POR FIN, EL MALDITO ESTRENO

28 junio, 2013

Por Daniel Castro

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Yo antes no era así. Yo antes hablaba sobre otras cosas. La carrera nuclear en Irán, la etapa de Pellegrini en el Real Madrid… tenía opiniones fundadas sobre cuál era el mejor pincho de tortilla de Madrid o la mejor canción de los Who. Recordaba los nombres de los hijos de mis amigos e iba al cine con cierta frecuencia.  Antes existía un mundo exterior que podía intentar conocer y en el que, con cierto leve esfuerzo, podía llegar a interesarme.

Ahora no. Ahora reconozco que me he vuelto una versión pobre y, espero, menos pomposa, de Francisco Umbral, que sólo acudía los sitios a hablar de su libro.

Ahora yo hago lo mismo. Ahora mismo resulta difícil mantener una conversación de más de dos minutos conmigo que no incluya seis menciones a la maldita película que dirigí. Hace unos meses mendigaba localizaciones para rodar o buscaba a actores para encarnar personajes.  Ahora hablo de si nos han seleccionado para cierto festival, de la exigencia de este otro, que necesita que lleve pósters (el drama de que sólo tenga cuatro pósters intactos de la peli, de que cada uno cueste 15 euros), de lo apropiado o no de mandar una nota de prensa a una revista de cine, de lo conveniente o no de hacerme el DCP yo mismo, en mi pobre iMac…

En las últimas fechas sólo he aparecido por Bloguionistas para hablar de “Ilusión”. Antes escribía análisis de tres folios sobre “El discurso del Rey”, ahora escribo medio. Y va sobre mi maldita peli.

Pero os prometo que esta va a ser la última vez que aparezca por Bloguionistas para promocionar “Ilusión”. A estas alturas casi todos le tendréis manía, algunos querréis verla y otros no sabréis ni siquiera de qué hablo.

El caso es que la parte principal del camino que se ya ha acabado. La película ya está en los cines.

Bueno, más concretamente, la película está en un cine. La Cineteca de Matadero de Madrid. Una sala en la que se está exhibiendo parte del cine más interesante, pero también minoritario, que se hace en España.

El estreno, organizado por Márgenes, es mañana día 29, pero habrá más pases el domingo 30. También los miércoles 3 y 10 de julio, siempre en el mismo cine, al precio de 3’5 euros. Podéis comprar entradas en la taquilla a ese precio. O, anticipadamente, aquí, con un pequeño recargo que cobra entradas.com (el total son 4,40),

Por ahora sólo hablo de Madrid. ¿Se podrá ver en más lugares de España? Sí, por ahora ya hay unas cuantas sesiones apalabradas (festivales, salas de cine pequeñas, cine clubes) y habrá más si nos las piden. ¿Se podrá ver online? Sí, pero cuando eso no sea incompatible con algún concurso, premio o contrato en el que esté implicada la película (muchos premios, por ejemplo, exigen que la peli no esté online).

Siento que este blog ha tenido mucho que ver en “Ilusión”. Escribía aquí con frecuencia mientras la rodábamos, aquí (en la sección de comentarios) me dieron un poco de caña como actor y alguno de los principales colaboradores de la peli se puso en contacto con nosotros gracias a lo que yo escribía en Bloguionistas. Este lector ofreció a hacer el making of de la película pero acabó llevando una cámara, un micrófono, cargando carteles y ayudando en la posproducción de la imagen.

Me gustaría regalar tres entradas para ver “Ilusión” en alguno de estos pases: domingo 30 a las 18h30 o miércoles 3 o 10 de julio a las 20h30. Serán para los tres primeros que las pidáis en la sección de comentarios (una por persona).

(No podrán participar en esta promoción colaboradores de Bloguionistas o sus familiares)


ATRÁS Y ADELANTE

25 junio, 2013

Por David Muñoz

El viernes pasado vi en el cine Man of Steel, la última reinterpretación del personaje Superman, escrita por David S. Goyer, dirigida por Zack Snyder, y producida por Christopher Nolan.

La película me pareció horrible, pero, como llevó varios días hablando sobre el tema en Twitter, la verdad es que no me apetece seguir dándole vueltas en Bloguionistas. Aunque si tenéis curiosidad por saber qué es exactamente lo que pienso sobre Man of Steel y porqué, podéis leer este texto escrito por Mark Waid –uno de los guionistas de los cómics de Superman-, con cuya opinión coincido casi totalmente.

La cuestión es que viendo Man of Steel me vino a la cabeza una reflexión que sí que me parece que puede ser interesante compartir aquí.

La película tiene una estructura muy curiosa, y que además me parece bastante acertada. En vez de contar la historia del personaje cronológicamente, se pasa de la inevitable escena en Krypton, con el científico Jor-El metiendo a su hijo, el recién nacido Kal-El -el futuro Clark Kent/Superman- en una nave espacial y mandándolo a la Tierra, etc., a una escena con Clark ya con 30 años. A partir de ese momento, las escenas del pasado de Clark se insertan dentro de la trama principal a modo de flashbacks, utilizando técnicas de toda la vida para crear vínculos entre unos momentos y otros. Por Ej., en el presente Clark ve un autobús escolar y eso le lleva a pensar en algo que le ocurrió con un autobús escolar. Un objeto lleva a otro objeto. Aunque también hay transiciones emocionales, donde no es un objeto lo que evoca el pasado, sino un estado de ánimo. O una situación. Pero no voy a entrar en detalles para no estropearos la película a quienes no la hayáis visto aún. Quién sabe. Quizá os guste más que a mí.

Clark con cara de estar a punto de empezar a pensar en su pasado.

Clark con cara de estar a punto de empezar a pensar en su pasado (por cierto, Henry Cavill es un gran Superman, que pena la historia).

Lo que más me llamó la atención es que se usara una estructura así en una película tan comercial. Está claro que sus productores no pensaron en ningún momento que los espectadores fueran a perderse. O que les fuera a resultar extraño tanto ir para atrás y para delante.

Sin embargo, no hace tanto tiempo, todo esto hubiera sido impensable en una película de este tipo (no estamos hablando de una de Iñárritu, por ejemplo).

Yo he tenido reuniones en las que los productores de los guiones que estaba escribiendo se mostraban yo diría que casi furibundamente contrarios al uso de los flashbacks. De hecho, entre algunos de ellos (y también entre ciertos directores y analistas de guión) era casi un dogma de fe. FLASHBACKS NO.

La única manera en la que permitían que se usaran era si no había más remedio que utilizarlos para clarificar algo que no podía contarse de otra manera en el presente.

Desde mi punto de vista, esa lógica obvia que a menudo el flashback se usa simplemente para poder mover a tu antojo las piezas de la historia que estás contando. Muchas veces su única razón de ser es hacer que la película sea más entretenida. Y no creo que haya nada de malo en ello.

Man of Steel podría haberse narrado de forma lineal. Richard Donner ya contó así la historia de Superman en su película de 1978. Y también funcionaba. Solo que de esa manera la trama de acción principal de la película (el enfrentamiento de Superman con Lex Luthor) arrancaba tardísimo. Había muchas cosas que contar antes: de dónde viene Kal-El, cómo es adoptado por los Kent y pasa  a ser Clark Kent, su llegada a Metrópolis, etc. De hecho ese primer Superman casi es dos películas en una, claramente divididas por la aparición de Luthor.

En realidad, ahora que lo pienso, con el tiempo eso ha sido una ventaja más que una desventaja. Por ejemplo, yo cada vez que me pongo a ver Superman suelo dejarlo la primera vez que el protagonista llega a la guarida subterránea de Luthor. A partir de ese momento la película deja de interesarme (el plan de Luthor es ridículo y me cabrea que Superman sea capaz de retroceder en el tiempo para salvar la vida de Lois Lane). Así que prefiero ahorrármelo. Me conformo con haber visto crecer a Superman y sus primeros días en Metropolis.

A ver si antes de que me muera alguien hace una película buena de Superman entera. Porque de momento solo funcionan trocitos de unas y otras.

En fin, que me pierdo. Vuelvo al tema de los flashbacks.

Gracias a la estructura de Man of Steel, su guionista ha evitado que le ocurra lo mismo que al Superman de Donner. Pese a contar cosas tan alejadas en el tiempo (y tan dispares en cuanto a tono), la impresión al verla es que estás ante una sola película. Y de paso, la amenaza de los Kryptonianos –y con ella, el arranque de la trama principal- puede llegar un poquito antes también.

Ambas razones me parece más que suficientes para justificar que se cuente de esa manera.

Pensando en todo esto, caí en la cuenta de que el guión de vampiros que colgué aquí hace unos meses, Frío, utiliza también una estructura fragmentada que saltaba atrás y adelante en tiempo y en la que además me permití dividir la acción en capítulos narrados desde diferentes puntos de vista. Una estrategia narrativa muy utilizada en la literatura pero mucho menos usada en el cine. Y fue lo que más me cuestionaron del guión algunos de los productores que lo leyeron. Me preguntaban: “¿Por qué lo has escrito así?” “¿Qué razón hay?”. Y mi respuesta era: “Porque es la forma más satisfactoria que se me ha ocurrido para contar esta historia”.

¿Podría haberla contado de otra forma? Pues sí. Pero no me habría sido tan interesante.     

Pero para muchos lectores era un problema importante. La estructura les parecía artificial, poco orgánica, arbitraria.

Y creo que entiendo por qué.

En el cine, nos tragamos cualquier tipo de flashback siempre que esté “justificado”. Y por “justificado” entendemos que surja del protagonista, que sean sus emociones quienes decidan qué vemos y cuándo lo vemos. Evidentemente, vemos lo que el guionista quiere (y necesita) que veamos, pero no lo parece. O más bien, no sentimos que sea así.

Por eso, en Man of Steel funcionan los flashbacks y los saltos en el tiempo, porque todo, o casi todo*, son recuerdos de Clark.

No sé si puede extraerse o no una regla de todo esto, pero me parece algo interesante sobre lo que pensar. ¿Qué está dispuesto a aceptar el espectador o no? ¿Hasta dónde podemos llegar? Porque de saberlo depende que nuestra historia sea disfrutada o no. Reparar en la artificialidad de lo que te están contando puede hacer que desconectes y que deje de importarte.

Otra estructura interesante es la de Lo imposible, la película dirigida por Juan Antonio Bayona en 2012.

Como ya sabéis todos, cuenta la historia real de una familia que sobrevive a un tsunami y sus intentos por volver a reunirse tras ser separados por la ola gigante.

Ese planteamiento tiene un problema estructural muy gordo: y es que el momento más intenso y espectacular de la historia (el tsunami) ocurre al principio. Visualmente (y emocionalmente) es un clímax que estructuralmente funciona como detonante de la historia. Es lo que provoca que la familia se separe.

La solución que encontró el guionista, Sergio G. Sánchez, me pareció interesante (además de bastante atípica): movió ese clímax al final de la película, escamoteándolo al inicio mediante un fundido a negro y mostrándolo en forma de flashback recordado por el personaje de Naomi Watts.   

Justo antes de la ola.

Justo antes de la ola.

Pero cuando vi la película, en el momento en el que apareció el largo fundido a negro después de que Naomi Watts ve aproximarse la ola, os juro que en el cine la gente empezó a gritar: “¡Pero qué pasa!”, “¡Que se han saltado de rollo!” (por estos comentarios, no hace falta que os diga que se trataba de gente de más de 50 años).

La verdad es que no sé qué habría pensado yo de ese momento de no haber escuchado esos gritos. Mi recuerdo está demasiado condicionado por ellos.

Pero sí que me pareció que quienes gritaban estaban reaccionando de forma instintiva a algo relacionado con lo que he comentado hace unos párrafos: ese fundido a negro era arbitrario, había llegado porque sí. Era una decisión del “dios director”, puramente narrativa, no emocional. No obedecía a una lógica vinculada a lo que le estaba pasando al personaje.

Luego pensé que habría sido muy distinta la reacción del público si se hubiera mostrado a Naomi Watts perdiendo el conocimiento al ser embestida por la ola. Entonces, si les habría parecido algo “natural”. No les habría parecido tan extraño**.

Resumiendo: mi impresión es que la estructura fragmentada que parece que solo obedece a la conveniencia del narrador, produce desconfianza en el espectador; mientras que si la justificas vinculando esos saltos atrás y adelante al arco emocional del protagonista, puedes colar casi cualquier cosa, por muy marciana que parezca.

Lo mismo estoy equivocado. Y seguro que a muchos se os ocurren ejemplos que demuestran justo lo contrario. Pero esta semana me propuse escribir una reflexión del tirón solo horas antes de subirla al blog, para no darme tiempo para reescribirme y afinar las ideas, y es lo que he hecho. En cierta manera, lo que he hecho ha sido pensar en voz alta.

Y a lo tonto, he acabado hablando bien de algo de Man of Steel. En fin…

Bonita escena. Aunque absurda. ¿A qué estaba jugando Clark? ¿A Superman antes de ser Superman? Porque el traje con la capa se lo encasquetó su papi, no lo pidió él.

Bonita escena. Aunque absurda. ¿A qué estaba jugando Clark? ¿A Superman antes de ser Superman? Porque el traje con la capa se lo encasquetó su papi, no lo pidió él.

 *También hay flashback del tipo “porque sí”, como el epílogo del niño con la capa. Pero en ese momento el espectador ya está en la historia y lo acepta. Aunque creo que no lo habría aceptado al principio de la película.

**A veces me he preguntado si esa decisión se tomaría en guión o en montaje. Pero eso es algo que solo pueden explicar quienes han hecho la película.

ACTUALIZACIÓN: Albert Monteys ha publicado una historieta en su tumblr. criticando Man of Steel. Podéis leerla aquí. Incluye esta viñeta que tiene que ver bastante con lo que comento en mi entrada:

Monteys


EL CURSO DE GUIÓN QUE ME CAMBIÓ LA VIDA

24 junio, 2013

por Sergio Barrejón.

En el otoño de 2003, yo llevaba ya cuatro años vegetando como realizador de televisión en un canal de pago hoy al borde de la desaparición. Desesperado por llegar a ser guionista profesional, me dedicaba a hacer ignotos cortometrajes y a escribir largos que nunca nadie producirá (la naturaleza es sabia), e incluso conseguí un empleo de guionista para una serie en ETB. Escribí dos capítulos y la cancelaron.

Año y medio después de aquello, y ya casi sin esperanzas de llegar a vivir del guión, lancé una de esas andanadas de curricula que, como todos sabemos, suelen ser tan efectivas como un viaje a Fátima, pero mucho más baratas. Por primera vez me contestó alguien. Se llamaba Valentín Fernández-Tubau y estaba montando un portal (entonces todavía se llamaban así) llamado Abcguionistas.

Quedamos en una cafetería de la Gran Vía en Madrid. Valentín me esperaba sentado con una carpeta en la mesa. En ella había varios curricula. Sí, los había imprimido y los había leído. Me comentó mi experiencia sin apenas echar un vistazo a los papeles. Le gustaba lo que había hecho. Algo debió de ver en aquella amalgama de fracasos universitarios, cinematográficos y televisivo. Y me ofreció incorporarme al equipo de Abcguionistas.

Durante unos meses, estuve haciendo análisis de guión para ellos. La relación tanto con Valentín como con Ángel García Roldán fue excelente. Y en la primavera de 2004 me ofrecieron un trabajo que era un verdadero desafío: impartir un curso de una semana sobre Iniciación al Guión. Estaban preparando un tinglado gigante con la Universidad de Córdoba: dos semanas completas dedicadas al guión. Con charlas, talleres, cursos y sesiones de análisis. Guionistas de la trayectoria de Fernando Castets o Senel Paz iban a estar allí. Y por alguna razón (quizá la naturaleza no era TAN sabia, después de todo), consideraban que yo también debería estar.

Rumié el asunto durante unos días, convencido de que era indigno de la oferta que me hacían. Pero qué demonios, era DINERO. Hablé con amigos y familiares y me convencieron de que me tragase la humildad (hoy comprendo que era un eufemismo de COBARDÍA) y me fuese a Córdoba. Recuerdo haber hecho aquel viaje en coche, solo, con un calor de mil demonios, eligiendo carreteras secundarias para tener más tiempo de pasar miedo. En el maletero había una caja con un montón de DVD y cintas VHS (sí, habéis leído bien), y en la maleta, escondidita, llevaba una caja de Lexatin. Por si acaso.

Supongo que para mis alumnos aquello no fue nada que les cambiase la vida. Pero yo me hice guionista en aquel viaje. Me había pasado días y días preparando aquel curso. Cada tarde libre, cada fin de semana. Noches en vela repasando películas y libros de guión, y tomando notas como un poseso (junto a las cintas y DVD iba un documento de DOSCIENTOS FOLIOS con mis apuntes para el temario). Decidido a no defraudar a mis alumnos, me obligué a contarme a mí mismo todo lo que sabía sobre guión. Con detalle. Con argumentos a favor y en contra. Hice un esfuerzo de autocrítica absolutamente agotador.

Durante una semana, hablé sobre guión cuatro horas al día. En algún punto del viaje de vuelta se quedó toda la inseguridad que había tenido hasta entonces. Volví a Madrid convencido de que yo valía, de que iba a ser guionista. Estaba tan convencido como si acabase de firmar un contrato.

Pocas semanas después de aquel viaje, una productora me llamó para trabajar como guionista en una serie de la televisión autonómica. Desde entonces, no he parado ni un solo día de trabajar como guionista de ficción. He tenido la suerte de ir ligando unos trabajos con otros sin apenas un día de descanso. Ha habido años en los que no he tenido ni vacaciones de verano. Y nunca he tenido la más mínima duda de que la experiencia que viví en Córdoba ha tenido mucho que ver con esa suerte. No de manera directa: de aquel curso no salieron enchufes ni recomendaciones. Pero la confianza que Valentín y Ángel depositaron en mí fue el empujón que necesitaba para yo mismo creerme guionista.

Desde entonces, he vuelto varias veces a participar en Un Verano de Guión, como ponente, como profesor y como asesor. Este año me será imposible, y me resulta especialmente doloroso, porque no sólo es la décima edición… también es muy probable que sea la última. Después de que el Ayuntamiento retirase la subvención con la excusa de esta peculiar crisis que sólo afecta a los que más ayuda necesitan, mientras casualmente aumenta el número de millonarios, Valentín se está planteando tirar la toalla. De hecho, sabe que en esta edición perderá dinero. Incluso llenando el curso por completo. Pero aun así, ha decidido hacerlo. Un Verano de Guión se merece un Décimo Aniversario. Supongo que es una cuestión de fe. Como contratar a jóvenes con poca experiencia, porque su instinto le dice que tienen futuro.

Este año, en Córdoba, se celebra quizá por última vez uno de los eventos más importantes del guión español: Un Verano de Guión 2013. Si tienen oportunidad, no se lo pierdan. Es posible que les cambie la vida.


LOS FIGURANTES DE CASABLANCA

21 junio, 2013

Ricks-Place

por Ángela Armero

Siempre que veo Casablanca me emociono. Sí, lo sé, es una opinión muy corriente y superflua de puro obvia, pero da igual la cantidad de veces que la vea, siempre me llega al corazón. Infaliblemente, la escena en la que una mayoría de parroquianos de una diversa fauna colonial canta a pleno pulmón “La Marsellesa” para contrarrestar los cánticos de un grupo de nazis hace que me sienta como si fuera la primera vez que la veo.

Pero no, no voy a escribir sobre lo mucho que me gusta Casablanca, sino de algo que descubrí hace poco gracias al maravilloso documental “Exiliados: de Hitler a Hollywood”, de TCM, y es algo que tiene que ver con esto:

Y también, con esto:

El documental habla de los 800 artistas relacionados con el cine que tuvieron que emigrar forzosamente desde Alemania a Estados Unidos a partir de los años 30, coincidiendo con el ascenso al poder de Adolf Hitler. Artistas de la talla de Otto Preminger, Fritz Lang, Billy Wilder, Ernst Lubitsch, Franz Waxman, los hermanos Siodmak…  Hubo quienes se adaptaron con facilidad y quienes tuvieron que bregar con enormes dificultades hasta lograr hacerse un hueco en la industria. Fue el caso de Fritz Lang, que habla en este vídeo (con subtítulos en inglés; gracias José Antonio Redondo) del detonante de su marcha a los Estados Unidos:

Todos sabemos del éxito que tuvo luego, al igual que Lubitsch o de Wilder, pero no todos estaban destinados a lograr la misma posición que tenían en su país de origen. Fue el caso de artistas como S.Z. Sakall, Leonid Kinskey, Helmut Dantine, Marcel Dalio, Trude Berliner, Ludwig Stössel and Wolfgang Zilze… que probablemente os sonarán tampoco como a mí. ¿Quienes eran?

S.Z. Sakall era una estrella en la escena teatral y cinematográfica de Hungría, y fue encarcelado al menos tres veces por sus opiniones políticas. Después de haber sido un mordaz humorista y haberlo logrado casi todo en su patria, acabó haciendo de figurante en Casablanca. Es este hombre que acompaña a Humphrey Bogart.

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Todos los nombres de la lista vivieron historias similares: actores consagrados con decenas de películas a sus espaldas que acabaron haciendo de figurantes (con frase o sin ella) en una película con un marcado carácter propagandístico rodada en el año 42, a falta de tres años del final de la Segunda Guerra Mundial. Irónicamente, la mayoría de los nazis fueron interpretados por judíos alemanes exiliados. Es fácil empatizar con la pena y el desarraigo que sentirían esas estrellas que perdieron su estatus para estar en el fondo de una escena sin que nadie les preste mayor atención. Es hermoso, sin embargo, pensar que quien les dio ese papel, por mínimo que fuera, lo hizo por ayudarles.

El documental cuenta además como los exiliados en Hollywood tenían una red de apoyo financiero que ayudaba a los artistas que deseaban huir, ya sea mediante trámites para llegar a EEUU, o con dinero para apoyarles una vez estaban en suelo americano. La historia es conmovedora y daría para hacer varias películas, pero hay otro lado del exilio creativo que no es menos importante: las consecuencias  que ocasionó a ambos lados del Atlántico. Estados Unidos se benefició del flujo de talento europeo, pero ¿qué le pasó al cine alemán después de perder a Lang, a Lubitsch, a Preminger, a Erich Pommer…? Esta fuga cambió para siempre la historia del cine.

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Y ahora volvemos al presente. Por supuesto no es lo mismo un exilio a causa de una guerra que el exilio laboral de muchos españoles que se buscan la vida en el extranjero (y el que diga que intento compararlo sin matices es que no está leyendo esta frase que ahora escribo), pero como reflejan los tweets de Vigalondo esto también afecta al maltrecho cine español. Antes de la crisis ya había directores que se iban (como Fernando Trueba o Alejandro Amenábar) pero ahora el exilio parece no una preferencia, sino un camino de supervivencia. Y estos directores que se van porque aquí no encuentran trabajo, si tienen suerte, acabarán haciendo sus películas allí, acaparando portadas o haciendo bulto en una escena de multitudes. Afectará a sus vidas, pero también afectará a nuestra industria. Esas películas que no se harán, esas carreras que ya no se desarrollarán aquí son una enorme pérdida.

El cine español y las salas de cine parecen estar en vías de extinción. Creo que los ciudadanos orgullosos de su cultura, los amantes de las películas, y y por supuesto los que trabajamos en ellas,  deberíamos pelear por mantener las ayudas a nuestro cine, conseguir la bajada del IVA cultural y reivindicar nuestro talento y nuestro derecho a vivir de nuestro trabajo. Podemos hablar aquí o convertirnos en figurantes sin frase en un lugar que, por muy maravilloso que sea,  no es nuestro hogar.

Aprovecho para recordar a quienes quieran ver la obra que he escrito “Lola” que quedan dos funciones, el sábado 22 y el sábado 29 de Junio a las 19:30 horas en Garaje Lumière. Entradas disponibles aquí.


RAINER KUHIRT

19 junio, 2013

por Carlos García Miranda.

Rainer Kuhirt fue un exitoso productor y realizador alemán de programas sensacionalistas y series de televisión de ínfima calidad. Su mayor éxito lo alcanzó en la cadena TTS con “Hol dir das Superbaby’ (Consigue tu Superbebé), en el que una chica elegía  entre varios candidatos al futuro padre de su hijo, como si de un banco de esperma televisado se tratase.

Durante su exitosa etapa al frente de la productora, Rainer vivió en una espiral de fama y drogas, hasta que un grave accidente le sacó del campo de juego. En realidad fue más bien un intento de asesinato a cargo de una chica que, unos meses antes, vio como su abuelo se suicidaba por culpa de un reportaje calumnioso producido por Rainer. Aquella experiencia cercana a la muerte, y los motivos que le llevaron hasta ella, hicieron que Rainer viera la luz y comprendiera que con su trabajo en televisión sólo contribuía a extender la estupidez de la sociedad. Así que cuando pudo volver al trabajo trató de enmendar sus errores del pasado creando contenidos más inteligentes. Se estrenó con un programa informativo de denuncia política, “Cosas que deberían saber”. A pesar de lo interesante de la propuesta, la audiencia le dio de lado.

En discusiones con la productora, decidida a cancelar el programa, insistió en que debían mantenerlo el tiempo que los espectadores necesitan para acostumbrarse a un contenido. Les recordó lo que ocurrió con el culebrón del que fue productor ejecutivo unos años atrás; los resultados de audiencia en los primeros días de emisión fueron tan malos como cabría esperar, ya que la serie era de dudosa calidad, pero la mantuvieron en emisión, convencidos de que las cifras cambiarían. Y así fue, tres semanas después del estreno la audiencia empezó a darle una oportunidad y los datos mejoraron. Tres meses más tarde el que fuera un culebrón infame se convirtió en una serie de éxito sin la que la gente no podía vivir. ¿Mejoró la serie en ese tiempo? No, pero el público se acostumbró a ella.

A pesar del empeño de Rainer, terminaron por retirar “Cosas que deberías saber” argumentando que era un programa de contenido demasiado elevado para el público generalista, cuyos intereses son más vulgares. Rainer presentó entonces su dimisión, recordándoles antes de marcharse el principio de vulgarización:

“Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.”

El autor de estas palabras fue Adolf Hitler.

Ya fuera del circuito televisivo, Rainer se lanzó a investigar el trasfondo de la elaboración de los estudios de audiencia. Descubrió entonces que los datos estaban sesgados ya que en Alemania se excluye a una parte importante de la población de los audímetros, como los extranjeros. Decidido a cambiar las cosas, aunque fuera por las malas, buscó un buen pirata informático y a unos cuantos hombres dispuestos a trabajar sin hacer demasiadas preguntas. Juntos boicotearon la señal de televisión de los audímetros alemanes. Cambiaron los datos que recibía la central de medios, subiendo el share de los programas de calidad o culturales y bajando la audiencia de los sensacionalistas de éxito. Manipularon las cifras el tiempo suficiente como para que las cadenas comenzaran a replantearse sus parrillas, disminuyendo los programas basura y potenciando los de mayor calidad.

El boicot del equipo de Rainer sólo duró una semanas,  las autoridades terminaron por descubrir lo que ocurría y tuvieron que disolver la organización. Los audímetros volvieron a registrar los datos reales, pero sorprendentemente las cifras de los programas y contenidos basura continuaron bajando, mientras que los de mayor calidad se mantuvieron a la cabeza. El espectador ya se había acostumbrado a la buena televisión.

A todo esto, Rainer Kuhirt no existe, es un personaje de ficción, y esta historia que os he destripado (perdón por no anunciar los spoilers, pero es que entonces esto no tenía gracia) le ocurre en una película titulada Un juego de inteligencia, del director Hans Weingartner estrenada en el 2007.

¿Te ha parecido que lo que vive Rainer en su etapa como productor podría ser real?

Pues entonces eso es que tú también trabajas en la televisión.

 

¿Al leer el principio de la vulgarización has pensado en la famosa señora de Cuenca?

Pues entonces eso es que tú también trabajas en la televisión.

 

¿Has sonreído al leer lo que consigue Rainer al manipular las audiencias?

Pues entonces eso es que tú también quieres trabajar en una televisión mejor.

 

 


CONSULTORIO: ¿HAN LEÍDO MI GUIÓN O NO?

18 junio, 2013

Por David Muñoz

“Hola, mi nombre es Marco y soy de Albacete. Hace cosa de un mes, envié un guión de largometraje a la productora “Vértice360”. Y como cualquier amateur estoy todo el día mordiéndome las uñas y esperando una respuesta. Lo que quiero saber, es cuanto suelen tardar las productoras en contestar (sé que un mes es poco tiempo) y si siempre contestan, o hay veces que ni eso.

Muchas gracias por la atención”.

Hola Marco,

Lo lógico sería que te pusieras en contacto con la productora en cuestión para saber si  ya han leído tu guión o no. E incluso para saber si tienen intención de leerlo. Porque puede que estés esperando una respuesta que no va a llegar. Yo no tengo ni idea de si en Vértice 360 (o más bien, su división de cine, Telespan 2000) están buscando guiones, o de, si los buscan, cuánto tardan en responder. Y en este aspecto, cada productor funciona de una manera distinta. No hay una norma general.

Pero por lo que dices, me da que has enviado el guión –quizá por e-mail- sin haberte puesto en contacto antes con la productora.

Y eso es exactamente lo que me parece que no hay que hacer.

Así que voy a contarte lo que creo que sí hay que hacer cuando has terminado un guión y quieres empezar a moverlo.

Por pasos:

1.Decide a qué productora quieres mandar tu guión. Lo normal es mandárselo a productoras que hayan producido historias similares a la que tú has escrito.

2.Ponte en contacto con la productora, ya sea por mail o por teléfono. Ahora mismo, es fácil conseguir el número de teléfono o la dirección de e-mail de cualquier empresa. Llamas o escribes y preguntas dos cosas: la primera, a nombre de quién hay que mandar los guiones, y la segunda, si en ese momento están interesados en recibirlos. Lo ideal es que la segunda pregunta se la hagas directamente a la persona que recibe los guiones. Eso suele simplificarlo todo bastante.

Importante: de momento, ya sea por mail o por teléfono, no hace falta que cuentes mucho: solo quién eres, que tienes un guión, quizá el género al que pertenece, y poco más. No intentes venderle tu guión a la secretaria de la productora. No te va a servir de nada y lo único que vas a conseguir es aburrirla.

Ah, si te dicen que sí, que mandes tu guión, es importante preguntar si quieren un PDF o una copia impresa.  

El contacto personal es importante por varias razones: para asegurarte de que no estás perdiendo el tiempo, pero también para no ser solo un nombre desconocido que aparece en un e-mail (y que bien puede acabar en la carpeta de spam). Merece la pena crear vínculos con la gente que tiene que ayudarte a vender tu guión, existir para ellos. Así, la próxima vez que escribas o llames, puede que te recuerden y que eso te ayude a que te faciliten las cosas. Además, estarás demostrando interés. Y aunque eso no ayudará a vender tu guión, dirá algo bueno de ti como profesional del guión (o aspirante a serlo).

3.Si la respuesta es afirmativa, manda tu guión. Lo suyo es que en el mail –que suele ser ahora lo más habitual- expliques de nuevo quién eres. Pero esta vez sí que conviene incluir también una sinopsis breve de tu guión. Eso sí, una sinopsis que cuente la historia, no que hable del tema que trata o que intente vender la burra usando frases grandilocuentes vacías de contenido. Los detalles de tu trama son los que hacen interesante tu guión, no su tema. Se han hecho malas y buenas películas sobre los mismos temas. Nadie va a querer leer tu guión si simplemente dices “es una película sobre el racismo”. Porque eso, a la hora de la verdad, no significa nada.

4. Espera. Y ten paciencia. No te conviertas en un pesado. No llames cada semana preguntando si han leído tu guión. Con llamar o escribir cada mes es suficiente. En las productoras cada vez trabaja menos gente. Es raro que los productores puedan contratar a lectores que les filtren los guiones. Probablemente tendrán que hacerlo ellos mismos. Y el día solo tiene 24 horas.

5. Se realista. Hay pocas, muy pocas, posibilidades de que un productor se interese por tu guión. Pero eso no quiere decir nada malo sobre él ni sobre ti. Vivimos en un país en el que la mayor parte de las películas las escriben los directores, y en el que la mayoría de las series surgen de los productores de las empresas que ya trabajan para las cadenas de televisión. Una negativa no quiere decir que no valgas, o que debas dejar de intentarlo. Y quien sabe, si tu guión está lo bastante bien escrito, puede que sea útil como muestra de escritura y que sirva para que te caiga algún encargo. A mí me ha ocurrido varias veces.  

Y Marco, con esto lo más importante ya lo sabes. Pero si buscas en los archivos de Bloguionistas, seguro que encuentras muchos artículos que pueden ayudarte a resolver todas las dudas que tengas sobre este tema. Hemos escrito sobre él varias veces.

¡Suerte con tu guión!


 


MOTIVOS PARA IR A LA ASAMBLEA DE LA SGAE

17 junio, 2013

Logo_SGAE_Negro_pLa SGAE se ve sometida desde hace meses a un proceso de reformulación y reconstrucción, después de años de una gestión nefasta en la que varios de sus dirigentes vulneraron leyes, denigraron la imagen de los autores y se enriquecieron a costa de todos sus socios.

Ante la inminente asamblea general que se va a celebrar en Madrid, y en previsión del cacareado boicot que algunos músicos y editores privilegiados planean hacer ante la aprobación de las cuentas, el Colegio del Audiovisual de la nueva Junta Directiva ha redactado el siguiente texto informativo que el Sindicato ALMA ha decidido apoyar, y que Bloguionistas pone a su disposición al considerarlo de interés para todos los autores audiovisuales y, por ende, para todos los guionistas.

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El próximo Jueves 20 de Junio, a las 15:30 en primera convocatoria y a las 16:30 en segunda convocatoria, se celebrará en Circulo de Bellas Artes una Asamblea que puede resultar clave para el futuro de los guionistas que somos miembros de dicha entidad de gestión.

En esta ocasión, el caballo de batalla será la aprobación o no aprobación de las cuentas del 2012, primeras bajo la entera responsabilidad de la nueva Junta de una renovada SGAE.

La no aprobación de las cuentas sería un mazazo a la gestión de la Junta que más ha hecho por refundar la SGAE poniendo luz, taquígrafos y juzgados a toda la gestión de la era Bautista. Tras la no aprobación, se abriría un proceso que podría terminar en la intervención del Ministerio, la celebración de nuevas elecciones… en fin, de nuevo el parón y el retroceso en todo lo conseguido.

La oposición a la nueva gestión viene encabezada por los nostálgicos de la antigua etapa, a los que se les unen los agraviados por las denuncias ante los nuevos abusos, que aparecen cada vez que la Junta levanta la alfombra y tira de la manta.

El más reciente de los escándalos, surgió al denunciarse públicamente la mala prácticas por parte de un grupo de músicos (compositores e intérpretes) cuya música sirve de relleno en los programas de madrugada, en forma de videoclip grabado en directo o como telón de fondo de los programas y promociones más variopintos.

Las cifras son escalofriantes.

Según nos informan nuestros compañeros del colegio Audiovisual, los once autores investigados, han acumulado recaudaciones en los últimos cinco años que superan… ¡los 25 millones de euros!

Dos de ellos, acumulan en el mismo período más de 20.000 registros de obras. El autor que públicamente se ha auto-inculpado ha recaudado en 2012 más de 1.400.00 euros, y de ellos… 120.000 euros corresponden a repertorio sinfónico, siendo que se desconoce la competencia compositiva en este ámbito de una persona tradicionalmente vinculada exclusivamente al rock y a la gestión de editoriales y discográficas internacionales durante los últimos años.

Una mirada crítica y de conjunto no puede soslayar el hecho de que este enriquecimiento es parte de un mecanismo en el que las propias cadenas forman parte. A través de sus editoriales musicales, las cadenas han encontrado un mecanismo de rebajar la factura de derechos autorales. No deja de ser una paradoja que cliente  (televisiones) y autor (sus editoriales) formen parte del flujo económico de la SGAE… ya que hay que recordar que la “E” final de SGAE mutó de “España” a “Editores”, siendo esta una de las cuestiones que para muchos, lastra y lastrará el funcionamiento de una entidad de gestión que debería estar integrada únicamente por autores.

Pero eso no es óbice para que algunos autores aprovechen un vericueto legal para embolsarse una millonada por una música que, como afirmó el propio Antón Reixa, “nace muerta y acaba normalmente en esa casi clandestina explotación”.

¿Algún otro dato que refuerce el volumen de este expolio al abrigo del mecanismo de reparto actual? El repertorio editorial de TVE estaba concentrado en 2012 en más de un 60%… en 4 autores.

Frenar esta situación sólo es posible con una modificación del sistema de reparto. Y eso sólo es posible apoyando a los que de verdad están por la labor. 

Desde ALMA, hemos constatado repetidas veces el cambio de talante, de disposición y diálogo de esta nueva etapa de la SGAE, tanto a nivel de la interlocución con el sindicato como del trabajo que se está llevando a cabo desde dentro a favor de las reivindicaciones históricas de guionistas y directores.

Por todo ello, por lo mucho que hay en juego, pedimos a nuestros socios miembros de SGAE que acudan a la Asamblea… nos vemos el jueves 20, a las 15:30 en el Círculo de Bellas Artes.


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