GUIONISTA EN UNA BODA

BANQUETE-BODA

Por Estíbaliz Burgaleta

Estíbaliz Burgaleta comienza trabajando como analista y lectora de proyectos en Bocaboca allá por el año 2002. Desde entonces ha trabajado en unas cuantas series de televisión: 20tantos, Ana y los 7, SMS, El porvenir es largo… y ha coescrito y codirigido unos cuantos cortos, como éste, este o éste otro. En la actualidad es profesora del curso online de guión cinematográfico de Hotel Kafka.

Todos hemos ido a bodas.
Especialmente a esas bodas racialmente hispanas. Ésas que se empeñan en poner un sorbete de limón al cava entre el pescado y la carne. Ésas que regalan un puro para ellos y un abanico para ellas. Ésas en las que se baila David Bisbal, Paulina Rubio y la versión pachanguera del “I will survive”.
Ésas.
En esas bodas colocan a los invitados en enormes mesas circulares. El método para decidir dónde sentar a cada uno es el descarte. Cuando los novios han hecho un sudoku para sentar a sus familias sin que aquello acabe convertido en Puerto Urraco, entonces colocan a los demás así, al buen tuntún.
Y ahí estás tú, rodeada de desconocidos con los que se supone deberías hablar en las 3 horas 23 minutos que dura de media el banquete en una boda hispana al uso.

Pasados los comentarios sobre lo rico que está el jamón ibérico y lo guapa que iba la novia, toca presentarse. Y entonces alguien pregunta, ¿y tú a qué te dedicas?
– “Yo soy guionista”.

menu-del-dia

Caras de estupefacción. No olvidemos que estamos en una boda hispana normalita. Para el español medio un guionista es como un astronauta, un inventor o una modelo de lencería de Victoria’s Secret.
Pasadas las caras de sorpresa, tus compañeros de mesa dirán una de estas tres cosas:

A. Guionista, uala, qué interesante
B. yo, porque no me pongo, que si me pusiera, con la de cosas que me pasan, se podría escribir un guión.
C. ¿Y has trabajado en algo que yo haya visto?

Te digo ya que de las tres opciones la A es la mejor. Pertenece a alguien majo, sencillo, probablemente de un pueblo. Las veces que ha ido a Madrid (a las rebajas o a ver “40, el musical”) se ha emocionado cuando le ha parecido ver a Hugo Silva allá a lo lejos. Todo lo relacionado con el cine, la televisión, el teatro o hasta el mimo le parece fascinante. Cree que el mundo del espectáculo está lleno de emociones, glamour y vestidos de alta costura. Puedes ganártelo contándole anécdotas sobre los actores con los que te has cruzado. Reproduce lo que hayas oído en el comedor de plató. Plagia lo que hayas leído en el Cuore. Da igual.

La opción B mola menos. Mucha gente piensa que ya saben escribir porque les enseñaron en el cole que la eme es como un puente con tres arcos y porque cuando tenían 15 años llevaban un diario. El invitado de la opción B acabará contándote historias que él considera fascinantes simplemente porque le han pasado a él.
Y nunca las va a escribir.
Jamás.
Porque como todo guionista/periodista/redactor/escritor/poeta/dramaturgo sabe, lo más chungo de escribir es, precisamente, ponerse.

Pero la peor opción de todas, de largo, es la C. Porque, enfrentada a la pregunta: ¿hay algo que hayas hecho que yo haya podido ver? Descubres que te avergüenzas de tu trabajo.
Con lo que cuesta tener trabajo de guionista. Cuando vas y lo tienes, te pagan puntualmente, y ves lo que haces en pantalla, resulta que te da vergüenza.
¿No es trágico?

El camino para llegar a ejercer de guionista profesional está salpicado de momentos en los que piensas, “ya está, ya estoy dentro” para luego comprobar que no, que estás fuera otra vez, que ya llevas varios meses sin enterarte de ningún trabajo y que a lo mejor debiste estudiar Traducción e Interpretación y no Comunicación Audiovisual.

Todos empezamos a estudiar guión porque nos gusta el cine. Porque soñábamos con escribir “El padrino”, “Alien”, “La guerra de las galaxias”, “El apartamento”. Como todo estudiante de cocina sueña con ser el nuevo Ferrán Adriá. Nadie se apunta a nada soñando ser uno más del montón.

El estudiante de cocina, cuando ya lleva varios años de restaurante en restaurante, y tiene problemas económicos, y ha sufrido un par de despidos que no se esperaba, claudica y acepta lo que le salga. Y si el menú del día del restaurante Manolo es un trabajo estable y la gente es más o menos maja, pues oye, a seguir.

A los guionistas nos pasa igual. Estudiamos con la sana y petulante intención de ser los próximos Billy Wilder. Y por el camino nos hemos quedado escribiendo los guiones de “Ana y los 7”. Hemos bajado unos cuantos escalones de golpe. No escribimos lo que soñábamos, ni siquiera aquello que nos podría entretener como espectadores. Escribimos cosas que nos avergüenza admitir en público.

ana y los 7

Volvamos a la mesa de banquete de boda, con su centro de flores y sus sillas decoradas con un lienzo acabado en lazo atado al respaldo. Y volvamos a ese momento crítico en el que uno de los invitados te pregunta: “¿has hecho algo que yo haya podido ver?”
Entonces tragas saliva, suspiras, sonríes y dices en voz bajita “a lo mejor, ¿conoces Ana y los 7?”

Y entonces los invitados te mirarán de arriba abajo, con aire de superioridad. Unos dirán que no han visto nunca la serie porque ellos “ven muy poco la tele”. Otros carraspearán. El de la opción A te preguntará que qué tal es Ana Obregón en persona. Y, para cuando saquen el mero al horno con patatas panadera, estarán dándote consejos sobre cómo mejorar esa serie y convertirla en “Aquí no hay quien viva” o “Los Serrano”.

Porque lo que diferencia a los guionistas de los cocineros es que todo el mundo asume que puede mejorar tu trabajo. Independientemente de dónde y cómo se realice. Imagina que vas al bar Manolo. Pides el menú del día de 8 euros y, cuando te sacan los entremeses, te quejas porque la ensaladilla rusa es de bote. Nadie lo hace porque, ¿qué esperabas de un menú del día de 8 euros?
Pues ése es el trabajo de guionista en 9 de cada 10 series de televisión. Elaboramos menús del día. A toda velocidad. Cambiando los ingredientes según pidan la productora, el canal o el coordinador de la serie. Hay que sacar el capítulo de cocina a tiempo. Eso es lo importante. Al final, hacemos lo que podemos. No lo que soñamos, ni lo que nos gusta, ni siquiera lo que nos entretiene.

Lo que podemos.
Pero yo no tengo este problema. No os creáis que este texto es en plan biográfico. Para nada.
Porque yo estoy en paro.
Ay, cómo echo de menos trabajar en series-menú del día.

14 respuestas a GUIONISTA EN UNA BODA

  1. Inma C.C. dice:

    ¿Es que todas las bodas son iguales? (has hecho la radiografía perfecta).

  2. OLE, OLE Y OLE, ESTEFANIA
    UN BESAZO TB DESDE EL PARO

  3. angelarmero dice:

    Brava!

  4. javier olivares dice:

    Bien escrito (mucho).

    Y siendo todo reconocible y verdadero, nuestro verdadero problema no es éste. Porque que la gente (de pueblo o no) cambie su actitud hacia nuestro oficio, depende de un planteamniento cultura que pertenece a esferas más altas. A una estructura educativa y de comunicación que entienda que la televisión no es sólo mero entretenimiento o negocio.

    También depende de que los guionistas dejemos de ser invisibles y luchemos por ello. No sólo nos dará más trabajo (si lo que hemos hecho es bueno) si no que también seamos más reconocibles… que no conocidos. Eso siempre hay que dejárselo a los actores. Pero es un dislate cierta tendencia que hace que se considere (en series tv) al director por encima del creador de la serie.

    Pero el verdadero problema es que a veces nos sintamos en el despacho de una cadena exactamente igual que como describes (fantásticamente) nos sentimos en una boda.

    Es decir:

    – Los lectores de determinadas cadenas piensan B ( yo, porque no me pongo, que si me pusiera, con la de cosas que me pasan -sustituyase por “sé”-, se podría escribir un guión.

    – Los ejecutivos y más de un productor, hayas hecho lo que hayas hecho (tengo una anécdota fantástica en este sentido en un Encuentro de Guionistas en Comillas) te dicen C (¿Y has trabajado en algo que yo haya visto?)

    Y lo que nos hace sentir peor que en una boda:

    – Ninguno piensa A (Guionista, uala, qué interesante).

  5. sweet dice:

    Hablando de A.

    Por el hecho de que una persona demuestre cierto interés o fascinación por los famosos no significa que naciera en un pueblo y que haya pasado su infancia esquivando tractores y cabras para llegar a su escuela.

    Los de Madrid, y esta chica tiene pinta de serlo, tienen la curiosa percepción de que viven rodeados de cosmopolitas ciudadanos que son tan “cool” que en vez de ver Sálvame se pasan las tardes leyendo obras escritas en lenguas muertas. Pero la verdad es que no he conocido ciudad con mayor número de “analfabetos” (atención a las comillas) nacidos en ella que MadriZ.

  6. Aloe dice:

    Cuántos problemas imaginarios por el cochino prestigio.
    Los que digan “pues soy profesor de matemáticas” tendrán que oir sobre los siete suspensos del nene del interlocutor, y qué malita está la enseñanza. El que diga “médico dietista” recibirá consultas profesionales inmediatamente, alguien le enseñará sentando cátedra lo buena que es la dieta de la alcachofa, y no faltará el conmiserativo perspicaz que pregunte “¿entonces no sacaste el MIR?”.
    Para no hablar de los que contesten que son autobuseros, funcionarios de prisiones, empleadas de limpieza, albañiles en paro o psicólogas también en paro que dan clases particulares a niños: si se quiere tener vergüenza de sí mismo, casi todo es adecuado.
    Con un poco menos de ego, casi nada lo es.

    • javier olivares dice:

      Hay una diferencia. Todos saben qué es un profesor de matemáticas porque han tenido uno. Saben qué es un médico dietista porque han ido a uno o conocen a alguien que ha ido. Y lo mismo de autobuseros, empleadas de la limpieza, albañiles o psicólogas (en los colegios ya les conoces).

      Pero no saben qué es un guionista y qué hace. Por lo visto, tú tampoco.

    • Aloe dice:

      Sí hombre, sí lo sé.
      Lo que no creo es que sea imprescindible verlo como algo tan especial como para tener que sentirse, a la vez, lleno de angustia (porque es uno de esos trabajos raros que solo se convierten en reales cuando se vive de ellos) y ufanamente por encima de la gente con trabajos más corrientes (y menos vocacionales y artísticos).
      Es una de esas paradojas generadas por nuestras paradójicas escalas de prestigio social: está nuestro prejuicio a favor de los trabajos intelectuales, pero también a favor del famoseo y salir en la tele, pero además a favor de los empleos fijos, a favor de las profesiones con un título académico que las avale y ubique, por supuesto a favor de los empleos mejor pagados pero también a favor de los artísticos y que requieren un talento especial… y todos esos prejuicios a veces chocan unos con otros.

      Me puedo imaginar a alguien en la misma tesitura porque tiene que explicar que es compositor aunque eventualmente profesor de solfeo (de hecho ya me ha contado una historia parecida a esta entrada una amiga compositora) o artista gráfico indeterminado, o trabajador social que se abre paso como animador de fiestas infantiles y mago, o muralista pero pintor de brocha gorda para vivir, o investigador científico en una rama que no comprende ni dios, o…
      (Y todos estos son ejemplos reales de gente que conozco)

      Por eso digo que una manera de sentirse bien con respecto al trabajo que se hace es dejar a un lado los prejuicios habituales, y para eso lo mejor es no sentirlos realmente uno mismo tampoco, no creérselos, ni para sentirse por encima ni para sentirse avergonzado.

  7. el flaco dice:

    puerto Hurraco.

  8. Lourdes Trenado dice:

    Me siento totalmente identificada con el post (he recibido comentarios muy parecidos)… muy divertido, muy cierto todo… soy redactora en paro y trabajo en lo que sale y aunque a veces ni tu madre ve el programa dónde trabajas porque da un poco de vergüenza ajena, tanto tú cómo yo, sabemos que… ¡¡¡Adoramos los menús del día aunque no sea comida artística!!!!!

  9. Celia dice:

    Me gusta un montón leer “testimonios” de guionistas activos o no activos diciéndonos lo duro que es todo esto y lo que cuesta llegar y lo que cuesta mantenerse y lo mal que lo pasan los guionistas y lo inestable que es y la de putadas que hay. Y yo, como estudiante, me pregunto si de verdad tan pocos guionistas disfrutan con lo que hacen. Con toda la ilusión que tengo por esto… la verdad es que a veces, leyendo este blog, se me quitan las ganas…

    Y a mí Ana y los 7 me gustaba. Será que me pilló con 10 años.

  10. Pero… ¿Por qué ‘avergonzarse’ de haber trabajado en ‘Ana y los 7’?
    Cubría un espectro determinado de serie y tuvo su audiencia. Si tu trabajo fue ahí, fué bueno. Hiciste bien lo que se pretendía y, seguramente, lo hiciste aún mejor sabiendo por tí misma que todo lo que tenía que ver con la serie, el trabajo, su propuesta y, más aún, los criterios de Producción de la misma, eran quizá, obstáculos que frenaban tus intenciones o tu ‘posible creatividad’ pero en cualquier caso, qué más dá. Fué un trabajo profesional, terminado y acabado. Y cumpliste… Te hubiera gustado escribir o trabajar en ‘Homeland’ o ‘Cuéntame’? Bueno, quizá lo hubiéras hecho con la misma profesionalidad o quizá lo hubieras hecho peor resultando un producto igualmente atractivo a la hora de emitirse. Mira, por ahí arriba, tu compañero Natxo López critica ‘Perdidos’ (su final), una serie con muchas trampas pero tb con muchos aciertos. Ya ves, si hubieras formado parte del crew creativo de dicha serie te hubiera tocado comerte la crítica de tu compi por haber hecho un ‘truncho’ de final, según él. A lo mejor, en esa mesa no hubieras sentido verguenza, porque te hubiera mirado increíblemente bien y hasta, algún iluminado, te hubiera preguntado por J. J. Abrams pero ya ves…, un compañero tuyo sí se hubiera avergonzado de la ‘mierda’ de final que tú y otros creásteis… (y ve tú a saber si os hubiéris tenido que ver obluigados a crear ése final y no otro por criterios de Producción que nada tenían que ver con vuestras intenciones profesionales iniciales). Qué ironía.: a los comensales de la boda cañí, les hubiera encantado saber que trabajabas en una serie USA y a Natxo le hubieras decepcionado…. :-(.

    A mí me parece que tu oficio es algo de lo que no has de avergonzarte aunque sientas que has formado parte de un ‘truño’ (y no digo que ‘Ana y los 7’ lo sea, sino que es la sensación que tú misma das). Tu oficio es una joya hebrea y ojalá encuentres trabajo pronto porque los espectadores (y aspirantes a guionistas profesionales), te necesitamos. A tí y a muchos como tú. Nos ofreces la posibilidad de asistir a cierta suerte de milagro que, al menos, a mí me ayuda a seguir adelante en muchos aspectos.
    Espero que encuentres el trabajo que deses y estoy seguro que así será!!

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