FIRMA INVITADA: PERO, ¿QUÉ ES EL TRANSMEDIA?

10 abril, 2013

Mairena Ruiz (Valencia, 1987) es licenciada en Periodismo y en Comunicación Audiovisual. Tras realizar el Máster en Guión de Cine y Televisión de la UC3M se dedica a contar historias, a veces transmedia, y es experta en compartir fotos de su perro, León Tolstói, en todas las redes sociales.

Decía hace poco Natxo López que una de las realidades que hay que asumir de ser guionista es que tus familiares de más de 60 años no van a entender a qué te dedicas. Pues imaginaos si a eso le añades “transmedia” detrás. Porque, ¿qué es el transmedia? Mi respuesta a esa pregunta es siempre la misma:

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Bueno, vale, podríamos decir que es una forma de contar historias utilizando varios medios que se complementan entre sí. Puedes disfrutar de cada parte por separado pero sólo conocerás la historia completa si participas o consumes todas las plataformas disponibles. Cómics, videojuegos, películas, cuentas de twitter, videoblogs… Todo vale.

Si queréis saber más sobre la teoría del transmedia, os recomiendo leer a Eduardo Prádanos. Yo voy a hablar de un caso práctico: Nayik. No sé cómo de útil será, porque cada transmedia es único e irrepetible pero bueno, como es en el que yo he trabajado, es el que os voy a contar.

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El año pasado tuve la suerte de hacer las prácticas del Máster de Guión de la UC3M en El Cosmonauta. Una película financiada mediante crowdfunding que ha conseguido más de 400.000€, que será estrenada el 14 de mayo en Madrid y que estará disponible en internet, gratis. Ya, ya lo sé, qué hartazgo con El Cosmonauta, pero es que a mí recién salida del máster y con lo que me gusta el transmedia, las redes sociales y poder echarme la siesta en el sofá de la oficina, pues me encantaba la idea.

El Cosmonauta se planteó desde el principio como una experiencia transmedia, en la que la película es el “primer nivel de implicación”. Puedes ver sólo la película, pero si quieres conocer toda la historia debes ver los webisodios que van antes y después del largometraje, más de 80 minutos que completan la historia. Ese sería el “segundo nivel”. Nayik es el tercero: una ficción que sucede en directo, sólo en Internet y que, aunque vaya a estar disponible en un repositorio, sólo puedes disfrutarla completamente durante las seis semanas que tiene lugar.

Cuando mis dos compañeros y yo llegamos nos encontramos con la película, recién terminada de montar; decenas de pequeñas piezas y escenas eliminadas. Pero también miles de fotos increíbles, un montón de historias que se habían quedado fuera y un disco duro lleno de planos de naves, documentos oficiales y diarios de personajes históricos como Nikolai Kamanin, el jefe de cosmonautas durante la carrera espacial. Nicolás Alcalá, el director de la película, nos pidió que le propusiéramos ideas para crear con todo eso lo que quisiéramos, con la condición de que tenía que quedar terminado en los tres meses que teníamos de prácticas.

Después de debatirnos entre el pánico y la emoción al ver que teníamos tanta libertad creativa y tantas posibilidades de cagarla, lo difícil fue decidir qué hacer. Teníamos un montón de ideas pero teníamos que encajarlas todas de forma que aprovecháramos al máximo todo ese material, que aportara algo nuevo y que fuera interesante. Al final creamos Nayik, una serie de perfiles de Facebook supuestamente basados en una antigua red de comunicaciones soviética. En esa red nuestros personajes interactuarían entre sí, contando una historia.

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Nos montamos una línea temporal en la pared con lo que pensamos que era cinta aislante (no lo era, era cinta de cámara) y nos pusimos a colocar puntos de giro y a crear arcos de personajes y escribir cosas en post-it’s de colores, como profesionales. Teníamos claro que la ficción duraría tres meses y que concluiría justo antes del estreno de la película, así que creamos un calendario compartido en Google y fuimos introduciendo ahí los “eventos”. Primero a modo de escaleta: “Andrei publica un estado sobre su llegada a Star City”, y más adelante con algunos “diálogos” completos en los que intentábamos captar la voz de cada personaje, incluyendo el texto de los estados, los comentarios de los otros personajes, las fotos que compartían… Algunos estaban basados en lo que ocurría en la película y otros surgían viendo fotos del rodaje, o durante la típica conversación con unas cañas delante. Era todo idílico y maravilloso.

Y entonces llegó nuestro momento cercano a la muerte. Justo antes de acabar las prácticas se decidió que de tres meses reduciríamos la historia a seis semanas,  nos contrataron a mi compañera Milena Cañas y a mí para que compagináramos Nayik con tareas de producción y… uno de mis jefes borró por error el calendario con todo nuestro trabajo. De los dos días siguientes sólo recuerdo mirar decenas de foros en internet y hacer nudos de ahorcado con cuerda de pita para colgar los muñecos de cosmonautas que teníamos por la oficina mientras esperaba respuestas.

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Gracias a una maravillosa trabajadora de Google llamada Katherine (a la que hicimos productora honoraria en agradecimiento) conseguimos recuperar el calendario, aprendimos que ni de la nube te puedes fiar y decidimos que íbamos a llevar Nayik un paso más allá.

De tres personajes fijos, con otros tres o cuatro que sólo comentaran cuando fuera necesario, pasamos a once personajes con sus propios perfiles y sus propias tramas: los tres protagonistas, tres secundarios de los cuales uno ni siquiera existía en la película y cinco personajes históricos de los que habría que respetar su personalidad, manías personales y detalles como en qué año habían muerto.

Nos repartimos las tramas para reestructurarlo todo, adaptar el ritmo de la historia a esas nuevas seis semanas y desarrollar los nuevos personajes. Logramos algo comparable a una escaleta dialogada que yo voy reescribiendo casi sobre la marcha para unificar las historias, los diálogos y, sobre todo, asegurarnos de que la parte más “teórica” del transmedia la hemos aplicado bien.

Igual que en El Cosmonauta, dentro de Nayik volvemos a encontrarnos con otros tres niveles. Puedes decidir seguir sólo al trío protagonista, que lleva el peso de la historia, o seguir a los personajes históricos si lo que te interesa es la URSS, las conspiraciones y la carrera espacial. Lo ideal es que la gente siga a los once personajes pero el trabajo del guionista transmedia es crear la historia teniendo en cuenta esos niveles, hacer posible que la gente que quiera seguir sólo a los tres protagonistas no se pierda en su historia. Pero también que el que sigue a los secundarios vea muchos más matices, que vea cómo todas las historias se entrelazan, no sólo con el resto de personajes sino también con los webisodios y la película. Además de que todo esto le resulte natural y sencillo, y no un laberinto de plataformas y redes sociales sin sentido.

Y todo eso antes de lanzarlo, claro, ¡y en dos idiomas! Hemos seguido experiencias similares y hemos intentado analizar, y prever, pero cada experiencia transmedia es única. No sabemos cómo va a reaccionar la gente, no sabemos si vamos a pasar seis semanas pegados al ordenador o si voy a tener que ceder al final y hacerle un Facebook a mi madre, una maravillosa señora de Cuenca con una terrible manía de trollearme, con tal de que alguien lo lea.


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