo están bajo mínimos (eso cuando siguen existiendo), con lo que cada vez es más difícil que haya alguien que tenga tiempo para leer tu material.

Este descalabre general tiene también algo positivo para los guionistas que no trabajamos en una productora: como me ha pasado a mí, de pronto hay productores que al no tener departamentos de desarrollo propios, no tienen más remedio que tirar de “freelances”. Pero vaya, que haya compañeros que después de años trabajando con cierta seguridad laboral se queden de pronto en el paro tampoco es motivo para alegrarse (esta misma semana he sabido que varios amigos se han quedado en la calle).

Mientras escribo esta respuesta, me he dado cuenta de algo en lo que no había caído hasta ahora. Y es que con esta manera de hacer las cosas, al final los guionistas que tienen la oportunidad de hacer llegar sus historias a las productoras con alguna posibilidad de que acaben convirtiéndose en una serie son muy, muy pocos. ¿100 como mucho? ¿Cuántas productoras hay trabajando con regularidad para Antena 3, TVE, o Tele 5? ¿Cuántos guionistas tienen contratados en cada una de ellas? ¿A cuántos se les piden proyectos que luego se llevan a las cadenas? Sé de grandes productoras donde todas las series son concebidas por solo una o dos personas.

La verdad es que me parece algo muy empobrecedor y que limita las posibilidades de que se hagan mejores series. Porque, aunque haya quien se empeñe en negarlo, las ideas, las historias, importan. Tanto como producirlas de una manera eficiente y dentro de presupuesto.

Otra posibilidad es que los guionistas monten sus propias productoras sin depender de grandes grupos empresariales (la única manera de ser realmente los jefes) y que sean ellos quienes muevan los proyectos. Tampoco me parece fácil -sobre todo por la cuestión económica-, pero es algo que sospecho que cada vez va a pasar más. De hecho sé de un “bloguionista” que está ahora en ello. Y su caso creo que tiene posibilidades de conseguirlo, ya que se trata de alguien con mucha experiencia como productor ejecutivo de series, y varias de ellos han sido grandes éxitos.

Como siempre, cosas que parecen que nunca van a cambiar lo hacen porque alguien encuentra la manera de hacerlo. Y de pronto, lo que hace unos años parecía imposible, se convierte en algo normal.

Y yo, a pesar de todo lo que he dicho ahí arriba, también voy a seguir intentándolo.

Pero volviendo a tu pregunta, si lo que quieres es “autonomía y libertad para realizar tu producto conforme a tus planes e ideas”…

…escribe una novela, un cómic o una obra de teatro, no una serie de televisión.

Gracias por escribirnos.


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