¿QUÉ ES LO QUE HACE QUE LAS SERIES DE HOY EN DÍA SEAN TAN DIFERENTES, TAN ATRACTIVAS? (1): LOS ANTECEDENTES

14 marzo, 2013

por Javier Olivares.

En 1956,  Richard Hamilton expuso, su obra “Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan divertidos”. Se considera la primera obra de arte pop (y  no es made in USA: es inglesa. Warhol vino después). Aquí la podéis ver:

Richard Hamilton

A la derecha, medio tapada por una pin up, se puede ver la pantalla de una televisión. Probablemente, es la primera obra de arte en la que aparece. No es casualidad: el pop art  utilizó una iconografía basada en la sociedad de consumo y en los mass media, que –como preconizó Lawrence Alloway, también inglés, en 1958- estaban cambiando las señas de identidad del hombre contemporáneo. Cierto que la ironía era una de las características del pop art. Pero no es menos cierto que, efectivamente, algo estaba cambiando. Una nueva música (que se empezaba a escuchar en la radio), nuevas tendencias urbanas en estética y moda (desde los vaqueros a las chupas de cuero). Y programas de televisión.

Hay que recordar que la BBC emitía desde el año 1936, si bien se suspendió su emisión por la segunda guerra mundial hasta 1946. Ya en el 53, emitía una serie de ciencia ficción (excelente la saga, por cierto) titulada The Quatermass Experiment. Mientras, en los EEUU se podían ver series como Alfred Hitchcock presenta (1955), The Twiligth Zone  y Los Intocables de Elliot Ness (ambas de 1959).

Sí, yo tengo claro por qué –entre otras cosas- las casas de aquellos días eran diferentes, especiales.. como lo fue mi casa cuando llegó nuestra primera televisión. Nos costó bastante tener una tele. Tuve la suerte de que mi tío Fernando (al que se le echa de menos) se empezó a ganar la vida arreglando televisores. Y procuraba tardar lo suficiente en arreglar una para que antes le llegara otra. Teníamos televisión de prestado. Y cuando no la teníamos, mi casa dejaba de ser tan divertida, tan diferente. Y yo lloraba como un descosido. Más tarde, el color llegó a España (en el 73). Y fue una nueva fiesta. Yo ya tenía 15 años.

Y no eran sólo las casas. Incluso los pueblos, donde no había posibilidades de que todo el mundo tuviera televisión, se inventó el teleclub (había una red nacional que rondaba los 6.000)  Evidentemente (como se puede ver en la foto), no había nada del glamour descrito por Hamilton. Porque España era, por desgracia, muy diferente al Londres o el Nueva York de los 60. Para mí, memoria histórica es también esto: la mía propia. Recordar que el dictador murió en su cama, mientras yo estudiaba COU. O tener que ir a Londres con 18 años para ver El último tango en París y descubrir que lo importante de la película no era el sexo anal con mantequilla, sino el sentimiento de pérdida, de última oportunidad, de ver personajes que parecían salidos de las pinturas de Francis Bacon. Había que viajar, si podías, para saber eso. E indignarte. Porque te volvías a casa (y a una ciudad gris) el mismo día que podías haber ido al primer concierto de los Sex Pistols. Pero siempre me quedaban las series.

teleclub

Ahora, con 54 años, vivo en una época en la que se dice que las series de televisión viven su edad de oro. Y me he hecho la pregunta de por qué ahora las series son tan diferentes, tan atractivas, como Hamilton se preguntaba sobre los hogares modernos. Y me he puesto a escribir estas líneas, entre el recuerdo y el presente.

OTRAS EDADES DE ORO

La pregunta esencial es: ¿vivimos una edad de oro de las series? Sin duda. La siguiente: ¿es la primera? Sin duda, no. Decir que la ficción televisiva ha nacido ayer mismo es un error tan grave como creer que la ficción española nació con las cadenas privadas.

He citado antes series de los 50. Y si hablamos de los 60, nos encontramos con El Prisionero, Los Vengadores, El Túnel del Tiempo o Los Invasores (la primera serie que habló de la conspiración de la que luego buscaba pruebas Mulder), además de la gran Get Smart (Super Agente 86). Al verlas ahora, a veces (no siempre) uno puede calificarlas de ingenuas… pero más de uno de sus episodios aún impactan por su riesgo y su frescura. Yo, prefiero calificarlas (antes que como “ingenuas”) como pioneras.

La Historia de la Televisión debe ser estudiada como la de la Pintura… O la Medicina. Si no se inventa la fotografía, no nace el impresionismo. Y no es lo mismo disponer de aparatos de resonancia magnética que, simplemente, de un estetoscopio. Pues con las series, lo mismo: unas han ido abriendo paso a otras. Y algunas siguen ahí, válidas como el primer día.

The Twilight Zone

Respecto a “edades de oro”, sólo decir que cuando la BBC hizo recientemente una encuesta sobre la mejor era televisiva, la ganadora por abrumadora mayoría fue la década de los 70. ¿Nostalgia? Sólo puede hablar de ella quien no haya visto series inglesas de esta década. A saber:

–       El nido de Robin y su spin off, Los Ropper; Fawlty Towers y Monty Phyton´s Flying Circus: base de la moderna sitcom británica en todos sus estilos.

–       Arriba y abajo: un clásico aún más potente que su remake o que la propia Downton Abbey, que bebe de sus fuentes a las que añade un evidente toque Brideshead.

–       Poldark y La Línea Onedin: folletines en el más estricto sentido de la palabra, pero perfectamente anclados en el retrato de una época. Base, sin duda, de los folletines actuales. Y, en general, mejores que ellos.

–       Yo, Claudio: obra maestra que, aún a día de hoy, la ves y pasas por alto lo primario de sus escenarios.

–       Los 7 de Blake, Quatermass y Survivors (la original). Junto con la ya estrenada Doctor Who (que acaba de cumplir 50 años) y la enigmatica Shapphire & Steel,  una amplia gama de entender la ciencia ficción para edades diversas, anticipando conceptos de manera espectacular. Algunas, enfocadas al público juvenil. Otras planteando una crítica abierta a la sociedad del momento.

–       Thriller: serie de terror con capítulos autoconclusivos que es una verdadera antología de la televisión y que hoy se podría emitir perfectamente.

–       Pennies from Heaven: primera obra magna de Dennis Potter, que bien merecería un estudio en exclusiva aparte. Para muchos especialistas, es la mejor serie de todos los tiempos. Herbert Ross hizo luego versión cinematográfica, siguiendo el estilo Potter: un concepto de musical en el que las canciones forman parte de nuestra memoria emocional y no se reinterpretan, son play backs.

Allo_allo

Debió costarles a los británicos elegir entre los 70 y los 80, porque en esta década vieron en sus pantallas magníficas sitcoms como Allo, Allo; Yes Minister; Yes, Prime Minister, Chelmsford 123 (sobre la invasión romana)… O series históricas del calibre de Reilly, As de Espías (uno de los primeros trabajos de Sam Neill, en una amarga historia)…. O comedias cotidianas tan magistrales como Pinceladas (Brisa Strokes), o de los barrios bajos de Londres como Minder, base espiritual de gran parte de series inglesas hasta hoy en día.

REFERENTES BÁSICOS (ALGUNOS, QUE NO TODOS).

Se me hace difícil imaginar que la ficción actual fuera tan brillante sin algunos precedentes esenciales. Como por ejemplo (y se me escaparán muchos ejemplos):

1. La animación de los 60, con series que, como Los picapiedra  o Don Gato, pasando por la evolución de Bugs Bunny, plantean esquemas de guión adultos, tanto en serie larga (auténticas sitcoms) como corta. Dudo que Los Simpson pudieran existir sin estos orígenes. Siguen a prueba de visionado moderno, lo aseguro.

2. La libertad narrativa inglesa, capaz de alejarse del realismo sin perder el costumbrismo. Un buen ejemplo de esto es Doctor Who. O eres whoviano o no entras… Pero ver secuencias como ésta (perdón, no he encontrado otra sin música) en la que el Doctor Who hace viajar al presente a Van Gogh para que vea, emocionado (hacia el minuto 2), una antológica suya en la Tate Gallery, te reconfortan con el mundo.

3. El “me da igual la audiencia, esto es una seña de identidad cultural” de la BBC histórica. No fue David Simon el primero en decir que él no hacía televisión para una audiencia “tipo” de televisión. Algún ejecutivo de la BBC debió pensar lo mismo cuando dejó a Dennis Potter series como la citada Pennies from Heaven, Lipstick in your collar (donde descubre a Ewan McGregor), El detective cantante, Karaoke… Lo bueno, es que, aparte de dar prestigio, tenían audiencia y son el origen del Original British Drama. . Oir a Potter es siempre enriquecedor:

4. Los 80 americanos: con el apogeo de las series “de profesiones”, realistas y avance de lo que es un dramedia real y no lo que se gasta por estos pagos aún a día de hoy. Series que son la base esencial de la ficción actual. Anticipo de ellas fue la maravillosa Lou Grant (77), donde trabajaba la que fue luego madre de Tony Soprano y que es un spin off ¡¡¡¡de una sitcom!!!! (Mary Tyler Moore, aquí La chica de la tele). Ya en los citados 80, surge un estilo propio que luego se internacionaliza, con obras maestras como Hill Street Blues, Aquellos maravillosos años, St. Elswher. Ésta última con producción ejecutiva de Tom Fontana (Homicidio, Oz… Ya nos vamos acercando al presente) era un Hill Street en un hospital (así la vendieron sus productores, Brand y Falsey homenajeando a Bochco).

Hill Street

Son series que asientan las claves de la ficción moderna que llega hasta nuestros días:  personajes tridimensionales, arcos argumentales de varios episodios y temporadas que son cada una una novela en sí misma. Los mismos Brand y Falsey crearon en 1990 Northern Exposure (Doctor en Alaska), serie que asumió, ya avanzada, David Chase (Los Soprano), como productor ejecutivo.

En comedia, hubo una respuesta de calidad a las sitcoms inglesas, con series que giraban al humor desde planteamientos y situaciones que podían haber servido para hacer drama y/o personajes protagonistas que no eran precisamente un ejemplo de bondad y altruísmo, como Cheers y, luego, su spin off, Frasier. O la versión televisiva de Mash.

Como guinda, Michael Mann arranca su Miami Vice, que a algunos les gustará y a otros no (a mí, sí), pero que inventa una nueva clave: el protagonismo de la música, la influencia del clip como secuencia final o intermedia que resume el estado emocional de sus protagonistas. Un hallazgo que ahora vemos como habitual (Sons of the Anarchy, por ejemplo lo utiliza en cada capítulo), pero alguien tuvo que ser el primero que lo hiciera.

Más ejemplos: no se puede entender The Wire sin la serie de los 90, Homicide, life on the streets, de Tom Fontana… basada en un libro de David Simon precisamente. Por entonces era periodista y reconoce abiertamente que todo lo bueno que aprendió del lenguaje televisivo lo aprendió de Tom Fontana. Y pocas series remakeadas han tenido una segunda vida mejor. Probablemente, el mejor ejemplo de esto sea Battlestar Galactica. Pero series como House of Cards o Arriba y abajo o Retorno a Brideshide, mejor hubiera sido reemitirlas que ver sus remakes. De lejos. Luego algo tendrían que ahora no es tan fácil de imitar.

Homicide

Dicho esto, vuelvo a hacer la pregunta: ¿qué es lo que tienen ahora las series tan especiales? Muchas cosas, sin duda. Y hablaremos de ello en una segunda parte. Pero con la idea clara de que sin series y conceptos como los aquí apuntados, esta nueva (que no primera) edad de oro no sería posible. Porque no hay presente sin pasado. Y la televisión tiene su propia memoria histórica.

Por cierto, la exposición colectiva en la que Hamilton expuso su obra en Londres, allá a finales de los 50, se titulaba This is Tomorrow. No deja de ser esclarecedor.


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